Francisco de la Maza, alcalde de Las Condes:
"Los candidatos de la Alianza tienen atributos y fortalezas muy diferentes"

El vicepresidente de la UDI, que sacó una de las mayorías nacionales en las pasadas municipales, analiza el nuevo escenario generado con el voto voluntario y critica la salida de los presidenciables del gabinete.  

Mariela Herrera Muzio 

Sentado en un café de Las Condes, sólo deja su cigarrillo cuando un transeúnte se detiene para felicitarlo por su nueva victoria.

Por cuarta vez, Francisco de la Maza triunfó en las municipales y al término de su nuevo período habrá cumplido 16 años al mando de un municipio con recursos y con marcada tendencia de centroderecha. Pero esos factores ya poco importan. La inscripción automática y el voto voluntario generaron incertidumbre hasta en los lugares donde, creía, había certezas. Así lo vivieron sus vecinos comunales: Cristián Labbé, de Providencia, y Luis Montt, de La Reina.

Pero en Las Condes, al menos, la tendencia se mantuvo y el vicepresidente de la UDI consiguió un triunfo con el 74% de apoyo.

Experto electoral y en campañas políticas, quien fuera uno de los samuráis de Joaquín Lavín analiza lo que pasó la noche del domingo 28 de octubre, y los cambios que aceleraron la carrera presidencial de la Alianza.

-En la noche de las municipales, el Presidente dijo que habían escuchado a la gente, y eso lo repitió en el cambio de gabinete. ¿A su juicio, qué era lo que La Moneda no sabía y ahora dice conocer?

-Yo no puedo hablar por La Moneda, pero el mensaje es que hoy la clase política debe ser vocera de las demandas ciudadanas y no sólo proponer ciertas ideas que pareciera que son buenas, pero la ciudadanía las evalúa de distinta manera. Una de las cosas que yo aprendí acá en Las Condes, con las consultas que hacemos, es que muchas veces el listado de prioridades que uno hace es totalmente distinto a lo que elige la comunidad.

-Usted era partidario de que los presidenciables se quedaran el mayor tiempo posible en el gabinete, pero ocurrió lo contrario.

-Creo que el cambio fue un error. Sostener una primaria sin tener contendor al frente es un error. Es probable que los discursos de los precandidatos se agoten muy rápido y para que eso no ocurra la única herramienta que quedará será generar polémicas, disputas y confrontación, no sólo entre ellos, sino que con el Gobierno. Ojalá no ocurra, pero todo me hace pensar que en marzo la situación actual no va a cambiar sustancialmente y vamos a tener unos precandidatos mucho más desgastados y sin contrincante real. Esto es como el clásico Colo Colo con la Universidad de Chile. Si el Colo Colo va al estadio una semana antes a entrenar, convocará a algunos adherentes -que son los fanáticos-, pero la gran mayoría llegará cuando suene el pito inicial y estén los dos equipos en la cancha.

-¿Cómo evalúa la primera semana de los precandidatos Laurence Golborne y Andrés Allamand? Ya fueron proclamados, están conformando sus equipos de trabajo y sus comandos.

-Bueno... (dice con cierta cara de resignación) por eso yo era partidario de que no salieran los ministros hoy día. Cuando comienza este tipo de desafío, se entra en una moledora de carne donde el día a día es muy importante y la ansiedad de estar en los medios o en la contingencia es terrible.

-¿Qué debiesen hacer entonces los candidatos en este período?

-No me corresponde decirles qué hacer, pero este período podrían, eventualmente, dedicarlo a escuchar a la gente, estar con distintos grupos de personas en todo Chile, y ese proceso es lento. Buscar la mejor interpretación de las necesidades actuales desde nuestras ideas. Insisto en que ocho meses para llegar a la meta final de una primaria es mucho tiempo. Esto es una carrera de fondo y requiere tomársela con calma porque la partida puede ser de caballo chileno... y la llegada igual. Hay que manejar bien los tiempos, controlar las ansiedades y combinarlo con estar presente en la agenda. Y eso es lo difícil.

-¿Ve peligro en que queden muchas heridas para luego apoyar al vencedor de una primaria?

-En la medida que sean con altura de miras, sin descalificaciones, no le tengo miedo a los enfrentamientos de ideas. Obviamente ésta es la primera vez que competimos en primarias y las campañas tendrán una gran responsabilidad para que el sistema sea valorado en el futuro o termine en una carnicería.

-La UDI tenía resistencia a las primarias presidenciales. ¿Puede volver esa sensación si Golborne mantiene amplia ventaja sobre Allamand?

-Las primarias son un instrumento. Con la salida de los ministros en esta fecha uno podría decir "hagamos primarias en enero" y sería suficiente, pero son el 30 de junio por ley. Esto, de cierta manera, da espacio para que finalmente alguno diga "bueno, yo ya no logré convocar". No olvidemos que la inscripción para las primarias es el 1 de mayo. Quedan seis meses para la inscripción y dos meses después para la campaña más formal, por lo que cualquier cosa puede ocurrir.

-¿Cómo puede afectar este escenario el que la UDI ya haya proclamado, aunque de manera informal, a su candidato?

-La UDI siempre fue de la idea que los presidenciables salieran mucho más tarde, pero como se tomó otra decisión, el partido reaccionó de esa manera para mostrar que la candidatura de Laurence Golborne no es de una sola persona, sino que se viera que hay un equipo político detrás, de peso. De hecho, el principal partido de Chile, como quedó demostrado en la municipal. Eso era lo que había que hacer.

-¿Cuál será el rol que usted asumirá en la campaña?

-Yo soy alcalde (se ríe). Los alcaldes tienen una tremenda responsabilidad, y como vicepresidente de la UDI voy a la directiva una vez a la semana y siempre he expresado, de acuerdo a mi experiencia y a mis ideas, lo que yo creo. Pero de ahí a tener un rol... imposible.

-Se ha dicho que puede ser el nexo con el mundo municipal.

-Todo está muy en pañales en ambas precandidaturas. Creo que deben hacer un esquema de tiempos para manejar estos meses adecuadamente. Por ejemplo, para conformar un programa es un tiempo prudente, pero para otras, puede ser excesivamente largo. Por eso es que la dosificación de esos tiempos será muy importante. Y una vez definido eso, habrá que ver qué equipo será relevante en estas definiciones.

-Ya comenzaron las comparaciones entre la trayectoria de Allamand y la cercanía de Golborne con la gente...

-Obviamente que en una primaria se mostrarán las fortalezas y debilidades de cada candidato. Cada uno tiene que ver con cuáles entusiasma a las personas. Son personajes que tienen atributos y fortalezas muy diferentes.

-¿Cuáles son esas fortalezas del candidato de la UDI?

-Lo principal es que es una novedad, que no viene del mundo político. Que tiene una historia personal de muchos méritos. Viene de Maipú, estudió en el Instituto Nacional, después en la universidad y después llegó a cargos que cualquier chileno envidiaría, por decirlo de alguna manera. Eso es el reflejo de un país nuevo, distinto, de un país que cambió. ¿Sus debilidades? Son las fortalezas de Andrés Allamand: que tiene trayectoria política, que ha estado siempre ligado a ella desde la época del colegio, que estuvo en el Acuerdo Nacional y que ha colaborado para que Chile esté donde esté hoy. Pero ahora hay que ver qué opina el votante, y para eso es esta primaria.

-¿Golborne tendrá que adherir a ciertos principios de la UDI? ¿Dar garantías en algunos aspectos?

-Cuando uno apoya a una persona para que sea Presidente, hay que entender que esa persona debe tener todas las libertades políticas. Cuando es militante, debe renunciar a esa militancia precisamente porque va a gobernar para todos los chilenos, y cuando es independiente, no necesita renunciar a nada. Lo que ha habido hasta ahora es un apoyo político muy importante de la UDI a su candidatura, pero la proclamación de ambos será el día de la inscripción a las primarias oficiales. Por lo tanto, hay mucho tiempo para ir trabajando en esos temas que menciona.

-Figuras nacionales del partido, como Pablo Longueira, Evelyn Matthei y Joaquín Lavín, se restaron de la contienda parlamentaria. ¿Qué opina? ¿Debieron dejar el Gobierno para fortalecer el Congreso?

-El escenario político es diferente y eso, probablemente, a muchos los asustó o fue un factor para tomarlo con más distancia. Pero también es cierto que al Gobierno le quedan 16 meses, y obviamente un cambio ministerial mayor implica, si ahora ya es difícil, un esfuerzo mayor en el actual escenario. Creo que en el análisis pesó más el gobernar bien por sobre el que tuvieran un rol electoral en el partido.

 "Un 60% no fue a votar porque no siente afección por lo que ocurre en política"

-¿Cuál es su análisis de la baja participación en las municipales?

-El comportamiento de los votos era archiconocido desde el año 89. Había un padrón electoral que uno lo podía predecir donde había un porcentaje importante de centroizquierda, uno de centroderecha y, en el centro, un número de votos a conquistar. Pero eso cambió radicalmente con la inscripción automática y el voto voluntario porque ahora votan los que realmente quieren votar. Como a todos, me sorprendió la baja participación, nadie esperaba que el promedio fuera 40%. Creo que este comportamiento no va a variar sustancialmente en términos gruesos.

También quedó claro que mucho depende del tipo de campaña que se haga. La gente ya no fue a votar por alguien que no conoce o que no haya tenido un contacto. Se busca tener una razón más que ver al candidato en un simple cartel por muy ubicado que esté en el sector político o acompañado de algún líder. Eso ya no basta. Hoy queda claro que la elección de la persona que será candidata, junto con su trabajo, será muy importante en las futuras elecciones y, desde luego, la motivación que genere en el electorado.

-¿Cuáles fueron las causas de las derrotas? Se habló de triunfalismo, por ejemplo.

-Es una sumatoria de cosas. El triunfalismo; la forma de hacer campaña; y probablemente la evaluación del Gobierno porque los candidatos de la Coalición representan al Gobierno. Aquí hubo un 60% que no fue a votar porque no siente afección por lo que ocurre hoy día en política.

-La Alianza ni siquiera logró mantener lo obtenido en 2008.

-Esa fue la mejor elección que hemos tenido, pero obviamente el escenario cambió. Se validan, por ejemplo, las primarias. Son una instancia donde los candidatos tienen que competir por un cupo de representación frente a una comunidad más pequeña. Las primarias hacen que las personas tengan que ser expuestas ante el electorado generando, en algunos casos, una adhesión mucho mayor que con una designación más cupular.

-¿Ve como un logro de la Concertación el haber definido a muchos de sus candidatos vía ese mecanismo?

-Fue muy bueno para la Concertación. Se generó cierto entusiasmo, una dinámica de mística al interior de una campaña y por eso creo que en la presidencial es muy sano que la Alianza tenga por primera vez primarias.

-¿La Alianza, entonces, debió haber hecho primarias para las municipales?

-Las primarias son un instrumento, no es que uno esté obligado a hacerlas, pero donde hay más de un candidato con méritos suficientes para optar a un cargo público, me parece un instrumente absolutamente válido. Si en Recoleta y La Reina hubiésemos tenido la capacidad y la historia de primarias, nos habría ido mejor.

-En Santiago, Pablo Zalaquett dijo que uno de los responsables de su derrota fue el "efecto balcón" generado desde La Moneda. ¿Lo comparte?

-Uno no puede asignar a un solo factor las derrotas, pero sin duda que eso causó una politización de una elección local y claramente puede haber afectado. Pero también pudo haber sido el triunfalismo, porque si uno mira los datos gruesos en Santiago votó el 29%, o sea, algo ocurrió que más del 70% de los electores de esa comuna dijo "no voy a votar" o "me da lo mismo".

-¿Fue negativo el que un presidenciable como Laurence Golborne apoyara a algunos candidatos?

-La compañía de una u otra figura ya no incide en los resultados. Lo vieron muchos candidatos en las elecciones pasadas cuando la Presidenta Bachelet no pudo traspasar su alto nivel de adhesión. En este nuevo padrón abierto y voluntario eso es prácticamente cero. Quizás una compañía cambia el estrés del momento, pero no cambia el resultado.



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