La profecía Maya

Es toda una cuestión numerológica: si al número 28 (del 28-0H!), le sumas los 13 votos por los que ganó Sabat, luego le restas 9 (por el 9-N) y por último le sumas 1 (por la única mesa que dio origen al reconteo de votos) te da 33. ¿Te das cuenta? ¡TREINTA Y TRES! El número de la suerte de Laurence.  

 

Muchos en la Alianza pensaron que la famosa "Profecía Maya" de la que se ha venido profusamente hablando y que pronostica el fin del mundo o, al menos, una gran catástrofe y el comienzo de una nueva era para el 21 de diciembre (21-D), en verdad se adelantó para el 28 de octubre (28-0, o 28-0H!, por lo sorprendente).

Claro, porque ese día se produjo la gran debacle en que la centroderecha perdió varias de sus comunas emblemáticas en la elección municipal.

Si entregar Santiago, Providencia y Recoleta era doloroso, al menos tenía una cierta explicación racional (meses de mala prensa para Zalaquett y Labbé, además de una pésima ingeniería electoral). Pero la derrota de Pedro Sabat en Ñuñoa era simplemente inexplicable, además de aterradora, porque su verdugo había sido nada menos que una mujer llamada Maya.

El bueno de Sabat, quizás espirituado, se apresuró a reconocer su derrota la misma noche de la elección, pese a que la diferencia de votos era mínima. No sólo eso, también habló maravillas de quien sería su reemplazante en el sillón edilicio.

Parecía no caber duda: había comenzado una nueva era en política, en la que los antiguos caudillos imbatibles de antaño habían conocido por primera vez la derrota.

Envalentonados por la fuerza cósmica de estos nuevos acontecimientos, varios miembros de la Concertación comenzaron a hacer sus propias profecías. Escuché el domingo a Lagos Weber decir que en el cambio de gabinete que preparaba el Presidente no se incluiría a los ministros presidenciables Allamand y Golborne. También se dijo que Hinzpeter no saldría de Interior, que la centroderecha no lograría reponerse de la derrota municipal y que cualquiera de estos días se produciría la "segunda venida de nuestra Salvadora Bachelet" (o al menos mandaría a decir alguna cosa desde Nueva York).

Pero qué creen. El viernes, en el reconteo masivo de votos realizado por los jueces electorales en Ñuñoa se produjo el gran vuelco. Pedro Sabat terminó sumando más sufragios (13) que Maya. Y si bien ella, esa misma noche, no reconoció el triunfo del actual alcalde, todo indica que el Tricel terminará por ratificar el resultado de las urnas.

Este hecho le devolvió al alma al cuerpo a la gente de la derecha, que fue en masa a confesarse por haber creído en supersticiones escatológicas.

Pero algunos se pasaron de rosca.

Ayer me llegó el siguiente mail de un amigo de la UDI:

"El viernes 9 de noviembre (9-N) se inició un nuevo ciclo que puso fin al ciclo que comenzó el 28-0H! Es toda una cuestión numerológica. Fíjate: si al número 28 (del 28-0H!), le sumas los 13 votos por los que ganó Sabat, luego le restas 9 (por el 9-N) y por último le sumas 1 (por la única mesa que dio origen al reconteo de votos) te da 33. ¿Te das cuenta? ¡TREINTA Y TRES! El número de la suerte de Laurence. Parece que los mayas tenían razón, claro que de una manera bastante caracoleada. Lo importante es la señal clarísima que hemos recibido. Vamos a ganar".

Ustedes saquen sus propias conclusiones.

 


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