La cosecha del Gobierno

Carlos Peña 

Este viernes, el Presidente -intentando evitar la suave pendiente del final- instó a sus ministros a esforzarse:

"Hemos cumplido -les dijo- dos tercios de nuestro Gobierno. Nos queda el tercer tercio, que va a ser el de la cosecha, después de haber sembrado intensamente durante estos dos años y medio".

¿Qué es exactamente lo que el gobierno cosechará? Para saberlo, hay que recordar sus anhelos. No hay forma más justa de juzgar un desempeño que medirlo por las aspiraciones de quien lo ejecutó.

La más sonora de todas (aunque se ha hecho casi todo lo posible por olvidarla) fue el proyecto de una nueva derecha: una capaz de sintonizar con los cambios culturales y diestra a la hora de administrar; moderadamente liberal y, a la vez, eficiente. Si algo así se lograba (debió pensar entonces) él sería el inicio de un nuevo ciclo histórico, una larga curva de modernización a cargo de la derecha. ¿Por qué no? ¿Acaso la mayoría no lo había preferido?

El azar -con el rostro de la tragedia de los 33 mineros- quiso, incluso, que esos sueños tuvieran un momento parecido a la epifanía.

A un año del término del gobierno, el proyecto de la nueva derecha se apagó; la eficiencia tropezó con las trabas y las rutinas del Estado; la inercia de los gobiernos de la Concertación siguió su curso; y lo que pudo ser epifanía se transformó en espectáculo televisivo.

La cosecha no se parece al fracaso; pero -no vale la pena engañarse- tiene la medianía de la mediocridad.

¿Por qué ocurrió eso?

Desde luego, el primer problema fue -es todavía- la personalidad del Presidente, quien gusta más del poder que de la política; se siente más atraído por el protagonismo de la propia voluntad que por el triunfo de las ideas y de los propósitos colectivos; más interesado en el reconocimiento de sí mismo que en el valor del sector que lo acompaña. La popularidad y el carisma se pueden cultivar, por supuesto, pero sólo hasta cierto punto: ellos reposan sobre una cualidad espontánea, automática (una gracia decía Weber) que, cuando se la imposta o se la simula, en vez de atracción produce rechazo. Por eso la popularidad del Presidente está en relación inversa con la medida en que muestra su subjetividad. Cuanto más la muestra, menos gusta.

Se suma a lo anterior el abandono de las ideas. El gran problema de la derecha es que parece no tener ideas. Por supuesto no cabe duda de que las tiene, pero no parece estar muy convencida de ellas puesto que, con rara timidez, las calla. Los viejos temas de la carga impositiva, la alergia al paternalismo estatal, la libertad de escoger, han brillado por su ausencia. La mejor prueba de esta mudez ideológica de la derecha la dio Golborne esta semana:

"El desafío fundamental -dijo al anunciar su candidatura- es interpretar (...) a la mayoría de chilenos que son independientes como yo, y que quieren ver reflejados (...) en el servicio público, una cara más humana, más amable; una cara que se preocupe de sus necesidades cotidianas".

¿Habrá alguien en la derecha, que tenga dos o tres dedos de frente, a quien tamaña vacuidad lo interprete o lo conmueva?

Isak Dinensen -en "Sombras en la hierba"- observa que los seres humanos son capaces de soportar cualquier cosa si pueden oír una buena historia acerca de ello. Es lo que se ha llamado el relato, la narrativa que debe acompañar a la acción política. Sin un puñado de ideas que promuevan valores, puntos de vista, estimaciones acerca del mundo, que hagan el esfuerzo de mover la línea donde principia la oscuridad, la política se confunde con el management . Algo de eso le ocurrió a Piñera y algo de eso arriesga Golborne quien, sin darse cuenta, suele traspasar la línea que separa la sencillez de la ramplonería.

Entonces, ¿cuál es la cosecha que deberán recoger los ministros? ¿Fracaso, estropicio, catástrofe? En absoluto. En el comienzo de su año final, al Gobierno no lo acompaña ni siquiera la épica del fracaso. Su sombra es una rotunda medianía, una -a estas alturas- insalvable distancia con sus propias expectativas.

ESTE VIERNES, EL PRESIDENTE INSTÓ A LOS MINISTROS A COSECHAR LO QUE EL GOBIERNO SEMBRÓ. ¿CON QUÉ FRUTOS SE ENCONTRARÁN? ¿QUÉ PODRÁN RECOGER EL ÚLTIMO AÑO?

 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir


Servicios El Mercurio
   Suscripciones:
Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.
   InfoMercurio:
Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.
   Club de Lectores:
Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.


Otros Servicios
   Defunciones
   Ediciones anteriores
   Propiedades
   Suscripciones
   Empleos
   PSU@El Mercurio
   Contratar publicidad
   Club de Lectores
   Clase Ejecutiva
   El Mercurio - Aguilar
 


Buscador emol.com Ir al demo interactivo Buscador emol.com
0  
Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales