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Qué pasaría si el mundo se queda sin energía y todo deja de funcionar

Sábado 17 de noviembre de 2012

Por ahora, sólo pasa en una serie de televisión y, según los especialistas, es una posibilidad muy lejana. Aun así, hay muchas cosas por hacer para que en la realidad el planeta no colapse ni deje de desarrollarse por falta de energía. Lorena Guzmán H.
 


 

Imagine que un día cualquiera se despierta asustado al darse cuenta de que el despertador no sonó. Prende la televisión, y tampoco funciona. Sigue intentando con el equipo de música, la tostadora de pan y el hervidor eléctrico, y nada. Toma el auto para ir al trabajo, pero el tráfico es un caos porque los semáforos no están funcionando. Llega a su oficina y el computador no enciende. Con el tiempo la electricidad no vuelve, se descargan los celulares y computadores, se descompone la comida del refrigerador y no hay dónde abastecerse. Los hospitales no pueden atender pacientes... Simplemente, nada funciona.

De eso se trata "Revolution", la nueva serie de televisión -transmitida en Chile por el canal de cable Cinemax- que describe lo que pasa 15 años después de un apagón mundial. Son pocos los que sobreviven y las milicias toman el poder. Y nada, pero nada, funciona.

¿Holocausto energético?

Llegar a este punto en la vida real, dicen los expertos, es imposible. "Es interesante esta metáfora de pensar en un holocausto energético", opina José Cardemil, investigador del Centro de Energía y Desarrollo Sustentable de la Universidad Diego Portales. "Nos hace pensar en cómo reaccionaríamos como sociedad, aunque el corte total sea bastante improbable", sentencia. Lo más cercano a esto, continúa, es un mundo que se quede sin petróleo. "En ese contexto vale la pena replantearnos las comodidades y costumbres que tenemos, qué es lujo y qué es necesario, nuestro estilo de vida, y empezar a estudiar, entre otras, las tecnologías alternativas de sistemas de transportes".

Según datos del último informe global entregado esta semana por la Agencia Internacional de Energía, en 2035 la demanda mundial habrá crecido un tercio con respecto a 2012. El 60% de ese aumento provendrá en conjunto de China, India y países del Medio Oriente. ¿Cuáles serán las fuentes? Aunque el petróleo seguirá siendo el combustible dominante, el consumo de gas se elevará en 50% y el de carbón en 21%. En tanto que las energías renovables, entre las que se consideran los biocombustibles y la nuclear, van a ser la segunda fuente de energía para 2015, y se acercarán a los niveles de consumo del carbón sólo dos décadas después.

Aunque el crecimiento en la demanda energética supone un desafío para quienes tienen que proveerla, éste siempre tendrá un límite. "Es imposible pensar que siempre habrá más consumo, que éste siga creciendo infinitamente", asegura Roberto Román, académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y director de la Sociedad Internacional de Energía Solar. Y siempre habrá alternativas a lo que se produce hoy.

En otras palabras, concuerda David Watts, profesor de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Católica, "en general, ningún científico serio plantea que habrá escasez total de energía, por el contrario, aseguran que es abundante y siempre lo será".

El problema, entonces, no es la cantidad de energía que pueda tener el planeta, sino más bien de dónde sacarla.

La matriz eléctrica chilena está basada en un 77% en combustibles fósiles, cuenta José Cardemil. "Necesitamos pensar en cómo hacer la transferencia tecnológica hacia otras fuentes para no renunciar a las comodidades", agrega.

La radiación solar que alcanza la superficie terrestre equivale a alrededor de 10 mil veces el consumo mundial de energía. El punto, dice, es cómo logramos transformarla en energía útil.

"Es cierto", asegura David Watts, "que hace dos años atrás e incluso uno, la energía de paneles fotovoltaicos no era rentable en Chile, pero ahora prácticamente sí lo es".

Si bien hasta hace un par de años, cuenta, el costo de los paneles correspondía al 40% de la instalación de una planta solar, hoy éste se redujo al 15% o 10%. "Esto se debe a la irrupción china en este mercado -que ha desarrollado gran variedad de tecnología a mucho menor costo- y a la crisis europea, ya que muchos de los productores que estaban acostumbrados a vender en masa ahora están tratando de hacer negocios en países como Chile".

Nuestro país tiene buenas condiciones para la energía solar no sólo en el norte, agrega el ingeniero, sino también en la zona central, incluso al sur de Santiago. "Por eso no debiera extrañar que muy luego se concrete un gran proyecto solar en el país", asegura.

Roberto Román acota otro punto: "Tenemos hasta menos de la mitad del siglo para hacer la transición a energías renovables globalmente, si no el medio ambiente no lo va a soportar", advierte.

Todos los expertos coinciden en que aunque no nos quedaremos sin energía ni habrá un apagón total, sí será necesario migrar a otras fuentes. Esto no implica necesariamente desacelerar economías o frenar crecimientos, sino que se trata simplemente de ajustes tanto en las tecnologías como en las expectativas. Y, también, hacer proyecciones correctas.

"Aunque todo el mundo lo repita, no hay nada que avale que la demanda eléctrica local se duplicará cada 10 años", asegura Román. Pero sí, aclara, existe una falta de regulaciones y conocimiento para lograr eficiencia y una energía más limpia en Chile.

309.200 teracalorías consumió Chile en 2010.

1.276.472.800 teracalorías fue la demanda mundial en el mismo año.

1 teracaloría equivale al consumo promedio de energía de 400 familias por un año

 Factor humano

"La gente, sin darse cuenta, está cambiando sus hábitos de consumo energético y de uso de tecnologías más eficientes", dice Roberto Román de la U. de Chile. Las ampolletas inteligentes y los aparatos eléctricos mucho más eficientes que los de hace una década están haciendo la diferencia.

Es cierto que el traspaso a energías más limpias debe tener una directriz estatal, pero los que finalmente consumen son las personas y las empresas.

Un estudio reciente realizado por un grupo de la Universidad Católica, encabezado por David Watts, asegura que con pocas medidas de eficiencia como mejorar la iluminación de las casas, los motores de las industrias y los aires acondicionados de los centros comerciales, entre otros, se puede reducir de 5,4% a 4,1% el aumento anual del consumo energético en el país. "Si la gente tiene buena información, se las arregla para tomar decisiones correctas", asegura.

José Cardemil, de la U. Diego Portales, concuerda: "Estamos acostumbrados a enchufar las cosas sin pensar en la infraestructura y el costo que hay detrás. No existen fuentes de energía que sean inocuas con el medio ambiente, todo tiene un costo", opina. Por eso la educación es crucial. Según la Agencia Internacional de Energía, adoptando medidas de eficiencia que no significan un costo impagable, el mundo podría reducir su demanda de energía a la mitad.

Complejidad en contra

Luego de la tormenta "Sandy", los neoyorquinos debieron pasar un fin de semana o más en sus casas, sin celulares, televisores ni forma de transportarse. Es imposible prepararse para ese tipo de contingencias, asegura David Watts, por el alto costo que significaría en infraestructura. Pero en lo que sí se puede trabajar es en las fallas "normales", esas que dejan sin luz a miles sin razón aparente.

Desde el gran apagón, que dejó en 2003 a más de 20 millones de personas sin luz en parte de la costa este de EE.UU. y Canadá, los científicos comenzaron a ver las redes de transmisión y generación eléctrica como verdaderos sistemas complejos. El objetivo es volverlas inteligentes para que eviten apagones totales.

"Una falla en el sistema puede producir un fenómeno de cascada que afecta a la totalidad del suministro", explica David Watts. "Aunque no todas estas fallas son entendibles, algunas sí se pueden estudiar y hacer que el sistema se 'sane' a sí mismo".

Esto quiere decir que, por un lado, la falla no pueda propagarse a todo el sistema y quede lo más confinada posible y, por el otro, el sistema pueda reiniciarse para reestablecer el suministro. Ni en Chile o el mundo es posible tener este tipo de sistemas todavía. De momento, pequeños prototipos están siendo probados en islas o ciudades.