CELEBRACIÓN A 500 años de la bóveda del histórico y religioso espacio
Capilla Sixtina: 6 vivencias frente a la magna creación de Miguel Ángel

Cuando se cumplen cinco siglos desde que el artista florentino terminara sus sobrecogedores frescos -luego de permanecer trabajando sin parar, entre 1508 y 1512-, les pedimos a reconocidos artistas, historiadores del arte y arquitectos chilenos que cuenten su propia experiencia y visión de ella.  

CECILIA VALDÉS URRUTIA 

El Papa Julio II admiraba el arte y admiraba sobre todo la genialidad de Miguel Ángel. Esa fue una de las grandes razones para pedirle a un escultor como él, y no a un pintor, hacer los frescos de la Capilla Sixtina.

Miguel Ángel huyó de Roma ante la propuesta. Le atormentaba la idea. Finalmente, accede con la condición de tener libertad absoluta en el diseño. Pasó cuatro años, día y noche, encerrado trabajando en ello. Pintó mil 100 metros cuadrados de frescos, recostado sobre una pequeña plataforma de madera que él inventó. Prácticamente nunca dejó que nadie entrara a mirar su obra en proceso, salvo el pontífice en sus últimos días.

El 31 de octubre de 1512, la bóveda fue inaugurada con los frescos del maestro, que muestran escenas del Génesis. El éxito fue inmediato y se propagó por el mundo. Como dijera el Papa Benedicto XVI, "el efecto producido por la bóveda debió ser impresionante. De este inmenso fresco se precipitó sobre el arte italiano y europeo algo comparable a un violento torrente de montaña de felicidad y al mismo tiempo de devastación". Años después, Miguel Ángel recibe, además, el encargo de decoración de la pared del altar con el Juicio Final, que hace entre 1536 y 1541.

La Capilla Sixtina es una de las maravillas de la civilización occidental. Es la sede del cónclave para la elección de un nuevo pontífice y es la capilla de la Casa Pontificia. En la actualidad, es visitada por cinco millones de personas al año y tiene más de 20 mil turistas al día. Este hecho preocupa a los expertos en patrimonio y al director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci. "Las partículas y el polvo que arrastran (los visitantes) es dañino para la obra de arte". Se ha pensado quizá en limitar el número de público, "lo que sería muy doloroso" -señala Paolucci-, y es de la opinión de que "el fresco de Miguel Ángel es muy fuerte. Puede sobrevivir perfectamente". Asimismo, el Vaticano anunció que a mediados del próximo año instalarán allí un nuevo sistema de climatización con control de humedad.

En medio de las celebraciones de los 500 años de la bóveda de la Sixtina, se estrenó el documental "Arte y Fe. El Camino de La Belleza", realizado por los Museos Vaticanos junto a la televisión polaca. En Chile, en marzo, se proyectará otra cinta a cargo de realizadores nacionales. En tanto, les pedimos aquí a reconocidos artistas, arquitectos e historiadores del arte que nos entregaran su testimonio personal y visión de su encuentro con la Capilla Sixtina.

 Enrique Browne: Concentración exagerada de obras maestras

"He visitado la Capilla Sixtina dos o tres veces. Mis pocas visitas allí han sido algo frustrantes. La Capilla Sixtina es una suma de talento y sensibilidad difíciles de encontrar en otra parte. Me atrevería a decir que tiene una concentración casi exagerada de obras maestras de artes visuales. La superficie de la sala es sólo de unos 500 m {+2} , pero tiene expuestas obras con más de 2.500 m {+2} de superficie entre muros y cielo. Y no se trata solo de los grandiosos frescos de Miguel Ángel, con la "Creación de Adán" en el centro de lo alto y el "Juicio Final" al fondo. También están los aportes artísticos de Perugino, Ghirlandaio, Botticelli, Rafael y otros, más una arquitectura cuyo gran espacio abovedado pasa casi desapercibido ante la belleza atiborrada de las obras que la envuelven.

Por otra parte, la apreciación de las obras de arte es una conversación entre el espectador y éstas. Este intercambio requiere de cierta paz y concentración ; algo imposible de lograr en los 500 m {+2} por los cuales pasan cinco millones de personas al año. Es como entablar una conversación profunda a la entrada del Metro a un horario peak . Casi imposible, al menos para mí. El apretado ambiente habla más del turismo de masas, del consumo cultural u otras cosas de ese tipo. La excesiva concentración de gente amenaza la conservación del legado cultural ahí presente . También atenta contra la apreciación que puedan tener los visitantes de uno de los lugares más magníficos en la historia del arte. Sólo es posible apreciar, por ejemplo, cómo Miguel Ángel esculpía aun dibujando . Lamentablemente, para el común de los mortales el arte ahí contenido hay que apreciarlo en detalle mediatizado por libros ilustrados o medios audiovisuales".

Enrique Browne Covarrubias, arquitecto, premio Nacional de Arquitectura.

Jorge Swinburn: "Se aparta del equilibrio clásico y los efectos son dramáticos"

"Es imposible ver en nuestra tradición greco-latina-cristiana otra obra que posea la densidad casi infinita de cuerpos humanos y divinos magistralmente dibujados cubriendo un templo. Esta es la Capilla Sixtina.

Por encargo del Papa Julio II en 1508 Miguel Ángel inicia por etapas los frescos del cielo de la Capilla. Allí las figuras de los profetas y sibilas están ordenadas y ritmadas por la arquitectura. Cuerpos desnudos recorren ambos lados de la base de la estructura del cielo de la nave. Los paneles centrales del cielo tratan La Creación del Universo, de Adán, de Eva, de la expulsión del Paraíso, del diluvio, etc. El hombre está aquí heroizado y se deja entrever una interpretación trágica de su destino.

Aquí Miguel Ángel se aparta del equilibrio clásico y los efectos son dramáticos y agresivos. Todo el cielo de la Capilla alcanza posibilidades expresivas que hasta entonces habían buscado otros artistas .

Entre los años 1536 y 1541 Miguel Ángel pintó el fresco "El juicio final". El genio ya ha realizado gran parte de su obra y sin duda la crisis de la Iglesia, la duda y malestar de los espíritus, la ineludible reforma, lo lleva a crear este inmenso fresco; abrumador, aterrador, incluso caótico. Es la obra de un creyente atormentado.

Miguel Ángel distribuye las figuras sobre la superficie de manera desigual, las dirige en líneas dinámicas, donde son lanzados cuerpos aislados, racimos humanos y muchedumbres inmensas semidesnudas . Da la impresión de bocanadas, algo terrible, confuso. Masas de santos afluyen en oleadas hacia el centro, donde Cristo, un hombre escultural, con María a su lado, revelan el titanismo y la concepción trágica de la Providencia. No hay misericordia. Abajo, en grupos desordenados sobre el mismo fondo azul, aterrados van cayendo los condenados.

Al no tener un solo marco arquitectónico definido, Miguel Ángel se apoderó del muro y torturado y solitario desplegó todos sus conocimientos del dibujo del cuerpo humano hasta una terrible belleza y genial locura . Como arquitecto renovó lo clásico y adelantó el barroco ".

Jorge Swinburn Pereira es arquitecto

Romolo Trebbi. "El programa Michelangiolesco"

"Quinientos años atrás Miguel Angel Buonarotti terminaba su intervención en la bóveda de la Capilla Sixtina en el Vaticano. Cuatrocientos ochenta y cinco años después, yo accedía por primera vez al conocimiento visual y estético de esta obra titánica, tenía entonces 15 años, era un día de primavera e iba como un peregrino que se iniciaba al amor del arte. Fue tal la impresión que causó en mi, que no pude retornar inmediatamente, lo tuve que hacer una semana después, como aquellos aplausos que llegan después de un silencio en un concierto muy sobrecogedor.

Llegué temprano, al momento de la apertura, con muy pocos visitantes, privilegio imposible hoy. Al entrar a la Capilla volví a sentir la inmensidad del espacio y ahí, mirando el cielo sentí profundamente la presencia del artista y la del pontífice. Recuerdo que de inmediato me llamó la atención cómo el espacio de la Capilla estaba cortado horizontalmente presentando dos partes en horizontal : los muros laterales cubiertos de frescos pintados al final del siglo XV, mientras que partiendo desde las ventanas hacia arriba triunfaba la obra grandiosa de Miguel Angel quien la había pintado 30 años después.

Eran dos mundos completamente diversos y nítidos. Miguel Angel había construido visualmente sobre la ilusión de unos espacios abiertos pintados en los muros laterales en 1482 por siete de los más importantes pintores florentinos y de Umbría, la poderosa fuerza de una arquitectura que encierra el espacio de la capilla, definiendo cada escena, incorporándola así a la arquitectura de una manera tal que reestructura el espacio. Me tendí en el piso marmóreo para poder apreciar la bóveda y me encontré con la fuerza dinámica de unos cuerpos desnudos que se sobreponían a esta arquitectura , para luego bajar la mirada a las grandes figuras laterales de las sibilas griegas y de los siete profetas bíblicos.

Cuando volví después de varios años, siendo ya historiador del arte, estaba más preparado para tratar de entender el programa "michelangiolesco" que tan armoniosamente mezclaba el mundo de la antigüedad clásica con el bíblico y comencé a pensar que este complejo programa simbólico muy posiblemente no había sido concebido solo por Michelangelo, sino que debía estar ligado a un esquema ideológico y político que coincidiera con el pensamiento de Julio II, de una Roma Cristiana que, como continuadora y heredera de la Roma imperial, volviera a ser nuevamente Caput Mundi".

Romolo Trebbi es historiador del arte y de la arquitectura

Sandra Accatino: "Engañosa arquitectura pintada"

"Cuando intento reconstruir la primera sensación que tuve, a los 16 años, al entrar por primera vez a la Capilla Sixtina, la emoción y la sorpresa que sentí se entrecruzan, de manera inevitable, con el cansancio y el tedio . Fui, supongo, al igual que mis compañeros de curso en viaje de estudio, una víctima más del despiadado turismo cultural que en el Vaticano se combina, además, con la peregrinación y el suvenir religioso. Así, horas antes de cruzar la puerta de la Capilla Sixtina, al igual que cientos de personas todos los días, debí padecer a un guía y pasar y a veces detenerme, pero siempre velozmente, por las más variadas y magníficas obras de arte, intentando obtener, con modestia y esfuerzo, una experiencia interesante. Al llegar finalmente a la ansiada capilla, el enervante y confuso flujo de obras de arte de todos los tiempos había agotado mis capacidades, y aunque reconocí la maravilla del inmenso trabajo, la belleza casi fluorescente de los colores, la asombrosa dificultad de los cuerpos, me di cuenta de que esas impresiones se diluirían en medio de la marea de otras pinturas y de otras esculturas que perduraron, también por derecho propio, con más fuerza en mi memoria. Años después, cuando volví a visitar los museos del Vaticano, tomé la precaución de ir directamente a ver la capilla. La encontré, entonces, casi sin personas y pude ver, recién restaurado, el Juicio Universal y, con tiempo y tranquilidad, también las obras que habían pintado en su interior algunos de los más importantes artistas del Renacimiento. Y vi, en el techo, la sorprendente y engañosa arquitectura pintada y el tejido de cuerpos que, entrelazados y saturando todo el espacio, se reflejan unos a otros sin repetirse nunca".

Sandra Accatino es historiadora del arte y académica

Isabel Cruz: Fijar la mirada

"Mirar y no ver marca aquella primera visita a la Capilla Sixtina. La errancia de la mirada, posándose y pasando sobre la enorme bóveda desbordada por figuras soberanamente grandes, autorreferentes y duras en sus nichos . Intenso es el dolor cervical, síndrome y tributo de la belleza en lo alto. El acceso final de la pupila al juicio de esos enormes cuerpos manchados por el tiempo y la culpa no pueden procesarse en una sesión. Es demasiado para la frágil juventud del sur del mundo que llega, obnubilada de antemano. No hay imagen capaz de disipar ese estado simultáneo de apertura y cerrazón mental que sólo cabría calificar de punto cero. La voluntad y la factibilidad desgarradas ante ese espacio-tiempo que es ahora y siempre, origen y escatón, fracturadas entre terrestres gravitaciones y celestes vacíos succionantes.

Sucesivas visitas, observación de reproducciones y tomas fotográficas propias han permitido ir disipando el shock de la obra de arte desconocida. Ha sido posible fijar la mirada y reconocer las fuerzas artísticas "miguelangelescas " -capaces de levantarnos del estado de humanidad caída, "arrojada" al mundo y proyectarnos hacia el comienzo y el fin; con todos nuestros sentidos, especialmente ahora con el tacto y el gusto tras la restauración que, si bien disipó la "terribilitá" romántica del Miguel Ángel pleno de oscuridad y de misterio, logró recuperar la claridad de forma e intención del artista y la gustativa sensualidad de su color. Es posible recorrer, seleccionar y fijar la mirada en aquellas imágenes que nos penetran y elevan, y permanecer con la cerviz doblada, segundos, minutos, en esas figuras enfrente y empero jerárquicas, Adán y Dios Padre. Pendientes sobre ese frágil e inédito puente manual entre la tierra y el cielo, los dedos, el ojo ya no puede dejar de percibirlos sino unidos, pues el genio de Miguel Ángel ha logrado aproximarlos casi hasta tocarse, tras siglos de lejanía y reverencia, temor, temblor ante lo sagrado".

Isabel Cruz es historiadora del arte

Pablo Chiuminatto: Novela gráfica

"El día que entré por primera vez en la Sixtina, hace 25 años, pensé que Miguel Ángel había diseñado ese lugar como una bóveda celeste, que en vez de puntos luminosos sobre un fondo oscuro, estaba plagada de personajes color tiza fijados en el esqueleto de ballena que dibuja su estructura. El techo, así como el plano del fondo eran la cartografía de un relato cuyas claves yo no poseía, salvo en aspectos muy simples de la formación artística escolar. Cuando volví el 2003, tras la restauración, quedé fascinado con los colores reales, vivos, de esas figuras que habían iluminado la historia y que recuperaban su valor. Este nuevo aspecto favorecía la experiencia de participar de los códigos implicados y asignar sentido a los cientos de personajes de esa novela gráfica que es la Sixtina. Al mismo tiempo, ya se había diluido el efecto mágico de la suposición del "genio artístico", que imagina aquella empresa como una solitaria tarea. Miguel Ángel trabajó con ayudantes, no tan solo a la hora de aplicar jornada tras jornada colores y empastes, sino también en términos iconológicos, asistido por los más grandes sabios de su tiempo. Convocó variadas fuentes en la concepción de su obra, como por ejemplo el conjunto realizado, una década antes, por Luca Signorelli en la capilla de San Brizio en Orvieto, lugar que visitó mientras preparaba la capilla Sixtina. Esto señala de forma elocuente la necesidad del arte de trabajar cuidadosamente con la iconografía , en este caso bíblica, implicada en las dos secciones de la capilla, el Génesis y Juicio Final, sino también valorar el complejo sistema de referencias y citas culturales que constituyen una trama velada tras lo que aparentemente es la obra de un solo individuo".

Pablo Chiuminatto es pintor y doctor en filosofía y literatura



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