Nuevo Libro Los orígenes de la política:
La república, entre la oligarquía y la democracia

Hace 24 siglos que Aristóteles ilumina nuestras reflexiones. Es lo que se desprende tras la lectura de "La democracia en Aristóteles", texto en el que el cientista político y embajador en Italia, Óscar Godoy, revisa los planteamientos del peripatético: "Propuso una concepción de la libertad, la igualdad y la ciudadanía que es aplicable a todos los seres humanos", dice.  

Juan Ignacio Rodríguez Medina 

A Aristóteles los medievales le decían "el Filósofo" y la "voz de la naturaleza". Su palabra era ley, autoridad: si él lo decía, así debía ser. Incluso en nosotros queda algo: le habrá pasado -en la universidad, en el colegio, en algún curso, leyendo un libro, incluso en algún programa de televisión- que hablando sobre algún tema, cualquiera, se escucha algo como: "Ya Aristóteles decía que...". Si se trata de metafísica, estética, ética, física, biología, astronomía, retórica, allí está Aristóteles; y, también, de teoría política.

"Aristóteles es un hito fundacional de la teoría política de Occidente", dice Óscar Godoy, actual embajador de Chile en Italia, pero sobre todo cientista político, y autor de "La democracia en Aristóteles. Los orígenes del régimen republicano" (Ediciones UC), que será presentado este miércoles 5 de diciembre, al medio día, en el Salón de Honor de la Casa Central de la Universidad Católica de Chile.

El mejor régimen

El libro parte con una revisión de la realidad de las democracias helénicas, desde su inauguración hasta el siglo IV a.C. (el de Aristóteles); sigue con los temas fundamentales sobre la polis o ciudad-estado, la ciudadanía, los regímenes políticos, los poderes constitucionales, la justicia; para entrar, luego, a las democracias y el régimen republicano. Godoy cierra el libro con la participación ciudadana y la amistad política, entendida como "el cemento emocional de una comunidad política decente y bien ordenada", explica el autor.

"Yo destacaría tres líneas argumentales que recorren el libro. La primera es el anclaje de la teoría aristotélica en la naturaleza y los fines naturales del ser humano; la segunda es que la ciudad-estado 'conforme a la naturaleza' en su concreción y construcción histórica es la obra superior y más noble del legislador humano, y la tercera es que la república es el único régimen en que la democracia mayoritaria, que es parte de ella, y gracias a su relación e integración con la minoría, puede producir el mejor régimen político adecuado a la mayoría de los pueblos. Las mayorías por sí solas, sin el concurso de la excelencia minoritaria, son incapaces de realizar el bien común y crear las condiciones para el bien vivir colectivo. E igual ocurre con los gobiernos de minoría que excluyen a la mayoría. Esta es la tesis principal de Aristóteles sobre la república".

-¿Cuánto de eso vale actualmente?

"Uno de los supuestos de Aristóteles, en su reflexión sobre la ciudad, es la existencia en todos los pueblos de una mayoría, que son los pobres, y de una minoría que son los ricos, los sabios y los 'bien nacidos'. Esta dualidad era mucho más radical y pronunciada en su época que hoy. Pero él planteó que es ideal que, entre esas dos clases, que llevan a las ciudades a oscilar entre democracia y oligarquía, surja un sector social medio, capaz de moderar a los dos extremos y darle estabilidad a la ciudad. Y hoy día todos las políticas públicas democráticas promueven la movilidad social aspiran a constituir un sector medio".

-En Aristóteles, el demagogo parece inherente a la democracia.

"En el libro se dedica un capítulo a las causas de la decadencia y extinción de los regímenes. Allí, se explica que la causa principal de la crisis final de muchas democracias es la acción disolvente del demagogo. En principio, el demagogo es el conductor del pueblo y en la asamblea, el vocero oficial de sus intereses y demandas. Por lo tanto, la palabra tiene una acepción neutral y otra que connota al líder corrupto que Aristóteles define como adulador del pueblo. Su actividad consiste en definirle un enemigo al pueblo e incitar a su destrucción. Ese enemigo son los ricos. Así logra establecer en la ciudad la división amigo-enemigo, demoliendo su unidad, paz y concordia. El demagogo es un orador que usa todos los recursos persuasivos de la retórica y la dialéctica política. Pero el demagogo no es inherente a la democracia, sino característico de su corrupción. Ahora bien, tanto Aristóteles como todos los autores republicanos sustentan la tesis de que en la democracia siempre existe la tendencia a dejarse persuadir por el adulador del pueblo; tendencia que el régimen republicano contiene y limita, sin afectar las virtudes de la democracia".

-En el libro se analiza el rol central que juegan la justicia y la amistad cívica en la teoría política aristotélica. ¿Cómo se puede conciliar esa visión, que apunta a la consecución de un bien común (la felicidad), con la visión neoliberal o económica según la cual vivimos juntos porque la sociedad proporciona medios eficientes para alcanzar nuestros "objetivos individuales", comodice, por ejemplo, James Buchanan?

"Son posiciones opuestas, irreductibles entre sí. Pero también lo que usted cita de este autor me parece contradictorio con el hecho de que la humanidad y los puebles no parecen construir regímenes políticos y sistemas internacionales sólo para satisfacer "objetivos individuales", porque esto no da cuenta de los fenómenos de asociatividad para extinguir la pobreza, el hambre o construir una sociedad cosmopolita para la paz o el amor a la patria, etc.".

Inestabilidad política

Para Aristóteles, si los animales siguen el curso fijado por la naturaleza y no se apartan de él, los seres humanos -se lee en el libro- "ensayan libremente distintos regímenes políticos y parecen no alcanzar jamás la perfección"; tanto así que incluso los "regímenes rectos" son alcanzados por la inestabilidad.

-¿La inestabilidad es inherente a la política y especialmente a la democracia?, ¿hay que aprender a convivir con ella? Lo digo pensando, por ejemplo, en las protestas sociales de 2011 y 2012 en Chile.

"Todos los regímenes y sus gobiernos aspiran a la estabilidad. Aristóteles sostiene que el conocimiento de las causas de las enfermedades de los regímenes permite descubrir los medios más efectivos para remediarlas. Básicamente, los regímenes se extinguen por sedición o revolución. Y toda sedición comienza por la aparición de fracciones que dividen a la comunidad y la intención de substituir el régimen vigente. La mejor auto-protección que tiene la democracia para enfrentar la sedición es el apego a la ley (el estado de derecho), acompañado de la aplicación de un principio fuerte de tolerancia (no permitir la invención de una clase "enemiga del pueblo"), limitar drásticamente el ejercicio del poder y mantener una permanente y vigilante atención en los enemigos internos y externos del régimen, usando si es necesario el recurso del temor".

-Por lo que expone, en Aristóteles parece haber una noción deliberativa de la participación política.

"Es una idea muy actual. Muchos autores de la teoría de la democracia deliberativa reconocen una inmensa deuda con Aristóteles. La deliberación es fundamental en la concepción de la república aristotélica, porque al incluir la democracia en su estructura constitucional, institucionaliza como actividad principal del pueblo el ejercicio de la deliberación en la asamblea y en todos los órganos colectivos de la ciudad. ¿Qué es aplicable o inaplicable a nuestra realidad? Esta es una cuestión que mis lectores deben contestar. Lo único que puedo constatar al respecto, sin conexión con mi libro, es que hoy tenemos un problema grave, porque hay una fuerte tensión entre el sistema representativo y la irrepresentabilidad de la sociedad civil. Esta última es de suyo la esfera de los intereses particulares dispersos en la comunidad y estos solamente pueden ser representados por un sistema corporativo que sume intereses particulares. Tal sistema se ha aplicado en algunos países y ha fracasado, nunca la suma de los intereses particulares representa a la comunidad como un todo".

Decíamos, al inicio, que Aristóteles pasaba por la voz de la naturaleza. Pero no por eso todo en él es actualidad. "La distancia entre su tiempo y el nuestro es enorme", dice Godoy. "Aristóteles excluye de la ciudadanía a las mujeres, a los trabajadores no especializados y los esclavos. Pero, es evidente que Aristóteles propuso una concepción de la libertad, la igualdad y la ciudadanía, que, aunque la pensó aplicada solamente a los hombres, es aplicable a todos los seres humanos sin distinción de género, ni discriminación alguna relacionada con la condición social. La clave de la fundamentación para la participación ciudadana es que su acceso está condicionado al uso de la razón, a la libertad y a la capacidad para deliberar acerca de los asuntos comunes de la ciudad".

 


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<p>Hoy tenemos un problema grave, porque hay una fuerte tensión entre el sistema representativo y la irrepresentabilidad de la sociedad civil, dice Óscar Godoy.<br/></p><p>Para Aristóteles, en la democracia siempre existe la tendencia a dejarse persuadir por el adulador del pueblo.</p>

"Hoy tenemos un problema grave, porque hay una fuerte tensión entre el sistema representativo y la irrepresentabilidad de la sociedad civil", dice Óscar Godoy.

Para Aristóteles, en la democracia siempre existe la tendencia a dejarse persuadir por el adulador del pueblo.


Foto:Álex Valdés Araya

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