Cinco décadas de transformaciones Fe popular, debilidad institucional
El cambio religioso en Chile: menos católicos y cada vez más seculares

El Instituto de Sociología UC elaboró un informe a partir de la encuesta Bicentenario sumada a otros estudios. La "doble tenaza" del evangelismo (que crece en los sectores medios y altos) y del secularismo (que muestra los primeros signos de un fenómeno de masas), aprieta al catolicismo que, a fines de esta década, podría dejar de ser la principal expresión religiosa del país. El sociólogo Eduardo Valenzuela explica las causas y alcances de esta realidad: "El problema ha sido la escasísima densidad de sacerdotes por habitante".  

Juan Ignacio Rodríguez Medina 

El catolicismo decae y el secularismo crece, más incluso que el pentecostalismo. En doce palabras se puede resumir la realidad que descubre el informe "¿En qué creen los chilenos? Naturaleza y alcance del cambio religioso en Chile", elaborado por Eduardo Valenzuela, Matías Bargsted y Nicolás Somma, del Instituto de Sociología UC, a partir de la Encuesta Nacional Bicentenario 2006-2012, y otros instrumentos como los censos nacionales desde 1960 a 2002 (todavía no se conocen los resultados del censo de este año) y el Latinobarómetro.

Doce palabras que condensan medio siglo de cambios religiosos (ver infografías). Si en 1960 el 89% de los chilenos se declaraba católico, en 2012 la cifra llega a 59%, según la encuesta Bicentenario 2012. A la espera de conocer lo que diga el censo de este año, Valenzuela, director del Instituto de Sociología, hace la siguiente reflexión: "Es probable que el censo esté en torno al 60%, incluso un poquito más. Esto es importante porque entre 1992 y 2002 los católicos perdieron siete puntos, entonces si el censo marca 63%, el declive sería constante y se podría decir que la crisis de los abusos sexuales no hizo mella en la identificación; pero, si marca menos, como la Bicentenario, habría una aceleración de la caída que podría explicarse por la crisis de los abusos".

-Aun en el primer escenario, el informe muestra que la crisis de los abusos sexuales ha impactado en la credibilidad de la Iglesia. ¿No debería eso hacer mella en la lealtad hacia el catolicismo? ¿Cuál es la experiencia en otros países?

"Se calcula que la iglesia católica norteamericana ha perdido dos millones de miembros tras los escándalos de 2002 y 2003 (alrededor del 3% de su feligresía estimada en 60 millones) y cerca de 3 billones de dólares en donaciones. También existe evidencia sobre la disminución del número de niños que asiste a escuelas católicas. Se presume que existe más un efecto de sustitución (la gente se va a otras iglesias, sobre todo a las más estrictas como las bautistas), que de estigma (rechazan cualquier forma de vida religiosa). En Chile no tenemos una evidencia semejante, aunque el crecimiento tan acelerado del rechazo a la religión entre los jóvenes que muestran las encuestas de los últimos años puede estar relacionado con esta crisis. Es importante notar que la caída en la proporción de católicos se viene produciendo desde antes de la crisis de abusos sexuales. Sólo en el caso que se confirme una aceleración en este ritmo de decrecimiento se podría pensar en un efecto de esta crisis".

El mal y la enfermedad

El crecimiento, no dramático, pero sí constante de los evangélicos se confirma. Uno de los factores es -según se lee en el informe- el "descuadre entre catolicismo y religión popular". Por ejemplo: "La cuestión decisiva del auge del pentecostalismo es la tenacidad con que se sigue sosteniendo la asociación entre mal y enfermedad que la secularización de la medicina moderna ha separado completamente", un asunto muy relevante, sobre todo, en contextos de pobreza. En cambio, el catolicismo ha disociado esa relación, tanto en su tradición hospitalaria, como en la noción de "pecado social" y de injusticia con que se interpela la pobreza.

Sin embargo, uno de los datos llamativos de la encuesta Bicentenario es que, entre 2006 y 2012, el mayor crecimiento de los evangélicos se da en los sectores medios y altos: de 9% a 15%, y de 3% a 9%, respectivamente. Mientras que en los sectores bajos aumenta de 23% a 24%. "El evangelismo comienza a enfrentar el desafío que plantea una comunidad más próspera y educada. Algunos aspectos del pentecostalismo tradicional como la tensión escatológica (que anuncia la venida inminente de Cristo) o el talante intensamente extático (no solamente carismático) del culto pentecostal empiezan a relajarse. El evangelismo se adapta más positivamente al mundo y también tempera su rechazo tradicionalmente fuerte a los órdenes de la vida mundana, especialmente a la fiesta y el uso de alcohol", explica Eduardo Valenzuela.

De todos modos, Valenzuela platea una duda: "No sabemos si las comunidades pentecostales lograrán adaptarse plenamente al estilo de vida de una clase media emergente, interesada en asegurar su bienestar económico y movilidad social. El éxito pentecostal siempre estuvo radicado en una necesidad perentoria de sanación que es característica de los más abandonados (de las víctimas del alcohol o de los encarcelados, por ejemplo). El evangelismo ha mostrado tener una enorme eficacia terapéutica entre los más pobres que han quebrantado seriamente sus vidas y sus hogares y han respondido más contundentemente que los católicos a la experiencia del desamparo total. Pero actualmente existe menos esta clase de conversión. La mitad de los evangélicos son evangélicos de segunda generación, jóvenes que deben renovar la lealtad religiosa de sus padres en condiciones mucho menos dramáticas, igual como sucede con los católicos".

La parroquia débil

El marianismo, una manifestación religiosa mayoritariamente popular, ha sido y sigue siendo la gran fuerza del catolicismo chileno (46% de los católicos asisten a santuarios de la Virgen una vez al año o más, mientras que sólo el 24% se confiesa). Lo que en una primera mirada es una buena noticia, tiene un trasfondo que explica el declive del credo romano: la falta en Chile de una "civilización parroquial", la existencia de una religiosidad desinstitucionalizada y de un catolicismo sobre todo bautismal.

-¿Cómo se explica esa realidad en una institución con tanta presencia en la vida social a lo largo de la historia de Chile?

"El problema ha sido la escasísima densidad de sacerdotes por habitante que ha sido una característica histórica del catolicismo chileno (y latinoamericano): un sacerdote por cada cinco mil católicos actualmente, mientras que todavía hoy en la Europa secularizada es uno por 1.300. En esto sigo la tesis de Herviéu-Leger sobre la "civilización parroquial" del catolicismo francés, que consistió en esa capacidad que tuvo en algún momento el catolicismo de constituir una comunidad orgánica en torno a la mediación sacramental del sacerdote (que incluía como piedra angular la asistencia dominical a la iglesia de toda o casi toda la comunidad). Entre nosotros algo semejante sólo se consiguió en la élite. La mayor parte de la gente quedó situada en lo que llamamos religiosidad popular que son un conjunto de expresiones casi todas genuinamente cristianas, pero con una mediación eclesiástico/sacramental muy débil con la excepción del bautismo. La presencia institucional de la Iglesia ha sido muy poderosa porque está concentrada en la élite (donde la densidad de sacerdotes/católicos es muy distinta) y moldeada además por el clero religioso (antes que diocesano) que ha sido institucionalmente muy fuerte en la educación, incluyendo también la educación superior. Pero si se mira el catolicismo de masas se observa inmediatamente la debilidad crónica de la parroquia como unidad de organización de la experiencia religiosa".

-¿No ha habido en las últimas décadas una convergencia entre la Iglesia Católica y la religiosidad popular en Chile?

"La religiosidad popular siempre ha estado situada dentro de la Iglesia en un sentido amplio, especialmente en su expresión predominante que es el marianismo popular. La religiosidad popular no ha sido nunca clerical en el sentido que lo que convoca al devoto es la imagen de la Virgen, y no el sacerdote. Pero tampoco ha sido anticlerical en el sentido de que el devoto siempre ha comprendido que la imagen se encuentra en un templo -no en cualquier parte, ni menos en su casa- cuyo custodio es un sacerdote. Desde luego, existe también un marianismo con una altísima mediación eclesiástica/sacramental como el de las cofradías marianas que se organizan en las parroquias en torno al rezo de novenas y rosarios, pero esta clase de piedad mariana trasciende usualmente el molde popular y se aloja típicamente en la élite, cuya religiosidad ha sido siempre más clerical".

-En el informe se señala que el catolicismo chileno está apretado por la "doble tenaza" del pentecostalismo y el secularismo, cuando en otros países ocurre lo uno o lo otro. ¿Qué explica dicha singularidad?

"Sólo en esta última década se ha constituido esta doble tenaza que aprieta al catolicismo por el lado evangélico y secular al mismo tiempo. Pocos países tienen esta configuración religiosa. La debilidad institucional del catolicismo de masas puede explicar el avance evangélico, pero también las limitaciones de la devoción de santuarios que adquiere consistencia y profundidad sólo en el norte del país (donde justamente la proporción evangélica es algo menor). El secularismo se afirma sobre todo en el inconformismo de los jóvenes y en la ausencia de alternativas religiosas para quienes disienten: salvo los evangélicos que están demasiado concentrados en los medios populares, no existen muchas alternativas para quien no quiere ser católico".

-¿Los procesos de urbanización han sido desfavorables para el marianismo?

"La urbanización fue fatal para la llamada civilización parroquial. Gabriel Le Bras decía que se perdía un católico cada vez que un campesino francés tomaba el bus para irse a vivir a París. En la gran ciudad, el sentido comunitario se disuelve y el liderazgo del sacerdote no alcanza siquiera a sus propios fieles, a quienes por primera vez no conoce de nombre. La religiosidad popular se adapta mejor, en cambio, a la gran ciudad: los santuarios urbanos como el de Maipú han sido una experiencia exitosa y aquellos que están situados en su periferia inmediata, como Auco o Lo Vásquez, para qué decir. Por lo demás, la religiosidad mariana no es agraria, no está vinculada con los ciclos de la naturaleza ni evoca nada relacionado con la fecundidad de la tierra. María es sobre todo el símbolo de la sobreabundancia de la gracia maternal, igualmente válida en el campo o en la ciudad, de manera que el marianismo no ha tenido dificultades de implantarse en suelo urbano".

Religión popular: la última frontera

-El cambio más significativo en el panorama religioso chileno es el progreso de quienes se declaran sin religión, especialmente entre los jóvenes y sin sesgos ilustrados. ¿Estamos ad portas de un secularismo de masas como el que se vivió en Europa en los sesenta?

"Tenemos un secularismo de primera generación y muy reciente. Casi el 70% de los que no se identifican con una religión cree inequívocamente en Dios y no deben ser considerados propiamente como no creyentes. La teoría sociológica predice que las creencias religiosas no se sostienen sin un mínimo de armadura institucional y soporte comunitario. Los cristianos sin Iglesia terminan siendo no cristianos después de una generación. Sólo entonces se abre un proceso de secularización propiamente tal. Pero estamos en el comienzo: no sabemos con exactitud hasta dónde pueden llegar estos procesos. En todo caso, aún falta mucho para hablar de secularización de masas que se fija en los umbrales de 50% que han alcanzado Francia o Inglaterra, por ejemplo".

-¿Cómo interactúan la eventual secularización de masas con la vitalidad de la religiosidad popular que se constata en el informe?

"El patrón tradicional del secularismo fue el de hombres (no mujeres), educados (incluso con educación superior hacia arriba) y adultos (siempre mayores de edad). Salir de la religión era algo serio y riesgoso, tanto desde el punto de vista espiritual como social. Hoy día las cosas han cambiado completamente. Los bolsones más importantes de secularización se encuentran entre jóvenes, muchos de ellos con bajos niveles educativos. El secularismo ya no se identifica con ateísmo, y ni siquiera agnosticismo (ya he indicado la proporción de creyentes entre los que no se identifican con ninguna religión), sino simplemente con desafección o indiferencia. El secularismo de masas es liviano y risueño, casi nunca anticlerical aunque desconfía de los curas (como casi de cualquier otra institución) y esconde muchas veces una religiosidad latente que puede activarse en cualquier momento, cuando la ocasión lo requiera. Ahora bien, es cierto que la religiosidad popular puede ser un muro de contención para este secularismo de masas. La secularización europea de masas se produjo cuando la religión popular había sido casi completamente derrotada, algo que no ha sucedido entre nosotros".

-El estudio abre la posibilidad de que hacia el final de la década, o principios de la próxima, el catolicismo deje de ser la religión mayoritaria. ¿Cuál será el panorama religioso chileno en diez o veinte años más?

"El cambio religioso en Chile enfrenta cuatro desafíos principales. El primero es la capacidad del catolicismo de trasmitir convincentemente su mensaje a la nueva generación donde se alojan las principales presiones del secularismo. El segundo es la capacidad del evangelismo de constituirse en una religión de clase media asociada con comunidades más prósperas y mejor educadas. El tercer problema es, inversamente, la capacidad del secularismo de transformarse propiamente en secularismo de masas y atraer crecientemente a adultos y personas de baja escolaridad -sobre todo mujeres- donde han estado radicados los sentimientos religiosos más profundos. Por último, debe considerarse también la capacidad de sostener la religiosidad popular dentro de su molde mariano y evitar que desborde hacia expresiones más alejadas de la Iglesia como el culto a los muertos o la santería popular. En estos cuatro ejes debe jugarse el cambio religioso en la próxima década".

23% de los católicos recurriría de todas maneras a un sacerdote para recibir ayuda en una crisis personal. 51% de los evangélicos recurriría a su pastor.

63% de los católicos cree en la vida después de la muerte sin dudas.

64% de quienes no tienen religión cree en Dios y no tiene dudas.

36% de los evangélicos cree que la Virgen puede hacer milagros.

15% de los católicos asiste a misa una vez a la semana o más. 47% de los evangélicos lo hace a servicios religiosos con igual asiduidad.

59% de los católicos no lee la Biblia nunca o casi nunca. 21% de los evangélicos tampoco lo hace.

67% de los católicos cree que la Iglesia Católica debiera permitir que los sacerdotes se casen.

56% de los católicos cree que la Iglesia Católica debiera permitir la ordenación de mujeres sacerdotes.

 Urge reencantar a los católicos

Son varias y complejas las razones por las cuales ha disminuido el número de personas que se declaran católicas. Nombro algunas de ellas.

Si bien es cierto que la población ha aumentado significativamente estos 50 años, persiste una cantidad insuficiente de sacerdotes para anunciar el Evangelio, liderar a la comunidad en la vida cristiana y permear la vida de la familia, el barrio y la sociedad con su palabra. Son muchos los chilenos que no tienen vínculo alguno con la Iglesia Católica por la lejanía física de ella.

Por otro lado, la pauperización de la vida familiar, la ausencia cada vez más notoria del padre y la madre al interior del hogar, ha llevado a que los padres no transmitan la fe a sus hijos. Se percibe también el inicio y pleno desarrollo de un proceso cultural en el cual los hombres ponen más la confianza en la ciencia, la tecnología y el dinero para resolver sus problemas que en la fe en Dios providente y bueno. Muchos conciben a Dios y la fe como un solucionador de problemas y, en la medida en que deje de solucionarlos, sencillamente dejan de creer. Ello es fruto de un errado concepto de Dios, un concepto errado de libertad, y una visión meramente instrumental del acto de creer. Otra corriente antropológica que ha llevado al abandono de la pertenencia en la Iglesia está en que el hombre ha ido poco a poco leyendo el mundo y su propia vida desde sí mismo como referente último y no desde Dios, en cuanto realidad presente en la historia a través de su Providencia. La visión teológica del mundo le ha ido dando paso a una visión meramente antropológica. Sumado a ello está el desplazamiento de una vida comunitaria, propia de la experiencia de fe a una experiencia más individual de la vida . Ello ha llevado a que la creencia en Dios tenga como referencia al mismo hombre y no se deje cuestionar por la comunidad y menos por las enseñanzas de la Iglesia. El tradicional "católico a mi manera" ha sincerado su opción y hoy se declara no católico. Muchas personas se cansaron de escuchar un discurso por parte de la Iglesia más centrado en sus aspectos morales que en Jesucristo, fuente y cumbre de la vida cristiana. La fe, lamentablemente para mucha gente no ha sido fuente de alegría, de gozo, sino que más bien un conjunto de restricciones que se sienten incapaces de cumplir.

Por otro lado, también ha influido negativamente un gris pragmatismo en la vivencia de la fe de muchos católicos que obviamente no es capaz de transmitir toda su riqueza y el verdadero y positivo impacto en la vida de una experiencia personal con Jesucristo. Otra causa no menor ha sido el decaimiento de la presencia de la Iglesia en los medios de comunicación social, por lo tanto ha dejado de transmitirse la fe por osmosis social. Obviamente que los escándalos en los cuales se han visto envuelto algunos clérigos sin duda que ha decepcionado a un grupo no menor de católicos.

Urge volver a reencantar a los católicos en medio de esta crisis de fe anunciando con vigor, alegría, esperanza y convicción a Jesús de Nazareth y llevar a los hombres y mujeres que siguen buscando a Dios a que tengan un encuentro vivo con Él y de allí llevarlos a descubrir las consecuencias que ello implica para sus vidas. Urge también mostrar con la propia vida a los católicos alejados de la Iglesia testimonios creíbles de vida auténticamente cristiana . Los hombres y las mujeres consagrados a Dios tenemos en ello una gran responsabilidad.

Nos anima la esperanza de que el hombre y la mujer de todos los tiempos busca a Dios, pero lo busca en testimonios creíbles de fe, de entrega a los demás, de coherencia de vida y sobre todo de esperanza.

Búsqueda de más espiritualidad

Parece indudable que en los últimos 50 años la humanidad ha vivido el período de cambios más drásticos y acelerados de toda su historia . Uno de sus efectos parece ser el énfasis en una mayor subjetividad y una diversidad cultural. Sobre todo en Occidente esto es evidente. Por nuestra parte, hace 50 años el Concilio Vaticano II fue el esfuerzo de la Iglesia para abordar los nuevos desafíos generados por este proceso de cambios, suscitando una fuerte renovación en la Iglesia, la que, a su vez, significó un nuevo estímulo para los cambios en la sociedad.

El informe del Instituto de Sociología de la Universidad Católica, a partir de la encuesta Bicentenario, da cuenta del impacto que esos cambios han tenido en la práctica religiosa. El principal rasgo de este impacto es la disminución de quienes, en Chile, se declaran católicos. ¿Refleja esto una disminución proporcional en la práctica religiosa de los católicos?

La encuesta Bicentenario informa también que el 64% de los consultados que dice no tener ninguna religión cree en Dios sin duda; y otro 11% tiene esa misma creencia de manera inestable. Es decir, 3 de cada 4 consultados aceptan la existencia de Dios. Es posible reconocer un aumento del laicismo y secularismo en nuestra sociedad, pero quienes se declaran ateos o agnósticos, como lo señala el informe que comentamos, no expresan hostilidad hacia la religión, sino más bien, en muchos casos, respeto . Parece haber una tendencia creciente de adhesión (¿fe?) en Dios.

En nuestra experiencia pastoral, en el acompañamiento a tanta gente, creyentes y no creyentes, uno constata que quienes se declaran católicos puedan estar disminuyendo, pero al mismo tiempo hay una fuerte búsqueda de una espiritualidad que pueda satisfacer la búsqueda de sentido, de trascendencia, de fundamento pleno en la Vida.

Al mismo tiempo, muchos de ellos siguen considerando la práctica religiosa católica como una respuesta válida y la viven como un compromiso sólido, profundo y vital. También es mi propio testimonio constatar la enorme cantidad de personas, familias, adultos, jóvenes, hombres y mujeres que han tenido un encuentro personal con el Señor Jesús y viven en consecuencia, llevando a la práctica cotidiana el compromiso de esa adhesión, sobre todo en conductas amorosas, de cariño y solidaridad, contribuyendo a construir una sociedad más acogedora y respetuosa.



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Lo Vásquez.La religiosidad popular nunca ha sido clerical, lo que convoca al devoto es la imagen de la Virgen, y no el sacerdote.


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