martes 18 de diciembre de 2012  
 
Alicia en el país de las maravillas
 
"Play" y "Turistas" le dieron un rostro en la escena cinematográfica. Ahora la cineasta Alicia Scherson irrumpe con la película "El futuro", basada en una novela de Bolaño. Pero Scherson no posa de diva. "Soy una amateur persistente", dice a un mes de comenzar a brillar en Sundance, uno de los festivales más prestigiosos del cine independiente  

Por María Cristina Jurado. Fotografías: Sergio López. Producción: Carolina Piña. Maquillaje y Pelo: Nicole Rencoret. 

Era la una de la madrugada en Santiago, noviembre había debutado fresco. El celular de la cineasta Alicia Scherson sonó, estridente. Oyó una voz en inglés, escueta:

-Quedaste seleccionada.

Le pareció que el techo de su antiguo departamento en las Torres de Tajamar se desplomaba, que los enchufes saltaban y que ella, en pijama y atónita, flotaba en otra galaxia. Y sólo habían bastado dos palabras: Quedaste seleccionada.

-No atiné a nada. Me quedé mirando el celular, muda, mientras la programadora de Sundance, desde Utah, me explicaba que "El futuro" iba a la competencia dramática y que había encantado a muchos. Que también iba Sebastián Silva con su "Crystal Fairy". Y no sé que más, porque ya no entendía lo que escuchaba. Me puse a gritar como una loca, corría por toda la casa. Al fin, desperté a mi productor Bruno Bettati, el mejor productor de este país. ¡Uf, qué alivio! Porque cuando filmas, con la precariedad que se crea en este lado del mundo, cuando eres de idea fija como soy yo, siempre guardas la duda de que si a alguien más le gustará tu película, además de a ti y a tu mamá.

Para Scherson, quien llegó al cine desde la biología, pasando por estudiosos periplos en La Habana, Madrid y Chicago, quedar en la competencia dramática de Sundance fue la respuesta a todas sus ansiedades. De ideas muy claras -que a veces rozan cierta rigidez- y un planteamiento estético muy propio, esta directora que proviene de una familia de científicos y docentes, se ha convertido en pocos años en una artista camino a la consagración y respetada fuera de Chile. Sus primeros largometrajes, "Play" (2005) y "Turistas" (2008) le reservaron un espacio en el estrecho corredor creativo de las cineastas chilenas. Con "El futuro", basada en "Una novelita lumpen", la última obra en vida de Roberto Bolaño, que se estrena en Chile en abril de 2013, este espacio crecerá, porque Scherson, seria y de pocas palabras, ha hecho su tarea. Una tarea silenciosa que ella, con vocación de hormiga, ha realizado durante diez años moviéndose por el mundo. Así es como pudo, con la ayuda de un afiatado equipo técnico que no cambia y el impulso del productor Bruno Bettati, situar su tercera obra en el escenario internacional.

Competirá ahora en Sundance y Rotterdam -festivales independientes mayores- y, en el curso de 2013, viajará por otros certámenes en todo el mundo, cosechando aplausos. "El futuro", dice Alicia Scherson, lleva una carga suplementaria: su tercera obra debiera otorgarle por fin la sensación "de que soy una cineasta". Y es que para esta inventadora de mundos de 38 años -una de sus definiciones- la consagración en el cine es un arduo camino. A pesar de su filmografía, sus premios y los reconocimientos internacionales. En su departamento que mira al Mapocho -pronto se irá al barrio Brasil, donde acaba de comprar una casa en un cité centenario- dice, mientras prueba los arándanos que cultiva su hermana agrónoma:

-Mi relación con el progreso en la carrera y el éxito es contradictoria. Llevo tres películas. Con "Play", la primera, sobrepasé la etapa inicial y funcionó mágicamente. La suerte del principiante. Con "Turistas" volví a sentir el miedo, la angustia de que sólo me gustara a mí y a nadie más. Recién con ésta me siento más completa. Casi como una directora, pero aún no tengo nada ganado.

Poco importa que sus ideas den vuelta por Cannes o Berlín: ella aún siente que es una amateur. Durante años Alicia llegaba a un set y siempre era la de menos experiencia. Se tornaba desesperante cuando, con poco más de 30 años, "el director de fotografía o el sonidista tenían veinte o treinta películas a su haber y yo ¡apenas una! Siempre fui la más chica. Es cierto que uno con los años va ganando firmeza, seguridad y experiencia, pero aún me declaro una amateur persistente. Nunca tengo la sensación de que 'yo esto lo manejo, me peino con esto, porque cada filme es un viaje y llevo apenas tres viajes. Estoy en construcción".

Y es que, dice Scherson, comparado con un pintor o un músico, los largometrajes son muy largos de hacer. A ella le ha tomado por lo menos tres años completar cada uno. Un proceso extenso, laborioso y caro, que responsabiliza al director de la suerte no sólo de su película, sino de la de un gran equipo técnico y de actores. Una carga que esta hija de médico comenzó a conocer pasada su adolescencia. De a poco fue perdiendo el pánico y la incertidumbre:

-Cada película es un experimento. Y mientras no sacas el queque del horno no sabes cómo va a salir. Ya sabes cuáles son los ingredientes y cómo usarlos, ¡pero éste es un queque compuesto de tres años de tu vida y de la vida de 30 personas! Por eso envidio a otras artes que son más rápidas o a formatos chicos como cortometrajes o videoarte. Ellos te dan práctica diaria, el cine no: preparas un filme durante dos años y medio y filmas unos meses. Yo, cada vez, me siento empezando de nuevo.

-El cine le recuerda un dicho de su padre...

-Sí. "Necesitas esto tanto como necesitas un hoyo en la cabeza". Yo lo aplico al cine. Porque tu obsesión, tu pasión se convierte en un problema inútil que no necesitas en tu vida. Te metes en una aventura que representa puros problemas, larga, cara e incierta; sin beneficios evidentes porque no te haces millonario y no te da ningún privilegio de los ricos y famosos, ni siquiera puedes vivir de él.

-Y sin embargo...

-...Es lo que me mueve, mi vida, mi pasión. El cine es azaroso, los cineastas en Chile nos dividimos entre los que sobrevivimos con publicidad o sobrevivimos con docencia. Yo soy de los últimos, enseño Taller de Ficción en la Escuela de Cine de la Universidad de Chile y me encanta, me completa. Ya muchos de mis ex alumnos, como Dominga Sotomayor, están haciendo cine. Ella es seca.

 "En Chile todos fueron amigos de Bolaño"

"El futuro", la tercera película de Alicia Scherson, basada en "Una Novelita Lumpen", la última obra que el escritor Roberto Bolaño publicó en vida en el año 2002, se estrenará en Chile en abril. Cuando esta directora evoca la factura de su nuevo filme, el primero que surge de una adaptación literaria, se transforma. Llegó a la idea por casualidad, un buen día en que encontró el libro, en edición pirata, en una vereda de Providencia. Antes había leído mucho a Bolaño pero esta mínima novela, de poco más de 40 páginas, la atrapó. Fue Bianca, su dura protagonista, quien se convirtió en su obsesión, hasta que la cineasta logró encarnar su voz en la actriz Manuela Martelli.

-A medida que leía, fui viendo la película. Esta novela bellísima se instaló en mí como una certeza. Lo que más me impactó fue la lucidez de Bianca, esa "lucidez de Papelucho", como la llama el profesor de filosofía Sergio Rojas. Una lucidez que llama a las cosas por su nombre, mezcla de sabio viejo e inocencia de niño. Una voz que sólo cuenta hechos concretos, uno tras otro. Una novela terrible, dura, donde hay prostitución, promiscuidad, tristeza, abandono, traición. Me cautivó.

Porque, dice Scherson, la de Bianca y su hermano, protagonistas de novela y filme, no fue más que la estrategia de ambos por sobrevivir. Y ese, reconoce, es el gran centro que mueve su interés en el cine: contar historias de otros en sus diversas estrategias para sobrevivir en la vida.

-Lo que de verdad me ha interesado en mis tres películas son las estrategias de mis protagonistas para salir adelante en la vida. Estrategias que a veces pueden sonar tortuosas, retorcidas o equivocadas, pero que son legítimas mientras se sobreviva. Como la de mis dos adolescentes en "El futuro". En esas estrategias hay historias, hay mundos, y crear mundos es la gran finalidad del cine.

Leyó la novela en 2006, antes de hacer "Turistas". Se fue metiendo en Bolaño al punto que todo lo demás casi desapareció. "Pero sentí su peso, un peso que supe instintivamente era gigante y un proyecto demasiado mayor para ser la segunda película de mi carrera. La postergué y decidí filmar "Turistas", un proyecto más fácil, que además me sacaba de lo urbano de "Play" y me lanzaba a la naturaleza y al verde, algo que necesitaba, acuérdate de que soy bióloga.

-¿Se asustó con Bolaño?

-No. Sentí que eran palabras mayores. Una gran complicación: había que negociar derechos, enfrentarme a material extranjero, necesitaba coproducción, filmar fuera de Chile. Era demasiado. Me estaba metiendo en un tremendo pastelito y me frené. Menos mal que sentí el impulso y viajé al tiro a Barcelona. Me entrevisté con Karina Pons, de la oficina de la agente literaria de la época, Carmen Balcells. Ella le consultó a la viuda y ésta fue receptiva. Pero no estaba frente al Bolaño de hoy: la traducción al inglés de su obra marcó un antes y un después. Hoy sería imposible conseguir esos derechos, mi película no se podría hacer.

Antes de partir a Barcelona, la cineasta agotó los caminos para acercarse a los derechos del libro. "Descubrí que en Chile todos fueron íntimos amigos de Bolaño. Escritores, intelectuales, poetas, periodistas, gente de televisión, me dijeron que ellos, por haber sido íntimos de Roberto, me allanarían el camino. Ninguno logró nada. Al final, googleé como cualquier ciudadana normal, llegué a Barcelona y a Balcells sin ningún pituto. Me resultó".

Estrenó "Turistas" en 2008, ya con los derechos de Bolaño en el bolsillo. Retomó el proyecto un año después, con Bruno Bettati en la producción. Se enfrentó al problema de la locación.

-Traté de situar la historia en Chile, fue imposible: la novela sucede en Roma. Probé en mi mente varios destinos: el DF mexicano, Los Angeles, Iquique. Nada daba. La película tenía, como todas, que ser creíble y la credibilidad tiene reglas. Tú armas un mundo y ese mundo crea un pacto de credibilidad con ciertas reglas que tú debes plantear desde el principio y mantener. Ese pacto no tiene que ver con la verdad o con la realidad documental, sino con el mundo propio de esa película, es su lógica interna.

Bruno Bettati, presidente de la Asociación de Productores de Chile, le dijo: "Vamos a Roma". Scherson tuvo que aprender italiano -lo hizo en tiempo récord, al hablar ya inglés y francés este idioma le fluyó- porque su tercer filme le exigió dirigir en italiano a actores italianos, salvo por Manuela Martelli. El guión lo hizo ella, con la ayuda del escritor Roberto Brodsky, "quien de verdad fue amigo de Bolaño" y un consultor francés.

Se ríe al evocar las peripecias para hacer "El futuro". Encaminándose hacia los 40 y sin pareja, Alicia Scherson ya es casi una experta en el intrincado mundo de la coproducción en el cine.

-Un productor independiente de hoy no se mete la mano al bolsillo, sólo gestiona. Así es en Europa y América Latina. Levanta el financiamiento de la película, pero ahí hay muchos que ayudamos, el director es el primero. Hace años que no existe el pensamiento mágico en el cine. Ese cineasta que pensaba una idea brillante, la decía y se echaba para atrás a esperar que el equipo la realizara. Para el tipo de cine que hago, lo que más funciona es recurrir a fondos públicos. Esta película ganó los del Audiovisual, el del Consejo Nacional de TV, el de Corfo.

Pero la veta que más aportó fue la internacional. Durante muchos meses, directora y productor visitaron Italia, Alemania, Holanda, España. "El futuro" se hizo finalmente con el concurso de fondos italianos, alemanes y españoles.

-En Europa hay gran conciencia de la importancia de la cultura en la vida de los ciudadanos. No sólo hay fondos nacionales para el cine, también regionales. Te dan plata, pero te piden filmar parte de la película allá lo que le retorna dividendos al país, crea empleo y fomenta el cine. Así fue como hicimos parte de "El futuro" en la ciudad de Colonia.

Scherson recuerda nítidamente los dos encuentros de coproducción en Rotterdam y Berlín. "Parece una película, ahí te das cuenta de la fuerza del cine independiente en el mundo. Hay una sala enorme donde te juntas con muchos productores, explicas tu filme y ofreces tu proyecto. Esas reuniones duran cinco días, 40 personas que te escuchan a ver quién se interesa. Una verdadera feria de cine independiente".

"El futuro" costó un millón de euros, más de 600 millones de pesos. Muy poco, porque una película independiente europea no baja de los dos millones de euros, que es la cifra mínima para participar en estos mercados. "Hacen una excepción con los latinoamericanos, bajan la vara". A modo de comparación, "Play" y "Turistas", filmadas en Chile con actores chilenos, costaron la quinta parte.

Alicia recuerda a sus actores.

-Manuela era Bianca, nunca hubo otra. Ella es muy inteligente, habla italiano, había actuado ya en ese idioma. Tiene un rostro muy duro, muy bello, pero también una cosa infantil, igual que Bianca. El chico, Luigi, tiene 16 y fue un actor que nos costó muchos castings abiertos encontrar. Es brillante, comencé dirigiéndolo como se dirige a un niño, a la segunda toma me di cuenta que era el más técnico de todos. De ahí en adelante lo dirigí con puro lenguaje técnico.

En la película también actúa el holandés Rutger Hauer y la actriz Patricia Rivadeneira, quien hace de una dueña de peluquería.

-¿Hay un boom del cine independiente?

-Piensa que en Chile se estrenan 40 películas independientes en sala al año. Y otras cien son digitales o estrenadas en circuitos alternativos. Pero ese boom de producción no se acompaña de un boom de público, es el problema.

Scherson aboga por protección estatal para el cine chileno: cuota de pantalla, subvención que rebaje la entrada a la mitad, educar desde el colegio. "En un país donde el sueldo mínimo es bajo 200 lucas, ¿cómo una entrada va a costar cuatro lucas?".

Cocinar y filmar 

Para Alicia Scherson, el cine es igualito a la cocina.

-A diferencia de artes más puras, como la música o la pintura, el cine es más contaminado. Hay en él una serie de cosas simultáneas a las que debes poner atención y te dejan en una situación menos ingenua. No es un arte puro. Al montar una escena no puedes pensar exclusivamente en tu historia, al mismo tiempo piensas en la luz, el sonido, la mecánica del carrito que mueve la cámara, el actor caro, las platas del viaje y en cómo inventarás algo que parezca sangre. Yo, que soy cocinera, cuando filmo entro en el mismo estado zen que cuando cocino. Un estado como meditativo, concentrada en lo micro y en lo macro simultáneamente: desde el número de comensales, los costos de los ingredientes y la combinación de recetas, el sabor y la improvisación. En el cine y la cocina hay que saber improvisar.

De cocina, Alicia sabe. En su departamento de parquet antiguo, su colección de libros cocineros presiden living, comedor, salita. A ellos echa mano cada vez que tiene un minuto libre, cocinar es para ella otro proceso creativo. "Cocino desde que vivía en España y Estados Unidos. En Cuba no, porque había casino y allá nos servían el arroz con los frijoles. El cine se parece mucho más a la cocina que a la música. Y es un arte que nos viene muy bien a las mujeres, porque nosotras somos seres múltiples, hasta en una conversación hablamos de diez temas a la vez sin perder el hilo. Cosa que a los hombres los desespera, ellos necesitan los temas en filita, con pausa, ordenaditos, o se pierden".

Por eso, dice, siempre ha pensado que en Chile debiera haber muchas más cineastas mujeres. Así como muchas cocinan con arte, filmarían con talento. "Dirigir es un trip, como cocinar. Un verdadero viaje y más mujeres debieran emprenderlo, aunque hoy hay muchas más directoras que antes, cuando las únicas en largometrajes éramos Tatiana Gaviola, Christine Lucas y yo".

Se ríe con ganas, mientras prepara café italiano y ofrece sus arándanos orgánicos de Paine. Alicia viene de una familia de profesores y de científicos. Con bisabuelo, abuela, tías y primas maternas que vivieron de la docencia. Su mamá fue médico e hizo clases en la Universidad de Chile hasta que se jubiló. Su hermana agrónoma también enseña en la universidad.

-A mi familia le gusta que yo sea cineasta, pero lo encuentran complicado. Y es que es complicado, hasta frustrante a veces.

Con su arsenal de ideas, pasó rauda por la televisión. Salió con heridas. Le duele hasta recordarlo. En 2007, la llamó una productora independiente para hacer un proyecto sobre la vida completa de Gabriela Mistral en TVN. Se enamoró de ese sueño. Trabajó seis meses como china, hizo castings, escribió cinco versiones del guión, armó equipos, investigó durante semanas, se leyó la Mistral completa: la obra poética, la política, la prosa, los sólidos artículos de opinión que hicieron historia. Gabriela se posesionó de Alicia.

-Me interesaba cómo ella, de ser una niña rara, fea y pobre del norte, pasó a ser una intelectual de peso creativo, político y de opinión. Para mí era el foco. Más que el trauma de su sexualidad y esa especie de mito que fue su frustración. No cuajamos con Sabatini.

El director de programación de entonces (Vicente Sabatini) no estuvo de acuerdo con su guión y sacó a Scherson del proyecto, cuenta años después. "Quedé traumatizada. Yo pensaba que el Consejo Nacional de Televisión estaba para financiar proyectos de autoría, así era el mío, con personalidad. Pero descubrí que la tele es mucho más dura. Hay que ser más estratégico".

Nunca más pisó un canal. Hoy, a punto de participar en Sundance, tira líneas para su cuarta película.

-Tengo dos guiones escritos, pero no me decido. Uno es "Romántica", una comedia urbana sobre el mundo de las depiladoras de cera caliente. El otro pasa en Alemania.

Además, por primera vez tiene un proyecto de documental y es sobre su propio abuelo Bernardo Scherson. Un tipo elegantísimo, un dandy perfecto de los años 30 y 40 quien era ludópata y poeta, un creativo soñador que perdió hasta la camisa, abandonó a sus hijos y se convirtió en su antepasado mítico. "Mi abuelo fue estafador y poeta, vivía en los casinos y terminó en la cárcel de Concepción, donde murió. Vivió en el Chile bohemio de los años 40 y 50 y quiero hacer un documental. Para mí, que no lo conocí, es un personaje de novela".

Un Scherson de película, que merece estar en la obra de su nieta.

"Cuando filmas, con la precariedad que se crea en este lado del mundo,  siempre guardas la duda de que si a alguien más le gustará".

 "Mi abuelo fue estafador y poeta, terminó en la cárcel de Concepción, donde murió. con él quiero hacer un documental".

 

Por María Cristina Jurado. Fotografías: Sergio López. Producción: Carolina Piña. Maquillaje y Pelo: Nicole Rencoret..

   
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