Oscar 2013: La falsa lucha de David y Goliat

A Hollywood siempre le ha fascinado la idea de la pequeña película derrotando a las superproducciones. Y eso, de seguro, ocurrirá hoy cuando "Argo" se lleve el premio mayor dejando en el camino a "Lincoln", "Django", "Zero Dark Thirty", "Life of Pi" y varias otras. Pero, la verdad, es que ni el filme de Ben Affleck es un desvalido David ni los otros poderosos, Goliat: detrás de todos está el poder de una industria que no se cansa de contemplarse a sí misma a la hora de repartir premios. Detrás de todos, incluso de la candidata chilena "No".  

CHRISTIAN RAMÍREZ 

Escena de esta noche en el Teatro Dolby: "No" es proclamada como Mejor Película Extranjera, los chilenos salen al escenario y Pablo Larraín comienza a hablar al micrófono mientras la cámara enfoca a un pálido Michael Haneke, con los crespos hechos, preguntándose qué fue lo que salió mal con la campaña de "Amour". A juzgar por cómo luce la cosa (ver recuadro), la escena resulta algo improbable, pero ¿por qué no imaginarla? Mal que mal, la campaña de "No" ha sido casi tan perfecta como la de los austríacos y parte de la gracia del Oscar es que, de tarde en tarde, esta clase de sorpresas sí se produce y echa por tierra hasta las predicciones más infalibles.

Sin ir más lejos, eso es lo que sucedió hace poco más de un mes, cuando "Argo" -que a esas alturas era vista como uno de los contendores más débiles entre los nominados- comenzó su carrera triunfal hacia el podio, ganando un premio tras otro (en los Globos de Oro, en los BAFTA y en los diversos sindicatos: de Actores, de Guionistas, de Productores), convirtiendo su virtual triunfo como Mejor Película en algo casi seguro, y dejando en el camino a títulos harto más prometedores, pero que se diluyeron en el camino como "The Master", "Zero Dark Thirty", "El lado bueno de las cosas" y "Lincoln". La postergación de esta última es particularmente notable porque, en esencia, lo tenía todo para arrasar: Daniel Day-Lewis, un tema histórico y respetable, una consistente campaña en los medios, amplia llegada a nivel educativo (en los colegios estadounidenses) y generosa recaudación en taquilla: más de 200 millones de dólares y sumando; por lejos, la más exitosa de las candidatas. ¿Entonces, qué pasó? ¿Dónde se equivocaron Spielberg y su equipo?

El imperio de "Argo"

No se equivocaron; ese es el punto: lo hicieron todo bien. Sin embargo, fue la propia Academia Cinematográfica de Artes y Ciencias la que estimuló la resurrección de "Argo" al marginar a Ben Affleck de la lista de nominados a Mejor Director. Omisión injusta y sorpresiva, que ayudó a revivir a una película que había perdido adherentes tras meses de hacer campaña (desde su estreno a fines de agosto pasado), pasando de prematura favorita a una más del montón y para luego convertirse en el perfecto "outsider": el pequeño David que llega a derrotar a una pandilla de Goliat apoyados por las grandes productoras. Nada que hacer: a Hollywood le encanta esa clase de historias, las inventa, las celebra y luego se las inocula como antibiótico antes de volver a la realidad; porque, no nos engañemos: "Argo" no tiene nada de desvalido David. Está protagonizada y dirigida por Ben Affleck, fue producida por George Clooney y distribuida por Warner Bros., y su presupuesto de marketing para estos Oscar es el mismo de "Lincoln" (10 millones de dólares, nada menos). Sus credenciales hollywoodenses están más que verificadas, pero la ironía de posar como un David no se detiene ahí: a su manera, "Argo" es la respuesta perfecta a "El artista" -la olvidada ganadora del año pasado-, ya que se sirve de una crisis histórica real (la toma de rehenes estadounidenses en Irán, en 1979) para celebrar el poder imaginativo y fabulador de la industria fílmica, y evocar el estilo de una era dorada del cine (las películas estadounidenses de los años 70) con una destreza y efectividad que ese pastiche francés sobre el cine mudo jamás pudo siquiera avizorar.

Es en su perfecta manipulación de las ilusiones y las expectativas del público donde "Argo" derrota a películas que optaron por la seriedad ("Lincoln"), por lo rocambolesco ("Django sin cadenas"), por la precisión clínica ("Zero Dark Thirty") o que simplemente eran más bellas y mejores, como "El lado bueno de las cosas". No es novedad: en el pasado también hubo otras ganadoras a Mejor Película que se balancearon perfecto entre la realidad y la fantasía, convirtiéndose en clásicos en el camino. "Casablanca", "Piso de soltero" o "Annie Hall", son ejemplos que se vienen de inmediato a la cabeza, pero se diría que toda ganadora a Mejor Película -sea buena, mala o fea- debe tener hasta cierto punto resuelta esa contradicción, o por lo menos resuelta al gusto de la platea.

Pobre Harvey, pobre Kathryn

Es cierto que gente como Spielberg o Kathryn Bigelow (la directora de "Zero Dark Thirty", el filme sobre la búsqueda de Osama Bin Laden) tienen todo el derecho a lucir su cara larga hoy, en la alfombra roja -obviamente, los veremos con una inmensa sonrisa-; pero de todos los futuros perdedores de la jornada, ninguno está en una posición más confusa que el productor Harvey Weinstein. Habitual villano en esta entrega de premios y especialista en encumbrar al techo filmes mediocres ("El cartero", "Cinema Paradiso", "Chicago", "La vida es bella" y, claro, "El artista"), Weinstein llegó a esta entrega blindado con un favorito personal ("Django") y dos de las mejores películas que haya producido en su vida, "El lado bueno de las cosas" y "The Master". Y lo insólito es que, pese a contar con los instintos más aguzados de la industria a la hora de muñequear, presionar y hacer lobby por el Oscar, Harvey hoy está con las manos atadas: su fidelidad a Tarantino -socio suyo desde los días de "Pulp Fiction"- le hizo desperdiciar gran parte de su poder de lobby batallando por nominaciones para Django (que ya venía dañada por acusaciones de violencia excesiva), dejando que los extraordinarios filmes de David O. Russell y Paul Thomas Anderson se defendieran por sí solos. Si bien el de Anderson ("The Master") es el típico filme que la Academia ignora pero que años después ensalza como clásico del cine, el de Russell encajaba a la perfección con sus gustos, lo que redobla la miopía de Weinstein, incapaz de ver que tenía delante suyo un caballo ganador.

Aunque no todo parece estar perdido ahí: David O. Russell bien podría levantar un Oscar a Mejor Director, ya que ante la ausencia de Affleck entre los finalistas, la carrera quedó abierta, como pocas veces en la historia. Pero Spielberg ya tiene dos estatuillas, Ang Lee ganó la suya en 2006 y la candidatura del debutante Benh Zeitlin (por "Beast of the southern wild") es casi un saludo a la bandera.

Lo de Kathryn Bigelow es otra historia. Aunque en 2010 se convirtió en la primera mujer de la historia en coronarse como Mejor Directora -por The Hurt Locker-, su presencia en la carrera de este año se ha vuelto casi una condena: ha tenido que salir a defender "Zero Dark Thirty" (estrenada en Chile con el nombre "La noche más oscura") de acusaciones de fascismo, megalomanía, machismo encubierto y faltas a la verdad histórica. Todo lo que le celebraron en su filme anterior fue puesto en duda con éste; incluso su autoría, la que en todas partes aparece cuasi compartida con el guionista Mark Boal. Bigelow ha aguantado el chaparrón en forma estoica y ha mantenido que su logradísimo relato de la cacería en torno Bin Laden no es un documental, sino una ficción construida a partir de hechos reales.

Lo curioso es que lo mismo se ha dicho sobre "Argo", pero como en ese caso los "hechos reales" son más distantes, nadie parece sentirse provocado, insultado o estafado. A la inversa: es su hollywoodense versión de la historia la que precisamente ayuda a confortar a un público que ha permanecido y permanecerá encadenado -y enamorado- de la ficción.

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"Argo" es la respuesta perfecta a "El artista" -la olvidada ganadora del año pasado-, ya que se sirve de una crisis histórica real y evoca el estilo de una era dorada del cine, los años 70.

 Y las apuestas son:

MEJOR PELÍCULA. Argo. Aunque a principios de año estaba en retirada, el impasse de la Academia al no nominar a Affleck como Mejor Director fue el golpe maestro, y medio mundo acudió en su defensa. Cuál debería ganar: El lado bueno de las cosas, pero no ocurrirá, porque es una comedia.

MEJOR DIRECTOR. David O. Russell (El lado bueno de las cosas ). La única categoría que de verdad está abierta, y eso porque Ben Affleck no está nominado. Ante eso, lo mejor es ir por el increíble pulso que Russell le impuso a su película. Es eso o un redundante tercer Oscar para Steven Spielberg.

MEJOR ACTOR. Daniel Day-Lewis (Lincoln). Otra categoría definida incluso antes de que comenzara el rodaje de Lincoln. Hasta la foto del británico en personaje susurra "Oscar, Oscar". ¿Su competidor más meritorio? Joaquín Phoenix, en "The Master".

MEJOR ACTRIZ. Emmanuelle Riva (Amour). No hay caso, la Academia siempre prefiere un rol dramático y premiar a la actriz de mayor edad en la historia de los nominados (Riva hoy cumple 86, luce muy bien). Mal por la excelente Jennifer Lawrence (El lado bueno de las cosas).

MEJOR ACTOR SECUNDARIO. Robert De Niro (El lado bueno de las cosas). El típico caso de reacción pendular: durante meses, Tommy Lee Jones (Lincoln) fue un indiscutible, pero en la recta final De Niro tiene toda la cara de obtener su tercer Oscar. Y merecido.

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA. Anne Hathaway (Los Miserables). Esto se decidió cuando la Universal comenzó a difundir las "emotivas" imágenes de Hathaway cantando "I dreamed a dream". En ese momento, las chances de Amy Adams y The Master se redujeron casi a cero.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO. Chris Terrio (Argo). Rareza de rarezas. El consenso es que no hay contendor que se iguale al perfil y pedrigree del dramaturgo Tony Kushner (Lincoln), pero el joven Terrio ganó el premio del sindicato de guionistas, y contra eso hay poco que decir.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL. Mark Boal (Zero Dark Thirty). El premio de consuelo para la cinta de Kathryn Bigelow y un buen golpe de confianza para Boal, quien ha aprovechado todas sus apariciones para identificarse como virtual coautor del filme. La otra opción: Michael Haneke.

MEJOR FILME ANIMADO. Valiente. Aunque está muy por debajo del nivel histórico de los restantes filmes de Pixar, sería la reivindicación perfecta para su directora Brenda Chapman, despedida en mitad del rodaje. Lástima por Paranorman, que era la mejor del lote.

MEJOR FOTOGRAFÍA. Roger Deakins (Skyfall). Es uno de los fotógrafos más importantes del mundo, y aunque lo han nominado diez veces, no ha ganado nunca. La otra opción: la suntuosa foto de Claudio Miranda para Life of Pi.

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA. Amour. Sería ideal equivocarse y que la ganadora fuera "No", pero todo indica que eso no sucederá (ver recuadro).

El caso "No"

Ahora que el día llegó, el interés por saber si "No" se llevará el Oscar a Mejor Película Extranjera, está alcanzando su punto cúlmine, y es lógico: nunca habíamos llegado a esta instancia. Otra cosa muy distinta es evaluar cuáles son sus verdaderas chances, y en ese caso mejor alinearse con lo que piensa su propio director, Pablo Larraín: que el Oscar pertenece -desde hace semanas, desde antes de fines de año, incluso- al austríaco Michael Haneke y su filme, "Amour". No es por un asunto de calidad: a ese nivel de discusión lo que más pesa son las relaciones públicas, la presencia del realizador en la comunidad fílmica estadounidense y la deuda que ésta sienta para con él. Y en el caso de Haneke, es muy alta. No sólo porque se trata del primer director europeo desde Almodóvar adoptado a consciencia por la industria estadounidense, sino porque en 2010 su celebrada "La cinta blanca" perdió sorpresivamente contra la argentina "El secreto de sus ojos"; en realidad, no tan "sorpresivamente": el argentino Juan José Campanella -curtido tras años de filmar series gringas como "La ley y el orden"- tenía lazos hollywoodenses más profundos, sólo que no tan vistosos. A todo eso hay que sumar, además, que tanto "Amour" como "No" son distribuidos en Estados Unidos por la etiqueta Sony Pictures Classics, que seguramente no debe querer arruinar las chances de una película contra la otra.

De modo que la pregunta de fondo aquí no es si acaso vamos a ganar, sino: ¿cuál será el beneficio real que los realizadores obtendrán por la nominación? Eso sí es interesante de calcular; en especial, tomando en cuenta los buenos resultados que "No" está obteniendo en la cartelera estadounidense (en su primer fin de semana recaudó un excelente promedio de 24 mil dólares por copia). Lo más probable es que tal como ocurrió con Sebastián Silva, después de "La nana", Pablo Larraín tenga sobre su escritorio varios proyectos para filmar en inglés. ¿Hará como Iñárritu y de golpe se cambiará de idioma? ¿Optará, como Almodóvar, por mantenerse fiel a sus raíces? ¿Expandirá su foco a América Latina?

Las opciones están sobre la mesa, pero a propósito de ese mar de posibilidades, lo mejor es recordar al británico Mike Leigh, quien en 1997 fue impulsado a las grandes ligas como brillante candidato a Mejor Director y Mejor Guión por "Secretos y mentiras", y que hasta ahora acumula cinco nominaciones, pero ningún triunfo: "el verdadero premio para tu película es que la nominen. Sólo eso basta para que se te abran muchas puertas".



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