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La redención

Viernes 1 de marzo de 2013



ANDRÉS PANES 

Aún en sus peores momentos, los 80 de "Nikita" y "Sacrifice", Elton John daba unos conciertos de antología. En la década siguiente, otra larga temporada de obras irregulares, el inglés siguió escudándose en la fortaleza de su puesta en vivo. Ha pasado mucha agua bajo el puente desde su época de esplendor, esa maravillosa saga de discos editados entre 1970 y 1976, pero el sir de la Corona Británica sigue blindado tras la magia de melodías fantásticas como "Goodbye yellow brick road", "Bennie and the jets" y "Rocket man".

Elton John arropa a la Quinta Vergara. Le quita el frío con la calidez de "Tiny dancer", y hace que se mueva con "Saturday night's alright for fighting" y esa invitación al tarareo que es "Crocodile rock", mientras las lentejuelas de su traje negro brillan en un austero escenario que sólo necesita su presencia para redimirse. Imponente, la mera imagen de su humanidad sentada al piano basta como decorado. Robar miradas es una de las tantas especialidades de este excéntrico que anoche revivió la mejor versión de sí mismo.

Y pensar que, tal vez influenciado por su compinche Billy Joel, ha flirteado con el retiro definitivo en más de alguna oportunidad. Qué desperdicio sería. Elton John se merece una reivindicación como la que actualmente gozan Fleetwood Mac. Puede que, al igual que Phil Collins, Rod Stewart y Simply Red, su nombre traiga a la memoria una serie de siúticos pecados, pero los momentos que construyen su homenaje a las musas caídas, "Candle in the wind" y la bella "Your song", son motivo suficiente para adorarlo. El público de Viña así lo entendió.