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Jorge González:
Cronista del desamparo

Viernes 1 de marzo de 2013



ANDRÉS PANES 

Con la rabia delineada en el rostro, Jorge González canta uno de sus temas nuevos, "Es muy tarde", y nos recuerda que pocos ahondan tan profundo como él en la amargura de las separaciones. Otra de sus dagas recientes, una rasgadora celebración de la ternura paterna llamada "Hijo amado", se clava hasta silenciar a la Quinta Vergara. A nadie en Chile le viene mejor el oficio de cronista del desamparo. Faltos de imaginación, los animadores del Festival insisten en apodar "La voz de los 80" al célebre solista, como si hubiese caducado en algún momento. Pero González dista de ser un recuerdo.

"No necesitamos banderas" y "Quieren dinero" dan escalofríos. Son canciones que describen una realidad que ojalá algún día resulte lejana e imposible de imaginar. El brazo político del catálogo Prisioneros asusta por su vigencia. Y la música de Jorge González, artista en pleno conocimiento de su calidad de genio visionario, aunque haya jugado al señor despistado durante el concierto, sólo conversa con íconos de igual estirpe. En su enorme caja de herramientas están los acordes de "I feel love", de Donna Summer, y un cover de "Arauco tiene una pena", de Violeta Parra.

Quedarán en el anecdotario los mensajes a Piñera y Bachelet, la dedicatoria al líder sindical Juan Pablo Jiménez, y la entrega bajo el escenario de la devaluada gaviota de oro. Que González tiene el corazón bien puesto, además de una facilidad natural para alimentar el cuchicheo periodístico, está fuera de dudas. Las sorpresas para quienes le habían perdido el rastro, esta vez, fueron musicales. El erotismo contenido de "Amiga mía" al teclado, el trasfondo rockero añadido a "Corazones rojos", los retoques al perro sampleado de "El baile de los que sobran" y la cada vez más emocionante "Mi casa en el árbol". Sólo extractos del mejor concierto en lo que va de este Festival, y el cierre de una noche chilena que le subió los bonos al certamen.