Su novela "Clínica Jardín del Este" aparece bajo el sello Catalonia:
Elizabeth Subercaseaux explora el negocio de la salud

La escritora chilena publica el tercer libro de la serie Barrio Alto, en la que retrata en clave de humor a la clase alta santiaguina.  

María Teresa Cárdenas 

"No solo no exagero; me cuido de no poner todo", dice Elizabeth Subercaseaux (1945) sobre la novela "Clínica Jardín del Este", un nuevo título de su serie Barrio Alto -después de "Vendo casa en el barrio alto" y "Vendo casa en el lago Caburga"- publicada por Catalonia. Formada en el periodismo de batalla de los años 70 y 80 y devenida en exitosa escritora, sabe que la realidad suele superar a la ficción, a riesgo de resultar inverosímil. Autora prolífica -en 2012 publicó "La última noche que pasé con Julia"-, es precisamente en esta serie, narrada en clave de humor y en la que retrata a la clase alta santiaguina, donde Elizabeth Subercaseaux pone los recursos periodísticos al servicio de la narración.

La apuesta más ambiciosa, en ese sentido, es este último libro, en el que el proyecto de los amigos Pito Balmaceda, Patato Echaurren, Alberto Larraín y Javier Santa María de instalar una exclusiva clínica de cirugía plástica y una isapre asociada le sirve de excusa para abordar el tema de la salud. "La investigación me tomó alrededor de ocho meses, que dediqué en gran parte a entrevistar a médicos especialistas, recorrer los hospitales de Santiago y leer lo más que pude sobre transexualismo, un tema que aparece en el libro y del cual sabía muy poco antes de escribirlo", señala.

Su interés surgió, explica, "porque la salud es un negocio, y yo iría un poco más allá, para decir que es un gran negociado. Las isapres ganan miles de miles de millones de pesos a costa de sus asociados, que deben pagar más caro en la misma medida en que corren más riesgos de enfermarse".

Sobre la desigualdad social, que en el caso de la salud resulta particularmente dramática, afirma con pasión: "Me da rabia que vivamos en mundos tan opuestos. Y me siento terriblemente impotente. Para hacer este libro recorrí prácticamente todos los hospitales y policlínicos de Santiago, donde uno ve esas salas comunes con olor a trapos mojados, las salas de espera sucias y atochadas de gente, el hospital Roberto del Río donde hay un otorrino a la semana para cientos de niños, los muros de los hospitales rayados y sucios, la escasez de facultativos, las listas de espera, la desesperación de la gente... versus clínicas de lujo donde la atención es fantástica, con el último equipo, buena tecnología, grandes recursos y donde trabajan los mejores médicos. En estas desigualdades hay algo que está muy mal y de lo cual todos, de cierta forma, somos responsables. Todos deberíamos tener acceso a la misma calidad de salud. Es lo mínimo a lo cual debe aspirar una sociedad que se dice cristiana, inclusiva y democrática".

-¿Por qué recurre al humor para tratar temas tan serios como éste?

"Es más fácil llamar la atención sobre un tema de relevancia social a través del humor que a través de la densidad del ensayo, amén de que no soy ensayista y no pretendo dictar ninguna cátedra con mis libros; solo pretendo crear una suerte de retrato de la sociedad y sus problemas en el tiempo en que vivimos. Y que sea leído ojalá por millones de personas".

Y agrega: "Para escribir sobre temas complejos, controvertidos, que afectan a minorías discriminadas, o a mayorías, como son la gente de bajos recursos, la clave de humor facilita enormemente la lectura y ayuda a llamar la atención sobre estas espinas sociales que ocupan, preocupan y a veces molestan a los políticos, a los empresarios, a los obispos; en general a la gente que está cerca del poder".

En las primeras páginas advierte que todos sus personajes son imaginarios. "Aunque es inútil pretender que en esta especie de aldea que es la sociedad santiaguina no se intente descubrir que Alberto Larraín es Juan de los Palotes, o que la Pila es idéntica a Juanita Pérez. Pero a mí me encanta que pase eso, porque convierte a mis personajes en seres de carne y hueso", afirma.

Javier Santa María es el único socio médico de la clínica, quien llama a colaborar con él a su maestro, el doctor Ruiz-Mascayano, dos ejemplos de ética profesional. "Tengo un gran respeto por esta profesión -afirma la autora-, pero debo confesarte que cuando pienso en los médicos como en esos grandes hombres, de sólida vocación, casi apóstoles, se me vienen a la mente nombres como Francisco Rojas Villegas, Hernán Alessandri, Carlos Charlín, Alejandro del Río, Rodolfo Armas, Alfonso Asenjo, Juan Noé, Eduardo Cruz-Coke... Mi personaje, Ruiz-Mascayano, está inspirado en esos grandes facultativos de antes. Debe haber algunos como ellos, pero cada vez menos", enfatiza.

Uno de los personajes afirma: "En este país hay dos bienes de consumo que son minas de oro", refiriéndose a la educación y la salud.

-¿Escribirá sobre la educación en un próximo libro?

"Sí, el cuarto tomo de la serie Barrio Alto tocará el otro filón del lucro en Chile, que es la educación. Sin embargo, mi idea no es tratar solamente el problema de cómo se lucra con un bien que debería ser gratuito para cualquier niño chileno que no pueda pagar, sino la pésima calidad de la educación que se está impartiendo en general".

 


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Mi idea de escribir la serie Barrio Alto en clave de humor tiene que ver con un afán de llegar a un mayor número de lectores, afirma Elizabeth Subercaseaux.
"Mi idea de escribir la serie Barrio Alto en clave de humor tiene que ver con un afán de llegar a un mayor número de lectores", afirma Elizabeth Subercaseaux.
Foto:LUCIANO RIQUELME

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