Evolución De dialecto surgido del latín a lengua del imperio
Cinco hitos en la historia del idioma

Desde su nacimiento en el siglo IX, pasando por la primera codificación realizada por Antonio de Nebrija, publicada en el año crucial de 1492, hasta la fundación de la Real Academia Española y la edición del primer diccionario, el español se proyecta al futuro desde su caudaloso pasado.  

PEDRO PABLO GUERRERO  Nuevos hallazgos en el origen del castellanoTextos más antiguos que los de San Millán de la Cogolla

Conocidos a partir del siglo III después de Cristo con el nombre de Romania, los pueblos vinculados por el latín perdieron su unidad lingüística junto con la descomposición del imperio. La caída de Roma, en el siglo V, allanó el camino a innovaciones fonéticas, léxicas y gramaticales en Hispania, nombre con el que era conocida la Península Ibérica cuando fue ocupada por las legiones romanas en el año 218 antes de Cristo.

Desarrollado principalmente a partir del latín vulgar, el romance hispánico recibió influencias de los pueblos germánicos y, posteriormente, un gran caudal de vocabulario proveniente del árabe. Confinados a un exiguo territorio en el norte de la península, durante la hegemonía islámica, los estados cristianos reservaron el latín para los usos cultos y oficiales, pero el pueblo llano comenzó a hablar una lengua nueva, calificada despectivamente como habla "rústica" o "vulgar". Rafael Lapesa, en su "Historia de la lengua española", la denomina "primitivo romance hispánico".

Uno de sus registros escritos más antiguos son las "Glosas Emilianenses", compuestas en el monasterio de San Millán de la Cogolla, en La Rioja, entre los siglos X y XI. De la misma época son las "Glosas Silenses", del monasterio de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos. En ambos casos se trata de anotaciones breves, escritas en dialecto navarro-aragonés, al margen de textos religiosos en latín.

Sin embargo, no fue este dialecto el que evolucionó con mayor fuerza y rapidez, sino el dialecto de Castilla, que comenzó a hablarse en Cantabria y avanzó hacia el sur, a medida que el reino afianzaba su poder. El castellano hizo su aparición escrita en el siglo IX, como demostrarían los "Cartularios de Valpuesta", anteriores en más de cien años a las "Glosas Emilianenses". Se trata de un conjunto de 187 documentos hallados en el monasterio de Santa María de Valpuesta, 90 kilómetros al sur de Burgos. Contienen términos en castellano y frases en latín con el orden lógico de la lengua naciente. Los ocho más antiguos datan del siglo IX. La mayoría registra donaciones de ganado, tierras o enseres al monasterio.

Ya mencionados por Menéndez Pidal, los "Cartularios de Valpuesta" cayeron en el descrédito por hallarse entre ellos algunas falsificaciones. Sin embargo, investigadores del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua -con el aval de la RAE- han permitido en los últimos años descartar tres apócrifos y certificar la autenticidad de los 184 manuscritos restantes.

Entre las manifestaciones literarias más señeras del castellano medieval destacan el "Cantar de Mío Cid", transcrito a fines del siglo XII; los textos encomendados por el rey Alfonso X, y la obra de Don Juan Manuel. El proceso lingüístico de unificación alcanza su mayor consistencia en la "Gramática" castellana de Antonio de Nebrija, que sale de imprenta en agosto de 1492, meses después de la rendición de Granada y mientras están en viaje las carabelas de Colón. En el inspirado prólogo que dirige a la reina Isabel de Castilla, Nebrija anota: "Siempre la lengua fue compañera del imperio".

Los académicos chilenos precursoresMiembros correspondientes

La Academia Chilena de la Lengua celebró su primera sesión el 5 de junio de 1885. Constaba de dieciocho miembros nombrados por la Real Academia Española, institución de la cual se originó y de la que fue, en orden cronológico, la sexta academia correspondiente en Hispanoamérica. Antes de su creación, la RAE había designado, en 1851, miembro honorario a don Andrés Bello , autor de la influyente "Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos" (1847), que se proponía impedir la desintegración del español en "una multitud de dialectos irregulares, licenciosos, bárbaros", tal como había sucedido con el latín. En 1861, se le otorgó a Bello el título de correspondiente.

Igual reconocimiento obtuvo en 1870 José Victorino Lastarria , que a la fecha había publicado dos textos fundadores de la literatura nacional: "Discurso de incorporación a la Sociedad Literaria de Santiago" (1842) y "Don Guillermo" (1860), la primera novela chilena.

Con posterioridad fueron nombrados miembros correspondientes Miguel Luis Amunátegui Aldunate, Diego Barros Arana, monseñor Crescente Errázuriz Valdivieso (1873); Domingo Santa María González, Marcial Martínez Cuadros, José Toribio Medina Zavala, Baldomero Pizarro Ortiz, Vicente Reyes Palazuelos, Zorobabel Rodríguez Benavides (1883); Benjamín Vicuña Mackenna (1884); Luis Aldunate Carrera y Jorge Huneeus Zegers (1885) . Por esas fechas se incorporó a José Antonio Soffia Argomedo , fallecido en 1886, el mismo año que Vicuña Mackenna.

Al constituirse la Academia chilena, nuevas personalidades se sumaron a las anteriores, ocupando desde los sillones 13 al 18: Manuel Blanco Cuartín, Adolfo Valderrama Sáenz de la Peña, Gregorio Amunátegui Aldunate, Eduardo de la Barra Lastarria, Ramón Sotomayor Valdés y Luis Rodríguez Velasco.

La influencia de la RAE: del castellano a la "lengua española"HACE 300 AÑOS NACE LA ACADEMIA

"Limpia, fija y da esplendor" fue el lema que resumió las tres funciones -filtro, regulación y estímulo- con las que se creó la Real Academia Española en 1713, por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena. Fue objeto de patrocinio oficial desde su origen, como lo prueba el hecho de que Felipe V aprobó su constitución el 3 de octubre de 1714 y la colocó bajo su "amparo y Real Protección". Su propósito declarado fue el de "fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza". Enmarcada en un período de erudición y crítica, la tarea que asumió la nueva institución fue combatir cuanto alterara la elegancia y pureza del idioma, y de fijarlo en el estado de plenitud alcanzado en el siglo XVI, considerado la edad de oro literaria, y por ende el canon.

En sus primeros tiempos, según coinciden desde el filólogo Rafael Lapesa hasta el periodista Álex Grijelmo, la Academia realizó una labor muy eficaz, que le ganó merecida reputación. Publicó el "Diccionario de Autoridades" (1726-39), en el que cada acepción se respalda con citas de escritores modélicos. Más tarde compuso la "Orthographía" (1741) y la "Gramática" (1771), y realizó ediciones del "Quijote" (1780) y el "Fuero Juzgo" (1815), cuerpo legal de 1241, elaborado en León por orden de Fernando III.

En 1780, apareció la primera edición del "Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Española". Hasta 1924, observa Fernando Lázaro Carreter, la institución utilizó la palabra "castellano" en el título (así como también en el de su "Gramática"). A partir de ese año, se alude a la "lengua española", de acuerdo al criterio expresado por Menéndez Pidal en 1918: "Desde fines del siglo XV la lengua que comprendió en sí los productos literarios de toda España... no puede sino ser llamada española".

El Diccionario va en su vigésima segunda edición, publicada en 2001, aunque en la página web de la RAE se pueden consultar avances de la vigésima tercera, que se publicará el próximo año con motivo del tercer centenario de la institución.

La expansión de las academias americanasFUNDACIÓN DE NUEVAS SECCIONES

El peso numérico, político y cultural de los países americanos se hace sentir con fuerza en la evolución experimentada por el español. Los antecedentes de esta influencia se remontan a fines del siglo XIX. Fundada en 1871 por los eminentes filólogos Rufino José Cuervo y Miguel Antonio Caro, a la cabeza de un grupo de intelectuales y escritores, la Academia Colombiana de la Lengua es la más antigua de América, y ha sido una de las más influyentes. La Norteamericana, en cambio, es la más nueva y fue creada recién en 1973, pero debido al crecimiento demográfico de los hispanohablantes en Estados Unidos está llamada a adquirir una gravitación insospechada.

Junto a la Real Academia Española y a la Academia Filipina, las veinte academias americanas integran la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), constituida en 1951 por iniciativa del Presidente mexicano Miguel Alemán. En las últimas décadas, la Asale ha impulsado con decisión una política panhispánica. Su primer resultado fue la "Ortografía" (1999), en la que aparecieron por primera vez como coautoras las veintidós academias y ya no solamente la RAE, como había sido en la edición anterior de 1931. De acuerdo a Darío Villanueva, secretario de la Real Academia Española, quien compare ambos textos "no solo apreciará la diferencia de extensión, sino que de manera efectiva la nueva gramática es panhispánica, pues describe los mecanismos fónicos, léxicos, morfológicos y sintácticos teniendo en cuenta la variedad del español".

Si la vigésima segunda edición del "Diccionario de la Lengua Española" (2001) -también compuesto en estrecha colaboración por todas las academias- incluía más de 26.000 marcas americanas, los tres volúmenes de la monumental "Nueva Gramática de la Lengua Española" (2009-2011) reflejaron, por primera vez, no solo el español peninsular.

CORPES, el gran proyecto del siglo XXI25 millones de formas del español

Villanueva revela que el programa más ambicioso que la RAE está desarrollando en estos momentos -además del "Nuevo diccionario histórico de la lengua española"- es el conocido como CORPES; es decir, el "Corpus del español del siglo XXI".

-Consiste -dice el secretario de la RAE- en almacenar y clasificar informáticamente 25 millones de formas del español cada año desde comienzos del siglo. Tenemos ya en torno a los 300 millones, y seguimos en ello. No se trata, claro, de 25 millones de palabras distintas: no hay tantas en ninguna lengua, sino de 25 millones de realizaciones de las palabras españolas -y por supuesto los americanismos-, "capturadas" en su contexto y tomadas de la prensa, la radio, la TV, la literatura, la publicidad, la política, el comercio, el deporte, etcétera. Fuentes escritas y orales. Lo más significativo es que el 70% de esas formas vienen de América (y en menor medida de Filipinas) y el 30% de España. Cuando para la elaboración del diccionario hay que ver si conviene modificar un lema o acepción, incluir una palabra o retirar otra, esa base de datos millonaria nos permite obtener un mapa exacto de lo que dicha voz significa y representa.

-A partir del impulso panhispanista y de la mayor participación de las Academias americanas, así como del uso de las nuevas tecnologías y las ediciones masivas, ¿se podría hablar de una democratización de la RAE?

-La palabra democratización tiene un primer significado genuinamente político. Usada en el contexto en que usted lo hace tiene sentido, pero yo preferiría hablar de "apertura" y creciente sensibilización por parte de la Real Academia Española hacia la evolución de la sociedad actual en todas sus manifestaciones. Vivimos en sociedades más abiertas que antaño, y ello no puede dejar de influir en una corporación académica como la nuestra, que desde su fundación, hace ahora trescientos años, se ha dedicado exclusivamente a la lengua española, el patrimonio más democrático que existe para todos y cada uno de los hispanohablantes. Añado solo un dato: el "Diccionario de la Lengua Española" se ofrece desde www.rae.es de forma gratuita, y recibe al mes una media de 45 millones de consultas procedentes de todo el mundo, pero especialmente de los países de habla hispana.



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Exterior de la actual sede de la Academia española en Madrid, inaugurada en 1894 en unos terrenos del conjunto del Buen Retiro cedidos por la Casa Real.<br/>
Exterior de la actual sede de la Academia española en Madrid, inaugurada en 1894 en unos terrenos del conjunto del Buen Retiro cedidos por la Casa Real.

Foto:REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

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