Polos opuestos Que se atraen
Estados Unidos y Filipinas: auge, caída y sobrevivencia del español

Con más de 495 millones de hablantes, el idioma de Cervantes es hoy la segunda lengua en el mundo, detrás del chino. Un presente y futuro pujante que tiene a los norteamericanos a la cabeza -podrían llegar a ser el principal país de habla hispana- y, paradójicamente, a la ex colonia española luchando por no perderlo: pasó de colonia española a ser el único país del mundo donde el castellano, como lengua nativa, está en declive.  

Juan Ignacio Rodríguez Medina 

En 1889, el intelectual y héroe nacional filipino José Rizal, líder de los reformistas ilustrados que abogaban por cambios en el trato de España con su colonia sudasiática, escribió un ensayo titulado "Filipinas dentro de cien años". En los párrafos finales del texto se lee: "Acaso la gran República Americana (Estados Unidos), cuyos intereses se encuentran en el Pacífico y que no tiene participación en los despojos del África, piense un día en posesiones ultramarinas".

Pasaron sólo diez años para que las palabras de Rizal se realizaran. En el marco de la guerra hispano-estadounidense, los norteamericanos se aliaron a los independentistas filipinos y derrotaron a España. Estados Unidos reconoció la independencia del archipiélago asiático, y el 23 de enero de 1899 se instauró la Primera República Filipina. Sin embargo, un mes antes, Estados Unidos y España habían firmado el Tratado de París, mediante el cual los europeos cedieron Filipinas a los norteamericanos a cambio de veinte millones de dólares (el paquete incluía también otros territorios, además del reconocimiento de la independencia de Cuba). Los republicanos se levantaron contra la ocupación estadounidense, pero fueron derrotados en 1902: murieron -dentro de una población total de nueve millones de habitantes- alrededor de un millón y medio de filipinos, la mayoría de ellos hispanohablantes.

Deshispanización

El dominio estadounidense se extendió hasta 1946, y su gran foco fue la deshispanización del archipiélago: llegó un ejército de profesores -los thomasites , por el nombre del barco en que arribaron, el Thomas- que lograron imponer el inglés por sobre el castellano, ayudados por las leyes que obligaron a las escuelas y universidades a adoptar el nuevo idioma. Eso relegó al español, incluso después de 1946, a una materia obligatoria (y poco conocida) del currículo escolar, hasta que finalmente fue retirado de los planes.

Si bien hay consenso entre los especialistas en que el español nunca logró instaurarse como idioma nativo -entre otras razones, porque los misioneros prefirieron aprender las lenguas locales para evangelizar-, también es cierto que hasta 1987 fue el idioma oficial; que los reformistas y revolucionarios de fines del siglo XIX y comienzos del XX eran hispanohablantes (la primera constitución y el primer himno se escribieron en la lengua de Cervantes) y que hasta la Segunda Guerra Mundial se vendían ochenta mil ejemplares de periódicos en castellano, y era el idioma de intelectuales, profesionales y comerciantes.

Hoy el español es más un recuerdo presente en los nombres de las personas, en algunos negocios, en calles como Salsipuedes o Ayala Avenue, y en algunas palabras que salpican el habla cotidiana -los filipinos cuentan hasta "diez" y dicen los días de la semana en español-. Los idiomas oficiales son el inglés y el tagalo (una lengua nativa que tiene un cuarto de españolismos), mientras que el castellano lo hablan de manera nativa 439 mil personas en un país de 92 millones de habitantes.

Sin embargo, Carlos Palomo, del Instituto Cervantes de Manila, tiene una visión optimista, debido al aumento de quienes estudian español: el instituto imparte, en promedio, trescientos cursos anuales, con una matrícula de seis mil estudiantes, lo que lo convierte en el segundo del mundo. "No puede hablarse, por tanto, de una situación de decadencia, sino de un lógico recambio generacional: aunque disminuyan los hablantes que tenían el español como lengua materna, el número de filipinos que se interesan por dominar nuestro idioma por razones de índole cultural, económica y laboral crece de modo sostenido", dice. También destaca la firma, a partir de 2009, de varios acuerdos entre España y Filipinas para reintroducir el español en el sistema de enseñanza público, junto con el comienzo de su enseñanza en centros técnicos y profesionales, además de los estudios que ya se cursan en universidades públicas y privadas.

En la actualidad, el uso del español en Filipinas se vincula a los sectores más privilegiados; de hecho, se lo identifica como un idioma de la oligarquía, y también de cierta élite académica. Sin embargo, según Palomo, el nivel socioeconómico de los hispanohablantes -que se concentran en las dos principales ciudades (Manila y Cebú), además de zonas como Zamboanga y Davao- varía según la edad. Mientras los mayores pertenecen a sectores altos, las nuevas generaciones "corresponden a clase media, con estudios, profesionales con necesidad de perfil internacional".

-¿Cuál es el futuro del español en Filipinas?

"Las perspectivas de crecimiento del idioma son excelentes. La relación estratégica y comercial que existe entre Filipinas y la Comunidad Hispanoamericana supondrá un aumento de la presencia del español en Filipinas, tanto en el ámbito académico como en el económico. No hay que echar en saco roto el interés creciente de los países iberoamericanos del Pacífico en Filipinas como puerta natural de entrada en el Sudeste asiático, lo que indudablemente será favorecido por la lengua común, el español".

Estados Unidos bilingüe

A la tradición familiar y las razones laborales y comerciales, Palomo suma otro motivo por el que los filipinos aprenden español: "Un gran número de ellos viven en Estados Unidos (California) y son conscientes de la importancia que está adquiriendo el español como lengua allí".

Paradójico: la expansión del español en el mismo país que lo acorraló en Filipinas influye en su pequeño renacimiento en el archipiélago. Pero es cierto, gracias a la inmigración (mayoritariamente mexicana, pero también centro y sudamericana), Estados Unidos es cada vez más un país latino: según el censo de 2010, de los 308 millones de habitantes, cincuenta millones son hispanos; o sea, representan al 16,3% de la población. De ellos, entre el setenta y el ochenta por ciento son hispanohablantes.

Así las cosas, se prevé que en 2050 se llegue a 132 millones de latinos (un tercio de la población total) y que entonces Estados Unidos se convierta en el primer país de habla castellana, por sobre México.

La fuerza de este fenómeno se puede graficar con otra cifra: si en 1980 once millones de estadounidenses mayores de cinco años hablaban castellano en sus casas, en 2007 llegaron a 34 millones, lo que significa un 211% de crecimiento. Incluso, considerado como lengua extranjera, se repite el fenómeno: en 1960 los universitarios que estudiaban castellano eran 179 mil, frente a 430 mil que se inclinaban por otras lenguas; en 2009 la proporción es de 864 mil estudiantes de castellano, versus 764 mil de otros idiomas. A eso se suman más de seis millones de escolares (aunque el 70% de los no latinos que estudian inglés no pasan del nivel básico).

El gran pero a todo este entusiasmo es la fidelidad que tienen hacia el español los latinos de segunda y tercera generación: se califica al castellano como "una lengua con muy pocos nietos" -de hecho, la mitad de los hispanohablantes no nacieron en Estados Unidos-. Aunque este pero tiene su propio pero: según dice Ignacio Olmos, director del Instituto Cervantes de Chicago, "hay un creciente interés por mantener la lengua y transmitirla a los hijos, primero como seña de identidad propia de una comunidad cada vez más consciente de sí misma y, segundo, como inversión económica, pues el norteamericano bilingüe tiene hoy en día más posibilidades de desarrollo profesional y retribuciones salariales más altas que aquel que sólo habla inglés. Es curioso observar que los jóvenes hispanos de tercera generación, que tenían olvidado o relegado el español, están recuperándolo como seña de identidad, y en las universidades se ofrecen cada vez más programas de español para estos 'hablantes de herencia' ( Spanish Heritage )".

Sin embargo, y como ha sido tradicional, las escuelas estadounidenses siguen entendiendo el español como una lengua extranjera. Desde que en 1917 nació la Asociación Americana de Maestros de Español (bajo el lema "La guerra se ganará a través de la sustitución del alemán por el español"), pero especialmente desde los años cuarenta, cuando se introdujo la enseñanza del español en algunas escuelas primarias, ha habido una tensión entre tener una educación bilingüe para mantener el español en los inmigrantes y su descendencia, o aceptar el bilingüismo como transición hacia el dominio del inglés.

-El español en Estados Unidos, ¿es todavía una lengua extranjera? ¿Existe un español estadounidense?

"El español no es una lengua extranjera en Estados Unidos. Hay grandes zonas del país donde convive al mismo nivel que el inglés, o incluso es aún más hablado: Florida, California, Tejas y Nuevo México son ejemplos evidentes. Pero en todo el país es muy frecuente también el uso del español en la calle, en la administración, en los comercios, en los servicios públicos, que transmiten, por ejemplo, toda su información oficial en ambos idiomas. Es cierto que se está conformando una variedad de español autóctona, mezcla de la amalgama de las distintas comunidades de origen: algunos lo llaman el español tropicalizado , que no es ni de México ni de Cuba ni Puerto Rico, y que corre paralelo a una nueva identidad cultural, la propia de los hispano-norteamericanos".

-¿Cuál es el futuro del español en Estados Unidos?

"El factor fundamental es el crecimiento demográfico y la consolidación de una pujante clase media hispana con capacidad adquisitiva y que no renuncia a su idioma de origen; la clave aquí, sin embargo, será ver cuál es el grado real de lealtad lingüística en el largo plazo. Por eso, es muy importante apoyar una política lingüística decidida en favor del español. Este movimiento ya existe, y se denomina English Plus, por oposición al English Only . En este sentido, un dato muy esclarecedor es que muchos políticos, senadores y congresistas norteamericanos están ya estudiando español. Además, la reforma migratoria que promueve la actual administración norteamericana para regularizar a más de 11 millones de inmigrantes ilegales (o, como se les empieza a llamar, "residentes sin documentación") ayudará, sin duda, a la definitiva normalización del español en Estados Unidos. En conclusión, es difícil saber si Estados Unidos acabará finalmente por convertirse en un país de algún modo bilingüe, como predicen muchos, pero sin duda camina actualmente en esa dirección".

92 millones de habitantes tiene Filipinas.

439 mil son hispanohablantes.

6 mil filipinos estudian español en el Instituto Cervantes de Manila.

308 millones de habitantes tiene Estados Unidos.

50 millones son hispanos.

De 11 a 34 millones crecieron, desde 1980, los estadounidenses que hablan castellano en su casa.

El uso del español en Filipinas se vincula a los sectores más privilegiados; de hecho, se lo identifica como un idioma de la oligarquía.

 El chabacano y el spanglish

En Filipinas se llama chabacano a un idioma criollo surgido del contacto entre españoles y nativos, a contar del siglo XVI. El 70% de sus palabras las toma del castellano, pero hoy, ante la pérdida de éste, su lengua de entorno, su empleo se está reduciendo: la hablan una seiscientas o setecientas mil personas y empieza a acoger elementos del tagalo y el inglés. "Es una de las dos lenguas latinas del Pacífico (con el chamorro de Guam) -explica Carlos Palomo-. Actualmente se habla solo en Zamboanga y en Cavite, población cerca de Manila. Los dos emplazamientos donde la Marina española tenía astilleros. En la población de Zamboanga (el 66% de ella lo habla) sigue teniendo una pujanza indudable y sobre todo respaldo institucional, que se traduce en medios de comunicación (existe un canal TV, medios escritos como periódicos y revistas), producción literaria, apoyo para la elaboración de diccionarios y publicaciones que fijen las reglas gramaticales de la lengua para las nuevas generaciones, etc."

Si en Filipinas está el chabacano, en Estados unidos existe el spanglish . Claro que no es un idioma. Ignacio Olmos explica que "el español de Estados Unidos es un español con estadounidismos" (como el de Chile es uno con chilenismos). Mientras que el spanglish "se trata más bien de una cuestión social: las personas que no dominan la lengua española son las que habitualmente caen en el spanglish , lo cual supone una manera de automarginarse. De ahí que sea muy importante aumentar la calidad del español que se usa en Estados Unidos, tanto hablado como escrito, para aumentar también el número de ciudadanos perfectamente bilingües y biculturales. En ellos reside gran parte de la riqueza y del futuro de este país".



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Foto:Alfredo Cáceres

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