martes 28 de mayo de 2013  
La cineasta Marcela Said en Cannes:
"El cine es mi vida"
 
Fue una de las pocas chilenas que logró competir en el Festival de Cannes este año y le ha sacado provecho a este, el certamen de cine más importante del mundo. Celebró en las fiestas que rodean la Croisette hasta terminar resfriada. Conoció gente, se surmergió en ese mundo que acompaña una actividad que según ella la define, la de cineasta. Entre un compromiso y otro, repasó los años en que aprendió el oficio de filmar en París y habló de los costos de ser cineasta y madre. "Yo creo que la gente tiene una imagen de mí como de una mujer bastante fuerte, conflictiva, pero yo me encuentro bastante dulce... aunque eso es solo para los que me conocen". "EN CHILE PUEDE HABER MUJERES QUE PIENSAN que abandoné a mi hijo DURANTE DOS MESES PARA ESTAR ACÁ. HAY UNA COSA MUY MACHISTA".  

Por Ernesto Garratt, enviado especial a Cannes. Fotografías: Fabrizio Maltese 

Marcela Said cubre su cuello con un pañuelo largo, porque no quiere acrecentar lo inevitable: un resfrío que está a punto de salirse fuera de control. A lo menos este día, en que se presenta en Cannes su primera película de ficción como directora, la alabada "El verano de los peces voladores", la incesante lluvia que ha tomado por asalto a la Costa Azul durante interminables jornadas ha hecho un clemente alto al fuego.

-Salió el sol con mi película -dice risueña esta directora chilena.

Ella acaba de abandonar la sala donde se estrenó para la prensa y la crítica internacional, en la sección paralela la Quincena de Realizadores, su personal, intimista y femenino punto de vista de una historia ambientada en el sur chileno, que tiene como contexto el conflicto mapuche, y que fue recibida con gratos aplausos. Marcela Said salió contenta de la sala de cine directo a la Croisette, la costanera de Cannes, donde un mar de gente caminó, camina y caminará apurada para hacer negocios, para entrevistas, para reuniones, para ir a las cientos de proyecciones durante las dos semanas que dura el Festival.

Esta es la primera vez de Marcela Said se encuentra en el vértigo de Cannes, un hormiguero fuera de control. Pero parece adaptarse de lo más bien, incluso a las sorpresivas precipitaciones que han tomado desprevenidos a los que venían preparados para un clima de sol y playa.

-Claro, yo nunca había venido, es mi primera vez en Cannes. Soy de Santiago. Y sí, me tocaron días de lluvia en Cannes, pero me encanta la lluvia; cuando llueve en Santiago como que el aire se limpia. Si nosotros tuviéramos más lluvia sería una ciudad maravillosa.

Marcela Said también parece adaptarse a esto de pasar de una cosa a otra, esto de tener una apretada agenda, a esto de hacer mil cosas al día, sin problemas. Ya su rutina de trabajo, antes de Cannes, venía pesada, muy pesada, con pocas horas de sueño, unas cinco al día, para terminar a toda carrera su primera obra de ficción, que la tiene postulando a la Cámara de Oro, premio que da Cannes a la mejor ópera prima.

-El 15 de marzo llegué a París a terminar todo el proceso de posproducción de sonido, de la imagen. Y estuve trabajando un mes y medio ahí en el montaje del diálogo, del diseño sonoro, en la premezcla. Fue un trabajo duro.

Solo hizo un paréntesis de una semana entre París y Cannes, para ir a Chile. Dice que no pudo evitar regresar a nuestro país.

-Partí a Chile solamente para ver a mi hijo... siempre me preguntan por esto de ser cineasta y mujer, llama mucho la atención en todo el mundo, y yo digo que es difícil balancear ser mamá con la carrera de cineasta. Lo más difícil para mí, siendo mujer, es tener que dejar a mi hijo de nueve años durante dos meses en Chile con el padre (el también cineasta y montajista francés Jean de Certeau) mientras yo estoy acá en Francia trabajando.
 
"El verano de los peces voladores", se instaló en la cabeza de Marcela como una historia de ficción. La reconocida y premiada documentalista, escuchó una historia "real" que simplemente no pudo dejar pasar.

-Fui de vacaciones, el 2008. Iba camino a la Patagonia, pero llegué a esta casa que está en Freire, donde estaba el dueño de una laguna y él quería deshacerse de sus carpas y puso dinamita. Esta historia la encontré tan surrealista que, entre broma y broma, mis amigos me dijeron "por qué no escribes una película', y yo dije "ya".

Y lo hizo. Durante el proceso de escritura del guión, cuando desarrolló los personajes de carne y hueso para crear su personaje principal, la adolescente Manena, y establecer el punto de vista de su cinta, Marcela recurrió a sus propios recuerdos.

-Al principio fue un proceso difícil porque cuesta aceptar qué hay de uno en el personaje -dice con la voz gangosa.- Es difícil sobre todo porque uno puede decir: "esta no es mi historia, porque no es una historia personal". Tuve que echar mano a mi propia historia para encontrarme con el personaje.

Manena, su protagonista, es una chica sensible, piadosa y que entiende más de lo que dice. 

-Yo creo que lo que le aporté fue la mirada de una chica sensible, dulce. Creo que la gente tiene una imagen de mí como de una mujer bastante fuerte, conflictiva, pero yo me encuentro bastante dulce..., aunque eso es solo para los que me conocen. También creo que la relación de Manena con su hermana, su timidez, su primer pololeo, sus secretos, son parte un poco de mi persona. Yo era bastante como ella a los 16 años. Yo podría haber sido ella a esa edad, en esa familia y en ese contexto.
 
La Marcela joven real no creció en el sur de Chile, sino en Santiago, en la comuna de Providencia.

-Estudié Estética en la Universidad Católica y no sabía que iba a hacer cine en el futuro -dice, y comienza a recordar.

Instalada en el edificio de la Quincena de Realizadores, a metros del oleaje del Mediterráneo, cuenta que ella era aficionada a la fotografía. Eran los inicios de los años 90, cuando había que revelar rollos, no existían los smartphones ni los iPhones. Su cámara era como un apéndice, la llevaba incluso a la universidad, al Campus Oriente.

-Yo era súper normal, tenía pololo, me gustaba el cine arte, pero a diferencia de cineastas chilenas como Marialy Rivas, no puedo decir que toda la vida supe que iba a hacer cine, que el cine era lo mío. Lo que sí tenía era mucha opinión política y siempre me afectó mucho ver que en el país había tantos problemas. Personalmente, me afectaba ver que había pobreza, estar en un país donde había gente que estaba muy bien y muchos que estaban muy mal.

Esa preocupación social y política se reflejó en los primeros trabajos documentales que haría más tarde como "I love Pinochet" (2001), "Opus Dei" (2006) y la notable "El mocito" (2011). Marcela Said rememora que una vez que terminó sus estudios decidió dar un giro imprevisto.

-Me fui a Francia y en vez de entrar a un máster en historia del arte, que hubiera sido lo normal, entré a otro máster que era de técnicas de lenguajes de los medios en la Sorbonne, y que tenía cine, radio, periodismo, escritura de guiones. Me fui porque tenía ganas de hacer otra cosa, de pasar a la acción, de dejar la teoría e ir a la práctica. Y conocí a mi marido.

Era mediado de los 90 y su marido, el francés Jean de Certeau, ya era montajista de documentales. Él fue su gran maestro, porque tras sus cursos de cine en la Sorbonne, en las tarde, Marcela se arrancaba a la sala de montaje de su pareja y absorbía ahí, en terreno, la manera en que Certeau editaba y organizaba las imágenes de diversos trabajos.

En 1999, llegó la oportunidad para hacer su primer documental, "Valparaíso", para una serie de televisión francesa.

-Partí con el documental porque me gustó y sentí que lo que se hacía en Francia era muy distinto de lo que se hacía en Chile. Me encontré con un documental de autor, en el que puedes dar tu opinión política y al mismo tiempo hacer algo importante. Para mí, mezclaba un poco la fotografía y el contenido.

En esos años, a Marcela Said no le interesaba hacer ficción.

-La pregunta que siempre me hacen es por qué me pasé a la ficción, y la respuesta es muy simple: es por deseo, porque quiero. Si hay algo que me puede identificar es que no le tengo miedo a la vida, o le tengo miedo a muy pocas cosas, y cuando tengo ganas de hacer algo, simplemente lo hago. El cine documental también es mi pasión, pero es mucho más que eso, el cine es mi vida, es lo que más me gusta hacer. Yo me defino más como cineasta, soy absolutamente cineasta.

Cuando llegó a Francia, Marcela solo hablaba inglés. Se casó muy rápido con Jean de Certeau y pasó diez años de su vida en el ritmo y estilo de vida parisinos.

-Me naturalicé. Soy chilena y francesa, y a mucho honor lo digo porque fue la nacionalidad que yo elegí. Nací chilena, pero elegí ser francesa, porque es un país que me ha dado mucho. Aquí aprendí mi oficio. Es en Francia donde yo maduré como cineasta.

-En Chile, pienso que están esperando ahora una película narrativa, política, ideológica, y la verdad es que se van a encontrar con una película de autor, que es seguramente lo que muchos no están esperando, pero es lo que yo tengo ganas de hacer. Yo no hago cine por darles el gusto a los demás, hago el cine que me interesa hacer.

En Cannes se mueve como pez en el agua entre reuniones con gente de la industria, entrevistas. Durante los años que vivió en París, en el Marais, se acostumbró a respirar y nutrirse de la abultada oferta cultural.

-Era una vida rica en encuentros, te topas con gente mucho más interesante que está haciendo cosas, tienes acceso a la cultura muy fácilmente, hay muchas exposiciones, mucha gente pensando cosas, haciendo cosas. En Santiago la oferta cultural es muy reducida y eso no ayuda mucho a la creación tampoco.

A pesar de eso, hace seis años Marcela Said decidió volver a Chile.

-Fue por circunstancias de la vida, porque mi película "El Mocito" se nos atrasó y luego empecé con esta. Pero en este momento para mí la oportunidad de trabajo real está en Chile, en Europa está la crisis. Eso no quiere decir que no quiera volver a Francia.

Es un hecho que las mujeres cineastas no son numerosas, al punto que en la versión de Cannes 2012 estalló una polémica, porque ninguna realizadora entró a la competencia oficial. Marcela también es conciente de ese desequilibrio.

-Objetivamente, para la mujer puede ser más difícil hacer cine -reflexiona Said, cuya agenda la tiene haciendo entrevistas todo el día: prensa europea, prensa americana, prensa de distintas latitudes.

-En Cannes, en el circuito que lo rodea, hay un ochenta por ciento o más de hombres. En mi película trabajaron muchas mujeres, pero el cine es un mundo mucho más masculino, mucho más agresivo, y cuesta encontrar más financiamiento porque los que financian son hombres.

Agrega que ella, sin embargo, nunca sufrió por ese tema.

-A mí no me ha costado nunca. Nunca me he sentido muy distinta a un hombre, debo tener un cerebro bastante masculino. Por eso, lo que más me ha dificultado mi carrera es la maternidad, poder lidiar con mi hijo, con la escuela.

Explica que rodar significa estar lejos de su pequeño hijo, Paolo, lo que significa dolor. Por eso la santa solución de "El verano de los peces voladores" fue que él estuviera entre los actores que se ven en pantalla, interpretando a un miembro de la familia de la protagonista.

-¿Cómo fue dirigir a su hijo?

-¡Oh lá lá!... mi hijo me quería dirigir a mí (risas). Trabajar con niños fue horroroso, muy, muy difícil. Los niños se pelearon en el set, fue un caos. Nunca me habría imaginado que era tan difícil. Fue muy duro para ellos, para nosotros y para el equipo técnico.

Marcela Said cuenta que otra razón para llevar a Paolo al set fue "porque quería que supiera un poco lo que hacía su mamá. Es difícil explicarle a un niño que su mamá es cineasta o qué es lo que hace. Entonces lo llevé y lo vió. Ahora entiende que si estoy de viaje es porque le estoy haciendo el sonido a la película".

Incluso cuando la distancia la separa de su hijo, Marcela Said encontró una solución de cineasta para estar cerca de Paolo, a pesar de la lejanía. Casi a diario le envia unos videos hechos por ella para que sepa que su mamá está haciendo algo importante para ella y que logre entender lo que significa filmar una película.

-En Chile puede haber muchas mujeres críticas, que piensan que yo abandoné a mi hijo durante dos meses para estar acá en Francia. Hay una cosa muy machista en esa idea. Frente a eso, es importante que él entienda que ésto es un trabajo, que es mi pasión. No todo el mundo en Chile tiene la suerte de decir: "Lo que yo hago es mi pasión". Eso es algo que no voy a dejar ni estoy dispuesta a transar.

-Me estoy resfriando.

Marcela Said interrumpe su relato y toce un par de veces. Retoma:

-Hubo tempestad, viento, mucha fiesta... Hay que admitirlo, aquí hay fiesta y una que terminó la película y está contenta, quiere pasarla bien. Resumen: me resfrié, pero ¡por una buena causa!

 

Por Ernesto Garratt, enviado especial a Cannes. Fotografías: Fabrizio Maltese.

   
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