ARTE CONTEMPORÁNEO | Comenzó la cita mundial de la escena artística
Bienal de Venecia: los caminos de la imaginación que escapan al mundo del arte

Ayer se inauguró el encuentro de arte más importante del globo. La muestra principal reivindica a creadores que no han sido considerados por la escena artística. Pabellones nacionales y exposiciones paralelas se suman a esta vibrante reunión artística.  

MACARENA GARCÍA  

MACARENA GARCÍA
Desde Venecia

Venecia es a las artes visuales lo que Cannes al cine, el escenario de una cita ineludible de la escena artística. Cada dos años se organiza allí la muestra más extensa de su tipo, una muestra que se divide en tres: la exposición principal -encargada a un curador internacional que plasma su visión personal del arte contemporáneo-, representaciones nacionales y, por último, numerosas -este año 48- exhibiciones paralelas que organizan distintas instituciones para coincidir con el evento. Más que una gran exposición, la Bienal de Venecia es un festín de arte que atrae a interesados de todo el mundo. Una ingente oferta que hace colapsar la capacidad hotelera veneciana y les "hace el año" a los watertaxi del archipiélago.

Sorprenden en este contexto las opciones tomadas por el curador de la muestra principal, Massimiliano Gioni. Gioni (1973, italiano afincado en Nueva York) es el curador más joven que ha tenido la bienal, pero los que esperaban una exposición de artistas jóvenes se han encontrado con lo contrario. Casi dos tercios de los autores incluidos nacieron antes de 1960 y un buen número de ellos pasó la mayor parte de sus vidas -o toda ella- sin reconocimiento alguno del mundo del arte contemporáneo. El título de la muestra, "El Palacio Enciclopédico", lo toma de la obra de uno de estos artistas outsiders , Marino Auriti, un italiano exiliado en Pennsylvania, quien tras jubilarse dedicó sus días a un proyecto desquiciado: la proyección de un gigantesco edificio que habría de alojar todas las invenciones del hombre, desde la rueda al satélite, incluyendo las creaciones del arte más vanguardista.

La gigantesca maqueta del proyecto solo se exhibió en un banco y en la vitrina de una tienda; ahora, 33 años después de la muerte de su autor, abre la bienal de Venecia. "Su obra nunca se llevó a cabo -explica Gioni-, pero el sueño de un conocimiento universal ha estado siempre presente en la historia del arte y de la humanidad, y modela una imagen del mundo en la que se pudiese capturar su variedad y riqueza infinita. Hoy, cuando nos enfrentamos a un flujo constante de información, esos esfuerzos son aún más necesarios y aún más desesperados".

La exposición, como es usual, se divide en dos espacios. Una fracción está alojada en el antiguo arsenal veneciano, y otra en un pabellón en los Giardini, donde el recorrido se inicia también con una obra de un no-artista: Carl Gustav Jung. Del psicoanalista suizo se exhiben las páginas de El Libro Rojo, un cuaderno en el que trabajó por 16 años explorando su cosmología personal en una serie de pinturas (del que se hicieron ediciones de lujo en 2009). En la sala contigua, se encuentran bosquejos de Rudolf Steiner, el filósofo en el que se funda la antroposofía y la pedagogía Waldorf, y más allá, pinturas en las que el ocultista inglés Aleister Crowley y la pintora Frieda Harris interpretan la baraja del tarot. Queda claro que Gioni no tiene intención alguna en tomarle el pulso al arte contemporáneo, sino más bien explorar los vericuetos de la creatividad y la imaginación y proponer una enciclopedia del conocimiento distinta a esa que entrega Google.

Hay todo tipo de outsiders . En algunos casos -como Roberto Cuoghi o Walter Pichler- fueron artistas de cierto éxito antes de retirarse de la escena -y, en buena medida, de la vida moderna-. Otros tantos son espiritualistas; Gioni incluye pinturas tántricas, de cuáqueros protestantes y de vudú haitiano, además de dibujos de la vidente suiza Emma Kunz, por nombrar algunos ejemplos de obras que no se encontrarían en museos de arte. Acercándonos un poco al mainstream , encontramos obras de surrealistas o de artistas que encontraron reconocimiento en esos círculos, como Friederich Schröder-Sonnenstern, un sanador que trabajaba con magnetos y a los 57 años decidió dedicarse a la pintura. Gioni dice estar interesado por esas "imágenes internas -los sueños, las alucinaciones y las visiones- en una era sitiada por las imágenes externas".

"El Palacio Enciclopédico" puede entonces leerse como una propuesta visual contra las imágenes que imperan en el mundo de las redes sociales e internet. Hay también una continuidad con la última Documenta de Kassel, donde creadores y pensadores no ligados al mundo del arte tuvieron un espacio protagónico.

Además de esta pléyade de cuasi-desconocidos, la bienal incluye acertadas contribuciones de reputados nombres de la escena actual. Entre otros, hay aportes de Cindy Sherman, Sarah Lucas, Paul McCarthy, Mark Leckey, Tino Seghal, Steve McQueen y Tacita Dean. En algunos casos, como en el video de Artur Zmijewski, el tema es justamente la creación por parte de personas no entrenadas para ser artistas. El artista polaco presenta su video Blindly, en el que les pide a ciegos que pinten y expliquen sus pinturas, dando una bella demostración de cómo plasmaríamos las imágenes internas si 'viésemos' con los otros sentidos.

La confluencia de referentes funciona componiendo una muestra cargada de poesía y simbolismo. Aunque no logra su objetivo de borrar los límites entre el mundo del arte y esas otras exploraciones creativas. En las fichas explicativas dispuestas junto a las obras, se enfatizan las excéntricas biografías de los artistas autodidactas: sus insólitos oficios, diagnósticos médicos y antecedentes familiares, que acaban convirtiéndolos en personajes exóticos La operación recuerda las primeras exposiciones en las que el eurocéntrico mundo del arte comenzó a incluir a los artistas de la llamada 'periferia'. Entonces -y todavía con cierta frecuencia- las obras de los artistas de otras regiones habían de explicar sus orígenes, como si de exposiciones etnográficas se tratase. Sucede aquí algo parecido cuando al espectador se le cuenta que el genial Augustin Lesage escuchó una voz que le decía que tenía que dedicarse al arte mientras trabajaba en una mina en Francia. En un cierto punto, pareciese como si el curador se hubiese abocado a buscar historias extrañas para conformar un gabinete de curiosidades.

El (post)nacionalismo en Venecia

En la muestra de Gioni no se encuentran comentarios a contextos sociales o políticos. Es una muestra cuya propuesta política es menos evidente y más poética, si se quiere. Así, contrasta con el espíritu de la gran mayoría de los pabellones nacionales que sí establecen relaciones con el contexto actual y con la idea -cada vez más puesta en duda- de que las identidades son modeladas por los límites que demarcan los mapas. En las muestras nacionales se nota una ansiedad -la ha habido siempre- por representar la identidad de un país a través de sus artistas y aprovechar de justificar los altos costos de estas muestras bajo la glosa de relaciones exteriores. El pabellón argentino, por ejemplo, fue inaugurado a través de una videoconferencia por la Presidenta Cristina Fernández, quien estaba orgullosa de que la artista Nicola Constantino haya decidido trabajar con la imagen de Eva Perón. La sede iraquí, en tanto, agasajó a sus visitantes con pasteles y té y rodeó las obras de arte de sillones, alfombras y mesas antiguas con libros del pasado y del presente de Irak.

En el pabellón británico también se toma té, pero la relación con lo nacional es más irónica: el brillante Jeremy Deller comenta con flemática ironía diversos acontecimientos locales, como el caso contra el príncipe Harry por ser sospechoso de haber cazado dos pájaros de una especie protegida. A la salida de la muestra se venden -asombrosamente bien- bolsos con su título: "English Magic". En esta edición se ha batido el récord de países participantes, que llegan a 88. Entre estos, hay varios debutantes, como Kosovo, vecinos del pabellón chileno, para quienes la cuestión de la identidad nacional es ciertamente crucial. Otro de los nuevos participantes es el Vaticano, cuyo nuevo Pontificado ha decidido apostar por las artes contemporáneas y presenta un pabellón con tres artistas interpretando el Génesis.

Voces disonantes

Pero al mismo tiempo que más y más naciones se esfuerzan por llevar a sus artistas a Venecia y batallan por la visibilidad en la algarabía de una oferta visual inabarcable, van apareciendo voces disonantes que cuestionan la idea misma de identidad nacional o bien el modelo de bienal en la que ellas se representan. Entre las críticas se escucha fuerte la del artista chileno radicado en Nueva York Alfredo Jaar. La ensayista Adriana Valdés hace notar que la pieza ("Venezia, Venezia", comisionada por el Consejo Nacional de la Cultura) no hace la más mínima referencia a Chile en su ataque contra el modelo obsoleto de la bienal de Venecia: Jaar hunde en un pozo una maqueta que replica los históricos pabellones nacionales de los jardines venecianos transformándolos -según dice- en un "fantasma del pasado".

En sincronía con esta propuesta de identidades más flexibles, Alemania y Francia han intercambiado este año sus históricos pabellones, por lo que el artista libanés Anri Sala, que representa a Francia, ocupa el pabellón otrora remodelado por los nazis, y la curadora alemana, Susanne Gaensheimer, organiza su exposición en el francés. Ella ha decidido invitar a tres artistas extranjeros (además de uno franco-alemán) y resaltó en su discurso inaugural su deseo de dar cabida a identidades flexibles, más acordes con el contexto del mundo actual. Una solemne ceremonia inaugural hizo las veces de statement político, alternando el francés y el alemán como si de una reunión sobre el futuro del euro se tratase.

También con un espíritu de reflejar un mundo de flujos y cambios, los portugueses Miguel Amado (curador) y Joana Vasconcellos (artista) decidieron no ocupar un pabellón fijo, sino traer desde Lisboa un ferry de pasajeros, que se pasea por el Gran Canal veneciano. La artista ha intervenido la coraza con un mural de azulejos y el interior con un onírico revestimiento de textiles. Además en la cubierta se organizan charlas y conciertos. Como en la obra de Jaar, el agua es una metáfora de estas identidades flexibles.

El ferry de Vasconcellos es una asertiva solución a cómo transformar una representación nacional en una obra site specific . El colectivo de artistas georgianos encontró también una buena salida al problema que aqueja a tantos países -entre ellos Chile- de no contar con un espacio de exhibición propio y tener que pagar año a año los altos costes de alquiler que eso implica. Los de Georgia cortaron por lo sano y comenzaron a construir una ampliación hechiza sobre una antigua bodega ubicada en el arsenal veneciano. Los organizadores dicen que este tipo de construcciones hechizas son muy típicas en Georgia. Los distintos artistas intervienen la construcción a la vez que presentan obras en el interior. Así han conseguido el permiso de la ciudad para mantener este pabellón sui generis hasta la bienal de arquitectura el año próximo.

La crisis económica europea (y mundial) podrá no aparecer en las obras seleccionadas por Gioni, pero sí que se cuela en las representaciones nacionales, aunque en la mayoría de los casos como motor creativo. En el pabellón de Grecia la obra va sobre la relación con el dinero y distintos experimentos de economías paralelas. El de Cataluña, titulado 25%, da una nueva y humana mirada a ese grupo de la población desempleado, a través del trabajo del fotógrafo Francesc Torres y de la cineasta Mercedes Álvarez. Rumania, por su parte, ha decidido saltarse los altos costos que tiene instalar obras en Venecia proponiendo en cambio una ininterrumpida performance durante los seis meses que dura la bienal en la que se critica la historia eurocéntrica de la Bienal de Venecia. Parte de la crítica es que 'importar' performers rumanos a Italia les resulta más barato que transportar una obra hasta allí.

 Ai Weiwei, el gran protagonista de la Bienal ¿Es el nuevo Beuys?

Jonathan Jones, el crítico del diario inglés The Guardian, asegura que esta bienal es un momento privilegiado para presenciar la obra de un gran artista en su mejor momento. Según él, ver hoy la obra del artista chino Ai Weiwei equivale a haber estado en la bienal en los 70 cuando Joseph Beuys intervenía el pabellón alemán, o a encontrarse con un Duchamp en 1917 . Es posible que Weiwei sea el gran protagonista de esta edición, aun cuando no esté presente, pues hace dos años las autoridades chinas le quitaron su pasaporte.

Ai Weiwei participa de esta Bienal por partida triple. Es, por una parte, uno de los protagonistas de las exposiciones nacionales en los Giardini. No representa a China, claro está, pero los muy oportunos alemanes le han invitado a formar parte de su pabellón "postnacional". Allí ha llenado la sala central de una envolvente y escultórica intervención hecha con pisos de madera de tres "patas" -que ya no se fabrican más en China- en un llamado de atención sobre como la producción masiva está haciendo desaparecer oficios y técnicas artesanales, además de todo un tejido social.

En la isla Giudecca presenta "String", una instalación y un video sobre el terremoto de Sichuan en 2008 . Tras la catástrofe, el gobierno se negó a dar información sobre la cantidad de muertos o las razones del colapso de los edificios. Weiwei y su equipo investigaron sobre el número de víctimas e hicieron una primera obra para honrarles. Según sus investigaciones, 5.196 niños habrían muerto porque las escuelas estaban construidas sin seguir las más mínimas normas de seguridad. Weiwei rescató de entre los escombros las estructuras de acero que no soportaron los edificios, a modo de metáfora de un estado en el que los ciudadanos no se pueden fiar. Una vez en su taller, se abocaron a enderezar estas varas, que ahora han sido trasladadas a Venecia. La acumulación de varas de acero da una impresión de calma y orden, como si Weiwei hubiese podido reparar algo con esta acción. La muestra continúa en una iglesia detrás de la Piazza San Marco. Allí se han instalado seis contenedores metálicos dentro de los que se recrean las rutinas del artista durante los 81días que pasó detenido en 2011 . La experiencia se narra con esculturas realistas que los visitantes espían desde pequeñas ventanillas. Allí se ve a Ai Weiwei, siempre acompañado por dos oficiales, mientras duerme, se ducha o está sentado en el water . La madre de Weiwei, quién viajó a Venecia, lloró al verla.

La última muestra está en la isla de San Giorgio Maggiore,  donde se presenta "Fragile", una colectiva en la que se reúnen obras de conocidos artistas que tienen en común el trabajar con vidrio. Allí, Weiwei presenta un frasco de vidrio estándar "de esos que se compran en cualquier supermercado" relleno de un polvillo café. Se trata de los restos de un antiguo cántaro chino. El curador le saca buen partido a esta pieza poniéndola junto a una pequeña obra de Joseph Beuys. De maestro a maestro, el firmamento del arte moderno parece tener una nueva estrella.

La presencia múltiple de Chile

La participación chilena es encabezada por la obra de Alfredo Jaar en el pabellón que Chile alquila en el Arsenale. Pasos más allá se encuentra el Instituto Italo-Latinoamericano, donde se ha montado "El Atlas del Imperio", curada por Alfons Hug y la chilena Paz Guevara. Allí se incluye un muy logrado video de la promisoria dupla formada por Joaquín Cociña y Cristóbal León (ambos de 1980, Santiago). Chile aparece también en una de las exposiciones paralelas a la bienal, el "Pabellón de la urgencia. Reconstruyendo utopías", un proyecto del curador peruano residente en Bruselas Jota Castro. Castro llama a reflexionar sobre cómo el mundo ha cambiado desde 1973, con guiños a los 40 años del golpe de Estado en Chile. Participa Patrick Hamilton con una instalación de serruchos de cobre que han sido pulidos como si fuesen espejos y doblados como si no fuesen serruchos. Una imagen extraña que Hamilton explica como parte de una investigación sobre los efectos de la economía neoliberal en la organización del trabajo (su obra es además parte de otra de las muestras paralelas, "Personal Structures"). En el "Pabellón de la urgencia" hay también dos pinturas de Jorge Tacla , creadas a partir de imágenes de edificios en ruina en Gaza y Siria; en ellas, la seducción visual de la pintura contrasta con la realidad del dolor de cuerpos que no comparecen. Otra de las convocadas, la artista palestina Emily Jacir , elabora una obra inspirada en la bienal de 1974, que fue dedicada a Chile en solidaridad tras el golpe. El español Santiago Sierra  presenta una foto de una performance realizada en Matucana 100 a fines de 2007 en la que participaron distintas autoridades y personalidades del mundo artístico chileno.



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<b>El brillante artista Jeremy Deller</b> comenta con ironía diversos acontecimientos británicos bajo el título Magic England.
El brillante artista Jeremy Deller comenta con ironía diversos acontecimientos británicos bajo el título "Magic England".
Foto:AFP

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