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ENCUENTROS EL MERCURIO | Cien años de "En Busca del Tiempo Perdido":
Carlos Franz y Rafael Gumucio recuerdan facetas del genio proustiano

Domingo 2 de junio de 2013

Carlos Franz, autor de "Almuerzo de vampiros". 



DANIEL SWINBURN 

La celebración del primer centenario de "Por el camino de Swann", el primer volumen de la gran obra de Marcel Proust "En Busca del Tiempo Perdido", motiva a los proustianos del mundo a unirse, pues no son pocas las amenazas que sufre una de las novelas más importantes de la historia del género, en un tiempo en que predomina el "pensamiento 'twitter', ese piopío intelectual de 140 caracteres", como afirma el escritor chileno Carlos Franz, quien junto a Rafael Gumucio animarán uno de los Encuentros El Mercurio que organiza el Club de Lectores, este martes 4 de junio (Av. Santa María 5542) y que estará dedicado a recordar la obra de Proust, publicada entre 1913 y 1927. Porque, a pesar de todos los progresos técnicos que hemos vivido, desde entonces no se ha inventado todavía la forma de leer más rápido las 3 mil paginas de "En Busca..." y cada nueva generación tendrá que comenzar desde cero a descubrir el universo abierto por el autor a partir de la cotidianeidad y la vida mundana que el mismo practicó hasta el paroxismo, y desde donde extrae verdades esenciales sobre el comportamiento de los hombres y del arte como última redención. Mezcla de relato y ensayo, en la obra de Proust la novela en su formato tradicional se derrumba sobre sus fundamentos y adquiere una nueva piel.

Carlos Franz describe así la urgencia de su lectura hoy: "En nuestra presente civilización de la velocidad se ha vuelto aún más difícil leer a Proust. Sus frases lentas y largas, su extraordinaria minuciosidad, su amor por mostrar la abundancia de lo ínfimo, van en contra de nuestro culto a la rapidez y la concisión. Por eso mismo puede ser tan útil leerlo. 'En busca del tiempo perdido', con su millón de palabras, es el antídoto perfecto contra el pensamiento 'twitter', ese piopío intelectual de 140 caracteres. Proust nos obliga a 'hacernos el tiempo', detenernos, calmarnos y profundizar. Una de las paradojas de ese libro abundante en personajes frívolos es que no se trata de una lectura apta para ellos mismos. Aun cuando esté superpoblado de duquesas, cenas de ocho platos y muchísima 'Belle Époque', se requiere de algo más que tiempo libre y curiosidad mundana para leer a Proust. Se requiere paciencia, calma, sensibilidad. Y valentía. Porque leer 'En busca del tiempo perdido' puede agudizar nuestra conciencia acerca de la fugacidad de la vida, debilitar nuestra fe en el día presente, enseñarnos que solo somos memoria. Que estamos hechos de palabras. Millones de ellas".

En tanto, Rafael Gumucio compara la obra de Proust con un reality show . "Como en un reality show , Proust graba sin piedad, y sin filtro, las nimiedades más absolutas, hasta hacernos sentir que lo que vemos es nuestra vida y que nuestra vida está también siendo filmada. Pero mientras el reality solo filma acciones y declaraciones, solo la parte visible y consciente de la vida privada, Proust se interna en la mente de su narrador, en todo lo que es en él subjetivo, impreciso. Mientras el reality show va desde afuera hacia adentro, mientras con el tiempo la cámara del reality termina por explorar la sentimentalidad de las víctimas y nos recuerda nuestros propios sentimientos y pasiones, Proust intenta el camino contrario. Desde la subjetividad única de un joven hipersensible, desde la soledad de un niño que espera desesperadamente que su madre lo bese, va hacia el mundo y descubre las reglas de funcionamiento de su tribu. Intenta penetrar la conciencia del otro -es el sentido de los celos en la novela- y fabricarse una identidad diferente a la suya; fracasa y descubre finalmente que narrar ese fracaso es la única forma de redimirlo y darle sentido".

  Inscripciones: 2753 6363 o Casas Club (Alto Las Condes, Bandera 331, Santa María 5542).