Aniversario 130 años de su nacimiento
Los procesos de Kafka

Su obra, como su vida, fue breve. Tres novelas incompletas, algunos relatos y otras prosas, un diario, cartas. Pero sus libros se cuentan entre los más originales e influyentes de la literatura del sigo XX. Su biógrafo más importante se apronta a culminar su trabajo. Nuevas ediciones y libros de y sobre Kafka ayudan a recordarlo.  

Patricio Tapia 

No obstante el frío, un hombre joven desnudo hasta la cintura hace ejercicios cada día, con la ventana abierta, en el centro de Praga. Es 1917 y se llama Franz Kafka. La extrañeza de los transeúntes podría ser la misma de quienes tienen la imagen de Kafka como un burócrata gris, aplastado por su la imagen de su padre, un recluso espectral y enfermizo.

Kafka parece no haber sido tan kafkiano. Siempre le dio mucha importancia al cuerpo. Fue vegetariano en una época en que no era muy común, buscó la salud a través de dietas, regímenes de ejercicios, nudismo ocasional, baños de sol, "fletcherizaba" su comida -la masticaba decenas de veces-; su padre leía el periódico para no verlo.

Ciertamente, Kafka era un neurótico que escribía en las noches, cuando su casa estaba más silenciosa, extrañas historias de desolación, que han dado lugar a todo tipo de interpretaciones: desde parábolas de la desesperación a emblemas de la condición humana. Unos destacan sus entonaciones teológicas o existenciales, otros las psicoanalíticas (por su tortuosa relación con su padre, que rezuma ese extraño documento autobiográfico, Carta al padre ). Pero todo indica que su obra es una obra sin mensaje, opaca y diáfana a la vez.

Proceso I

Lo primero que se publicó tras la muerte de Kafka por tuberculosis en 1924, fue el testamento que le dejó a su amigo Max Brod pidiéndole que destruyera sus papeles. Brod en uno de los mayores actos de deslealtad personal y de generosidad literaria, desoyó a su amigo y empezó a publicar su obra. Kafka publicó solo siete delgados libros en vida, entre 1912 y 1924. Sus papeles estaban sin terminar, pero Brod para no dar la idea de lo inacabado, puso títulos, nombres de capítulos, frases de transición. El proceso , por ejemplo, fue una de las obras que más intervención de Brod tuvo: se publicó en 1925, un año después de la muerte de Kafka, con los capítulos que consideró terminados. Kafka, para ese libro, redactó el primer y último capítulos, en primer término, y luego fue esbozando otros según su ánimo e impulso. De ahí el caos editorial con su publicación póstuma, pues los capítulos no están numerados y otros están incompletos.

Brod, en 1939, huyó de Praga en el último tren antes de que los nazis cerraran las fronteras checas, llevando en una maleta los papeles de Kafka. Una parte importante de esos manuscritos fueron depositados en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, en 1961. El resto permaneció en manos de Brod hasta su muerte en 1968. Pero lo había legado a su secretaria (y supuesta amante), Esther Hoffe, y tras la muerte de ella, en 2007, pasó a las hijas de Hoffe. Una, Eva, mantenía el legado en cajas de seguridad y en su propio departamento, sobrepoblado de gatos. La familia Hoffe quería vender la colección al Archivo de Marburgo (antes de morir, Esther Hoffe vendió el manuscrito de El proceso a ese archivo en cerca de dos millones de dólares). En octubre de 2012, una corte israelí falló en contra de Eva Hoffe, ordenando que esos documentos se trasladen a una institución pública, para su catalogación y publicación.

Proceso II

Los manuscritos de Kafka en Oxford, aparte de la publicación de los facsímiles de sus escritos, ediciones académicas y anotadas de cada cosa que dejó y sobrevivió, han permitido discutir sobre todo tipo de asuntos: la influencia del teatro yiddish, su vida sexual, sus ropas, su trabajo como abogado, sus inquietudes religiosas y políticas.

También el conocimiento cada vez mayor de su vida. Algunos estudiosos han pretendido cuestionar la perspectiva sacerdotal que Brod entregó de su amigo e intentar vislumbrar la verdadera vida del enigmático escritor. Kafka, por ejemplo, visitaba prostíbulos, pero Brod sacó esas partes de sus diarios.

Reiner Stach se ha embarcado en una biografía completa en tres volúmenes, de los cuales han aparecido dos. En Kafka. Los años de las decisiones (2003), se ocupa de los años 1910-1915, el período mejor documentado, por sus diarios y por sus cartas a Felice Bauer (con quien tuvo dos compromisos de matrimonio, y dos rupturas). En el segundo volumen - Kafka: Die Jahre der Erkenntnis (2008; en inglés, 2013)- considera la vida del escritor desde 1916 a 1924.

Al igual que Stach, el crítico italiano Pietro Citati en su Kafka no especula demasiado, y sin separar mucho la vida de la obra, entrega un elegante ensayo no académico; en parte, indagación psicológica; en parte, meditación; en parte vinculación con otras obras (por ejemplo, identifica la sede del Tribunal de El proceso como un homenaje de Kafka al edificio de la comisaría de Crimen y castigo ). Es normalmente agudo, aunque a veces cae en lo trivial (dice que Kafka "nunca decía nada trivial") y en la exageración: "'La madriguera' es la más grandiosa tentativa de enclaustramiento que se haya llevado a cabo jamás en la literatura".

En Autores, libros, aventuras , se reúne una serie de conferencias radiofónicas del editor Kurt Wolff (1887-1963). Wolff, seguro y probablemente vanidoso (su editorial llevaba su nombre y el emblema era la loba romana amamantando a Rómulo y Remo, con las letras KW debajo), habla de sus autores (Werfel, Kraus, Walser o Trakl) y en particular de Kafka. A pesar de todas sus dudas respecto de la legitimidad de las acciones de Max Brod, Wolff publicó, tras la muerte del checo, El desaparecido (como América ) y El castillo .

Cuando Kafka vino hacia mí... recoge una serie de testimonios de personas que conocieron a Kafka, compilados por Hans-Gerd Koch: una sobrina, Gerti Kauffmann (que tenía 12 años cuando él murió), un empleado en la empresa del padre que conoció a Kafka de niño, compañeros de escuela o de universidad (Hugo Bergmann o Felix Weltsch), amigas de sus hermanas, vecinos, compañeros de sanatorio, amantes. La mayoría retrata a Kafka como el tipo alto y silencioso, pero cuando se decidía a hablar, decía algo muy significativo.

Proceso III

El crítico alemán Kurt Tucholsky, en 1926, comentó El proceso de esta forma: "Todos los que tomamos un libro en las manos sabemos a más tardar después de veinte o treinta páginas qué debemos esperar del autor, de qué se trata, cómo avanza, si dice las cosas en serio o no; sabemos, al menos a grandes rasgos, cómo hemos de maniobrar con el libro. Pero aquí no se sabe absolutamente nada. Aquí se anda a tientas en la oscuridad. ¿Qué es esto? ¿Quién habla?".

Cuando Josef K. es atrapado en un proceso judicial que lleva a su inevitable ejecución, no es más afortunado que otros protagonistas kafkianos. Hay que soportar la máquina de castigo de "En la colonia penitenciaria". El artista del hambre debe morir, la puerta del castillo nunca se abrirá.

El proceso , ¿es una alegoría del hombre caído, una expresión de culpa o de un amor tortuoso? Y Kafka, ¿es un místico judío, un profeta del Holocausto, un santo, un existencialista, un cristiano? ¿Es creyente o agnóstico, es político o no? Tal vez la respuesta esté en una carta a Felice Bauer: "Estoy hecho de Literatura, no soy otra cosa y no puedo ser otra cosa".

 De y sobre Kafka

Hace 100 años, en su primer libro publicado, Contemplación (1913), Kafka incluía un cuento titulado "El deseo de ser piel roja": "Si uno fuera piel roja... siempre alerta, atravesando los aires sobre un caballo veloz...", empieza. Así se lee, al menos, en el libro Un médico rural y otros pequeños relatos (Impedimenta, en Librería Prosa & Política), traducido por Pablo Grossmid.El libro aparece titulado como Percepciones . La editorial Debolsillo (que reproduce la autorizada edición de Galaxia Gutenberg) reúne 6 de los 7 libros publicados en vida de Kafka en un volumen titulado Ante la ley . Ahí, claro, aparece como Contemplación , pero el cuento como "Deseo de convertirse en indio": "Si uno fuera de verdad un indio, siempre alerta, y sobre el caballo galopante, sesgado en el aire...". Cosas de traductores.

Debolsillo entrega La metamorfosis (1915)como La transformación , con razones no del todo convincentes. El proceso , El castillo , El desaparecido , mal llamada América (Kafka dejó claro su propósito), Carta al padre y El canto de las sirenas .

Escritos sobre al arte de escribir (Ed.Fuente taja, en Librería Prosa & Política) compila todas las referencias de Kafka a sus propias obras y el escribir, espigadas de distintas fuentes. Por último, en inglés, Stanley Corngold, que aparece como el más reputado de los kafkólogos estadounidenses, es uno de los editores del libro Kafka for the Twenty-First Century (Camden Press).



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Foto:FRANCISCO JAVIER OLEA

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