Formas de sobrevivencia

 

La literatura de Diamela Eltit, desde Lumpérica , ha sostenido un compromiso fuerte con la realidad social, sobre todo con la chilena, y, en consecuencia, saltan a la vista en su escritura los vestigios -en el lenguaje y en los contenidos de las historias narradas- del emplazamiento nacional y, no obstante ello, sus relatos adquieren una indudable dimensión universal como si fueran una singular alegoría de la condición humana. En Fuerzas especiales , Eltit continúa su itinerario narrativo y alcanza un cenit en su literatura crítica y pensante. El punto de vista, el lugar donde se sitúa la autora, es de una marginalidad total, pero agónica siempre, es decir, que no cesa de luchar aunque la batalla esté perdida. En Fuerzas especiales , una serie de personajes fronterizos a la extinción y la locura luchan por sobrevivir ellos y su familia (o lo que resta de ella) frente al acoso brutal y absurdo de la sociedad policial. La novela despliega las tácticas que los débiles van precariamente oponiendo a fuerzas abrumadoras, violentas y arbitrarias, tácticas que les permiten solo retardar el fin.

La protagonista -y narradora-, una mujer de edad indefinida, más bien joven, convive con una hermana enferma, una madre agónica y un padre cesante y ausente. Hay dos hermanos también -que aparentemente se hallan en la cárcel- y sus amigos, Omar y Lucho y la Guatona Pepa -todos en un estado igual de agónico-, quienes pasan sus horas en el cíber del barrio, donde la protagonista se prostituye por poco dinero.

El escenario en que Eltit pone en movimiento a sus personajes es esencial y su construcción es uno de los grandes méritos del relato. Como en otras de sus novelas, el espacio narrativo que rodea y encierra -como en una prisión- a los personajes adquiere una dimensión ominosa, sofocante, omnipresente. En este caso, el bloque de viviendas sociales, con sus circulaciones, desplazamientos, atmósferas y microespacios (como las escaleras, el cíber, los pasajes), cumplen una función fuerte en la narración. El lector, vicariamente, resulta atrapado en esa arquitectura uniforme y gris, de la cual los habitantes desaparecen para morir o para escapar al "centro", y de ese modo se ve involucrado en sus peripecias.

La situación narrativa es el acoso permanente por "los tiras", "los pacos", las jaurías de perros, el ruido incesante al interior de los departamentos, todos agentes de la aniquilación, una aniquilación que no es solo física, sino que amenaza con borrar la identidad, los recuerdos, la historia, el yo. La historia de ese acoso se plantea en un crescendo que le otorga al relato un aire apocalíptico (la inminencia de un gran operativo de las fuerzas especiales), pero de un apocalipsis que no llega porque siempre hay una etapa todavía peor que padecer antes del final. El relato, así, va revisando los miedos que crecen, se acumulan y reiteran mientras el resto de la subjetividad va siendo erosionada implacablemente. La imaginación literaria de Eltit atina irónicamente al exhibir en la escritura la continuidad -dentro del estrecho cubículo del cíber- entre la prostitución (abajo) y la pantalla del computador (arriba), cuyos juegos y desfiles de modas sirven a la protagonista y sus amigos de única vía de fuga ante la realidad desmoronándose.

Fuerzas especiales es un relato breve, conciso y esencial. Uno de los rasgos que sobresalen en esta novela -rasgo que quizás la diferencia de otras obras anteriores- es el personalísimo humor que la autora reparte por su escritura, humor atravesado por una ironía oscura que alcanza casi el sarcasmo en lo que podría considerarse el desenlace, o uno de los desenlaces.

Por cierto, estos logros narrativos se basan, con la solidez usual, en la calidad formal de la escritura de Diamela Eltit. Es difícil encontrar otro autor en nuestra narrativa que haya constituido un estilo tan consistente y apropiado al mundo que representa en su escritura. El trabajo que la autora lleva a cabo con el lenguaje es aquí patente desde las primeras líneas. Un recurso notable es la reiteración: al principio de cada capítulo e insertas cuidadosamente dentro del texto la autora reitera, una y otra vez, una fórmula: "Había dos mil Webley-Green, 455. Había mil trescientas BarettasTarget 90". El tipo de armamento cambia cada vez, pero la frase siempre tiene la misma estructura: hay o había x armas. Fuerzas especiales se halla así jalonada por esta verdadera panoplia, colección o catálogo preciso de armas. El efecto disruptivo sobre la lectura que estas frases tienen va convirtiéndose, con el correr del relato, en catalizador de la ira (la otra fuerza -junto con el miedo- presente en la novela). Tal vez en el videojuego, en que los personajes alcanzan una existencia "digitalizada", el poder de la fuerza esté de su lado.

 Diamela Eltit

Santiago, 1949.

Escritora chilena. A fines de los setenta integra el colectivo CADA, de acciones de arte. En 1980 publica su primer libro, Una milla de cruces sobre el pavimento (ensayos). Le siguen las novelas Lumpérica (1983), Por la patria (1986), El cuarto mundo (1988), Vaca sagrada (1991), Los vigilantes (1995), Los trabajadores de la muerte (1998), Mano de obra (2002), Jamás el fuego nunca (2007), Impuesto a la carne (2010). Recibió el Premio José Donoso en 2010.



Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir

Foto:YASNA KELLY

[+] Vea más fotos


Servicios El Mercurio
   Suscripciones:
Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.
   InfoMercurio:
Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.
   Club de Lectores:
Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.


Otros Servicios
   Defunciones
   Ediciones anteriores
   Propiedades
   Suscripciones
   Empleos
   PSU@El Mercurio
   Contratar publicidad
   Club de Lectores
   Clase Ejecutiva
   El Mercurio - Aguilar
 


Buscador emol.com Ir al demo interactivo Buscador emol.com
0  
Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales