Desigual estreno en Chile de "Katia Kabanova"

JUAN ANTONIO MUÑOZ H. 

El Teatro Municipal debe anotar otra estrella en el firmamento de sus logros con el estreno en Chile de "Katia Kabanova" (1921), de Leo? Janác {cech} ek (1854-1928), ópera que supone una consolidación de cualquier casa de ópera. De enormes dificultades para la orquesta y exigente en términos escénicos, también es un título que habla del crecimiento del público habitual. Un público que lentamente ha ido incorporándose al lenguaje musical del siglo XX y que se ha ido haciendo permeable a las puestas en escena de nuestros días, la mayor parte de ellas interpretaciones de los artistas involucrados en la producción y no acabados retratos de época.

Los resultados de esta "Katia" -más allá del mérito que significa haberla al fin estrenado 93 años después de su debut en Brno- son bastante desiguales. Sir Charles Mackerras, a quien se deben las mejores versiones discográficas de las óperas de Janác {cech} ek, decía que a él le había costado años asimilar y, en algún sentido, descifrar cómo debía avanzar el discurso musical. El maestro Konstantin Chudovsky, al frente de la Orquesta Filarmónica, fue sobre este enorme tapiz que propone el compositor con la energía que le es habitual; sin embargo, en especial en el preludio y en el primer acto y luego tanto en la escena de la tormenta como al final, primó una confusión sonora que impidió seguir el camino de los motivos, que se funden unos en otros; una ruta que a veces es delicuescente y otras marcada en extremo. Su batuta consiguió, sin embargo, momentos hermosos para las líneas que describen a Katia, su tristeza y sus sueños, y también en lo que se llama "la música del amor", con ese juego de cuatro voces cantando líneas en abrupta contradicción: Katia y Boris sosteniendo frases muy tensas, mientras Varvava y Kudriash se remiten a melodías reiterativas de inspiración folclórica.

La dirección de escena correspondió a Pablo Larraín, debutante en el género. Y "Katia" no es una ópera para debutar. El trabajo de actores resultó superficial y muchas veces los cantantes parecieron seres estáticos que no sabían qué hacer en un espacio vacío tan grande. No se observó una dedicación profunda al texto ni una construcción de personajes hecha a cabalidad. Es cierto que, a excepción de Katia, el resto de los personajes son bidimensionales, pero no lo son las relaciones entre ellos ni sus opciones. Muchas preguntas, así, quedaron sin respuesta y tanto la crítica social como la violencia doméstica y la turbación interna de los protagonistas resultaron apenas un cuento sin hondura. Se agradece que la breve escena de Kabanija y Dikoi devele algo que está entre líneas y que el texto nunca explicita, pero eso está en toda la ópera y no solo en ese fragmento.

Las coreografías de José Vidal, que muestran a un grupo de hombres con cabezas de renos, están de más y molestan especialmente durante el preludio, donde se concentra toda la trama de la ópera. Esta figura del reno, que podría remitir al surgimiento de las pasiones primitivas o al fantasma del deseo que ronda a Katia, vuelve en la segunda escena del primer acto, pero ahora como el animal completo, justo cuando Katia revela a Varvara sus ilusiones de soltera y sus anhelos de mujer casada. Tal acción se desarrolla en un bosque mágico, donde hay aves y luciérnagas, y la luz proyecta un mundo de fantasía que puede estar alojado en la mente de la mujer. Es muy curioso que también la partida de Tijón, el marido de Katia, se produzca en esa suerte de parque prodigioso porque es justamente el momento en que Katia se siente más humillada y sometida: por eso es que el libreto especifica que debe desarrollarse al interior de la casa de los Kabanov. Tal foresta de quimera quizás pudo servir al encuentro de los amantes, que sí ocurre en un jardín, único momento de felicidad que vive Katia en toda la ópera y después del cual solo quiere morir.

Otro aspecto son las proyecciones (Cristián Jofré, dirección de arte y diseño digital), hermosas y de transcurrir lento, de manera que no distraen. Pero aquí otro punto. Una puesta llamada "cinematográfica" no tiene por qué tener proyecciones. El sentido de usar ese término es para referirse a la fluidez y velocidad del relato, a cómo se aborda el trabajo escénico, a los distintos planos de acción en paralelo. De esto tuvo poco "Katia Kabanova" y algunas soluciones resultaron poco felices, como la del suicidio y la posterior proyección del rostro de la mujer en primer plano hundiéndose en el agua. Esa imagen, además, impidió ver con claridad el único momento en que Tijón arremete sobre su madre y la acusa de haber provocado la muerte de su esposa.

La escenografía de Pablo Núñez, amplia, muy extendida, pulcra, glacial, tuvo momentos de gran belleza; en particular a la hora de describir la ribera del Volga bajo un cielo plúmbeo y la idea romántica del bosque y el encuentro con el mundo natural. No graficó, eso sí, ni el encierro de la protagonista ni su liberación posterior. La iluminación de José Luis Fiorruccio concurrió en ese mismo sentido de frialdad, salvo para el encuentro de los amantes. Montserrat Catalá colaboró con un vestuario adecuado, serio, atento al mundo pequeño burgués descrito.

La soprano Dina Kuznetsova fue una digna Katia, en lo vocal y en lo escénico, y supo transmitir el trágico lirismo ensoñado que Janác {cech} ek escribió para ella. A pesar de no ser propiamente una contralto, como se requiere para el rol, la mezzo Susanne Resmark fue una imponente e irreductible Kabanija, bien acompañada por el bajo Alexander Teliga (Dikoi). Sólido, el tenor Richard Cox supo cómo cantar y dar interés al ingrato papel de Tijón, mientras que el tenor Steven Ebel fue un Boris ausente en lo vocal y en lo teatral. La mezzo Evelyn Ramírez desplegó su voz y su encanto, y construyó una Varvara de manual, y un verdadero descubrimiento resultó ser el tenor Tansel Akzeybek como Kudriash, dueño de un material luminoso y de una personalidad atractiva, a quien se quisiera escuchar en algún rol del belcanto (Almaviva, Ramiro...). Se contó también con los correctos aportes de Lina Escobedo (Feklusha), Claudia Lepe (Glasha) y David Gáez (Kuliguin).

 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
<br/>


Foto:PATRICIO MELO


Servicios El Mercurio
   Suscripciones:
Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.
   InfoMercurio:
Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.
   Club de Lectores:
Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.


Otros Servicios
   Defunciones
   Ediciones anteriores
   Propiedades
   Suscripciones
   Empleos
   PSU@El Mercurio
   Contratar publicidad
   Club de Lectores
   Clase Ejecutiva
   El Mercurio - Aguilar
 


Buscador emol.com Ir al demo interactivo Buscador emol.com
0  
Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales