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1920-2014 Reconocida escritora británica
P. D. James: la baronesa de Holland Park

Domingo 30 de noviembre de 2014

 

Foto:EFE
La reconocida escritora inglesa publicó su primer libro a los 42 años y tras su muerte, ocurrida este jueves, deja una veintena de novelas policíacas, elegantes y literarias, la mayoría de ellas protagonizadas por un taciturno detective que escribe poesías, Adam Dalgliesh.
 


The Times 

P. D. James fue una escritora de novelas policíacas que se convirtieron primero en éxito de culto y luego -para su propia sorpresa- en best sellers . "El lunes estaba corriendo como de costumbre y el viernes era millonaria", contaba la escritora británica nacida como Phyllis Dorothy James, el 3 de agosto de 1920, en Oxford, y fallecida este jueves en la misma ciudad. Las series de televisión que se hicieron de muchas de sus historias -sobre todo aquellas en las que figura su policía-poeta Adam Dalgliesh- aumentaron su popularidad; vendió más de 25 millones de copias.

Ella llevaba planeando sus asesinatos durante muchos años, mientras trabajaba como funcionaria en un alto cargo y criaba a sus dos hijas. "No podría haber sido una señora escritora en una casa de campo. No me habría sentido cómoda", señaló. "Crecí pensando que era importante tener un trabajo seguro con un cheque a fin de mes". Su tipo de novela negra -descrita una vez por Kingsley Amis como "Iris Murdoch con asesinatos"- era de un tono desvergonzadamente literario y en ocasiones, de un estado de ánimo intensamente sombrío, escudriñando los aspectos oscuros y perturbadores de la mente humana. En sus novelas raramente aparecían escenas de sexo o malas palabras, pero a sus asesinatos nunca les faltaban los detalles. "El asesinato no es agradable", decía. "Es algo feo y cruel. Los que quieran leer asesinatos agradables que lean a Agatha Christie".

James escribía en la madrugada y durante los fines de semana. A mano, y luego le dictaba a su secretaria, quien lo pasaba a la computadora. "Puedo escribir casi en cualquier parte mientras tenga una silla cómoda, una mesa, una cantidad ilimitada de bolígrafos y papel", decía. Debido a que planificaba escrupulosamente sus tramas antes de comenzar, no tenía necesidad de escribir los capítulos en un orden consecutivo: componía un rompecabezas de pasajes de acuerdo con su estado de ánimo.

Vivió durante años en una gran casa de estilo georgiano, en Holland Park, en la parte oeste de Londres, donde los visitantes -a quienes les pedía que la llamaran Phyllis- podían notar las barras de seguridad en sus ventanas y su costumbre de cerrar con cerrojo la puerta principal. Su otra casa estaba en la costa de Suffolk, donde se inspiraba y disfrutaba de la soledad. Decía que sus ideas muchas veces se debían a su aguda sensibilidad a los lugares y que el escenario para las historias de detectives era fundamental para crear una atmósfera de amenaza y suspenso. La torre negra , por ejemplo, surgió de una caminata por la costa de Purbeck en Dorset; Sabor a muerte se le ocurrió durante una visita a una iglesia de Oxford.

El momento adecuado para escribir

James pasó sus primeros años en Oxford, antes de que la familia se mudara a Cambridge. Era la hija mayor de un funcionario de una agencia tributaria, atrapado en un matrimonio estable, pero mal avenido. Su hermano y hermana esperaban todas las noches que ella les contara cuentos antes de dormir. Antes de la guerra, como contó en su "fragmento de autobiografía" La hora de la verdad (1999), su madre estuvo internada en un hospital psiquiátrico, al que solía ir en melancólicas visitas con su padre.

En el colegio Girls' High School de Cambridge desarrolló su amor por la historia, ganó un premio de cuentos y vio su nombre impreso en la revista del colegio. Más tarde, después de haber trabajado brevemente en una oficina de impuestos internos en Ely, se las ingenió para que la contratara el Festival Theatre de Cambridge como asistente general y allí conoció a su futuro marido, un anglo-irlandés llamado Connor Bantry White, estudiante de medicina. Se casaron en 1941 y se mudaron a Londres. Mientras él servía en el extranjero, en el Cuerpo Médico del Ejército, ella criaba a sus dos hijas: Clare y Jane. Sin embargo, cuando su esposo regresó, su salud mental estaba hecha añicos y pasó el resto de su vida entrando y saliendo de hospitales. Murió en 1964, perdiéndose la gloria de su mujer.

Para mantener a su familia, James se aseguró un trabajo en el Servicio de Salud Nacional y durante los siguientes años se fue abriendo camino en la administración hospitalaria. Empezó a trabajar en el Ministerio del Interior, primero en el departamento de policía, donde se ocupó en especial del funcionamiento del laboratorio de ciencias forenses, y luego en el departamento de política penal, dedicada principalmente a la ley relacionada con los delincuentes juveniles. Al mismo tiempo, se embarcó en una carrera literaria; desde pequeña había querido ser escritora. "Recuerdo haber pensado: los años están pasando y si no empiezo pronto, voy a ser una escritora fracasada. Nunca iba a llegar el momento adecuado para trabajar en ello".

La forma de novela policíaca le atraía porque era estructurada y porque parecía ofrecerle la mejor oportunidad de irrumpir en el mercado. Los libros de texto de patología de su marido, combinados con lo que había aprendido sobre ciencia forense y la policía, le proporcionarían detalles técnicos. Para su héroe inventó un viudo un tanto melancólico, el detective Inspector Jefe Adam Dalgliesh, quien además era poeta. Su relación con el personaje se mantuvo durante más de una docena de libros: "Él no tiene ninguna opinión que yo no comparta", dijo en una ocasión.

Rompió los límites de la novela policíaca

Su primer libro, Cubridle el rostro , fue aceptado de inmediato en la editorial Faber. El libro apareció en 1962, obteniendo una excelente recepción, y muchos de los críticos pensaron que P. D. James era un hombre. Recién con Sangre inocente , en 1980, se abrió paso en la importante liga de hacer dinero. Se retiró del Ministerio del Interior para dedicarse a tiempo completo a escribir. Poco después jugueteó en La calavera bajo la piel con otra protagonista, Cordelia Gray, una investigadora privada alejada de la sociedad que había sido la heroína de No apto para mujeres (1972). Sus siguientes dos novelas, Sabor a muerte e Intrigas y deseos, confirmaron su prestigio y popularidad. Ambas eran sólidas novelas policíacas, pero también obras de literatura inequívocamente importantes, con un fuerte sentido de lugar y una clara dimensión moral.

La carrera literaria de James había comenzado en el terreno seguro de "recabar pistas" y había establecido una reputación que se podía comparar con las de aquellas grandes damas del género: Dorothy L. Sayers, Agatha Christie y Margery Allingham. Pero en su siguiente libro, Hijos de hombres (1992), demostró ser una escritora mucho más incisiva. Aunque nuevamente trazando el lado más oscuro de la naturaleza humana, rompió los límites de la novela policíaca y se involucró en un temor contemporáneo que sonaba como ciencia ficción. Tal fue el atractivo de la novela para un público hambriento y a la vez temeroso de lo apocalíptico, que hicieron de ella un thriller distópico y reflexivo que tuvo buena acogida: "Hijos de los hombres" (2006), protagonizado por Clive Owen y Julianne Moore.

Su última novela, La muerte llega a Pemberley , combinaba dos pasiones de su vida: Jane Austen y la novela policíaca. Ahí revisitó el matrimonio de uno de sus personajes literarios favoritos, Elizabeth Bennet. "Comparto su humor e ironía", dijo en una ocasión. "Y su deseo de estar bien casada".

En 1983 recibió la Orden del Imperio Británico y en 1991 fue ascendida a la Cámara de los Lores como Baronesa James de Holland Park, donde se sentaba en los grupos mixtos. En su sitio web, James reflexionó en una ocasión sobre el precepto de E. M. Forster: "El rey murió y luego la reina murió es una historia. El rey murió y la reina murió de pena es una trama. La reina murió y nadie supo por qué hasta que descubrieron que había muerto de pena es un misterio, una forma que puede tener gran desarrollo". James escribió que ella hubiera agregado: "La reina murió y todos pensaron que era de pena hasta que descubrieron la herida punzante en su garganta. Ese es un misterio de crimen".

"Crecí pensando que era importante tener un trabajo seguro con un cheque a fin de mes", reveló la escritora.