Zoología fantástica y la otra

por Camilo Marks 

Nicolás Poblete, uno de los autores chilenos más productivos de hoy, ha publicado obras bien logradas - Frivolidades , No me ignores -, pero puede ser inevitable que tenga ciertas caídas. Sería injusto decir que Espectro familiar , su última colección de relatos, marca un retroceso con respecto a los títulos previos que ha escrito y, no obstante, también es falso afirmar que estamos ante un paso adelante en su carrera, porque se repite demasiado, es innecesariamente denso -por no decir oscuro-, hay pasajes plúmbeos; en suma, tenemos ante nosotros un libro que, pese a sus buenos momentos, resulta cuestionable.

En primer lugar, está el género que Poblete eligió, es decir, el cuento, que requiere concentración, un elevado nivel de capacidad para decir poco diciendo mucho y que, sobre todo, debe ser breve y contundente, sea cual sea la materia elegida. Las nueve piezas que componen este volumen son, casi todas, excesivamente largas, a veces sobrepasan las 30 carillas, lo que, en teoría, las aproximaría al difícil arte de la novela corta, aunque es evidente que ninguna se acerca a esa forma prosística, por lo que, al final, quedamos saciados de tanta extensión y descontentos frente a un desarrollo que por lo general es estático, monótono, sin progresión. Además, muchas historias son intercambiables, demasiado parecidas unas a las otras, por lo que en lugar de permanecer en nuestra memoria como reales argumentos, dejan más bien impresiones vagas, evanescentes, muy imprecisas, si es que somos capaces de recordarlas. En suma, se aproximan peligrosamente a trabajos de laboratorio, realizados, eso sí, con rigor y talento, aun cuando eso no basta para componer un asunto sólido, atrapante, dotado de garra.

Y no es que Poblete se achique frente a los temas que escoge: en "Primates suicidas", la protagonista es una joven recién violada que parte con su tía a reponerse del trauma; sin embargo, Paula, la víctima, fuera de llorar, nada nos transmite del terrible dolor y los encontrados sentimientos que tal experiencia le suscitó. "Quirquincho" vuelve a abordar este tópico, con un nivel de mayor virulencia, ya que se trata de un secuestro colectivo de dos niñas, perpetrado por rufianes que, por suerte, no consuman sus propósitos, si bien queda flotando en el aire el clima de salvajismo de la horrenda aventura. "Que seas feliz" y "Señuelo", abordan, respectivamente, a dos personajes harto similares y, por otra parte, bastante diferentes. El primero es un fanático religioso, de origen proletario campesino, que, por despecho hacia su mujer, prepara su propia muerte y la de los hijos de ambos, sin que queden en claro los motivos, enredados en la niebla mística del narrador, a la que, en lugar de sacarle partido, Poblete la vuelve aún más brumosa, al citar repetidamente los Evangelios, los Salmos y varios fragmentos del Nuevo y Antiguo Testamento. El segundo es León, un suicida visto por sí mismo, por los ojos de su padre y por Yolanda, su novia. Si llega a tomar esa decisión debido a psicopatías profundas, o sea, depresiones insalvables, o si lo hace por culpa de Yolanda, nunca lo sabremos y quizá en esta ambigüedad reside el mayor mérito de una trama innecesariamente enrevesada. Tal vez las mejores páginas de Espectro familiar se encuentren en "Samuel G.", un chico con graves desórdenes mentales que, desde luego, no se nos explican, si bien ahí, y en la inquietud que consiguen generar los pasos vacilantes e incomprensibles del indefinible actor, está la fuerza y la tirantez de esta narración.

En Espectro familiar los que se roban la película son los numerosos animales, algunos inusuales, otros domésticos, que repletan los incidentes del compendio, hasta convertirse en presencias amenazantes o en raras oportunidades, tranquilizadoras (de hecho, el héroe en una de las crónicas es veterinario y hay numerosas otras personas dedicadas al cuidado o el estudio de diversas alimañas). Perros de raza, quiltros, gatos, murciélagos, quirquinchos, salamandras, conejos, aves de toda clase y una gran variedad de simpáticas criaturas, incluyendo a especies diseñadas a partir de la ingeniería genética u otras ciencias de la biología avanzada, aparecen en numerosos episodios de esta antología.

Con todo, no basta con preparar un texto literario a partir de la zoología fantástica o la otra, para que este despierte un genuino interés en el lector, por lo que es posible que Espectro familiar se quede a mitad de camino entre lo que pudo haber sido y lo que genuinamente es.

Las historias de "Espectro familiar" se aproximan peligrosamente a trabajos de laboratorio, realizados, eso sí, con rigor y talento, aun cuando eso no basta para componer un asunto sólido, atrapante, dotado de garra.

 


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<b>Espectro familiar</b> <br/>Nicolás Poblete Ceibo Ediciones, Santiago, 2014, 207 páginas, $10.500. Cuentos
Espectro familiar
Nicolás Poblete Ceibo Ediciones, Santiago, 2014, 207 páginas, $10.500. Cuentos


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