Exhaustiva revisión del artista limeño Tres países reconstruyen su obra
Llega a Chile la más completa retrospectiva de Gil de Castro: el "retratista sin rostro"

Luego de su paso por el Museo de Arte de Lima (MALI), la exposición "José Gil de Castro, pintor de libertadores" abrirá el 2 de abril en el Museo Nacional de Bellas Artes como parte de un proyecto trinacional entre Chile, Perú y Argentina. Son más de 100 obras que incluyen icónicos retratos de Bernardo O'Higgins, José de San Martín y Simón Bolívar, entre otros próceres.  

Maureen Lennon Zaninovic 

Son tiempos de revolución. El inicio del siglo XIX es una época de cambios profundos e intenso intercambio en América Latina. Las guerras iniciadas con la caída de Fernando VII en 1808 supusieron el movimiento de ejércitos en un proceso que integró los territorios americanos en una causa común, sellada con la batalla de Ayacucho en 1824. Es en ese escenario donde José Gil de Castro (1785-1841), pintor limeño radicado entre Santiago y Lima, se convierte en el principal retratista de las figuras que lideraron la gesta.

A la hora de describirlo, sus biógrafos se han enfrentado a un reto para nada menor ya que existen escasos datos y huellas del "retratista sin rostro". La partida de matrimonio de sus padres consigna a Mariano Carvajal Castro como pardo libre y a María Leocadia Morales como negra y esclava. Aunque su madre obtendría su libertad poco antes del nacimiento de Gil, su hermano mayor pasó su infancia y adolescencia como esclavo. Así, aunque nacido libre y en el aura de la legitimidad que le otorgaba el matrimonio de sus padres, la esclavitud fue un estigma familiar del que Gil de Castro no escapó del todo.

Siendo niño ingresó a algún taller de arte limeño y, como confirman algunos documentos históricos, frecuentó a Pedro Díaz, destacado pintor y retratista cercano a la corte virreinal. Sus biógrafos y expertos en su obra -como el investigador Luis Eduardo Wuffarden- consignan que hacia 1807 recibe algunos encargos importantes en Lima y posiblemente, en busca de mayores oportunidades, parece haber pasado al norte, de donde provenían sus padres, pues más adelante se declara "Capitán de Milicias disciplinadas de la Ciudad de Trujillo, y agregado al Cuerpo de Yngenieros".

Luego, y en una resolución arriesgada para la época, decide pasar a un territorio en guerra como era Chile en 1813, y en nuestro país, ante la ausencia de retratistas de reconocimiento, se alza como el pintor más cotizado .

Entre 1814 y 1817, período de la reconquista, Gil de Castro empieza a ser cotizado como el artista predilecto de las familias identificadas con la monarquía española. En Santiago instala un taller a los pies del cerro Santa Lucía (de allí el nombre de la plaza Mulato Gil del sector). Rápidamente captura una selecta clientela y afianza su fama de retratista y autor de obras religiosas. Sus retratos de Fernando VII, de la aristocracia chilena y de algunos de los más conspicuos funcionarios realistas, forman parte de ese período. Luego seguirá su gran serie de lienzos dedicados a San Martín, a su círculo de oficiales y a las figuras prominentes del nuevo Estado independiente de Chile. En esa senda de reconocimiento, pasó a ser el retratista oficial de Bernardo O'Higgins. Y es que el limeño le tuvo mucho aprecio a estas tierras. Aquí, en 1816, fue designado maestro mayor del gremio de pintores y un año más tarde se casó con María Concepción Martínez.

Ambiciosa muestra trinacional

"Los años en Chile fueron los más intensos de toda la producción del artista", advierte a "Artes y Letras" Natalia Majluf, directora del Museo de Arte de Lima (MALI) a pocas semanas de que se inaugure en nuestro país la muestra "José Gil de Castro, pintor de libertadores". La exhibición es parte de un ambicioso proyecto trinacional entre Perú, Chile y Argentina.

El desembarco de esta colección, desde el 2 de abril en el Museo Nacional de Bellas Artes, constituye un paso importante de un itinerario internacional que se inició en 2008, cuando se cumplieron 167 años de la muerte del pintor. Se trata de una valiosa iniciativa financiada por la Fundación Getty de Los Angeles (Estados Unidos) que convocó a destacados historiadores del arte, conservadores y científicos latinoamericanos, quienes se abocaron a estudiar la obra y el contexto del autor limeño, entre fines del siglo XVIII e inicios del XIX. El primer fruto de esta colaboración entre el MALI y nuestra Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), vio la luz en 2013 con el documento "Más allá de la imagen. Los estudios técnicos del proyecto José Gil de Castro" y que incluyó un revelador análisis de radiografías y pigmentos de sus lienzos. La segunda etapa -la más completa retrospectiva en torno al artista y que hasta febrero se mostró en Lima- sigue su recorrido por Chile y Argentina, y también suma, como invaluable complemento, un completo catálogo razonado (más de 500 páginas).

La curadora de la exhibición, Natalia Majluf, valora que en nuestro país, a diferencia de Lima, se verá un mayor número de obras. Cerca de cien piezas (entre pinturas, trajes y objetos). "Lo más sorprendente es ver la gran cantidad de jefes de Estado que retrató. De Perú, por ejemplo, pintó a nueve presidentes, aunque en la época del caudillismo todos ellos ejercieron el poder durante muy poco tiempo. Hay varias dimensiones que me parecen inéditas. Por primera vez se verán en Chile los retratos de Bolívar y de otros altos mandos del continente. Estarán presentes los más importantes próceres de América del Sur y valiosos cuadros que no fueron pintados por él, como el retrato a Ambrosio O'Higgins que se encuentra en el Museo Nacional del Perú y que por primera vez saldrá de nuestras fronteras. Buscamos ampliar la mirada y entregarle al visitante una mucho más amplia, contextualizar a Gil de Castro", dice Majluf, y añade que "en Chile su creación es valorada por sus cuadros chilenos, en Perú por los peruanos y en Argentina se puede aplicar lo mismo, pero -hasta esta exhibición- no teníamos una idea acabada de la dimensión continental de su obra y de la enorme importancia que tuvo para la historia del arte y de la independencia latinoamericana".

Roberto Farriol, director del Museo Nacional de Bellas Artes, añade que la mayor cantidad de obras chilenas que se exhibirán pertenecen al Museo Histórico Nacional. "Pero también se podrá apreciar una importante selección de pinturas que permanece en manos de particulares y que, por primera vez, se apreciarán en nuestro país. Es un valioso patrimonio privado que da cuenta de la historia de las familias y de las primeras figuras de la nación", dice, y complementa que la muestra se dispondrá en las alas norte y sur del primer piso de la pinacoteca. Cada uno de los espacios estará dividido en torno a áreas, países y referentes históricos que marcaron al artista.

Auge y caída del artista

Hacia julio de 1822, siguiendo el camino abierto por la Expedición Libertadora, José Gil de Castro regresa a su ciudad natal. Sus estrechos vínculos con San Martín, entonces Protector del Perú, le permitieron acceder rápidamente a los círculos patriotas de la capital. "Pinta entonces lo que podría considerarse el primer retrato de Estado del Perú republicano, el de José Bernardo de Tagle como Supremo Delegado del Perú, cargo que ocupaba por ausencia temporal de San Martín, quien entonces se entrevistaba con Bolívar en Guayaquil", precisa Natalia Majluf.

La curadora añade que la estancia en Lima se verá interrumpida por la toma realista de la ciudad, que lo obliga a pasar temporalmente a Santiago hasta que la victoria patriota en Ayacucho sellara el fin de la guerra. "El retorno a Lima a inicios de 1825 ubicaría a Gil de Castro en una situación compleja frente a un escenario político enteramente distinto. Para quien alcanzó fama como retratista bajo la protección del círculo de San Martín, el ascenso de Bolívar implicaba un tablero de juego completamente nuevo".

Pero el pintor pronto logró establecerse como el retratista de elección del Libertador, llegando a crear las imágenes emblemáticas del héroe venezolano. Sin embargo, como precisa la curadora, "su fama no parece haberse extendido a partir de este punto tanto como las imágenes que creó. A lo largo de la década de 1830 disminuyó su producción. Todo indica que en los últimos años de su vida habría empezado a quedar relegado frente al surgimiento de una nueva sensibilidad estética, surgida con la llegada de artistas y obras europeas".

En palabras simples, el modelo cosmopolita se instaló en las esferas más altas de la sociedad criolla y la pintura dejó de ser una profesión plebeya. Esto permitiría explicar el olvido en el que cayó su nombre por largo tiempo.

"En Chile tiene hasta el nombre de una plaza. En Perú, en cambio, es una figura bastante olvidada. Su nombre no es conocido, a pesar de que sus obras aún circulan bastante en nuestros textos escolares. Bolívar es una de las imágenes icónicas que tenemos guardadas desde nuestra infancia. Nos acordamos de las obras, mas no del autor. Y ese es uno de los signos de la trayectoria de Gil de Castro: un artista que, a pesar de los enormes logros que tuvo en vida, pasó muy pronto al olvido. Fue rescatado hacia la segunda mitad del siglo XIX desde una perspectiva más bien historicista, tal como lo señala en uno de sus estudios Laura Malosetti. Por eso esperamos que el gran aporte de esta muestra será valorar a Gil de Castro como un artista fundacional", concluye Natalia Majluf.

Programarse:
"José Gil de Castro, pintor de libertadores"
Museo Nacional de Bellas Artes
Desde el 2 de abril hasta el 21 de junio
Martes a domingo, de 10:00 a 18:50 horas
Entrada liberada

 Una contundente oferta de actividades de extensión

La muestra "José Gil de Castro, pintor de libertadores" también contempla una serie de actividades de extensión y académicas. A modo de complemento, el Museo Histórico Nacional programó la exhibición temporal "Gil de Castro estuvo aquí: Una sociedad en tiempos de cambio (1785-1837)", que se podrá visitar entre el 5 de mayo y el 28 de julio. Con un énfasis didáctico, incluye una serie de imágenes y objetos entre fines del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, como una manera de contextualizar al visitante con la época chilena del artista. También se han programado conversaciones-comentarios en torno a sus obras, guiadas por destacados especialistas.



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Simón Bolívar. 1826. Óleo sobre tela. Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú.
Simón Bolívar. 1826. Óleo sobre tela. Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú.

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