Crítica de Arte Casas de Lo Matta y Galería La Sala:
Las doñas de Monvoisin

Waldemar Sommer 

Fluctúa la obra del pintor francés Raymon Monvoisin entre el neoclasicismo de su formación y afición -los retratos- y el romanticismo triunfante que empapa sus escenas históricas. Podemos observar ambas vías del siglo XIX inicial dentro del conjunto formado por retratos y dos narraciones de hechos de la pequeña historia, ofrecido en el Centro Cultural Casas de Lo Matta. Además, los trabajos del primer tipo tienen mujeres como protagonistas. Muchos de ellos pertenecen a colecciones privadas y constituyen una novedad pública. Algunos, sin embargo, dan muestras de haber sufrido restauraciones excesivas y demasiado notorias. Pero, en general, cabe decir que el bordelés supo captar el parecido y la individualidad fisonómica de sus modelos individuales, siempre frontales y bastante estáticas. Estas van desde las jóvenes doñas aparentemente recién casadas hasta las matronas, con una que alcanza la plena vejez: Bárbara Molina de Herrera. Si la juventud luce a menudo un aire ingenuo y soñador, una pizca romántico -Mercedes Álvarez, Emilia Herrera Toro, por ejemplo-, las de edad mayor ostentan, como cabe esperar, la serenidad de la madurez: entre otras, Dolores Pérez, Mercedes Avaria. De todas maneras, el mejor retrato de la exposición pertenece a la malavenida esposa del artista, la italiana Doménica Festa, que no lo acompañó a Chile. Dentro de su pequeño formato de medio cuerpo, irradia frescura y encanto meridionales.

Pero más allá de la condición de encargos de estos retratos, por momentos el pintor parece detenerse a bucear en una representación con mayor hondura de la protagonista de turno. Es el caso de Dolores Larraín de Echaurren. Ella, pese a su deformación adiposa, nos mira con imperio a través de sus todavía lindos ojos negros; además nos atrae mediante la coquetería legítima de su peinado a la última moda de entonces. Unas pocas de las pinturas concurrentes agregan al personaje un entorno de pesados cortinajes abiertos al cielo -herencia barroca mantenida- y floreros exuberantes, probablemente más costosa para el demandante: Luisa Recabarren de Foster. Ello, aunque la técnica -texturas incluidas-, el propio mobiliario y su distribución siguen los dictados de Ingres. A la inversa, un par de telas llegan a caer en el mal gusto, por lo menos para el sentido de belleza femenina actual. De ese modo, las robustas Juana de Arco y la famosa cantante Pantanelli, caracterizada para la mayor ópera de Bellini, junto a una insípida y amanerada Santa Cecilia, tocan lo grotesco.

Donde sí el espíritu romántico adquiere primacía es en las dos narraciones históricas expuestas. Dentro de la línea de su multitudinario 9 Thermidor, el marcado claroscuro, la actitud y gestos de sus personajes extreman el dramatismo de la representación. Aquí lo pintoresco y la exageración expresiva no permiten a esta clase de óleos alcanzar el atractivo y los méritos plásticos de los retratos.

Margarita Dittborn

Margarita Dittborn, en su actual exposición de Galería La Sala, ha pasado desde sus inventivos fotomontajes digitales hasta pinturas, collages pictóricos y volumétricos montajes -estos de igual fantasía que sus exuberantes fotos. Distribuido todo en formatos pequeños y a través de cuatro series, comencemos por la primera de aquellas disciplinas. Se trata de telas realistas, miniaturas por momentos. Cuentan con un mayoritario protagonista único: mano, calavera, corazón, por ejemplo. El cuadrado de sus dimensiones y el fondo negro les comunican alguna novedad. Mucho más genuinos y atrayentes resultan los collages escultóricos montados en cajas blancas. Cerámica sola o integrada con piedras chicas sureñas permite volar alto a la creatividad y al indudable sentido formal de la artista. Con ella consigue obras hermosas y de una inventiva más depurada.

Por su parte, lirismo y cromatismo bien desarrollado ofrece el grupo "Geografía del hambre" y, de título tan largo, "Las más grandes hazañas de todos los tiempos, hechas por amor". En tres de las cuatro ejecuciones realizadas con piedras asoma cierto aire ancestral y una especial gracia compositiva: Contención, Sincronía, Proyección. La serie de collages ovalados con dibujos a tinta china y acuarela sobre lienzo proporciona las imágenes más interesantes, mediante las figuras del pescado con flores y del par de calaveras en estrecho beso mordisco. No obstante, de un modo general, reina en los mejores trabajos de la exhibición un realismo irónico y con cierto toque popular, al que se suma un mérito flamante de Dittborn, el encanto particular de la agrupación bien desarrollada de objetos en miniatura.

Las mujeres de Monvoisin
En manos del exitoso pintor en Chile, retratos femeninos de juventud, madurez y vejez.
Lugar: Centro Cultural Casas de Lo Matta
Fecha: hasta el 3 de mayo

La intención de irse y de quedar en el mismo lugar
Sobre todo, flamantes y atractivos collages volumétricos de Margarita Dittborn.
Lugar: Galería La Sala
Fecha: hasta el 2 de abril

 


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Monvoisin. Doña Emilia Herrera Toro. A juicio del crítico, el artista supo captar el parecido y la individualidad fisonómica de sus modelos individuales.
Monvoisin. Doña Emilia Herrera Toro. A juicio del crítico, "el artista supo captar el parecido y la individualidad fisonómica de sus modelos individuales".


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