Llega a Argentina Una autora que marca pauta:
Mona Hatoum, la influyente artista palestina que crea espacios inquietantes

La experiencia de enfrentarse a una de las obras de Mona Hatoum, en apariencia simples, puede llegar a desestabilizar al espectador. Protagonista de las más importantes bienales y museos, es considerada una de las creadoras visuales más originales e influyentes de la actualidad. Por primera vez en Sudamérica, inaugura el 28 de marzo una gran exposición en Fundación Proa de Buenos Aires.  

CECILIA VALDÉS URRUTIA 

Para Mona Hatoum, la casa puede transformarse en un lugar peligroso: los utensilios de cocina pueden soltar descargas eléctricas y ruidos aterradores y los pasteles transfigurarse en granadas de mano. Ello, como parte de la propuesta de sus instalaciones y cuyos mensajes involucran al espectador, mental y físicamente. Es la idea también de esta artista de origen palestino, nacida en Beirut y nacionalizada británica: remecer al público. No sin motivo es considerada una de las creadoras más originales e influyentes del último tiempo.

Mona -que en árabe significa deseo- ha desarrollado su carrera en Europa, especialmente en Londres, y suele exponer en el Medio Oriente, incluido Israel. Protagonista de la mítica muestra Sensation de Saatchi, en Londres (1997), fue también una de las finalistas más reconocidas del Turner Price gracias a su celebrada muestra en la Tate Modern. Exhibe en el Centro Pompidou, en museos de Berlín y Nueva York. Protagonizó la Documenta 11 con su obra "Homebound"; en 2010, la Academia de Arte de Berlín le otorgó el Gran Premio "por su contundente y variada obra que aborda la violencia, el poder y la vulnerabilidad". Y en 2011 recibió el Premio Joan Miro, entre otros galardones.

El destacado intelectual palestino Edward Said (1935-2003) escribió sobre ella: "Nadie ha expresado la experiencia palestina en términos visuales de una forma tan austera, y aun así tan alegre, convincente y evocadora. Sus obras se graban en la conciencia del espectador, por el ingenio con que fueron creadas a partir de materiales mínimos, como pelo, acero, jabón, caucho cable, cuerdas, que tan virtuosamente utiliza...".

Las creaciones de Hatoum suelen ser de apariencia sencilla "pero son directas y muy contundentes y dejan al espectador pensando", ha destacado el diario El País. Y los temas que estéticamente empezó a abordar en los años 80 -la guerra, la violencia, el abuso del poder- son los asuntos de más actualidad hoy, resalta la curadora Chiara Bertola.

La próxima semana inaugura su primera exposición en Buenos Aires, en la Fundación Proa, la que tiene revolucionado el ambiente creativo argentino y celosos a los conocedores chilenos, que aun no ven aquí este tipo de muestras clave de arte contemporáneo. Hatoum desplegará allí videos, instalaciones y esculturas, además de site specific realizados para el espacio ubicado en el barrio La Boca. Esto, luego de exhibir con rotundo éxito en Sao Paulo, donde hizo también obras in situ , en su primera y esperada visita a Sudamérica.

Historia y vulnerabilidades

Uno de sus videos más emblemáticos es "Measures of distance" (1988), centrado en conversaciones y cartas entre ella y su madre, que está en Beirut. El filme incluye imágenes de su progenitora desnuda bajo la ducha, pero que al anteponerle cartas en lengua árabe actúa como velo. Ese video constituye una vía de acceso importante a la propuesta de Hatoum: una vía que incluye el tema de la guerra, exilios, pérdida de familia y del hogar, precisa la especialista Patricia Falguieres. "Es probablemente mi instalación más personal y autobiográfica", admite la artista, junto con recordar que "mi familia vivió con el trauma del desarraigo y la pérdida del hogar".

Mona Hatoum nació en el Líbano y no en Palestina, en 1952, porque sus padres palestinos, originarios de Haifa, se vieron obligados a huir de allí. "Cuando los combates se iban acercando, en 1948, se escaparon a Beirut, donde solían veranear. Nunca pudieron volver a su país. Joseph, mi padre, era oriundo de Nazaret y mi madre, Claire, de Are. Mi padre, cuando Palestina estaba bajo dominio británico, fue escalando hasta llegar al cargo más alto que un árabe podía alcanzar: director de aduana. Y en Beirut trabajó en la Embajada británica", relata Hatoum.

La artista también fue impedida de volver al país donde nació. Mientras estudiaba en la Universidad de Beirut, en 1975, durante una breve visita a Londres, estalló la guerra civil libanesa. No pudo regresar. Esa guerra es también clave para entender su trabajo que trasciende miradas personales.

No obstante, sus inicios en el arte fueron más narrativos y duros. Su estada en la Slade School, "una enorme institución burocrática", la impulsó a crear performances y videos con un denso contenido político y de crítica al poder, en los años 70

Una de sus primeras performances fue para que la gente tomara conciencia del mecanismo de vigilancia orwelliana que había: la mirada intrusiva del Estado, según Hatoum. "Invadí el espacio público y demostré una forma invasiva de vigilancia: filmaba los rostros y cuerpos del público, que luego proyectaba en un escenario. Creaba una situación surrealista combinándola con proyecciones de rayos x y partes desnudas de otros cuerpos con el objetivo de fingir que mi cámara era capaz de penetrar más allá de las vestimentas".

Hatoum reconoce que vive cada minuto de las experiencias estéticas, lo que se traduce en estos últimos años en instalaciones que equilibran, "en forma elegante", la poesía con la denuncia e incorpora más la familia, la sensualidad y también el humor. Ello con algunas citas al minimalismo (Sol Lewitt), al surrealismo (de preferencia Magritte), al objeto encontrado (Duchamp) y al arte cinético (Jesús Soto). También es admiradora de las performances al aire libre que hace Francis Alÿs.

Percepción y sensación

Confiesa que es ajena a los fanatismos religiosos y a todas las religiones. "El haber crecido en el Líbano me convenció de que la religión genera divisiones y es responsable de demasiados conflictos y guerras". En tanto, ve a Occidente "muy carente de alma".

Sus instalaciones de estos años suelen mostrar primero objetos cotidianos que no son lo que aparentan. Rápidamente, el espectador puede percibir sutiles movimientos o ruidos que emiten, por ejemplo, las corrientes eléctricas adjuntas a las piezas que conforman la obra y comienza así una interpelación al cuerpo del espectador.

Su emblemática obra "Homebound" -con utensilios de cocina electrificados a bajo voltaje- podía aludir a la violencia doméstica o "ser un trabajo sobre la patria negada".

Es autora también de una "Pieza chueca", que para ingresar a ella hay que agacharse y doblarse, pasando a llevar parte de la ropa y del pelo. Y para prender la luz se debe descubrir el interruptor, situado en las alturas, sobre el visitante.

Una de sus esculturas más irreverentes es un monumental rosario árabe, en el que las cuentas son del tamaño de balas de cañón. Otras creaciones suyas metaforizan grillas, cables, rejas y jaulas, que aluden a formas de encarcelamiento. Para "Red" (2008), que llegó a Proa, entretejió una suerte de alfombra desde donde surgen cables eléctricos que se despliegan por el piso como un mar ondulante. Trabaja también con pelo humano, como en su obra "Traffic" (2002), donde mechones de cabello unen a dos maletas, en el espacio.

Sus obras con mapas valen una mirada atenta y reflexiva. Sorprenden. Hizo un mapa enorme, en apariencia estático, pero que instala en el suelo con un movimiento imperceptible. Los continentes están representados por bolitas de vidrio y se distinguen por sus fronteras geográficas naturales. Las fronteras políticas, en tanto, se borran por las pisadas de los visitantes.

Su veta irónica y de juego perceptivo -a la que da mucha importancia- se despliega en un mapa con jabones, para referirse a los nuevos límites en el Medio Oriente. "Los mapas constituyen abstracciones del espacio y es fascinante como cada uno de nosotros es capaz de proyectarse dentro de un mapa", reconoce. Y para uno de sus mapas más íntimo, quiso visualizar los sueños de una mujer palestina: bordó el mapa histórico de Palestina en una funda de almohada que ubicó en su enorme instalación "Paisaje interior".

 


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Mona Hatoum. En medio de su cubo de alambres púa, durante su muestra en la Academia de Berlín, en 2010, cuando le dieron el Gran Premio de Arte de la Academia.
Mona Hatoum. En medio de su cubo de alambres púa, durante su muestra en la Academia de Berlín, en 2010, cuando le dieron el Gran Premio de Arte de la Academia.

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