Hoy cumplen catorce días detenidos:
Así han sido las dos semanas de Délano y Lavín en la Capitán Yáber

Quienes conocen las rutinas del recinto revelan que la llegada de los dueños de Penta ha traído cambios y restricciones que tienen molestos a los reclusos que entraron con anterioridad: se adelantó la hora de "encierro" y aumentaron los controles de Gendarmería. También se terminaron las "pichangas", y los duelos de pool y ping pong . Pese a ello, quienes visitan a sus "vecinos" de la Cárcel de Alta Seguridad acusan la existencia de "privilegios".  

Margaret Valenzuela V. 

Tras cruzar esa tarde del 7 de marzo los extensos pasillos internos que conectan el Centro de Justicia y el Anexo Cárcel Capitán Yáber, Carlos Alberto Délano, Carlos Eugenio Lavín y el ex subsecretario de Minería Pablo Wagner se encontraron con quien hizo de anfitrión: Jorge Tocornal, ex ejecutivo bancario que cumple desde 2007 una condena por violación reiterada en contra de su hijo mayor.

Este los recibió en el recinto y les habló en primera persona del régimen penitenciario que deberían cumplir a diario. Hizo un repaso de los horarios y espacios comunes, y les señaló los dormitorios y las dos salas en que pasarían la mayor parte del tiempo.

Y es que la permanencia en el recinto exige el cumplimiento de reglas. A las 8 en punto, por ejemplo, los reclusos deben estar parados en las puertas de sus piezas y decir 'presente' cuando un gendarme pasa lista. A esa hora los cuentan.

Délano y Lavín, imputados por delitos tributarios, aparecen por una puerta; de la siguiente salen Wagner junto con Tocornal y Luis Miguel Casado, condenado por estafa. Más allá están el contador Sergio Díaz Córdova, quien lleva más de un año detenido tras ser imputado en el marco de la investigación por el caso FUT; Felipe Galleguillos Cortés, acusado de estafa a más de diez personas por un monto que supera los 2.500 millones de pesos; Iván Álvarez, ex fiscalizador de Impuestos Internos; el cirujano Luis Reyes Fuentes, acusado de dar muerte a su esposa tras propinarle 19 estocadas con un cortaplumas, y otros dos reclusos.

De uno a cinco aumentaron los gendarmes

La población creció a casi el doble con la llegada de los nuevos internos; poco antes de que esta se concretara también hubo cambios significativos en las condiciones de reclusión. Según quienes han estado en el recinto antes y después de ese hito, el número de gendarmes que custodian el lugar aumentó de uno a cinco, y los tres controles previos a ingresar al anexo se tornaron mucho más exigentes, al punto de que a un abogado que acostumbra ir al penal por cuestiones profesionales le solicitaron hace unos días su lápiz y se lo desarmaron, algo "inusual" y "exagerado", según él.

Poco antes de las 9 horas, la mayoría de los reclusos se dirige a la sala de reuniones, que cuenta con unas siete mesas plásticas, y donde se dan cita -de lunes a viernes- con sus respectivos abogados. En ese minuto algunos revisan la prensa escrita. Los mejores lectores son los involucrados en el caso Penta; Délano se emocionó especialmente cuando vio las declaraciones del ex Presidente Piñera afirmando que "Carlos Alberto fue, es y será mi amigo".

Al mediodía se interrumpen las visitas de los abogados, quienes pueden regresar de 14 a 16 horas. En ese lapso los internos tienen un primer permiso para salir al patio por una hora. Allí caminan y conversan entre ellos. La segunda oportunidad es más tarde, de 16 a 17 horas.

Aunque dicho patio es del porte de una cancha de baby fútbol, se prohibió tajantemente practicar ese deporte, otra de las restricciones que llegaron con los nuevos detenidos y que ha ido incubando cierta incomodidad en el resto de los reclusos. Estos estaban acostumbrados a jugar una "pichanga" durante "las tardes deportivas" de los miércoles. La restricción llegó de la mano con el retiro de la mesa de pool que ayudaba a combatir el aburrimiento. Tampoco pueden ocupar la de ping pong que aún permanece plegada en la sala de estar.

Los ejercicios de Wagner y las caminatas de Délano

Allí, en cambio, cuentan con un televisor de 21 pulgadas con canales de televisión abierta, un juego de sillones, y en un rincón están instaladas máquinas para realizar ejercicios en las que se turnan varios de ellos. En el caso de Délano, prefiere caminar, mientras que Wagner no puede dejar de realizar ejercicios, dados sus problemas de hipertensión. De hecho, al ex subsecretario de Sebastián Piñera le toman rigurosamente la presión dos veces al día y Gendarmería le proporciona los medicamentos que debe tomar con regularidad. Lo mismo ocurre en el caso de otros reclusos, como Délano y Lavín. Una buena parte de ellos son tratados con pastillas para la depresión.

En cuanto a la alimentación, los ex ejecutivos de Penta son "regaloneados" por sus familias los días de visita. Sin embargo, todos los alimentos deben ser vistos por los gendarmes, por lo que las ensaladas, atún y palmitos, entre otras cosas que les han llegado, deben ingresar en envases plásticos. Para la conservación de estos productos cuentan con un frigobar, un calentador de agua y un tostador de pan. Todo dispuesto en la sala de estar.

Quienes han visitado a los controladores de Penta relatan que, pese a estas licencias, una de las cosas que más le ha dolido a Délano, reconocido fanático del fútbol, ha sido no poder ver los partidos del campeonato nacional.

Ya caída la tarde, en la Capitán Yáber varios optan por jugar cartas. Délano y Lavín disfrutan jugando ajedrez y damas, y leyendo libros. Cuando están en eso, ven los noticieros nocturnos. A las 22 horas deben retirarse a sus dormitorios en medio del reclamo de los reclusos más antiguos, quienes hasta hace dos semanas podían circular hasta las 2 de la madrugada. Definitivamente, a los más veteranos del recinto les ha costado adaptarse al endurecimiento de las reglas con que Gendarmería intenta dar una señal de que los ex ejecutivos no reciben un trato privilegiado respecto de los demás presidiarios del país.

Así, a regañadientes, se retiran de la sala de estar, cuando a esa hora aún se siente el calor sofocante en el recinto sin ventanas y con tres ventiladores. El viernes, cuando los termómetros marcaron en Santiago 36,2 grados, en Capitán Yáber la situación se tornó a ratos crítica. "Obvio que está mal. ¿Cómo podría estar?", comentaba a sus familiares el día anterior, incluso con dos grados menos de temperatura, Max Lavín, primo de Carlos Eugenio, a la salida de la cárcel el día de visitas.

"El calor se hacía insoportable", cuenta uno de los abogados, quienes a diferencia de los familiares de los internos no tiene la restricción de vestuario impuesta por Gendarmería: nadie puede entrar con prendas de color verde o gris, pues pueden confundirse con el personal de seguridad.

También llama la atención, de quienes ingresan al anexo, la virgen ubicada sobre una mesa, afuera de la sala de estar. Llena de "santitos" y rosarios, la Virgen de Lourdes es saludada varias veces al día por los reclusos. Uno de los devotos es Wagner, quien además dedica una hora diaria a la meditación.

El ex subsecretario, Délano y Lavín están sometidos a las mismas obligaciones que los demás en materia de aseo: hacer sus camas, ordenar sus piezas y rotarse en la limpieza del baño. Esto, si bien también acá suele darse la práctica -común en muchas cárceles- de que algunos detenidos deleguen en otros tales tareas, a cambio de alguna retribución.

El regalo de una contadora

Entre los familiares de otros reos que llegan a la Cárcel de Alta Seguridad, a cuyo costado se ubica la Capitán Yáber, ha habido algunas expresiones de molestia. El jueves, en momentos en que esperaban en la fila, un grupo de mujeres comentaban el supuesto "trato especial" que recibirían los Penta. "A los que los visitan los revisan aparte; en cambio, a nosotras nos revisan a todas en el mismo lugar", reclamaba una.

No todo eran cuestionamientos. En la otra vereda, una mujer de 60 años, que decía ser contadora y no conocer a los formalizados, hablaba de la "injusticia" que estos estarían sufriendo. Insistente, finalmente logró dejarles seis libros de derecho tributario, junto con un mensaje escrito: "Para que aprendan a defenderse".

 


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