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Sergio Brotfeld

Jueves 26 de marzo de 2015



Edgardo Marín 

Le gustaban los deportes. Todos. Y de todos tenía un conocimiento suficiente para opinar con solvencia. De algunos, el conocimiento era mucho más que suficiente. De básquetbol, por ejemplo. De boxeo. De fútbol. En ellos era conocedor profundo. Del baloncesto porque lo jugó y lo estudió. De fútbol porque lo jugó y porque sabía de básquetbol (etapa táctica superior del fútbol). Y de boxeo porque le gustaba y lo estudió.

Todo lo estudió Sergio Brotfeld y todo lo aprendió, avalado por su inteligencia y sostenido en el tiempo por una memoria privilegiada. Hasta hace pocos meses hacía gala de ella en la redacción de Al Aire Libre y, junto con los recuerdos distantes y precisos, opinaba de una actualidad que tampoco se le escapaba en sus detalles. Un caso notable de vigencia en un hombre que había pasado hace rato los 80. Decía sus años con agrado, casi con orgullo. Y no era para menos, pues aun doblando en edad a algunos cansados, él seguía laborando, seguía manteniéndose al día y continuaba caminando desde su departamento en Providencia hasta la radio. Solo abandonó la caminata cuando la radio Cooperativa se trasladó y sentó sus reales en el barrio Yungay. Muy lejos para caminar, hasta para Sergio Brotfeld.

Mantuvo joven su mente y su cuerpo hasta muy cerca del final. Es cierto que tuvo avisos duros de lo que venía, pero los soportó admirablemente. De interior joven, sin embargo para sus colegas de hace más de medio siglo -bastante más- fue siempre "La Vieja Brotfeld". Como alcancé a conocer a los de su época sabía del apodo y ahora, de vez en cuando, se lo decía. "Hola, Vieja". Me pareció verle una sonrisa evocadora cada vez que lo escuchó.

Sergio era el hombre quieto. Sereno, de apariencia imperturbable, podía albergar fuertes sentimientos, como son, en realidad, los sentimientos de los hombres serenos. Enamorado de su mujer y viudo demasiado temprano, siguió para siempre enamorado de su recuerdo y extendió la profundidad de su cariño a sus hijas y a sus nietos. Y aunque requerido por una familia que se hacía cada vez más numerosa, eligió vivir solo para siempre. Independiente. Y sereno, sin alardes, sin ruido.

Hincha de Santiago Morning fue Sergio Brotfeld. He conocido pocos. Felipe Pavez, compañero en la escuela de Periodismo y demasiado joven para ser hincha del "Chaguito", lo era porque su padre, don Raúl, fue presidente del club. Celso Ferrada, también periodista, era hijo de "bohemio". Pero no alcancé a saber el origen del sentimiento futbolero de Sergio. Algún cercano, en estos días, seguramente me lo hará saber. Jugó fútbol, pero abandonó por el básquetbol, donde lo hizo muy bien: fue campeón de Chile con Santiago y estuvo cerca de ser seleccionado nacional, lo que no alcanzó por circunstancias.

No fui cercano porque no trabajamos juntos, salvo los últimos tres años y coincidimos con frecuencia escasa. Pero, como conocí a sus coetáneos y lo escuché y lo vi en los medios, supe bastante de él. Entonces supe de un hombre sin tacha. En un medio complejo -como todos los medios...-, nunca se escuchó un comentario negativo sobre él. No había en el diccionario periodístico ningún adjetivo descalificativo. Lo conocí en su espléndida vejez y de su juventud supe por Renato González, por Antonino Vera, por Carlos Guerrero, por Julio Martínez. Solo palabras de aprecio escuché de ellos.

Escribió a veces para la revista Estadio. En la televisión popularizó "Goles y marcas" en el viejo Canal 9. En radio lo hizo todo y en ella tiene su identidad periodística principal. También fue dirigente de organismos deportivos al más alto nivel.

Todo lo hizo a cabalidad. Lo vivió intensamente. Tal vez por eso se acordaba tan bien de todo.