Diego Rojas, una de las figuras de Universidad Católica en la victoria por 3-0 sobre Colo Colo:
"No me preocupo por mi estatura... Me llevaron a hacer unos tratamientos, pero era tarde"

El zurdo relata su lucha por consolidarse en el fútbol. Cuenta que a los 14 años no estaba dispuesto a dejar su entorno familiar. Rodrigo Astudillo lo llamaba con insistencia, pero no había respuesta. Hasta que un día dio el sí, y se fue en bus a Santiago. Esta es la historia del menudo volante que ayudó a los cruzados a lograr un triunfo inolvidable.  

RAÚL NEIRA B. 

Nacido en la población Bonilla de Antofagasta, Diego Rojas comenzó a jugar fútbol cuando apenas tenía seis años.

"Mi primer equipo se llamó Arturo Prat y estuve ahí hasta los 13. Había partidos todos los sábados y yo era feliz: recuerdo las canchas de tierra y quedar todo embarrado. No ganábamos mucho, pero daba lo mismo. Jugaba, me picaba y lloraba porque perdía", cuenta.

No siempre fue el clásico volante ofensivo con el '10' en la espalda. También fue delantero. Incluso lateral izquierdo. "Era rápido y hacía hartos goles. El problema es que era '9' y como soy bajo no puedo ser '9'... Entonces me fueron tirando para atrás. Llegué al CDA (N. de la R.: Club de Deportes Antofagasta) y el 'profe' Carlos Cárcamo me dijo 'tú no marcas, te voy a poner de lateral para que aprendas a marcar'. No me quedó otra que jugar todo el año de lateral. Era fome, pero como era más chico, porque tenía 14 años y jugaba en la Sub 15, igual estaba feliz".

-¿Qué tal lo hizo de lateral?

"Bien, aunque igual me preocupaba más de irme al ataque... Trataba de marcar, era obvio, pero me gustaba jugar adelante".

El destino, o las cosas del fútbol, hizo que Alfonso Garcés -el eterno veedor de los cruzados- lo viera justo cuando cumplía funciones ofensivas. "Jugaba por mi colegio Santa Emilia y perdimos la final de un campeonato. El equipo que ganó me pidió de refuerzo para un torneo en Temuco y ahí jugué de delantero y mediocampista. Ahí estaba don Alfonso y me trajo a la UC".

Nueva vida

A Rojas siempre le gustó el deporte. Cualquiera. Jugaba, por ejemplo, tenis de mesa y básquetbol. "Sí, básquetbol, jajaja... Era chico, pero me daba lo mismo", confiesa.

Y en Antofagasta estaba feliz y tranquilo, tanto que la primera oferta de Universidad Católica no le movió ningún pelo. "Cuando la UC me quiso no me quería ir. Dije 'no, qué voy a hacer allá'. En el norte estaban mi polola y mis amigos. Tenía 14 años y no quería dejarlos por el fútbol. El 'profe' Rodrigo Astudillo me llamaba casi todos los días. Llamaba, llamaba y llamaba, me decía que me viniera. Y no quería. Un día estaba sentado, en la casa, y le dije a mi papá 'ya, llama al profe. Me voy'. Dejé todo y me vine. Me fui a despedir de los compañeros del colegio, hubo llanto, y al otro día viajé a Santiago. Me fui en bus", relata.

-¿Qué encontró en San Carlos?

"Me gustó altiro. En el CDA no tenía nada: no había ropa de entrenamiento y la única cancha de entrenamiento había que partirla para dos divisiones. Llegar a la UC y que te pasen la ropa, ver tantas canchas, los camarines... Acá hay de todo para ser futbolista y estar bien. Ni siquiera me incomodó vivir solo. Echaba de menos a mi familia y a los amigos, pero pasaba, porque mientras más juegas le vas tomando el gusto. Y si quería ser futbolista eso no me tenía que importar".

-Usted siempre jugó en categorías más grandes. ¿Nunca fue problema?

"Me gustaba. Era más chico y me pegaban más, pero si me desenvolvía bien en una categoría mayor tenía más posibilidades. Pegaban mucho, siempre me han pegado, pero uno se las tiene que arreglar. Con mi estatura tengo que tratar que el balón esté lo menos posible en mis pies para que no me peguen".

-¿Siempre jugó así?

"Fui cambiando. Antes me gustaba mucho tener la pelota, pasarme hartos jugadores, y a medida que pasaba el tiempo los rivales no perdonan. En el profesionalismo menos: la marca es más firme, pegan más, hay más mañas. Mi juego tiene que ser más de ganarles la espalda a los rivales, recibir un poco más libre. Sabía que si me quedaba con la pelota me iban a pegar. Y trataba de saltar, que no me pegaran tan fuerte".

Rojas tenía una imagen algo errada de la Católica: "Pensaba que el ambiente era más frío, no tanta amistad. Llegué y todo fue distinto: la gente cariñosa y los técnicos se preocupan. La UC da todo: comida, colegio, estadía, todo... No me imaginaba un mundo así".

-Usted mide 1,63 metros. ¿Alguna vez fue tema su baja estatura?

"No. Ni siquiera me preocupo por mi físico. Es decir, hago pesas, me preocupo en ese sentido, pero trato que la altura pase lo más desapercibida posible. De ir al roce o al choque prefiero no hacerlo, porque sé que tengo más de perder que de ganar. Mis movimientos tienen que ser más tácticos".

-¿Intentaron algún tratamiento hormonal para ver si podía crecer más?

"Sí, pero era tarde. Me llevaron a hacerme unos tratamientos, pero los cartílagos de la rodilla estaban cerrados y no se podía. Pero se hizo el intento".

Los dolores y Salas

Hace no mucho el enganche de la UC dejó la Casa Cruzada y está habitando en el departamento de Marcelo Díaz, el ex volante de Universidad de Chile. "Es una buena experiencia. Nunca había vivido solo, pero me ha ido bien. Aprendí a cocinar lasaña, por ejemplo. Arroz y fideos sé hacer. Los porotos todavía no; mi mamá me los hace. Hay días en que almuerzo en San Carlos. Pero no me molesta llegar y hacerme algo. Total, después tengo todo el día para descansar", dice.

De estudios, por ahora, ni hablar. "Nunca he sido muy apegado a los libros. Era flojo, pero no me iba mal. Para no estudiar, no me iba mal. No me gustaba estudiar. Las matemáticas y el lenguaje no eran lo mío. Yo quería jugar a la pelota nada más", reflexiona.

-¿Cuál es su momento más feo en el fútbol?

"Lesionarme antes del Mundial Sub 20. Ya estaba allá, en Europa, habían dado la nómina y me había costado ganarme un puesto. Perderlo todo por una lesión me dolió mucho. Me quería morir. Apenas salí de la cancha en el partido con Uzbekistán supe que tenía algo serio en el pie, porque no podía apoyarlo. Pero en el avión de regreso pensé que no sacaba mucho con achacarme".

-¿Y en la UC, cuál fue el peor dolor?

"El campeonato que perdimos con Unión Española en 2013. Teníamos un equipazo. El semestre con (Julio) Falcioni también me dolió: no jugábamos a nada, perdíamos como si nada. Me dolía ver así a la UC. Mario Salas cambió todo: por la forma de jugar, los entrenamientos y la motivación. Nos ha motivado a creer de nuevo en nosotros, porque el semestre peor no podía ser. Llegó y le creímos. Siempre le creímos. Futbolísticamente he crecido mucho con él".

-¿Cómo así?

"La forma de llegar al jugador motiva. Cuando estaba en la Sub 20 no tenía tantas ganas de marcar o ser un aporte defensivo. Él lo va recalcando siempre. Dice que hay que presionar y no solo jugar para adelante".

"Tenemos la ilusión de que Cobresal se caiga, aunque sabemos que ellos tienen la primera opción. Ojalá enreden puntos".

"Reemplazar a Bottinelli es un desafío mayor. Pero tenía que hacerlo bien para que Salas sepa que tiene un reemplazante".

"En la Casa Cruzada había un Play Station para todos, y una mesa de ping pong... Entrenaba en la mañana y al colegio iba en la tarde".

"En Europa como que se está acabando el '10' clásico, cada vez son menos. A mí me gusta jugar así, no voy a cambiar".

"No me preocupo mucho de la camiseta o del número. Me da igual si tengo el 10 o el 100; solo quiero jugar".

"Antes de jugar con Colo Colo, Salas no me dijo nada. Fue una semana normal. Lo hizo para que no sintiera tanta presión. Súper inteligente lo que hizo".

 "Necesitaba un partido como el que jugué ante Colo Colo"

El '10' de la UC buscó una previa de lo más relajada para esperar el duelo ante Colo Colo. "No quise pensar mucho en el partido, quería descansar y dormir bien. Y me costó menos que otras veces. Estaba relajado, me quedé dormido bien rápido; no me costó descansar bien", confiesa.

-Pero sabía de la trascendencia del partido...

"Sí, sabíamos que habría harta gente y mucha presión. Que sería difícil. Jugar en el Monumental siempre es difícil. Pero esos desafíos me gustan. Este equipo está en esa sintonía de tener muchos desafíos".

La asistencia a José Luis Muñoz, cuando recién se jugaban los cuatro minutos, fue el comienzo de una jornada especial. "Ribery' metió un pique y pude hacer el pase. Me dio confianza para estar más tranquilo. En el tercero, Tomás Costa me dice: 'si ponen uno en la barrera, nos vamos contra él'. Así fue. La pelota, después, le cayó a Michael Ríos, quien me tira un pase en profundidad y tiré el centro atrás. Ahí estaba Erick Pulgar... Esa jugada refleja lo que quiere el técnico y lo que proponemos nosotros: ir hacia adelante y llegar con harta gente al ataque".

-Se sintieron cómodos.

"Sí, agarramos la pelota como queríamos. Sabíamos que a Colo Colo le iba a molestar. Y además fuimos muy eficaces. Yo necesitaba un partido así, con confianza. Hace rato no se me había dado, porque entraba en los últimos minutos y no me enchufaba bien. Entré con confianza. Me sentí importante".



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<b>Diego Rojas deja</b> en el camino a Claudio Baeza, volante central de Colo Colo.
Diego Rojas deja en el camino a Claudio Baeza, volante central de Colo Colo.
Foto:PHOTOSPORT

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