Entrevista Nuevo libro:
Los excesos de Marcelo Leonart

Ganador del Premio Revista de Libros 2011, el dramaturgo y guionista de teleseries lanza Pascua , una novela coral contingente y política que tiene en el centro los abusos cometidos por sacerdotes. Rabia y tristeza se unen en un libro que cree en la desmesura.  

Roberto Careaga C. 

Una libreta de 2012 guarda los primeros chispazos de Pascua , la nueva novela de Marcelo Leonart. Son un par de líneas, en las que se lee el nombre de Daniel Zamudio, que acababa de morir tras una brutal golpiza en la calle, el del escritor y director Pier Paolo Pasolini y algo que podría ser un plan: "Historias de soledad gay". Y así avanzó. Luego fue añadiendo temas, personajes y también una sucesión de alusiones a muy bullados casos de abusos cometidos por sacerdotes. Cuando decidió que necesitaba un mapa para seguir, se dio cuenta: "Lo que yo quería escribir era el Decamerón y la Divina Comedia . Al mismo tiempo", recuerda Leonart.

Ambición no le falta. Dramaturgo, director de teatro y guionista de teleseries, Leonart (Santiago, 1970) debutó como narrador en 1999 con el volumen de cuentos Mujer desnuda fumando en la ventana , pero solo trece años después puso en marcha lo que puede llamarse una carrera literaria: partiendo con Fotos de Laura , ganadora del Premio de Novela Revista de Libros 2011, desde 2012 ha publicado cuatro libros en los que ha desplegado con cada vez más fuerza una rabiosa mirada de la contingencia chilena, que ahora explota en Pascua : una novela coral de 450 páginas en torno a la religión y la homosexualidad, en la que un narrador político, desbocado y siempre presente le informa al lector que está contando un "caos terrible".

El que habla en Pascua , el narrador, es el mismo Leonart. "Son mis ideas", reconoce ante un café en el Tavelli de Manuel Montt, no demasiado lejos de la casa que comparte con Nona Fernández, su mujer y cómplice creativa en obras de teatro o teleseries como Secretos en el jardín (2014). Juntos se asomaron a la literatura a inicio de los 90 y al alero del taller de Antonio Skármeta aprendieron una idea de la escritura que en los últimos años Leonart ha tratado de olvidar. "Yo me liberé de esta cosa estructural decimonónica de contar una historia bien contada, con diálogos, todo en orden. Eso fue una carga para mí", cuenta. "Hoy, para mí la novela es como un recipiente donde puedes poner muchas cosas. Contar una historia lineal no me interesa", dice.

Fue en su anterior novela, la torrencial Lacra (2013), donde Leonart rompió con la linealidad. En Pascua va más lejos. La novela está construida sobre historias ficticias y reales que orbitan en torno a la idea de que religión y violencia pueden estar conectadas históricamente. En el corazón, están los abusos sexuales cometidos por dos conocidos sacerdotes, pero Leonart también cubre las golpizas callejeras homofóbicas, la prostitución infantil, las marchas por la igualdad sexual y, en un arranque temporal, los mitos en torno a La Quintrala.

"En Lacra (2013) quería hablar sobre el dinero, en Pascua, sobre la religión, pero también de la soledad del mundo gay en momentos en que están tan en boga los derechos homosexuales. En ambas partí con la intención de escribir desde la ultraactualidad. Las historias íntimas, donde lo de afuera no se cuela, a mí no me interesan. Uno vive en un instante. Y ese instante es del que uno tiene que dar cuenta. No sé si escribiría algo como Sumisión , la novela de Houellebecq, pero ahí hay una lógica que me interesa: escribir sobre algo que está pasando", dice Leonart.

La rabia

El drama de Venancio Pérez Machuca no es su pobreza, tampoco que su casa en el barrio Franklin se haya convertido en algo parecido a un basural a raíz de lo que parece ser un mal de Diógenes. Su problema es La Canalla, una prostituta del barrio de 15 años que lo tiene hipnotizado. Le tendió una mano cuando era una niña pequeña, dándole la comida y el cobijo que su madre no le dio. También le dio un secreto: "¿Eres tú de verdad el Viejo Pascuero?", le preguntó ella al ver el traje rojo del personaje arrumbado en una esquina y él le dijo que sí. No es tan raro que años después, cuando La Canalla ya ha pasado demasiado tiempo en la calle, regrese donde Venancio y le pida lo imposible: "Arrepiéntete de todo lo que has hecho y destrúyelo todo. Como ángel exterminador de lo bueno y lo malo, no dejes piedra sobre piedra".

Como anuncia Leonart al inicio de Pascua , Venancio Pérez Machuca va a "planear" por toda la novela como si fuera un "dios o un concepto". Su poder viene del disfraz. "Para mí toda la idea de la religión, de cualquier religión, tiene ver con la idea del Viejo Pascuero. Tiene la misma lógica: creer en algo que no existe, que nos va a castigar o premiar de acuerdo a lo que hagamos. Es bonito creer hasta que tienes ocho años", dice Leonart, anunciando la desdicha de sus personajes: no todo lo que creyeron era cierto.

Venancio es el "primer personaje" que le rondó a Leonart, pero ni siquiera así abre Pascua . No es fácil describir el desarrollo de la novela. Avanza en historias desconectadas, se permite digresiones que se extienden hasta por 30 páginas y, cuando menos se ve venir, gira hacia el pasado. Dividida en siete capítulos, Leonart entra y sale de la cabeza de una decena de personajes, la mayoría solitarios atormentados por sus pasiones. A todos los examina incansablemente. Por cada silencio y palabra editada en la actual narrativa chilena, Leonart tiene parrafadas turbulentas y páginas desbocadas. El exceso es su marca.

"Por muchos años, en la literatura chilena al único que se le permitía ser excesivo era a Germán Marín", dice Leonart. "Sin entrar en polémica, con los silencios, la cosa con sordina y la historia mínima no me pasa nada. Hace tiempo que dejé de estar en esa categoría de escritor joven que tantea terreno, escribe una cosita... No tengo ninguna expectativa ya, simplemente escribo. Sigo adelante. Y por supuesto que mientras escribía Pascua me daba cuenta de que era una novela completamente excesiva. Pero si no, para qué", añade.

No se trata solo de un exceso en las formas, el tono también bordea la desmesura. Al narrador lo persiguen los relatos del libro como si fueran "un puñetazo de la ineludible realidad". "La rabia para mí es un motor. En general, me puede dar rabia todo. Muchas partes de mis novelas son diatribas. Están llenas de rabia", dice. "Pero también escribo desde la tristeza. En esta novela, me parecen mucho más tristes las historias imaginadas que las reales, son lo que a la gente le pasa: no son historias de abuso, sino de soledad. Por ejemplo, la de este gay con un prostituto que recogió de niño, es algo que sucede y está lleno de tristeza", agrega.

Y aunque es verdad que la rabia está en casi todas las páginas de Pascua , en los casos reales Leonart intenta traspasar la lógica de los buenos y los malos. Cuando habla de Cristián Precht, más que insistir en las "conductas abusivas" que le imputó el Vaticano, recuerda sus años de gloria en la Vicaría de la Solidaridad. Y al abordar el caso de Fernando Karadima, prefiere hacerlo a través de una de sus víctimas: imagina las dudas que atormentaron a James Hamilton y reconstruye episodios de su infancia tan dramáticos como el abuso que sufrió. Pascua quiere contar la historia completa, la larga sucesión de escenas en que todos han sido un poco villanos y un poco héroes.

"Mientras más categórico uno es en los juicios, la situación se vuelve más gris. Y mientras más difuso, todo se vuelve más blanco y negro", dice Leonart. "Si dices 'un cura abusó de un niño', inmediatamente el cura es un degenerado. Ahora, si dices, 'hay una élite endogámica, hay violencia intrafamiliar, hay una historia de Sodoma y Gomorra en la familia', que llegue un cura y toquetee a un adolescente es parte de su historia de violencia. Está mal, pero hay un contexto. Entonces, la situación se llena de grises . Eso es lo que yo trato de hacer en la novela", concluye.

 


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