Ecos de Eco

Pedro Gandolfo 

Umberto Eco, el reconocido intelectual italiano, ya hace treinta años demostró lo que parecía imposible: cuadrar la erudición académica con el éxito masivo de un libro de ficción. El nombre de la rosa , thriller ambientado en la Edad Media, con citas intelectuales, religiosidad, depravación y bastantes disquisiciones sobre el mandato evangélico de la pobreza, le dio la receta: usar una estructura narrativa de éxito probado (con misterio y suspenso, detectives y criminales) a la que se le añade un ropaje histórico y erudito manejado con destreza. En paralelo a su actividad universitaria y ensayística (dentro de la cual mantiene un merecido respeto), Eco repetirá varias veces esa fórmula con éxito dispar. Número cero es el último libro dentro de la secuela, aunque, cabe señalarlo de partida, es el menos logrado de todos (entre los que se cuentan además El péndulo de Foucault , Baudalino , La isla del día de antes , El cementerio de Praga ), una versión evanescente de los anteriores.

El protagonista y narrador -il dottore Colonna- es un editor, periodista y eterno candidato a escritor, sujeto de temperamento más bien temeroso y atrabiliario, quien recibe el llamado de un tal Simei para incorporarse al equipo periodístico que elaborará el número cero de un nuevo diario. Simei ha recibido el encargo, a su vez, del Commendattore Vimercate, personaje que nunca actúa en el relato, pero pone en marcha la historia. Il Commendatore, un poderoso emergente, desea elaborar este "numero cero" (en realidad son 12 Números cero) para de ese modo amenazar (con una prensa independiente) a los poderosos mayores y así forzarlos a que le concedan participación en sus propias finanzas. El nuevo diario, propiamente tal, es probable que nunca llegue a salir a la luz y solo restará como "proyecto", como número cero.

Los supuestos hechos transcurren en 1992, si bien la intriga se remonta al fin de la Segunda Guerra Mundial y repasa acontecimientos políticos esenciales, bastante conocidos por lo demás, de la Italia de la posguerra durante el siglo XX.

Son los primeros capítulos del libro donde el lector podrá reencontrar el ingenio y simpatía usuales de Eco. Allí, Colonna, en la sala de redacción, conoce y describe el delirante proyecto de Simei y, de paso, inicia un discreto amor con otro de los convocados, la sensible Maia (quizás el único personaje interesante y verosímil del texto). El diario falso se llamara "Domani", esto es, "mañana" en idioma italiano; "mientras los periódicos tradicionales contaban, y desgraciadamente lo siguen haciendo, la noticias de la tarde antes (...) a estas alturas el destino de un diario es parecerse a un semanario. Hablaremos de lo que podría suceder mañana, con tribunas de reflexión, reportajes de investigación, avances inesperados (...)", explica Simei, aunque su progresismo choca patéticamente con su mentalidad retrógrada y la cautela ante los intereses de "Il Commendatore". En las reuniones de redacción, en efecto, descarta precisamente los temas de investigación que, por la fecha, sabemos hoy que poseían bastante futuro ya entonces y eran, en definitiva, ideales para un diario como "Domani". En este grupo de periodistas, surge también la figura más estrafalaria del libro, Romano Bragadoccio, un periodista que investiga lo que parece ser una parodia de una típica "historia de conspiraciones" -un subgénero de best sellers por el cual Eco mostró alguna vez ceñudo desprecio-: Mussolini no murió fusilado por los partisanos en el Piazzale Loreto de Milán (ese era un doble), sino que escapó (ayudado por los aliados), fue ocultado por un par de monjes y por el Vaticano y murió en Argentina a los 88 años. En la historieta de Bragadoccio también figura un frustrado golpe de Estado en Italia, con el retorno de Mussolini octogenario, plan que falla porque Mussolini (ahora el verdadero) muere en el viaje. Desde luego que nadie a quien, entre copa y copa, Bragadoccio contó su versión de los hechos le concedió verosimilitud alguna hasta que el propio Bragadoccio aparece asesinado, abriendo las suspicacias, sobre todo en Colonna. La historia concluye con la calma y mesura que coloca Maia en el alma de Colonna.

Como conjunto, Número Cero no es una novela cuya lectura presente demasiado interés. Los personajes se encuentran escasamente dibujados, carecen de profundidad y evolución y, por lo mismo, salvo el insuficiente caso de Maia, resbalan a la figura de caricaturas. La construcción de la estructura es monótona y poco arriesgada, ya que el único elemento disruptivo es el traslado del que sería el capítulo XXVI (posterior a la muerte de Bragadoccio en la línea de la historia) al inicio del relato, provocando una perplejidad en la lectura que se va disipando a medida que la narración avanza hacia el final. Pero lo que más se echa de menos es la calidad de la escritura. La prosa es insípida, desprolija a veces. Quizás faltó un número cero.

Número Cero
UMBERTO ECO

LUMEN, BARCELONA, 2015, 224 PÁGINAS, $12.000.
NOVELA

"Número Cero" no es una novela cuya lectura presente demasiado interés. Los personajes se encuentran escasamente dibujados, carecen de profundidad y evolución y, por lo mismo, resbalan a la figura de caricaturas.



 Umberto Eco Alessandria, Italia, 1932

Escritor y filósofo italiano, experto en semiótica. Es autor de las novelas  El nombre de la rosa (1980), El péndulo de Foucault (1988), La isla del día de antes (1994), Baudolino (2000), La misteriosa llama de la Reina Loana (2004), El cementerio de Praga (2010) y Número Cero (2015). También ha escrito numerosos ensayos.



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