sábado 23 de mayo de 2015  
 
Las muchas vidas de Ernesto Ottone
 
Creció en Hungría, donde de niño actuó durante dos años en un programa de televisión. De adolescente vivió en Pa Creció en Hungría, donde de niño actuó durante dos años en un programa de televisión. De adolescente vivió en París junto a los Quilapayún, se hizo fanático de Wanderers sin siquiera conocer Valparaíso y aprendió a hablar español recién a los 17 años. En Chile vendió celulares y fue mozo para sobrevivir, estudió teatro junto a Alfredo Castro y Marcelo Alonso y tuvo una ácida disputa con Andrés Pérez. Esta es la historia del nuevo ministro de Cultura.  

por ESTELA CABEZAS RETRATO SERGIO LÓPEZ I. 

Hace solo dos semanas que Ernesto Ottone Ramírez aceptó el cargo de ministro del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, y su vida ya cambió. Desde entonces, dice, no ha podido llegar temprano a su casa, ni ver tan seguido a sus tres hijas menores (de 7 y 4 años, más una guagua de 9 meses). Tampoco pudo estar en el cambio de casa que durante meses prepararon con su mujer, y que se realizó justo el fin de semana que recibió el llamado de la Presidenta Michelle Bachelet.

Cosas nada fáciles para un hombre que, por voluntad propia, decidió tomar el posnatal de 9 meses que entregaba el Estado alemán para criar a su primer hijo, Liam, quien hoy tiene 15 años, cuando con su primera mujer vivían en Berlín.

-Yo soy muy presente como papá, entonces esto ha sido duro para mis hijos. La más chica me reconoció el otro día en la tele, eso ya es todo un hecho -dice mientras entra a su oficina ubicada en pleno centro de Santiago.

-Te digo, han sido jornadas de locos. Hace unos días nos quedamos trabajando hasta las once de la noche y subió el nochero para pedirnos que saliéramos. Había que cerrar el edificio.

Ernesto Ottone Ramírez, 42 años, hijo del primer matrimonio de Ernesto Ottone Fernández, abogado y gestor cultural, dejó Chile cuando tenía apenas tres meses de vida. Era febrero de 1973 cuando a su padre, activo militante del Partido Comunista, y más tarde uno de los más cercanos colaboradores del Presidente Ricardo Lagos, le dijeron que debía hacerse cargo de la vicepresidencia de la Federación Mundial de las Juventudes Democráticas, una especie de ONU de los países comunistas, con sede en Budapest, Hungría.

A los Ottone Ramírez no les costó mucho partir: tenían ideales y una vida por delante. Pero todo eso quedó trunco, cuando siete meses después se produjo el golpe en Chile y esta familia no pudo volver a su país por más de 15 años.

Se quedaron viviendo bajo la mirada y estilo de vida de los comunistas en Hungría.

-Fue una época en que a mi papá lo veíamos poco, porque vivía dando vueltas entre Angola, Cuba, la Unión Soviética. Mi mamá se hacía cargo de todo. En ese país hice mi jardín infantil y mis primeros años de colegio.

Los recuerdos de aquella época son buenos, dice, salvo las temporadas que debía pasar en los campamentos de formación comunista. Tuvo que empezar a ir a los 7 años.

-Eran lugares bien especiales. Eran lo mismo que los boy scouts, pero de color rojo.

Cuenta que nunca le entusiasmó mucho la política y que estuvo lejos de sentirse parte de los cuadros comunistas, porque "cuando uno es niño, no es nada, es niño nomás", y que él estaba más interesado en el arte.

Lo supo cuando a los 7 años llegó al colegio la productora del canal público húngaro buscando rostros para hacer un programa de TV. Lo eligieron a él y estuvo dos años haciendo un programa.

-Éramos cinco cabros y teníamos filmaciones cada dos semanas. El programa se trataba de mostrar a la gente cómo se construyó la historia del mundo, el hombre prehistórico, el Medioevo, hablábamos, jugábamos, interpretábamos. Era muy entretenido, porque pasábamos los fines de semana solos.

Claro que lo más emocionante para Ernesto Ottone fue que con el dinero que ganó pudo comprarse su primera bicicleta.

-En un país donde los accesos a los bienes y servicios eran limitados, el solo hecho de que me pudiera comprar una bicicleta era increíble.

-¿A su papá no le pareció mal que usted no demostrara demasiado interés por el partido?

-No, porque él, en esa época, ya estaba en un proceso de transformación política.

Ernesto Ottone padre, después de haber estado por años ligado al PC, decidió dejar su militancia en Hungría y pasar a ser, lo que él mismo ha denominado, un "laico".

-Una noche, mi padre llegó a la casa y nos dijo: "Chiquillos, mañana despídanse de sus compañeros, porque nos vamos". Entonces ese día fui al colegio, me despedí de algunos amigos, y en la noche nos fuimos. Primero a Alemania y después a Francia de manera clandestina. Así fue como me enteré de que mi viejo había renunciado al partido. Era la época de la Perestroika y había que salir.

Tenía 9 años cuando llegó a Francia. Ahí se quedaron tres años, hasta 1983.

-Fue una época complicada, porque mi padre estuvo desempleado, pasó de tener toda la importancia del mundo, de reunirse con Fidel Castro, con Yasser Arafat, con Janos Kadar, a ser un estudiante de La Sorbonne.

Otonne dice que para su padre no fue fácil:

-Estaba conflictuado, porque su mundo se le comenzó a caer en pedazos.

El resto de la familia también se tuvo que acomodar a su nueva vida. Su madre, socióloga, encontró trabajo en un municipio, en las afueras de París, donde vivían. Ni ella, ni su hermana, ni él hablaban una gota de francés

-Nos pusieron en el colegio público y tuve que aprender francés a la fuerza. Me acuerdo del primer dictado: tuve casi menos 95 -recuerda.

El rigor en el colegio se compensaba con lo que vivía en su casa, ya que era vecino de los Quilapayún.

-Eran unos edificios donde vivían muchos de ellos. Mis amigos de infancia fueron los hijos de los Quila. Con ellos hablaba español, aunque lo hacía muy mal.

-Usted aprendió el húngaro antes que el español.

-Yo aprendí a hablar castellano cuando viví en Uruguay, a los 17 años. Durante toda mi adolescencia lo que hice fue balbucear castellano.

Su padre finalmente encontró un trabajo estable en la ONU, por lo que luego de vivir en Francia por dos años se trasladó a Italia, Austria y Uruguay.

-Nos vinimos a Uruguay para acercarnos a Chile. Fue un año maravilloso, porque entendí que había algo mío ahí. La cultura europea estaba bien, pero lo que sentía a nivel de piel, de energía, en Uruguay era distinto.

-¿Nadie en la familia reclamaba por tantos viajes, por tener que dejar los amigos?

-Bueno, ibas dejando pololas -sonríe-. Pero era parte de la vida. En esa época no tenía sentido de pertenencia. Esta situación era algo que yo asumí desde niño y lo incorporé en mi forma de ser. Yo sabía que en algún momento nos íbamos a tener que ir y así fue toda mi vida.

Se detiene, piensa y dice:

-Siempre el objetivo final de todo esto era volver a Chile. A diferencia de otros exilios, donde la gente se acomodó, el nuestro siempre fue un peregrinaje que sabía que tenía un destino: Chile.

Su relación con el país donde había nacido era fuerte. Tanto como para hacerse hincha del Wanderers en el exilio, sin nunca haberlo visto jugar.

-Era por mi papá, que me contaba de los dos campeonatos que habíamos ganado. Entonces, claro, cuando en 2001 ganamos el tercer campeonato y yo estaba con mi viejo y con Agustín Squella en el estadio, fue uno de los grandes momentos de mi historia, porque pude vivir algo para lo cual yo me había preparado toda la vida en relación al fútbol.

La oficina de Ernesto Ottone es amplia, está ubicada en el piso 11 y tiene una imponente mirada hacia la Alameda. Frente a él, la Casa Central de la Chile, la universidad donde se graduó de actor y estudió una licenciatura en artes. Además, el ministro tiene un magíster en gestión cultural en la Universidad de París IX Daupine.

-Soy muy estudioso, nunca he reprobado un ramo. Tengo esa cosa como de niño mateo -dice.

Su primer trabajo al volver de la Universidad de París fue como director del centro Matucana 100, durante el gobierno de Ricardo Lagos. El lugar era utilizado por Andrés Pérez y su compañía Gran Circo Teatro. Cuando le informó que ese espacio sería destinado para generar una plataforma para múltiples actividades, Pérez no lo tomó bien y el episodio hizo que el mundo cultural se dividiera entre los que apoyaban a Ottone y el nuevo proyecto de Matucana 100 y los que estaban a favor de Pérez.

-Fue un aterrizaje forzoso el que le tocó vivir con Andrés Pérez, ¿no?

-Cuando a mí me convocan para hacer ese proyecto se había establecido una historia en torno a ese espacio que no era tal. La compañía de Andrés Pérez llevaba tres meses instalada ahí, no es que llevara 10 años. Yo tuve una reunión con Andrés y su compañía, y como recién se estaba construyendo la infraestructura, les propuse el proyecto que teníamos, los invitábamos a participar. Porque había una decisión tomada: debía ser un espacio pluridisciplinario.

Lo que hizo entonces Ottone fue convocar a todas las compañías que le parecían que podían ayudar en el proceso: el Teatro de la Memoria, con Alfredo Castro; La Troppa antes de que se separara; Equilibrio Precario; y el Gran Circo Teatro.

-¿Andrés Pérez sentía que el lugar era de él?

-Bueno, pero yo no podía hacerme cargo de eso. A mí me dolió mucho cuando Gran Circo Teatro me hizo sentir que yo estaba en contra. Yo lo único que estaba pidiendo era que se sumaran a un proyecto que tenía que ser colectivo. Ese era el mandato que nos había dado la señora Luisa Durán.

-¿Ha sido el momento más duro que ha vivido en su carrera profesional?

-Lo que pasa es que todos los procesos son de aprendizaje y yo llevo en este camino trabajando 24 años. Además, cuando has tenido una historia de vida que ya ha sido difícil, entiendes que todos los obstáculos se transforman en posibilidades. Salvo las grandes tragedias, nada es tan terrible.

Ernesto Ottone dice que las peleas por el financiamiento o "la poca sensibilidad" que hubo de parte del Congreso el año pasado para que la Orquesta Sinfónica o el Ballet tuvieran cuerpos estables, "es de las cosas más duras que me ha tocado ver".

-Es duro que no se den cuenta de que ahí hay una deuda, que es deber del Estado darles las condiciones necesarias para que ellos puedan estar y trabajar. No sabes la envidia sana que me da recorrer América Latina y ver que todas las capitales tienen un espacio, una sala de conciertos, un centro coreográfico. Eso me hace pensar, ¿por qué Chile no se ha preocupado de eso?

Cuando Ernesto Ottone volvió a Chile en 1989, después de que ganó el "No", dice que se encontró con un país nuevo. Y también con una familia distinta: a poco de llegar, sus papás decidieron separarse.

-No hay más explicación que el desgaste del exilio, que fue muy fuerte.

Aquí, sus papás lo inscribieron en el Santiago College. Tuvo que dar la Prueba de Aptitud Académica sin haberla preparado. Y quedó en teatro en la U. de Chile.

-Yo quería estudiar cine, pero esa carrera estaba cerrada.

-Y, al final, ¿era un buen actor?

-Habría que preguntarle a Alfredo Castro, Marcelo Alonso, que me conocieron en esa época. Me iba muy bien en voz, en movimiento me iba más o menos, pero en todo lo que eran los ramos teóricos, me fue muy bien.

La última obra en la que actuó fue en Lautaro, el año pasado, cuando hizo de narrador junto a la Orquesta Sinfónica, dirigida por el premio nacional de Música León Schidlowsky.

-Dejé la actuación, porque siento que soy mucho más útil desde este lado.

A los 19 años se fue a vivir con su pareja y el hijo de ella, y comenzó a trabajar en distintos oficios.

-Tuve muchos trabajos, hice carrera como mozo en el Tallarín Gordo, en La Leona. Fui barman. En paralelo trabajé en el Municipal como figurante (extra); también hacía cortometrajes y vendía celulares. Fue una época extraordinaria, pero corría de un lado para otro, no paraba nunca. Siempre he dormido muy poco, eso me ayuda mucho. Con tres o cuatro horas al día soy feliz.

Luego acompañó a su entonces pareja a Alemania, donde ella consiguió una beca para estudiar. Allí nació su primer hijo, Liam, y decidió tomarse un año sabático para dedicarse a él.

-Me tomé el posnatal de 9 meses que hay allá. Fue una época muy feliz. Entonces cuando me llaman para tratar de armar este proyecto de Matucana 100, yo venía con una cabeza despejada y de haber vivido casi un año y medio en Berlín, donde lo único que hice fue absorber buenas vibras.

-¿Usted venía con críticas a lo que los gobiernos de la Concertación habían hecho en cultura?

-Yo no voy a hablar de críticas hacia el pasado, porque no me corresponde, cada uno vive su etapa. Creo que tal como el Estado hace todas sus reformas, esta ha sido paulatina. En cultura, cuando se dice que hemos avanzado mucho, es verdad, hemos avanzado. El tema es que hay que ver si podemos avanzar más rápido y si podemos lograr los objetivos que se han trazado. Una de las medidas que comprometí es la visita a todas las regiones en los próximos tres meses para sentarse a escuchar, a dialogar, a hablar, no solamente de la construcción del ministerio, sino para que entiendan que con eso estamos restableciendo confianzas.

Otonne nunca ha militado en algún partido. Dice que conoce a la Presidenta desde cuando era director de Matucana 100 y fue ratificado en el cargo en su primer gobierno. Pero no tienen una relación cercana.

-Es que yo soy independiente, eso todo el mundo lo sabe, no estoy en el aparataje de los partidos, soy una persona de centroizquierda, pero no milito. No está en mi ADN.

-Eso lo diferencia de su padre.

-Sí, pero mi papá hoy tampoco es militante de ningún partido.

-¿Habla de política con él?

-Mucho, y discutimos harto. Hoy menos, porque estamos muy de acuerdo en muchas cosas, pero cuando era estudiante de teatro y estaban los primeros gobiernos de la Concertación, yo le discutía mucho.

-¿Qué cosas no le gustaban?

-Hay que haber vivido cada etapa de los procesos de reconstrucción democrática acá en Chile, porque es refácil tirar la piedra y decir: "Oye, ¿por qué no avanzaron más?". Pero ahora entiendo que los procesos toman tiempo y que hay que cuidar lo ganado. Por eso hoy soy muy respetuoso con las críticas hacia el pasado, porque si estamos discutiendo este ministerio, es gracias a que hubo un Consejo Nacional de la Cultura antes.

-Con todo lo que usted ha vivido, ¿nunca pensó en irse a vivir fuera de Chile alguna vez?

-Sí, hace dos años. Yo ya me había dado cuenta de que todos mis amigos de chico ya no vivían acá, pero no fue un tema hasta que mi hermana decidió irse a vivir a Francia. Cuando lo hizo, supe que yo debo tener un cariño muy especial por esta tierra, porque de otra manera ¿cómo me explico que me esté quedando tan solo?

 

"Cuando era estudiante de teatro y estaban los primeros gobiernos de la Concertación, yo le discutía mucho (a su padre, estrecho asesor de Ricardo Lagos)"

 

por ESTELA CABEZAS RETRATO SERGIO LÓPEZ I..

   
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