Tras la crisis que afecta al oficialismo desde hace meses
La "nueva" Presidenta: solitaria en el poder, ciudadana y menos política

Con sus hombres de confianza fuera del gabinete, la Mandataria optó por un diseño similar al que implementó en su primer gobierno: mostrarse más empática y recuperar atributos como la cercanía, con un discurso más "ciudadano", estrategia que ya estrenó en la reciente cuenta ante el Congreso.  

Mariela Herrera Muzio 

"S e nota que anda con la mochila menos pesada". La frase es recurrente por estos días en La Moneda para describir el actual estado de ánimo que observan en la Presidenta Michelle Bachelet. Sin embargo, la sentencia tiene un matiz importante: la ven más tranquila, "pero no como antes".

En Palacio coinciden en que la Mandataria todavía está afectada por las decisiones que tomó y que tuvieron un alto costo personal para ella: la salida de su hijo, Sebastián Dávalos de la dirección sociocultural de la Presidencia y la renuncia al Ministerio del Interior de su "hijo político", Rodrigo Peñailillo, "hombre de confianza" en su primer gobierno y su "representante" en Chile mientras ella se encontraba en Nueva York, en ONU Mujeres.

Y el alejamiento de quien fuera el coordinador de su programa de gobierno y autor de la reforma tributaria -uno de los pilares de su actual mandato-, el ex ministro de Hacienda, Alberto Arenas, tampoco fue un hecho fácil de digerir para la Presidenta.

A ello se suma el escenario adverso que configuran las históricas cifras de desaprobación que las encuestas de opinión pública han registrado en las últimas semanas.

Quienes han estado en contacto con la Presidenta aseguran que por esta serie de hechos se encuentra "decepcionada".

Estado de ánimo que se comenzó a incubar en abril, cuando en medio de la investigación por el caso SQM se vieron involucrados dirigentes de la Nueva Mayoría. En ese entonces, la Mandataria le solicitó a su jefa de gabinete, Ana Lya Uriarte, que iniciara un chequeo completo (ver recuadro) para llegar a un "estado de situación" del problema que ya tocaba la puertas de La Moneda (ver recuadro).

Los resultados no fueron del agrado de Bachelet, pues las boletas de Rodrigo Peñailillo a la empresa de Giorgio Martelli marcaron el inicio del punto de quiebre con su "hombre de confianza".

En el Ejecutivo comentan que fue la propia Presidenta quien decidió confirmar, el 15 de abril, a Michel Jorratt como director del Servicio de Impuestos Internos, a pesar de que era de público conocimiento que él también había emitido boletas para Martelli. Removerlo de su cargo en ese momento, dicen desde el Gobierno, era sentar una doctrina, sobre todo considerando que Peñailillo estaba en una situación similar.

Con el correr de los días, los efectos de la crisis y las nuevas revelaciones que fueron surgiendo hicieron que la situación se hiciera "insostenible" y no tuvo otra alternativa que "dejar caer" a parte de su círculo cercano: Peñailillo y Arenas abandonaron sus puestos y, a los pocos días, Jorratt siguió la misma suerte.

La Mandataria había adoptado una decisión difícil para ella: dejarían el Gobierno todos quienes estén relacionados con el caso y que no pudieran dar explicaciones razonables.

En Presidencia el diagnóstico es claro: si dejó caer a "sus dos hijos", no debiera tener mayores problemas con que otros funcionarios deban salir del Ejecutivo.

Ese es uno de los rasgos con que "la nueva Bachelet" comenzó a marcar el rumbo en el gabinete. Y en la cuenta pública del 21 de mayo terminó de desplegar el estado anímico y político que tendrá para su segundo tiempo.

Nuevas relaciones en Palacio: la frialdad del profesionalismo

Hoy la Presidenta se encuentra en un escenario diametralmente opuesto a lo que fue su diseño original cuando llegó a La Moneda en marzo de 2014, tanto en la marcha del Gobierno como en el equipo que la acompaña.

Sin sus hombres de confianza desplegados en los ministerios, la Mandataria optó por el pragmatismo del que hizo gala en su primer mandato -como cuando mantuvo buenas relaciones con los "colorines" que lideraban la mesa directiva de la DC, a pesar de la distancia que tenían en lo ideológico- y buscó nombres que le dieran estabilidad al Gobierno y que se "dedicaran a sacar el trabajo adelante".

En Interior, por ejemplo, muchos en el mundo político ven en la figura de Jorge Burgos (DC) lo que la Mandataria buscó en Edmundo Pérez Yoma, en su primer gobierno.

En La Moneda explican que Bachelet no "mantiene un lazo de amistad" con Burgos. Tampoco hubo con él un diálogo previo en que discutieran un diseño o impronta para el nuevo gabinete. Sin embargo, se respetan y en menos de diez días han sostenido más de tres reuniones -de carácter ejecutivo- donde abordaron las tareas del ministerio.

La Presidenta también ha manifestado satisfacción con los primeros pasos del vocero Marcelo Díaz (PS) y el titular de la Segpres, Jorge Insunza (PPD), pero en el Gobierno aseguran que la relación con el equipo político es "netamente profesional" y hasta "con cierta distancia". Atrás quedaron las complicidades de su primer equipo, con el que buscaba marcar la diferencia respecto de su primer gobierno al designar a figuras cuyo mayor peso lo daba precisamente su cercanía con ella.

Hoy para la contención y la colaboración directa se ha recluido en solo dos figuras: su jefa de gabinete Ana Lya Uriarte y su jefa de prensa, Haydeé Rojas.

Y si bien no son de este círculo íntimo sí marcan el nuevo eje de poder más político, además del ministro Burgos, los titulares de Educación, Nicolás Eyzaguirre (PPD), y de Hacienda, Rodrigo Valdés (PPD). A ellos se suma el subsecretario de Interior, Mahmud Aleuy (PS). Estos son los hombres que escucha la Mandataria en materias específicas y que se han empoderado en esta nueva etapa de Gobierno.

Agenda ciudadana mirando a la clase media

La primera señal de que Bachelet pretendía dar un giro, y pasar de una figura más política hacia una "más cercana y ciudadana", como la de su primer gobierno, fue cuando ella, junto a sus equipos de Presidencia y de comunicaciones, decidió anunciar que realizaría un cambio de gabinete en una entrevista con Don Francisco. Mientras las críticas de todos los sectores políticos arreciaban, en La Moneda sacaban cuentas alegres: habían logrado el cometido de mostrar a una Bachelet cercana, emocionada y junto a uno de los personajes más populares de la TV.

Una Presidenta que ha bajado en las encuestas, no solo en apoyo, sino que en todos sus atributos estaba lejos de lo que fue su figura durante su primer mandato. Y eso había que revertirlo. El cambio de gabinete (similar al de su primer Gobierno) fue una primera etapa y el discurso del 21 fue la comprobación de la nueva estrategia, pues en segundo plano quedaron temas como las reformas estructurales y privilegiaron medidas para "la vida diaria" de la población.

Computadores y tablets para escolares, eliminación del 5% de las cotizaciones de los mayores de 65 años, rebajas en las cuentas de la luz en más de 11 comunas, pavimentación de caminos rurales, y la gratuidad de la educación superior para cerca de 264 mil jóvenes más vulnerables en 2016.

Estas son algunos de los anuncios que la Mandataria pronunció el jueves: medidas que tienen un impacto prácticamente inmediato en las personas, algo que para muchos en el mundo político -y lo reconocen en La Moneda- evoca a la Presidenta de 2006, cuando anunció una serie de iniciativas que diversos sectores denominaron como una "lista de compras", es decir, anuncios que no revisten mayor complejidad para llevarse a cabo y que, por lo tanto, son propicios para hacerles un check de cumplidos.

Esta "política ciudadana" se verá reflejada en las próximas pautas que se desarrollarán en comunas populares y donde la Presidenta intentará mostrarse alejada de los partidos y de la política. En La Moneda explican que la idea es retomar la estrategia que desarrollaron durante la campaña presidencial y que "tuvo éxito".

En cuanto a temas duros, como el proceso constitucional, los esbozos apuntan a que, junto con los anunciados los cabildos ciudadanos también podría conformarse una comisión a cargo del tema. Posteriormente se enviaría un proyecto al Congreso. Sin embargo, la Mandataria estaría ya resignada a que la "Nueva Constitución" solo sería despachada por los legisladores que salgan electos en 2017.

En su entorno el diagnóstico es claro: si dejó caer a "sus dos hijos" (Dávalos y Peñailillo), no tendrá inconvenientes con que otros funcionarios deban salir del Gobierno.Para la contención y la colaboración directa se ha recluido en su jefa de gabinete Ana Lya Uriarte y su jefa de prensa, Haydeé Rojas.La "política ciudadana" se verá reflejada en próximas pautas que se desarrollarán en comunas populares y alejada de los partidos . En La Moneda explican que la idea es retomar la estrategia que mostró en la campaña. Las indagaciones que la Mandataria le encargó a Ana Lya Uriarte

Cuando a comienzos de abril se hizo público que la sociedad Asesorías y Negocios SpA, del operador político PPD Giorgio Martelli había facturado a SQM, en La Moneda se instaló un halo de preocupación, pues el geógrafo jugó un rol protagónico en la recaudación de dineros para la campaña presidencial de 2005 y continuó relacionándose con el actual oficialismo en los años siguientes.

Ante este escenario, la Presidenta Bachelet convocó a su jefa de gabinete, Ana Lya Uriarte (PS), para una delicada misión: indagar hasta qué punto podrían estar comprometidos funcionarios de Gobierno con la empresa de Martelli, situación que se había hecho pública cuando se filtraron en la prensa los antecedentes que maneja la fiscalía a cargo de la investigación judicial.

Uriarte y su equipo habrían profundizado en su indagatoria, confirmando que gran parte de la G-90 (corriente del PPD que nació bajo el alero de Sergio Bitar, pero cuyo máximo exponente y líder es hoy Rodrigo Pañailillo) que se desempañaba en el Ejecutivo y los asesores más cercanos al entonces ministro del Interior habían emitido boletas al ex recaudador.

Desde Palacio aseguran que el episodio dejó afectada a la Mandataria, pues no habría tenido conocimiento del tipo de tratativas que, en nombre de ella y cuando aún se encontraba en Nueva York, se habrían realizado por parte de Peñailillo y sus hombres de confianza con Martelli, ni de la cuantía de los montos comprometidos. Incomodidad que se acrecentó con las explicaciones públicas de los involucrados. En los análisis de Presidencia, los argumentos que entregaron fueron "poco convincentes" y "ayudaron a ahondar la crisis". Lo que algunos en el oficialismo advierten, sin embargo, es que este episodio puede tener secuelas: tal como la Mandataria quedó afectada por el tema, los hombres de la G 90 se marcharon golpeados y sintiendo haber sido objeto de injustas operaciones políticas. En tales condiciones, no es descartable que surjan nuevos conflictos, temen algunas voces.



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