Victimas revelan cómo el episodio alteró sus vidas
Ingeniero dejó las muletas, pero ahora siente impacto emocional

 

El ingeniero comercial Benjamín Ulloa Correa (25) creyó por largo tiempo que el bombazo en el metro Escuela Militar era para él un episodio superado. Pero a comienzos de mes, cuando participó en la reconstitución de escena del atentado junto a las demás víctimas, se dio cuenta de que estaba equivocado.

"Casi un año después comprendí que esto me afecta emocionalmente", confidencia el joven, mientras bebe lentamente un café, cerca de su hogar, en Vitacura.

Ulloa está convencido de que su organismo se "ocupó" primero del restablecimiento físico. Y que, por lo mismo, el impacto emocional de lo vivido aquel 8 de septiembre de 2014 comienza a emerger recién ahora.

Perdió hueso por golpe de esquirla

Durante los cuatro meses posteriores al atentado, su vida giró en torno a la rehabilitación de la fractura que le causó el estallido. Debido al golpe "rasante" de una esquirla, perdió hueso en la pelvis, el fémur y la cadera.

Aunque el daño "no fue estructural" -según los médicos-, Ulloa debió guardar reposo absoluto por un mes. Luego se levantó, pero tuvo que someterse a una intensa terapia kinesiológica y caminar con muletas hasta enero pasado.

Ulloa supo desde un comienzo que su herida era grave. Tras perder la conciencia por unos segundos debido a la fuerza del estallido, trató de pararse, pero no lo consiguió.

Supo que había sido víctima de un atentado recién cuando llegaron los bomberos. Y hasta hoy le cuesta creer que alguien haya sido capaz de colocar un extintor repleto de pólvora en una de las estaciones de metro más concurridas de la capital. Y justo a la hora de almuerzo.

Ulloa volvió a trabajar a fines de noviembre de 2014, pero solo mediodía. En esa misma época, por consejo de cercanos, fue a terapia psicológica. Los profesionales no hallaron indicios de secuelas emocionales y él les dijo que se sentía bien.

"Que tribunales hagan su pega"

El cuadro cambió con la reconstitución de hace unos días. Al dimensionar la verdadera "fuerza" con que lo había golpeado el bombazo: "Mi organismo pareció decir, ahora viene lo emocional".

A la vez, aceptó la idea de que el atentado lo acompañará -de algún modo- toda la vida. Y que debe aprender a lidiar con esa carga. "O tapas y echas tierra... o sacas una enseñanza", resume.

Como parte de ese proceso, Ulloa ha colaborado de manera activa en la investigación. Ha ido a la fiscalía cada vez que lo han citado. Asistió puntualmente a la reconstitución de escena. Y ha estado en permanente contacto con la Unidad de Víctimas y Testigos del Ministerio Público, a cargo de apoyar a los afectados.

Con la misma dedicación, ha seguido el rumbo de las pesquisas. Sabe perfectamente que se acerca el juicio oral. De hecho, planea asistir a las audiencias en que se resolverá el destino de los imputados.

"A nosotros nos hicieron un daño. No tenemos ni las soluciones para sus demandas, ni la culpa de sus problemas, que no sé cuáles son", advierte. Por el contrario, sí tiene claras sus expectativas respecto del trabajo de la justicia: "Espero que los tribunales hagan su pega y que estas personas paguen por lo que hicieron".

 


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Foto:MACARENA PEREZ


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