Nuevo libro "Todavía"
La prosa de Gonzalo Rojas: guerrilla y repetición

En un volumen que supera las 600 páginas, la investigadora franco-mexicana Fabienne Bradu reúne poemas en prosa, reseñas, prólogos, ensayos, diarios de viaje y notas -publicados e inéditos- del escritor chileno muerto en 2011.  

Pedro Pablo Guerrero 

Ni lárico ni telúrico. "Genealógico de mundanidad" se consideraba a sí mismo Gonzalo Rojas (1916-2011), quien declaraba una doble parentela: la sanguínea y la imaginaria. Por la primera era hijo del minero del carbón Juan Antonio Rojas; por la segunda, de César Vallejo y Francisco de Quevedo. Se puede disentir de esta reivindicación de sangre poética; no de la primera. Gonzalo Rojas, en el poema "Carbón", retrata la figura paterna en su lucha, casi épica, contra los elementos de una naturaleza desatada, que cifran, a su vez, los de la explotación y el destino. Gonzalo Rojas, en estos versos, es a la poesía chilena lo que Baldomero Lillo, en Sub terra , es a la narrativa. Cuestionar el lugar que se ha ganado en la literatura, regatearle la cantidad de grandes poemas que hay en toda su obra es mezquino, por decir lo menos.

De México, donde la poesía de Rojas ha encontrado una enorme acogida, mayor incluso que en su propia tierra, Fondo de Cultura Económica trae la recopilación de sus prosas. Todavía es el título; palabra tomada del poema "Por Vallejo". La responsable de la edición ha sido Fabienne Bradu, la misma crítica y traductora francomexicana que reunió la obra poética completa de Gonzalo Rojas en Íntegra (2012). Cuenta Bradu en el preámbulo que el poeta deseó en los últimos años de vida compilar sus escritos en prosa, pero no le alcanzaron el tiempo ni las fuerzas. Ella cumple esa última voluntad con eficacia. Sistemática, estructurada, tenaz, ordena los materiales en 15 secciones. En la primera están los poemas en prosa de Gonzalo Rojas. En la segunda, sus dos cuentos de juventud: "Carta del suicida" (1939) y "El rey de corazón" (1940). Ambos textos demuestran que, como narrador, Rojas era un gran poeta (el mismo caso de Neruda en ese juvenil tanteo por la novela que representó El habitante y su esperanza ). Confusos, oníricos, latigudos, los textos están merecidamente olvidados, pero dicen mucho de su temporada mandragórica, y serán del interés de los especialistas.

"¿Y si me repito?"

En las secciones consecutivas se agrupan prólogos, ensayos, reseñas, enseñanza y diálogos, diarios de viaje, textos de poética, historia y política, elegías, páginas autobiográficas, notas, preliminares a lecturas públicas, discursos de recepción de premios y autoentrevistas. Si Íntegra superaba las 960 páginas, algo esperable en un poeta torrencial como Rojas, sorprende que sus prosas anden por las 600. ¿Se repite el autor en sus textos? Sin duda. A pesar del esfuerzo de Fabienne Bradu por expurgar las reiteraciones siempre que sea posible. Gonzalo Rojas tenía conciencia de esto y lo admitió más de una vez. "Claro, habré publicado unos veinticinco libros en México, en Madrid (...), pero de escribir, no he pasado de uno, y eso, ¡el mismo de lo mismo!", reconoce en un manuscrito titulado, precisamente, "¿Y si me repito?".

El discurso de recepción del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que pronunció el 2 de diciembre de 1992, refunde la mayoría de sus textos anteriores. En él está su repertorio de siempre, empezando con el tema de que "la novedad por la novedad no es mi fuerte", y siguiendo con su distanciamiento de las vanguardias; su amor a Paul Celan; sus deudas con Vallejo (el descubrimiento del tono), Huidobro (el desenfado), Neruda (cierto ritmo respiratorio), Borges (el rigor); la historia del cuchillo que disparaba a los 18 años contra una tabla (el zumbido); su autoimagen de anarca , en el sentido de Ernst Jünger ("Por eso no fui el hombre de la adhesión total y estuve lejos del sectario"); la epifanía que significó el descubrimiento de la palabra "relámpago" durante una tormenta eléctrica que lo marcó durante su niñez en Lebu, y el posterior hallazgo en Heráclito del fragmento en que el griego dice: "el relámpago gobierna la totalidad del Mundo"; la generación del 38 a la que perteneció; su encuentro con Vicente Huidobro, quien le recitó de memoria a Ovidio en latín, haciéndolo callar avergonzado; su reivindicación de Pablo de Rokha y de Gabriela Mistral; su travesía por el desierto, literal, a los 3.000 metros de altura en un yacimiento de Atacama, el año 42, enseñando a leer a los mineros con textos de Heráclito.

Con sus reiteraciones, con sus idealizaciones, con sus exageraciones incluso, Todavía es el aleph personal de Gonzalo Rojas. La viga maestra de su "fundamento", para usar la expresión que tanto le gustaba. En sus prosas se percibe -y esto lo reconocerán sobre todo quienes tuvieron oportunidad de escucharlo- la respiración asmática del escritor, su cadencia y sus pausas. El silencio que sostenía su culterano edificio literario. Íntegra y Todavía son el cara y sello de la misma moneda, el significante y el significado inseparables del signo poético que acuñó uno de los poetas chilenos más universales. Ese milagro que, como sus admirados Rubén Darío, Gabriela Mistral o César Vallejo, con quienes le gustaba compararse, venció al medio hostil de su cuna y llegó a ser admirado, traducido y premiado en todo el mundo. Pero también envidiado y criticado, tal como él mismo envidió y criticó a otros, porque en esto de la envidia y la crítica, tan hispánicas, tan chilenas, nunca hay calles de sentido único. El ataque, la polémica, la invectiva, no le fueron ajenos. Tenía modelos cercanos en Neruda, en De Rokha, en Huidobro.

Gonzalo Rojas -quien cantó a Miguel Enríquez en "Cifrado en octubre", ese poema que le pedían a gritos en los recitales- tuvo sus propias guerrillas. Rompió lanzas por Gabriela Mistral cuando, ya viejo, cayó en sus manos el libro Borges , de Bioy Casares, y leyó cómo los dos amigos porteños ninguneaban a la poeta chilena. Ninguneó entonces a ambos: "Al Borges no le gustaba la Mistral, pero ¿quién es el Borges para enjuiciar a las estrellas? Tampoco le gustaba a su paisano que se atrevió con él a la ritualidad de las Conversaciones con Goethe . ¿Cómo era que se llamaba ese paisano suyo que quiso ser su Johann Peter? Bioy Casares o algo así, me parece".

Su guerrilla con Nicanor Parra

De lejos, las hostilidades más prolongadas de Gonzalo Rojas fueron contra Nicanor Parra. Algo así como su doble, su Némesis, su gemelo opuesto, nacido en la misma zona lluviosa y procedente de un medio similar. Quien solo busque morbo no tiene que leer las 600 páginas de Todavía . Puede ir directo al índice de nombres y encontrará más de veinte menciones; en la primera, que remite al "Homenaje a Gabriela Mistral", Gonzalo Rojas se refiere al antipoeta como a "ese otro clown anciano [el primero es Lafourcade] de humoresque mohoso que aspira a la fragancia del Nobel y hasta le dice 'mamá' a la pobrecilla para que se le pegue".

En el ensayo dedicado a Pablo de Rokha, Gonzalo Rojas percibe con desagrado un "aire irrisorio" en el poema "Total cero", que Parra escribe acerca del suicidio del poeta nacido en Licantén, a quien Rojas llama "uno de nuestros progenitores".

Debido al criterio de agrupación no cronológica seguido por Bradu, lo irónico es que estos artículos aparecen en Todavía antes de la reseña, en general celebratoria, escrita por Gonzalo Rojas de Poemas y antipoemas , publicada en el periódico La Patria, de Concepción, en 1954. Sin embargo, como bien anota la editora en su preámbulo, asoman reparos que con los años se irán profundizando: "En los Antipoemas practica una técnica curiosa, llena de ingenio y de gracia, pero que encierra el peligro de la frivolidad, si se insiste mucho en ella".

En su discurso de inauguración del Segundo Encuentro Nacional de Escritores -precursor de los encuentros internacionales de Concepción-, realizado en Chillán el 19 de julio de 1958, Gonzalo Rojas resume las exposiciones del primer congreso efectuado en enero. En el acápite dedicado a la poesía, recuerda que Parra en su exposición enfrentó la poesía blanca (de la claridad), representada por él, Óscar Castro y Victoriano Vicario, con la poesía negra , "encarnada en los poetas que configuramos el proceso mandragórico", dice Rojas.

Veintidós años después, en un manuscrito datado en 1980, que Bradu da a conocer por primera vez, Rojas afirma: "El humor de Dada reverdecido en el surrealismo exaltó nuestro ánimo de subversión contra ese peso de la noche y poetas como el precursor Lautréamont, Alfred Jarry o Jacques Vaché nos permitieron romper toda suerte de estereotipias". Sorpresivamente, considera a Parra un "mandragórico tardío", que construye en sus antipoemas una versión singular del mundo al revés, haciendo propio el principio de Breton: "La belleza será convulsiva, o no será". Rojas niega con esto que la antipoesía suponga una ruptura, o al menos una ruptura original. Ni siquiera acepta que forme parte de una corriente paralela (poesía blanca), y adscribe a su fundador a la misma tendencia de la que pretende separarse. Le concede, en suma, la calidad de disidente.

Más allá de rivalidades anecdóticas sobre las que tanto se ha dicho, estos juicios dan cuenta de un proceso de diferenciación que configura la obra de Gonzalo Rojas por oposición con la de otros autores que disputan el campo literario chileno durante la segunda mitad del siglo XX. Esta guerra de baja intensidad, que solo por momentos escala hasta la confrontación directa, incluye la conquista de reconocimientos literarios. Rojas los obtuvo en abundancia, por más que a ratos manifestara hacia ellos sentimientos encontrados. Lo halagaban, por cierto, como a cualquier escritor, pero también le hartaban, por el esfuerzo que suponía preparar discursos. El copy paste se convirtió en la mejor solución para salir del paso, como advierte la propia Fabienne Bradu en su labor de selección y poda.

Entre los escritos de Todavía destaca sobre este asunto, por el hastío que transmite, el inédito poema en prosa "De cómo, cómo los bastardos", fechado el 7 de abril de 2006, año en que tanto Gonzalo Rojas como Nicanor Parra fueron postulados al Nobel:

"Hay que ver cómo repercute la Poesía en cada uno de estos bastardos; a unos les sale pelo en el ombligo y eso tapa la cuerda umbilical con la otra madre y ataja toda opción de resurrección, a otros les va mejor: se hechizan con la música de la versaina, otros se enfurecen y exigen inmortalidad ( Non omnis moriar dicen con Horacio que no supo lo que decía), otros livianamente se casan y olvidan el juego, otros (los más) dicen que no se entiende, que para qué; otros roncan hasta el amanecer, otros van a putas, a esas putas antiguas que todavía bailan en Venecia, otros lo apuestan todo a una sola carta y son felices, dicen que son felices, otros mean sangre por cualquier motivo, de puro miedo a la muerte mean sangre, otros pagan de una vez todos los vuelos en todos los aviones por si el Nobel; otros no, y mueren. Y eso les pasa por bastardos".

"Todavía" es el aleph personal de Gonzalo Rojas. La viga maestra de su "fundamento", para usar la expresión que tanto le gustaba.

 


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Foto:Francisco Javier Olea

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