Crítica de Arte Corporación Cultural de Las Condes y Galería AMS Marlborough:
Desvaríos creadores de Hugo Marín

WALDEMAR SOMMER 

Dos exposiciones simultáneas entregan una visión bastante completa de la obra del artista nacional Hugo Marín (1929). Una muy amplia rescata su ayer; el presente, la otra. Pintura y escultura muestran ambas. Además la primera -Corporación Cultural de Las Condes- revela una novedad importante: sus esmaltes y, sobre todo, los óleos de los años cincuenta. Prácticamente desconocidos por el público, sorprenden éstos por su calidad e individualismo. El más antiguo, Juicio final en Valparaíso -sus ángeles trompeteros como unos porteños más-, rebosa ingenuidad y un peculiar encanto popular. Los cuatro cuadros que lo continúan no pueden ya ocultar la formación profesional, a través de la sólida estructuración geométrica de sus arquitecturas y vegetaciones. Y al encanto expresivo se suma la sabiduría del color. Tampoco cabe pasar por alto ciertas audacias formales, por ejemplo, el gran paño blanco que juega con los edificios -Paisaje con sábana-, la coloración radiante de los muros y aquella planta caída en Ventana con maceta, la deliciosa interpretación naif del tranvía en una plaza.

Si los esmaltes sobre metal de inicios de la década atraen con sus figuras humanas tan genuinas, a finales de esta emergen en las pinturas elementos abstractos y un marcado expresionismo de aire mexicano. Sobresalen, vigorosos, Danzantes con dientes, Perro feroz -su ferocidad asimismo resulta dental- y Personajes en tonos naranja notablemente fogosos. De esos tiempos, Vociferantes II ostenta un rostro agresivo, capaz de anunciar las posteriores esculturas de cabezas. Pero también, entonces, deja ver ecos de expresionismo alemán Paisaje andino en llamas. 1961, entretanto, aporta una decidida abstracción por intermedio de dos obras destacadas: paisaje sin título y Composición con grafito y cordones. Hacia mediados de los años sesenta, tenemos un inesperado grupo de collages gráficos en blanco y negro, realizados en La Habana. Los más notables tienen como protagonista el cuerpo humano abierto, mostrando sus órganos abdominales; hasta una vez aparece una visceral arquitectura a lo Eisler sobre insólito fondo montañoso. A la fecundidad de similar época pertenecen, aparte de una sorprendente vitrina de estilo llena de heterogéneos objetos particulares, el cromatismo refinado de tres hermosos ensamblados de madera encontrada o resto de carpintería. De este trío de relieves, uno asimétrico se exhibe junto a la boletería del recinto.

Ante todo volúmenes alumbran las décadas del 70 y del 80. De ese modo, aunque ocasionalmente, el cuerpo humano llega a sintetizarse, sin perder nada reconocible, como un Paisaje interior; o a recoger algún eco del período colonial en la figurilla vestida y dentro de una vitrina dieciochesca. No obstante, pronto principian a manifestarse los fecundos paradigmas precolombinos y, acaso, los procedentes del Beni africano. Respectivamente, de los 80 subrayemos Chamán del cactus y una bella cabeza ejecutada con piel de serpiente. Cuerpo de tamaño natural el primero, ostenta adornos de greda y una textura de mosaico como corto pantalón. A la misma influencia sudamericana se hallan sujetos la gracia expresiva del par de Niños cangrejos, adornados sin rubor por caparazones del crustáceo; la elegancia de una de las cabezas en barro: Melchor y su cabellera plateada; el aire legendario del precioso Hombre pájaro, en formato natural y sedoso ropaje de plumas. Estos dos de 1996. Culminan la exhibición de Las Condes dos esculturas con los típicos objetos insólitos del expositor -cuero, dientes verdaderos, ojos de vidrio, cierre relámpago-, sin duda sus metamorfosis más radicales, más osadas. Ellas, síntesis estupendas, definen con la ironía más afilada, profesión y estado sicológico: El sicoanalista e Histeria (2005).

En AMS Marlborough

El Hugo Marín más actual lo presenta Galería AMS Marlborough. Sus ochenta y tantos años de edad lo sorprenden en plena creatividad. Aquí destacan las figuras en tres dimensiones: cabezas más grandes ahora -en tela, barro, cuero- que revelan ya ancestros africanos --a gracia de cuatro negritos-, ya japoneses -Hermes, provisto de adecuado sombrero y linda coloración-. El aditamento de conchas como ojos acreciente el genuino exotismo facial asimismo en Venusiano. Algo de ídolos tienen, por su parte, ciertos personajes pertenecientes al ámbito de influencia precolombina; realizados en cerámica, cuentan con dos de azul forma tubular, añadiendo evocación africana. Sin embargo, este mismo material da origen a un trío de bloques de menores dimensiones e interés iconográfico excepcional (2014). Se trata de una especie de sapitos, indefensos, asustados y de una expresividad ingenuamente animal.

Hugo Marín de Colección

Lugar: Corporación Cultural de Las Condes

Fecha: hasta el 4 de octubre

Cero infinito

Lugar: Galería AMS Marlborough

Fecha: hasta el 18 de septiembre

Amplia retrospectiva dedicada a la creatividad inquieta de Hugo Marín

 


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<p>Hugo Marín. Pinturas y esculturas de este artista se exhiben en la Corporación Cultural de Las Condes.<br/></p>

Hugo Marín. Pinturas y esculturas de este artista se exhiben en la Corporación Cultural de Las Condes.


Foto:Harold Castillo


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