ENTREVISTA Premio Nacional de Arte 2015
Roser Bru y la tenaz persistencia de su pintura

Es reconocida como la primera artista en Chile que logró conciliar la pintura con el arte informalista. Famosa, a la vez, por las citas en su pintura a Goya, Velázquez, Mistral, Kafka, Rimbaud y otros creadores. Cofundadora del Taller 99, esta catalana que llegó en 1939 en el "Winnipeg", huyendo de la guerra, creó un lenguaje. A sus 92 años pinta todos los días.  

CECILIA VALDÉS URRUTIA 

"El muralista mexicano Diego Rivera nos dijo a un grupo de artistas chilenos: 'no hay que hacer más pintura de caballete. No existe más'. Pero él seguía pintando retratos de las señoras que le hacían encargos en Ciudad de México. Nosotros (con Nemesio y otros) insistimos en la pintura, aunque nos preguntábamos sobre ello. ¡Y lo logramos!", nos contaba Roser Bru (1923), con esa transparencia que la caracteriza. Se le reconoce por su coherencia ejemplar de temática y vida.

El lunes fue elegida Premio Nacional de Arte. La decisión fue unánime. Habían elegido a la primera artista en Chile, como escribiera Waldemar Sommer, que logró conciliar magistralmente la pintura con el arte informalista y la gráfica. Y en cuyo arte se encuentran reveladores capítulos de la historia.

A sus 92 años sigue pintando. "Hago unas dos obras a la semana, las que después retoco y les doy una solución última", cuenta a Artes y Letras en medio de su amplio estudio, que mantiene en la misma casa de hace décadas, ubicada en una tranquila calle del barrio de Providencia. Esta semana pintó dos nuevas composiciones, en un estilo suelto y sintético. Uno de los cuadros sugiere la presencia de una fruta (granada) en un lugar de la obra. Pero sobrepasa el tema de la naturaleza muerta. La crítica de arte y escritora Adriana Valdés, quien participa en este encuentro (junto a la mano derecha de la artista, Rosita), califica esa pintura como "gloriosa". "Parto con la idea y dibujo directamente con el pincel. Aquí formé una especie de cruz de color blanco que ilumina y se desplaza hacia el motivo", nos explica Roser Bru.

Sus numerosas telas, dibujos y grabados, que se agolpan en las paredes de su taller, nos van trasladando hacia pasajes de su historia y a grandes escritores y artistas que ella cita, como Velázquez, Goya, Kafka, Rimbaud, Vallejo, Mistral, Frida Kahlo, Neruda, Lihn.

Roser Bru está radiante. Viste una falda negra con motivos blancos semigeométricos, similares a los del pañuelo de seda que cae sobre su cuerpo, lo que junto a su rostro característico recuerda a sus "grandes amigas pictóricas", Las Meninas, que ella tanto cita. "Me parezco a ellas por la chasquilla", reconoce riendo.

Está feliz con el premio, aunque reflexiona, en medio de la llegada de decenas de ramos de flores: "Era la mayor de los que postularon... Pero la verdad es que son muchos años de trabajo y de investigación. Lo merecía", confiesa bajando la voz. Mantiene en cada rincón de su casa obras y testimonios de sus compañeros de ruta en el arte por más de 70 años. Hay piezas de Antúnez, Vilches, Ortúzar, Balmes, Miró, Matta y hasta un Fernand Léger. Imágenes de la galerista Carmen Waugh, Carreño, Neruda y otros históricos. Nos lleva hacia el living, donde sobresalen unos magistrales caballos de la Hormiga, Delia del Carril, quien organizó con Neruda la venida del ¨"Winnipeg", en el que la catalana llegó al puerto de Valparaíso con otros refugiados españoles, arrancando de la guerra.

En medio de la historia

Roser Bru tenía 16 años -recuerda- cuando Neruda y la Hormiga articularon todo sobre el viaje del "Winnipeg". "Yo había estado antes exiliada en Francia, debido a la posición catalana de mi familia". Su padre era maestro de escuela cuando se interesó por la Izquierda Catalana. "Un partido muy nacionalista, pero no extremista, sino similar a lo que fueron los radicales en Chile. El problema fue que sus ideas las vivió muy intensamente y eso nos costó un primer exilio durante cinco años".

Para su segundo exilio en Francia (antes de tomar el barco), la joven catalana y su familia debieron cruzar la frontera desde España, en forma clandestina. "Era peligroso. Lo hicimos en Perpignac y de ahí a Montpellier, donde unas familias nos dieron alojamiento. Tuvimos que escondernos varias veces en plena noche. Walter Benjamin murió en uno de esos pasos fronterizos. Su angustia de no poder pasar las fronteras lo condujo a quitarse la vida". Roser pintó años después "La maleta perdida de Benjamin".

El barco de refugiados recaló en el puerto de Valparaíso el mismo día en que estalló la Segunda Guerra Mundial. Roser Bru llegaba con una carga cultural e histórica inusual para su edad. Había estudiado en un colegio en Madrid donde García Lorca les enseñaba teatro y acudía también Bertrand Russell. Y estuvo en el colegio Montessori en Barcelona, en el que cada vez que llegaba el inspector los mandaba de inmediato al sótano a refugiarse, durante la Guerra Civil.

Vivía en el barrio Gótico, "donde aprendíamos el arte románico recorriendo las calles". En tanto, Antoni Tàpies -protagonista del informalismo español - , residía a cuadras de ella. "Fue muy importante para mi obra y fue muy cariñoso conmigo, cuando lo conocí. Conservo todos sus libros e imágenes".

Roser saca en medio de sus dibujos un testimonio de la Guerra Civil: "Es el retrato El Miliciano, de Robert Capa", comenta. Y luego toma uno de sus tesoros: un antiguo libro sobre Rimbaud, de los poetas que más cita en su pintura. "Lástima que hizo casi toda su poesía a los 17 años y después se convirtió en traficante de armas y esclavos". Al reverso de una foto del poeta francés, hay un sorprendente dibujo que Roser hizo hace años, con indicaciones y trazos.

La flamante Premio Nacional es conocida como una gran dibujante, en tiempos en que muy pocos lo son. "El dibujo está en todo y dibujo mucho. El dibujo me fundamenta y el color me complementa", puntualiza.

Kafka, Velázquez, Goya

Ese enorme talento para el dibujo la ha llevado a recrear con certeza y libertad una de las imaginerías más fuertes de la historia del arte. "Pero las propuestas de la artista emergen como transfiguraciones actuales y nuevas. Y cita como a nadie a Goya y Velázquez", subraya Sommer.

La cita contemporánea en el arte trata de una "apropiación" o reformulación de obras del pasado que hace un artista con su propio lenguaje. Su historia es de larga data: Goya, Klimt, Picasso o Dalí hicieron citas o recreaciones de Velázquez, como Roser, que los toma y luego transfigura a través de su singular y reconocible lenguaje pictórico.

Ha pintado varios cuadros en este último tiempo sobre Velázquez y Goya. Tiene nuevas obras sobre "Las Meninas". "Una de mis pinturas sobre Margarita la acompaño con una frase del poeta Paul Célan: Tu cabello dorado Margarette . Y la pinto más triste, a veces más bonita o más vieja, me adelanto en el tiempo". Una pintura reciente lleva la frase "Margarita desconfía", agregando ese humor característico del lenguaje y de la personalidad de Roser.

Le interesa también mucho Goya por su faceta de cronista de la época. "Me lleva a hacer recreaciones muy distintas porque él ya intervenía mucho su obra".

Kafka es otro de sus invitados habituales: pintó ahora su rotundo rostro junto a la lectura "Vivir en libertad condicional". Para sus obras sobre el escritor checo y su compañera Milena Jesenská, leyó todas sus cartas. Investigó sus vidas solitarias y dolorosas. "Kafka fue prohibido por los nazis cuando él ya estaba muerto y Milena se puso una estrella de David en la frente y eso la condujo a los campos de concentración, donde muere".

"Los personajes que recreo son siempre destinados y complejos", advierte la artista. El poeta español Miguel Hernández es otro de los que reaparece. Lo cita usualmente a partir de una foto tomada desde la altura, cuando estaba en la cárcel.

Pero son sus pinturas sobre Gabriela Mistral, las consideradas "únicas" por la crítica. "Partí con imágenes de ella cuando todavía era Lucila Godoy. La poeta luchó contra su destino inicial en un pueblo en la montaña, aunque a la Mistral yo también la encierro y la pinto con un delantal blanco. Porque a ella se le exigió que no viviera su cuerpo". Una de sus pinturas notables es "La letra con sangre entra", de los años 80.

Hace unos meses volvió también a pintar al poeta Enrique Lihn, a quien le agregó la frase "Nunca salí del horroroso Chile". "Con estas frases y citas de poemas, que son claves en mi obra, me permito darle otro giro al cuadro", confiesa. También acaba de recrear el rostro de Víctor Jara, mientras sus referencias a artistas como Botticelli, Vermeer, Bacon o Magritte se fueron transformando en guiños a pintores como Balthus o De Kooning. El crítico Waldemar Sommer ha profundizado en ello; hay otros textos, están sus entrevistas y libros como el de la historiadora de arte Claudia Campaña, "Velázquez en la obra de Bru y Cienfuegos".

Con Nemesio y el Taller 99

La galardonada hace un reconocimiento especial "a mi gran maestro Pablo Burchard, quien nos enseñó a todos". Roser Bru ha abordado también otros temas con maestría, como el de las camas vacías, "que alude a los que ya no están". Figuran también sus composiciones de las "Mujeres cariátides", que las vincula al arte románico. Y sus naturalezas muertas, donde la sandía ha sido la gran protagonista.

La recreación de esa fruta partió en los años 50, más relacionada con Tamayo o Carreño, y su forma le permitió después trabajarla como objeto geométrico, con el triángulo y círculo. La usa para simbolizar pasajes de Frida Kahlo, otro de sus personajes entrañables, sobre la que pinta sus quiebres emocionales, su accidente y enfermedad.

Este año la pintó en un tríptico. "La instalo con la muerte con una calavera y con una mujer que simboliza la muerte, la pálida de la cultura popular", muestra a Artes y Letras. Roser repasa capítulos de su vida. "Siempre estoy releyendo y lo hago más en la costa (Cachagua), en Santiago pinto". Es usual verla en el verano en la playa Las Cujas, con su amiga Adriana Valdés. "También estamos mucho con mi amigo Tito Noguera y su mujer"; quien, en medio de esta entrevista, era elegido Premio Nacional de Teatro. En el taller de la pintora cuelga una refrescante foto de ambos ganadores, abrazados años atrás.

Roser Bru fue postulada al premio por el Taller 99, como entidad, donde acude a trabajar los miércoles. Ella fue junto a Nemesio Antúnez , "el fundador", una de las primeras integrantes del mítico taller, nacido en la calle Guardia Vieja. Allí partieron con Dinora, Vilches, Balmes y poco después llegó Delia del Carril. Neruda la había abandonado y fue Nemesio quien la impulso a dibujar, a sus 70 años. Creó ahí sus notables caballos. Roser fue un puntal en ello. Nos muestra algunas obras claves de la Hormiga, como "El padre". "Fíjate en la fuerza de su trazo, en las terminaciones. Me envió esta obra para que le opinara sobre cómo la encontraba", nos cuenta.

El ambiente en el Taller 99 era muy suelto. "Todos se ayudaban. Nemesio fue muy generoso con nosotros. Él había trabajado antes con William Hayter, en Nueva York, y fue el primero en hacer una carpeta de grabados con Miró. Nos enseñó todo".

Esos orígenes del Taller 99 conducen a una época gloriosa del arte, de fines de los años 50, 60 y 70 en Chile, cuando acudían allí señeras figuras. Y fue donde Roser adquirió la seguridad para poder pintar. "Había partido por el dibujo y al dominar la técnica del grabado, que no permite marcha atrás, tuve ese aplomo que necesitaba para pasar a la pintura".

'' Yo a Gabriela Mistral la encierro y la pinto con un delantal blanco, porque se le exigió que no viviera su cuerpo".

'' Siempre parto de una idea y dibujo directo con el pincel sobre la tela. El dibujo me fundamenta y el color me complementa".

 


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La letra con sangre entra, 1986. Sus citas sobre la Mistral son extraordinarias, según los críticos de arte.
"La letra con sangre entra", 1986. Sus citas sobre la Mistral son "extraordinarias", según los críticos de arte.
Foto:ROSER BRU

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