Perfil Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales:
Héctor Noguera: "Hay que reinventarse para ganar más vida"

El reconocido actor de teatro, cine y televisión repasa los momentos más significativos de su vida y carrera: su infancia y la pérdida de su padre, su paso por el colegio San Ignacio y la Universidad Católica, sus maestros y la admiración que mantiene por los clásicos.  

Maureen Lennon Zaninovic 

En su Teatro Camino, emplazado en la Comunidad Ecológica de Peñalolén, el actor Héctor Noguera (78) recibe de manera muy acogedora. El miércoles ha tenido una extensa jornada de entrevistas para diversos medios de TV y de radio, y su rostro no revela signos de cansancio, para nada.

No se puede decir que el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales lo haya rejuvenecido, porque si algo ha caracterizado la dilatada vida y elogiada carrera de este artista chileno ha sido la frescura e intensidad con que siempre ha abordado sus roles, una intensidad que parece no tener límites, incluso ahora que está a dos años de un cambio de folio importante.

Su productor Yerko Farías revisa su cuenta de Facebook y de Twitter y le comenta que, tras el anuncio del premio, no ha parado de recibir comentarios y tuits de felicitaciones. "¡Qué fantástico!", le responde el actor y le solicita mandar los saludos, entrevistas y notas de prensa a Montevideo. Noguera está muy preocupado de la difusión de "Mr. Kaplan" (se estrenó en Chile a fines de abril): la película del cineasta uruguayo Álvaro Brechner y donde, gracias a su papel protagónico, ha recibido importantes reconocimientos internacionales, entre otros el Premio al Mejor Actor en el Festival de Biarritz.

"Como lo escribió el actor y director Alfredo Castro, a lo largo de los años he tratado de salirme de los espacios de tranquilidad, tomar riesgos. Uno como artista tiene que reinventarse. Hay que hacerlo para ganar más vida. Por eso me fascina estar presente en los tres medios: en el cine, el teatro y la TV. Gracias a ello, siento que he llegado a más personas", comenta a "Artes y Letras".

Tataranieto del ex Presidente José Joaquín Prieto y descendiente del escritor Jenaro Prieto ("El socio"), el artista rememora que su niñez no fue para nada fácil. Perdió a los dos años a su papá: Héctor Noguera Prieto, por lo que su madre, Yolanda Illanes Benítez, y sus abuelos asumieron su crianza. "Fue una pérdida muy grande para mí y para mi padre. Él hubiera querido poder vivir más para ver todos mis logros. Tuve una niñez en la que no me faltó nada en lo económico, pero resentí no tener hermanos y un progenitor. Fui un niño bastante solitario", revela emocionado.

Noguera estudió en el Colegio San Ignacio de Alonso Ovalle, un establecimiento clave en la cristalización de su amor por las tablas.

"Tengo muy buenos recuerdos del San Ignacio. Ahí hice grandes amigos como el artista Claudio Bravo y José Cox, amigos que se convirtieron en entrañables y claves en mi desarrollo", rememora y añade que en su época escolar integró una escuela de teatro dirigida por el profesor de castellano Alfredo Peña. "Afortunadamente está vivo y muy bien. Peña formó un grupo que sin duda me marcó. Es una pena que hoy en los colegios estén más bien reducidos los ramos artísticos. En la reforma educacional se debería incluir la asignatura de teatro. ¡Sería un aporte tremendamente formativo! En un momento en que nos quejamos de que los jóvenes tienen poco vocabulario y escasa capacidad de expresión, el teatro -si fuese un ramo- ayudaría ampliamente a que ellos pudieran comprender el sentido de la palabra".

El legado del Padre Hurtado

En el San Ignacio de Alonso Ovalle, conoció a San Alberto Hurtado (1901-1952), un encuentro que hoy le suscita emocionantes testimonios:

"Asistí a su funeral y fui uno de los que les tocó tirar su carroza: una labor que nos fuimos turnando con varios alumnos del colegio. Recuerdo vivamente la cruz de nubes que se formó en el cielo y la larga caminata que hicimos hacia el Hogar de Cristo", señala el actor y comenta que el Padre Hurtado influyó poderosamente en los sacerdotes, los profesores y los estudiantes del San Ignacio. "Siempre se nos ponía de ejemplo y a veces esa comparación nos provocaba sentimientos de culpa. Uno, por ejemplo, si iba a una fiesta con amigas, de inmediato se imaginaba al Padre Hurtado con su camioneta recogiendo a los pobres. Él siempre hizo cosas mucho más nobles que nosotros (risas). Era una época, además, en que se compraban muy pocas cosas, en que no existía la sociedad de consumo que tenemos ahora, los jóvenes teníamos apenas un terno, un abrigo y nada más. Y el Padre Hurtado regalaba todo y uno sentía que también debía regalar el abrigo ¡Y costaba!".

Tras finalizar su etapa estudiantil, Héctor Noguera decide estudiar en la Academia de Arte Dramático del Teatro de Ensayo de la Universidad Católica, provocando un verdadero terremoto familiar. "Jenaro Prieto era la única referencia de un artista en mi familia, así que cuando le comuniqué a mi mamá que quería ser actor no lo tomó para nada bien. ¡Todo lo contrario! Fue un problema porque, como había fallecido mi padre, ella asumió los papeles de mamá y papá, y desde este último rol sentía que no debía permitirme ser artista, sino que había que buscar algo más práctico. Con el tiempo cambió de opinión y fue un gran apoyo. Por el lado de mi familia paterna, la noticia fue recibida con tanto recelo que hasta me pidieron que me cambiara el apellido. Viví un momento muy duro".

Entre Dittborn y Heiremans

En la Escuela de Arte Dramático del Teatro de Ensayo de la UC se formó bajo el alero de dos grandes profesores: Eugenio Dittborn (1915-1979) y Luis Alberto Heiremans (1928-1964). Del primero sentencia: "Él fue mi maestro. No lo advertí cuando él estuvo vivo, cuando trabajaba con él, sino que fue una consecuencia posterior. Me acuerdo a cada rato de Eugenio, escucho sus palabras, en cada cosa que hago pienso qué diría de lo que estoy haciendo ahora. Me aplaudía muy poco. No me halagaba. ¡Para nada! Y eso me sirvió mucho, porque siempre vi en él a una persona exigente".

Gracias al dramaturgo Luis Alberto Heiremans realizó su debut formal en las tablas, en 1958, con la comedia musical ¡Esta señorita Trini! "Luis Alberto fue importante porque me dio un espacio profesional, pero, fundamentalmente, me dejó huella como profesor y maestro. Cuando entré a estudiar teatro fue él quien nos recibió. Nos dio una acogida que recordaré siempre. 'Bienvenidos al teatro chileno. Ustedes son parte de la familia teatral', nos dijo. Yo, que tenía una familia tan reducida, de repente saber que pertenecía a una familia tan grande como es la del teatro chileno, me dio mucho gusto. Me sentí con varios hermanos". Y desempolva más recuerdos de esos años: "A lo largo de mi carrera me tocó protagonizar otra obra de Heiremans: 'Versos de ciego'. Fue un maestro excepcional, generoso, humanista y muy exigente. Ahora siento que se halaga demasiado. Los profesores tendemos a complacer demasiado a los jóvenes, pero en mi época eso no se usaba".

Su encuentro con "La Desideria"

En el Teatro de Ensayo también conoció a la legendaria actriz Ana González (1915-2008). "Cerca de 1956 me la presentaron en el Teatro Camilo Henríquez y fue un momento inolvidable. La Ana era una actriz consagrada y de mucho prestigio, y me pareció tremendamente simpática. Dos años después me tocó compartir escenario con ella y con Carmen Barros en '¡Esta señorita Trini!'".

El actor se explaya en sus recuerdos sobre la actriz, conocida por su inolvidable personaje de "La Desideria": "Era divertida, brillante, animosa e inteligente, pero también dueña de un carácter fuerte. Si lo quería, Ana González podía ser muy desagradable, antipática y dura. Afortunadamente, y desde siempre, a mí me trató muy bien. Yo incluso formé una compañía con ella: El Club de Teatro. Fue bien cariñosa conmigo, pero también fui testigo de que no lo era con todo el mundo y a veces estallaba, con episodios temperamentales. Muy diva, y ella sabía que lo era. Tenía privilegios especiales: un camarín y comidas especiales; pero Ana se tomaba todas esas atribuciones de manera natural".

Héctor Noguera es padre de seis hijos, además tiene 4 nietos y un bisnieto. Con su primera señora, Isidora Portales, tuvo a María Piedad y a María Amparo. Después, fruto de su actual matrimonio con Claudia Berger, nacieron cuatro hijos más: Claudia (quien falleció horas después de su nacimiento), Diego, Emilia y Damián. Todos ellos vinculados -de alguna u otra manera- al medio artístico: "Muy emocionante. Hay muchas familias teatrales en Chile, pero quizás la mía sea una de las más amplias, la que tiene más tiempo", comenta el actor.

Las huellas de "La vida es sueño"

Los clásicos y en especial "La vida es sueño", de Calderón de la Barca, han tenido un lugar preponderante en su quehacer sobre las tablas: "No sé cuántas funciones tengo en el cuerpo de 'La vida es sueño'. Empecé muy joven con esta obra. Desde que estaba en el colegio me gustaba recitarla todo el tiempo. Después, durante mis años de estudio de actuación, también recurrí a ella. He hecho muchísimas versiones de este clásico y muy diferentes, entre ellas el unipersonal: 'Héctor Noguera nos cuenta La vida es sueño' y que dio origen a un bellísimo documental que realizó la Universidad Católica sobre toda mi trayectoria con esta pieza, desde joven hasta ahora".

"Siempre he dicho que una parte muy importante de la atracción que genera en mí 'La vida es sueño' y también 'El gran teatro del mundo' de Calderón es que se trata de textos que no entiendo a cabalidad y espero, cada vez que los monto, poder entenderlos. Si yo escojo una obra es para explorar, ya sea su aspecto teatral propiamente tal o para explorar en la conducta humana. La exploración es muy importante y cada vez que presento esta obra, trato que su riqueza infinita vaya dando su fruto".

A lo largo de su extensa carrera le ha tocado protagonizar y dirigir varios clásicos de la dramaturgia chilena y universal, entre otros "Las sillas" de Eugène Ionesco, "El burgués gentilhombre" de Molière, "Deja que los perros ladren" de Sergio Vodanovic y "La remolienda" de Alejandro Sieveking. "El rescate de los clásicos ha sido muy importante en mi carrera. Hay que mantener vivo este repertorio, pero hay que ofrecérselo al público con un espíritu del momento", explica Héctor Noguera.

Al Premio Nacional lo postuló la Universidad Mayor, ya que, desde hace diez años, es decano de la Facultad de Arte de este plantel: "Encuentro notable que hoy tantos chicos quieran estudiar teatro, en circunstancias de que siempre aparece en el ranking de las carreras con poco destino profesional. Por lo menos nosotros, en la U. Mayor, cada año tenemos más postulaciones. Los jóvenes, a pesar de la época tan mercantilista en la que estamos insertos, escogen algo en lo que pueden desarrollarse mejor, que les llene el alma. Siento que hay mucha creatividad en ellos. Puede que no exista demasiado trabajo para tantos actores, pero hay que buscarlo. En estos momentos todos los artistas, de distintas ramas, gestionan su propio arte. Es el signo de los tiempos. Eso hace difícil la profesión, pero también te hace más responsable del proceso total", concluye.

 Algunos hitos de su elogiada carrera

Con "¡Esta señorita Trini!" de Heiremans (1958) realizó su debut formal sobre el escenario. "Fue una de las primeras comedias musicales que se hicieron en Chile y tuvo un éxito enorme", recuerda Héctor Noguera.

En 1991, en el Teatro UC, se unió junto a Ramón Núñez al elenco de " Theo y Vicente segados por el sol" , con la dirección de Alfredo Castro. "Fue para mí una experiencia realmente apasionante meterme en el corazón y en el alma de ese gran pintor, con toda su contradicciones, con toda su nobleza y con toda su pequeñez", comenta.

Un año después, en el Teatro UC, protagonizó "Rey Lear", de Shakespeare, basada en la traducción de Nicanor Parra. "La traducción logró lo increíble: ser Shakespeare y, al mismo tiempo, ser Parra. Fantástica", dice.

En 2007, en su Teatro Camino, integró el elenco de "El último encuentro": la adaptación que Christopher Hampton hizo de la novela de Sándor Márai; junto a sus grandes amigos Alejandro Sieveking y Bélgica Castro. "Esta es, dentro del teatro contemporáneo, una de las creaciones que más me han impactado", añade.

En 2013, también en el Teatro Camino, dirigió "El Jardín de Cerezos", de Chéjov: "Es una de mis obras más queridas. Me gusta mucho Chéjov y, al hacer esta pieza, el autor ruso se me reveló. Lo había leído, pero nunca antes lo había dirigido. En la dirección fue apareciendo su humor tan humano y conmovedor".



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<p>Héctor Noguera en su Teatro Camino, en pleno corazón de la Comunidad Ecológica.</p>

Héctor Noguera en su Teatro Camino, en pleno corazón de la Comunidad Ecológica.


Foto:SERGIO ALFONSO LÓPEZ

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