Soy la mano sangrienta

Se dice que un sector de la Nueva Mayoría no quería que entraran los camiones porque en sus acoplados traían una retroexcavadora hecha añicos.  

 

Esta semana el oficialismo se dedicó a construir un monstruo: la caravana de los 13 camiones de La Araucanía.

Hubo miembros de la Nueva Mayoría que metieron miedo con que los camioneros iban a irrumpir en Santiago como si fuesen las plagas de Egipto, el Ejército Rojo, Atila y los Hunos. "Sediciosos", les llamaron en las redes sociales. "Golpistas", "Violadores del Estado de Derecho", "Depredadores de la ley", les dijeron también.

"Los camioneeeros ya están en Curicooooooo", proclamaban algunos medios con voz lúgubre; como cuando uno en la adolescencia contaba historias de terror en la fogata playera para que las chicas se abrazaran a uno de puro miedo. "Ahooora están en Rancaguaaaaaaa", actualizaban. "¡Por Dios, los camioneros llegaron a Angostuuuraaaaa!", informaban al borde de hacerse pipí al aire algunos reporteros.

El vocero, agrandado, anunciaba: "No entrarán a Santiago". Y sacaba pecho, como diciendo, duerman tranquilas, niñas inocentes; yo las defenderé de los malhechores.

Pero, como en el chiste de Condorito "La mano sangrienta" (en que un sujeto llama a una casa en varias oportunidades diciendo "soy la mano sangrienta y me estoy acercando a tu casa", para luego tocar el timbre y solo pedir un parche curita), la movilización de los camioneros terminó siendo un desplazamiento dócil e inofensivo por el frontis de La Moneda, que duró menos de un minuto.

Los oficialistas nos hicieron creer que los camiones del sur eran como Optimus Prime, el camión todopoderoso y demoledor de los Transformers, cuando en verdad no eran más que un montón de camiones como "Mate", el de la película "Cars".

De hecho, los vándalos llenos de odio que estaban esperando a los camioneros frente a La Moneda y que les lanzaron todo tipo de proyectiles resultaron ser más violentos y peligrosos que los transportistas.

¿Pero no sabía el Gobierno que los 13 camiones que venían desde hace días desplazándose desde el sur eran, en verdad, mansitos? ¿Por qué tanto alboroto? ¿Por qué la necesidad de tener que dictar un decreto especial de medianoche para detenerlos en Angostura?

Yo me pregunté eso durante todo el día jueves. Me parecía que dejarlos entrar a la Alameda para que entregaran su carta tomaría a lo más una media hora y el tema quedaría resuelto. El Gobierno figuraría como una entidad sensible y magnánima. Y ya. Los camioneros tendrían que volver al sur. Y cualquier cosa extraña que pudiesen intentar sería repudiada por la opinión pública.

Pero se escogió un camino distinto.

Entonces, o no hay nadie en La Moneda pensando estratégicamente o aquí hay gato encerrado.

De hecho, circula una teoría al respecto. Se dice que un sector de la Nueva Mayoría no quería que entraran los camiones porque en sus acoplados traían una retroexcavadora hecha añicos: calcinada, oxidada y rota. Para algunos, esa chatarra podía convertirse en un símbolo de la derrota del programa inicial de la NM. La postal de una retroexcavadora muerta frente a La Moneda era simplemente insoportable.

Pero yo no estoy tan seguro de eso. Más bien, creo que muchos andan espirituados por la vida. Viendo fantasmas.

Quizás haya que hacer un sahumerio en La Moneda. Y listo.

 


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