Eduardo Engel, a cuatro meses de entregar la agenda de probidad:
"Hay indicios que me preocupan; las leyes que hoy estarían saliendo del Congreso serían muy débiles"

Según el economista, las reformas que buscan transparentar la política viven un momento crítico. El gran obstáculo, dice, son las dirigencias partidistas. "No quieren la democracia interna porque les quita poder", acusa. Pero también cuestiona decisiones del Gobierno y pide a la ciudadanía involucrarse.  

M. Soledad Vial 

C uando hace cuatro meses entregó su informe, un economista chileno afincado en Inglaterra lo comparó con Gary Medel. "Si se le mete algo entre ceja y ceja, no lo suelta más", dijo de Eduardo Engel, el intelectual elegido por Michelle Bachelet para sacar adelante la agenda de probidad, su principal apuesta para contrarrestar la crisis en que los escándalos de corrupción sumieron al mundo político, incluida La Moneda.

Y aunque cueste aplicarle la imagen futbolera al destacado economista -el primero y único en ser incorporado, la semana pasada, a la Academia de Ciencias-, la metáfora tiene mucho de cierto. Engel no dará tregua hasta que sus propuestas -las más importantes, al menos- sean leyes.

Las ha empujado con reuniones y llamados a los ministros políticos, siguiendo diariamente sus avatares. Lo ayudará, ahora, el observatorio ad hoc creado por Espacio Publico, el think tank que él también preside. Estará a cargo de María Jaraquemada, investigadora de la ONG Ciudadano Inteligente, la misma que hizo saber que los diputados de la comisión de Constitución, por mayoría, repusieron los aportes de empresas a las campañas políticas. Un confuso episodio del que todos se culparon, pero que en definitiva cerró la puerta al tema.

Es un ejemplo de lo que Engel espera para las otras iniciativas, a días de que el Ejecutivo ingrese indicaciones. "Hay indicios que me preocupan; las leyes que hoy estarían saliendo del Congreso serían muy débiles" dice.

-¿Y cómo se lo explica, cuando, en cadena nacional, estas reformas fueron presentadas como urgentes por la Presidenta?

-Aprobar buenas leyes toma tiempo, más cuando son proyectos complejos. El Gobierno recogió más de 20 iniciativas en leyes nuevas o ya existentes en el Congreso. En organismos como el BID o el Banco Mundial, Chile es citado como ejemplo por su forma de reaccionar frente a escándalos de corrupción, de la misma forma que en Brasil, en España, no pasa nada.

-Pero sin urgencia en el Congreso, ¿podría aparecer como algo testimonial, o una forma de salir del paso cuando el caso Caval instaló la crisis política en La Moneda?

-Si fuera eso, no se habría incorporado parte importante de las iniciativas que propusimos ni tendríamos veintitantos proyectos hoy en el Congreso. La Presidenta está convencida de esta agenda, pero está claro que las comunicaciones no han sido el fuerte de este gobierno. Convengamos en que nadie es capaz de seguir 35 iniciativas que corren por carriles distintos y el Gobierno ha hecho poco para facilitarlo. Tampoco es fácil sacar una agenda de reformas que les quita poder a los políticos.

-Para el chileno común, el tema salió del debate público.

-Ha faltado un discurso comprensible y coherente que permita a la ciudadanía entender que lo que está en juego es una democracia mucho mejor.

"Estamos avanzando pero hay indicios que me preocupan; las leyes que hoy estarían saliendo del Congreso serían muy débiles en temas fundamentales para la democracia".

"Estamos en un momento clave. Si las indicaciones que el Ejecutivo ingresará no son las correctas, vamos a perder una gran oportunidad y podríamos tener otra crisis enorme de aquí a cuatro años. Entonces sí habrá terreno fértil para que aparezcan todo tipo de liderazgos populistas".

-¿A qué se refiere con "débiles"?

-Es muy importante que haya democracia interna en los partidos. Que los órganos disciplinarios sean representativos y sus decisiones transparentes y apelables ante órganos externos, como el Tricel. También, que el Servicio Electoral supervise las elecciones internas. Hoy las directivas tienen demasiado poder y eso les permite perpetuarse. No quieren la democracia interna porque les quita poder.

-No es la primera vez que critica ácidamente a los políticos. Ellos acusan que usted tiene "prejuicios".

-El mal funcionamiento de los partidos es un diagnóstico compartido y no sacamos nada si no los reformamos; de ahí vienen las autoridades, los presidentes, ministros, parlamentarios y alcaldes que luego gobiernan el país.

"Las propuestas de nuestro consejo se basan en historias que escuchamos, una y otra vez, de militantes de todos los partidos. Los padrones hoy no son confiables porque permiten que grupos controlen los partidos sin tener representatividad. Existen los 'caciques', que, con direcciones y RUT falsos, inscriben militantes de sus circunscripciones para que voten como ellos quieren y nadie pueda ubicarlos".

"Pero así como soy crítico, también veo signos muy positivos. Hasta hace poco, ningún líder político estaba de acuerdo, públicamente al menos, con la reinscripción de todos los militantes, y ahora han aparecido algunos muy importantes, como el presidente del Senado, Patricio Walker.

-Fue el gobierno quien acogió los reparos de los partidos y no incluyó la reinscripción en su proyecto. ¿Fue una buena señal para la agenda?

-No lo incluyó, pero tampoco saca nada con poner temas si luego los parlamentarios los rechazan. Las victorias morales no sirven. Hay una estrategia legislativa compleja, y es perfectamente posible que ingrese un proyecto que luego se fortalece con indicaciones. Así leo un memorándum que habría trascendido de la Secretaría de la Presidencia.

-¿Se lo confirmó el ministro Eyzaguirre?

-Lo conozco hace más de 30 años y sé que tiene una convicción profunda respecto de esta agenda. El tiene un desafío enorme y que ningún miembro del Gobierno puede lograr solo: conseguir los votos en el Congreso. Esta ley no avanzará si no tenemos a la ciudadanía poniendo presión a los parlamentarios. Basta ver una propuesta a la que no se le había dado ninguna importancia, como la dedicación exclusiva de los parlamentarios: se volvió totalmente viable cuando el ex ministro Insunza debió renunciar por conflictos de interés evidentes. La ciudadanía tiene muy claro lo que quiere en este tema; muchos parlamentarios, no.

-Los partidos dicen que muchas de estas reformas les quitan autonomía y aumentan su dependencia del poder central y del gobierno de turno.

-¿Qué autonomía pierden, si estos procesos de democracia interna introducen solo transparencia y equilibrios que evitan abusos? Los partidos recibirán su plata de acuerdo a criterios objetivos, independientes del gobierno de turno, y tienen todo el derecho de no acogerse, pero el Estado también de no entregarles ni un peso.

-Pero hoy existe esa posibilidad, porque ambos proyectos, financiamiento y ley de partidos políticos, corren por carriles separados.

-Separarlos fue una decisión poco afortunada del Gobierno, porque sería impresentable que se apruebe el financiamiento sin que se introduzcan los cambios que los partidos deben hacer. Esa posibilidad hoy existe.

"El 80% de la ciudadanía rechaza entregar dinero público a la política; en el consejo nos jugamos por hacerlo, pero a partidos que funcionen con democracia interna y total transparencia".

Retraso en Servel: "El riesgo es enorme"

-¿También sería impresentable que el Servel no tuviere autonomía ni recursos para el nuevo rol fiscalizador que le asigna esta agenda? Aún no se envía al Congreso.

-Han transcurrido cuatro meses desde el informe de la comisión y no se ha enviado ese proyecto que la ex ministra de la Presidencia nos aseguró estaba listo. No entiendo qué ha pasado, el riesgo es enorme. Si para cuando comience el ciclo electoral, con las primarias municipales a mediados de 2016, no se ha hecho la reingeniería que demanda el Servel, el desprestigio de la clase política, que ya es grande, pasará a ser total y absoluto.

-¿Hay tiempo suficiente para garantizar una fiscalización efectiva de las campañas o podría terminar en un "Transantiago electoral"?

-El mismo Servel nos dijo en la comisión que necesitan tener la norma aprobada el 30 de septiembre, porque toma tiempo cambiar todos sus procesos, contratar y entrenar al nuevo personal. El Servel requiere de una nueva orgánica, porque verificar el gasto en terreno representa un desafío de gestión enorme. Es urgentísimo que el Gobierno ingrese ese proyecto.

"Anticipándome, plantearía un plan piloto para las municipales, que sortee aleatoriamente un número de comunas importantes, que ojalá no se conozcan, y ahí se implemente el nuevo modelo de fiscalización de las campañas. Y para las elecciones de 2017 tenemos el nuevo Servel funcionando en pleno".

-¿Al estilo de la reforma procesal penal?

-Sí, hagámoslo despacio pero bien, teniendo en cuenta que fiscalizar una municipal es mucho más difícil que una parlamentaria: son muchas más votaciones y candidatos.

 "Esta mesa tiene tres patas, y si falta cualquiera, no va a funcionar"

-¿Qué viabilidad legislativa le ve a esta agenda, considerando que el Gobierno hoy tiene bajo apoyo y que varias de sus medidas son impopulares?

-Para sacar adelante esta agenda juegan un rol clave el Gobierno, los parlamentarios y también la ciudadanía y las organizaciones sociales; ninguno puede hacerlo solo, dada la situación en que estamos. Esa mesa tiene tres patas y si falta cualquiera, no va a funcionar. Veo convicción en la Presidenta y en sus ministros; también en un número creciente aunque todavía minoritario de parlamentarios. Falta involucrar a la sociedad civil.

-El ministro Eyzaguirre debe sacar dos proyectos complicados: la reforma laboral y el Presupuesto 2016. ¿Podrá también empujar esta agenda en el sentido "correcto"?

-Hay algo que hace distinta a la agenda de probidad: la ciudadanía, transversalmente, está totalmente de acuerdo, y el problema está acotado a un pequeño grupo de dirigentes políticos que se benefician de la situación actual.

-¿Y habrá dinero para financiar la política? El ministro Valdés insiste en que no hay suficiente para reformas ya prometidas, como la educacional.

-Es importante dimensionar de qué montos estamos hablando, y si se hacen las comparaciones pertinentes, son realmente menores. La Biblioteca del Congreso Nacional tiene un presupuesto anual de US$ 20 millones, y financiar a todos los partidos políticos le costaría al país entre US$13 y US$14 millones al año. Los centros de pensamiento, especialmente los que cuentan con generosos aportes de los empresarios, tienen presupuestos mucho mayores que los que tendrá un partido.

"Es la mejor inversión que el país puede hacer, porque cuando el financiamiento de la política no es transparente, se terminan aprobando leyes buenas para quienes la financian y no necesariamente para el país. Lo hemos comprobado en la Ley de Pesca".



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Foto:CHRISTAN ZUÑIGA


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