"Perro suelto" habla de inmigrantes y muchísimas cosas más

Pedro Labra Herrera 

Tras tres incursiones en la dirección en los últimos años con logros dispares, el actor Omar Morán debuta como dramaturgo en "Perro suelto", que también dirige, con un texto que aborda un tema de vastas y preocupantes repercusiones tanto en el mundo como en nuestro país, el de las corrientes migratorias, el cual empezó a escribir en una residencia en España becado por Iberescena, a partir de investigaciones en torno a esa grave cuestión que realizó allá y continuó aquí.

No obstante, esa es solo una parte del resultado que vemos en escena. En la hora y media que dura, la propuesta tiene a tres actores y dos actrices encarnando a distintos trasplantados de diversas nacionalidades que exponen sus experiencias personales, además de dos auténticos inmigrantes -un haitiano y un indio- radicados en Chile dando su testimonio de vida. El elenco se desempeña con convicción y de modo verosímil, pero la sinceridad de la vivencia real respira fuerza por sí misma.

En principio parece plantearse como otro exponente de teatro documental sobre un problema social y humano de interés enorme e inmediato. Pero a poco andar se diluye y borronea en una multitud de ramificaciones. El texto se vuelve a ratos poético, literario o discursivo para aludir a muchos otros tópicos -política, economía, religión, etc.-que a pesar de su relevancia apenas se rozan; en tanto deriva a otros conceptos, como la idea de patria, pertenencia a un territorio, identidad y cuerpo que la contiene. Buena cantidad de los diálogos están dichos en al menos siete idiomas foráneos, a menudo sin traducción, ¿a fin de expresar las dificultades para comunicarse? Las actitudes explícitas de un ejecutante sugieren otro motivo, el de la condición homosexual, apto para una obra distinta a ésta. El tramo final fantasea juguetonamente con la fundación de una nación imaginaria. Zigzagueando entre lo subjetivo y la reflexión analítica, a mitad de camino pierde el rumbo y se hace progresivamente confusa, hasta caótica.

El montaje escénico resulta igual de errático. Tiene abundantes recursos propios del teatro documental: presencia de no profesionales en la escena, proyección de textos en una pantalla, imágenes en circuito cerrado de TV en un monitor, uso de micrófonos. Pero además hay pasajes de estilización gestual, elementos simbólicos o conceptuales y un par de canciones a coro, lo que lleva a pensar que aquí -como suele ocurrir con las primeras obras- el creador metió apretadamente, sin estructura ni filtro, todo lo que sentía necesidad de decir, tuviera o no que ver con el eje previsto.

GAM. Jueves a sábado, a las 20 horas, y domingos, a las 19 horas. $5.000 general y $3.000 est. y tercera edad.

 


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Foto:TEATRO APÁTRIDA


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