Semana clave:
Colombia lidera ofensiva diplomática para hacer frente a crisis fronteriza con Venezuela

La Cancillería colombiana anunció que darán la nacionalidad a los venezolanos con familias fracturadas tras las expulsiones masivas.  

El Tiempo/Colombia/GDA y agencias 

Colombia librará hoy, en Washington, su primera batalla para enfrentar la crisis generada por el cierre parcial de la frontera y el estado de excepción decretado por Venezuela en 10 municipios fronterizos, lo que ha provocado un éxodo de colombianos de vuelta a su país.

La Cancillería de Colombia anunció, además, que darán nacionalidad a los venezolanos con familias fracturadas tras las expulsiones masivas.

"Las personas colombianas, casadas con venezolanos, y que los venezolanos quieran vivir en Colombia, les vamos a dar la nacionalidad colombiana. Queremos que las familias vivan unidas, no queremos fracturar familias", afirmó la canciller colombiana, María Ángela Holguín.

La crisis en la frontera comenzó el pasado 19 de agosto cuando el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ordenó el cierre de la frontera común en el puente internacional Simón Bolívar, que une la ciudad colombiana de Cúcuta con la venezolana de San Antonio.

Esa medida, ordenada luego de que tres militares venezolanos resultaran heridos por presuntos paramilitares, fue complementada dos días después con el estado de excepción en municipios de la zona de Táchira, a partir del cual comenzaron las deportaciones.

Ante el agotamiento del diálogo directo -luego de que ambos países llamaran a consulta a sus embajadores-, el Presidente colombiano, Juan Manuel Santos, solicitó al Consejo Permanente de la OEA que decida si convoca a los cancilleres del continente para examinar la situación. La segunda batalla tendrá lugar el jueves en Quito, ante los 12 cancilleres de Unasur.

El desafío de Colombia es lograr que el tema llegue a las plenarias de esos dos organismos multilaterales. El gobierno sabe que a lo máximo que se puede aspirar en ambos foros es que el caso sea debatido ampliamente, de manera que "el mundo conozca la situación", indicó Santos.

La OEA, que es el escenario que menos le gusta a Venezuela, carga con años de cuestionamientos por su falta de efectividad. Mientras que Unasur es una arena en la que la influencia del gobierno de Caracas -disminuida desde la desaparición de Hugo Chávez- no genera mayores esperanzas en varios sectores colombianos.

Caracas se va a jugar allí todas sus cartas, para tratar de vender la tesis de que la supuesta amenaza paramilitar y la "guerra económica" son el origen de la crisis en la frontera.

Pero incluso si se llegara a las decisiones, ni la OEA ni Unasur tienen mecanismos coercitivos que puedan aplicarse ágilmente en caso de establecerse responsabilidades por la crisis fronteriza.

Unidad política

En un hecho inédito, todos los partidos políticos colombianos (incluido el uribismo, el mayor opositor) rechazaron la expulsión de connacionales y respaldaron la posición del gobierno. En una carta, las colectividades señalaron que confían en que "la diplomacia con firmeza es el camino adecuado para llevarnos a una solución eficaz que permita la pronta solución a la crisis".

Desde hace una semana, más de mil colombianos han sido deportados de Venezuela y cerca de 7.000 han optado por salir de ese país de manera precipitada para no correr la misma suerte.

"Parece increíble que tengamos que decir esto en pleno siglo XXI, pero hemos visto atónitos, indignados, la deportación arbitraria y el maltrato de compatriotas por el solo hecho de ser colombianos y de no tener sus papeles en regla", dijo Santos, quien en los últimos días visitó dos veces Cúcuta.

Según Maduro, la falta de productos de primera necesidad que sufre Venezuela se explicaría porque se los llevan para Cúcuta, y esto haría parte de lo que él llama "guerra económica".

Abuso sexual

En medio de la crisis, la Procuraduría General de Colombia denunció que algunas niñas y mujeres colombianas fueron víctimas de abusos sexuales por parte de militares de Venezuela. La denuncia fue hecha por Ilva Myriam Hoyos, una funcionaria de esa institución enviada a la frontera para escuchar las quejas de los deportados.

Y al drama humano hay que sumar el daño económico. Camiones que se quedaron atrapados con su carga y envíos de carbón interrumpidos están provocan pérdidas diarias de 400.000 dólares, según estimaciones del gobernador de Norte de Santander, Édgar Díaz.

En un comunicado de la Cancillería, el Gobierno chileno expresó su preocupación e instó a ambos países a "superar el incidente con diálogo bilateral, y apego a las normas y principios del Derecho Internacional".

 El drama de los vecinos de Mi Pequeña Barinas

Una semana después del cierre de la frontera, la zona de San Antonio (Táchira, Venezuela) se divide en dos: en una se ven los escombros de lo que hace una semana eran estructuras donde vivían colombianos; y en otra, las casas que aún están marcadas. En algunas, la famosa R, que significa que ya fueron revisadas y no hay colombianos, y otras con la letra D, a las que les espera la demolición.

Cándida Flórez (36) no deja de pensar en la casa que estaba a punto de terminar en el asentamiento de colombianos Mi Pequeña Barinas, en San Antonio, y que tuvo que abandonar cuando fue desalojada por la Guardia Nacional venezolana. Hace siete años llegó a ese barrio, a donde por ese entonces arribaban cientos de colombianos, algunos desplazados por la violencia y otros en busca de trabajo y los beneficios económicos del gobierno de Hugo Chávez.

Flórez cuenta que vivía junto con su esposo y cuatro hijos en un rancho hecho con lona y palos. Su marido, que trabajaba como obrero, guardó bloques de cemento por cuatro años, hasta que en diciembre del año pasado empezó a levantar la casa de la familia. Cuando Maduro ordenó el cierre de la frontera, la Guardia Nacional cercó el barrio y luego, casa por casa, sacaron a todos los colombianos que encontraron y los enviaron a Colombia. Sin saber aún qué será de su casa, Flórez eleva oraciones para que no les pase nada a su esposo y a su hijo, que se han aventurado a cruzar la frontera para intentar rescatar sus pertenencias.



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La Guardia Nacional dibuja una D en las casas que deben ser demolidas, y una R en las que ya han sido revisadas en busca de colombianos.
La Guardia Nacional dibuja una D en las casas que deben ser demolidas, y una R en las que ya han sido revisadas en busca de colombianos.
Foto:El Tiempo / Colombia / GDA

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