Presidente venezolano no presentó pruebas de su denuncia:
Maduro dice que hay planes para matarlo y acusa a Santos de "hacer la vista gorda"

Mandatario colombiano respondió que mantendrá su política de firmeza y diplomacia en busca de una solución al cierre fronterizo.  

Gaspar Ramírez Carrasco 

La política exterior del Presidente venezolano y ex canciller Nicolás Maduro ha sido tildada en el pasado como de "autos chocadores" por las continuas colisiones que mantiene el ex chofer de buses con gobiernos de la región y por las constantes denuncias de conspiraciones de asesinato y planes para derrocarlo, una práctica que vive sus días más complejos con el cierre de la frontera con Colombia ordenado por Caracas el pasado 19 de agosto.

El Mandatario dijo ayer, al terminar una visita a Vietnam, que desde Colombia hay una "campaña de odio" para asesinarlo, que el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos hace "la vista gorda", y aseguró que "pronto" presentará pruebas. Añadió que en la campaña estaría participando el asesor comunicacional Juan José Rendón, a quien el gobierno acusa de liderar una "guerra sucia".

Como logro, Maduro aseguró que luego del cierre de la frontera bajaron a "cero" los homicidios y secuestros en la zona.

La respuesta desde Bogotá llegó unas horas más tarde. Santos dijo que su gobierno mantendrá la política de "firmeza y diplomacia" en busca de una solución a la crisis con Venezuela, que cerró el paso fronterizo más importante entre ambos países y ha deportado a más de un millar de colombianos. Santos defendió que su política exterior ha tenido "desde el primer momento" un "estilo pragmático", y aclaró que "la firmeza no quiere decir gritar más", sino tener "una posición clara y firme frente a una situación" como la que viven.

Además del cierre de la frontera, impuesto después de que tres soldados fueran heridos de bala supuestamente por paramilitares, Maduro decretó un Estado de Excepción en diez municipios de la región fronteriza de Táchira y desplazó 2.000 soldados para el plan de seguridad.

Las denuncias de magnicidios son habituales en el chavismo. En Chile se conocieron de cerca cuando hace un año y medio, Maduro canceló su viaje para la toma de mando de la Presidenta Michelle Bachelet, por un supuesto "intento de derrocamiento violento" en su contra. Esa semana el chavismo insistió con el golpe de Estado, y culpó a la derecha venezolana, a políticos de Florida y al secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, de impulsar la violencia en las protestas contra la escasez que azotaban a ese país.

Caracas ha rechazado además todos los llamados de la comunidad internacional para dar pie atrás en el cierre de la frontera -que decretó para supuestamente combatir el contrabando y a los paramilitares-. El último de estos pedidos fue de la Unión Europea, que alertó ayer que el cierre de la frontera y la expulsión de colombianos ponen en riesgo la situación humanitaria y la estabilidad en la región, lo que fue calificado por el chavismo como una posición "inmoral e hipócrita".

Otros organismos como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Organización de Estados Americanos (OEA) estudian mecanismos para ayudar a ambos países, pero sin éxito.

Anoche, el Consejo Permanente de la OEA rechazó con 17 votos a favor, 5 en contra y 11 abstenciones una moción propuesta por Colombia para celebrar una reunión de cancilleres. "Desafortunadamente el que perdió fue el continente, perdió la OEA en un debate tan importante de los derechos humanos de los migrantes", dijo la canciller colombiana María Ángela Holguín.

Por otra parte, ayer Ecuador anunció la postergación de una cita de cancilleres de la Unasur en la que debía tratarse la crisis entre Colombia y Venezuela, reunión que había sido anunciada por Bogotá para este jueves en Quito, sede del organismo.

La política de los "autos chocadores" tampoco es nueva. Solo entre mayo y julio, Maduro activó otro conflicto fronterizo, esta vez con Guayana, por un territorio en disputa rico en petróleo; llamó "sicario del pueblo" al Presidente español Mariano Rajoy, y calificó a la OEA como "traste viejo" y "guarida de conspiración" contra los gobiernos progresistas, luego que el organismo hemisférico se ofreciera a enviar observadores a las elecciones legislativas del próximo 6 de diciembre.

"El gobierno necesita un trapo rojo para agitar y conservar sus adeptos", en este clima preelectoral donde las encuestas dan la ventaja a la oposición, dice el internacionalista venezolano Carlos Romero. El analista agrega que para mantener ese "fervor y esos adeptos" el chavismo necesita de este tipo de mecanismos "clásicos del populismo".

Romero señala que ahora "le tocó" a Colombia, porque el conflicto con EE.UU. "se agotó" cuando Cuba normalizó relaciones con Washington; y con Guyana no prosperó luego que los países del Caribe cerraran filas con el gobierno guyanés.

El internacionalista destaca una singularidad: "Por primera vez el Presidente Maduro, y no lo hizo Chávez, acepta que el gobierno de Colombia es muy diferente ideológicamente del gobierno de Venezuela".

Las cifras oficiales indican que 1.097 colombianos han sido deportados desde que empezó la crisis, aunque poco más de 6.000 han cruzado la frontera a través de un río para anticiparse a la deportación.

"Desde Bogotá hay una campaña para matarme, de odio. Esto con la vista gorda del gobierno de Colombia".
Nicolás Maduro PRESIDENTE DE VENEZUELA

 


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