Solo para valientes

El lenguaje que emplea el autor es despreocupado, muy dispar en su estilo, aunque, por desgracia, prima en él una prosa desprolija, lineal, morosa en la descripción de personajes y lugares, lenta en la acción. Es notorio el exceso de información narrativa y la falta de recursos para hacer avanzar la acción con un mayor ritmo y celeridad.  

Pedro Gandolfo 

El lector de esta novela deberá armarse de bastante paciencia. Pablo Illanes, en Los amantes caníbales , pretende muchas cosas -lo que, en principio, no es literariamente malo mientras se las estructure de modo ordenado y a la vez entretenido- pero, en lo principal, la novela busca contar la historia de formación sentimental de un joven, Baltazar Durán, futuro célebre escritor, quien se enamora por primera vez y del pololo de su hermana, Emilio Ovalle, una relación que se despliega en el claroscuro de la dictadura y la cinefilia de ambos personajes. Por largos pasajes del texto, sin embargo, el libro se aleja de este eje central de la acción y se extiende, latamente, sobre otros personajes (don Desiderio y doña Cassandra, los dueños del microcine de los Últimos días, donde Baltazar y Emilio acuden; la historia de Vera, su hija adoptiva, y la de su novio, Mauricio, y, sobre todo, la de la obra fílmica de este, autor de un largometraje perdido ("Fragmentos sobre la importancia del delirio"), que da lugar a una extensa indagación de los protagonistas en busca de la obra maestra desaparecida). Además de estas "historias dentro de la historia" (precariamente injertadas), Illanes introduce en Los amantes caníbales -quizás en procura de mayor entretención- un thriller de misterio al más puro estilo de Agatha Christie, pues se inicia con una muerte, hay un texto comprometedor (la autobiografía), un deslavado detective y personajes encontrados que se interesan en él.

El tema central -el amor que subterráneamente nace mientras se comparten lecturas, música o películas- pudo dar lugar a un relato más intimista, donde el lector fuera advirtiendo de qué modo el arte -en este caso el cine- va colándose y entretejiéndose con el vínculo erótico. Illanes opta, en cambio, por una mirada exterior en la que el amor por el cine se muestra por el número de películas vistas, por una enumeración de las propias preferencias, por la exhibición de una gran cantidad de datos sobre ellas (la trivia), una mirada más bien cuantitativa, en la que la imagen y el relato fílmico no penetran en la interioridad de los protagonistas, sino que solo sirve de pretexto para encontrarse y estar juntos. Si la afinidad entre Baltazar y Emilio se hubiera dado en torno a la ópera, por ejemplo, y el autor siguiera la misma estrategia, la novela estaría repleta de nombres de óperas, interpretaciones, cantantes, directores; un despliegue agotador de erudición más que de narración.

Illanes es ambicioso, no obstante, a la hora de contar su historia, lo cual complica más su lectura. La narración se lleva a cabo a dos bandas: de un lado, el relato autobiográfico de Baltazar, y, por el otro, un narrador en tercera persona, ubicado en el presente, que se focaliza en el viaje que David, el viudo de Baltazar (el personaje ya ha alcanzado la fama como escritor y se ha radicado en Nueva York, donde fallece en circunstancias no bien esclarecidas ), llega a Chile con ocasión del funeral de aquel y con el propósito secreto de conocer a Emilio Ovalle, el amigo íntimo de su difunto marido. Como era de esperar, cuando se opta por este tipo de arquitectura narrativa (nada original), ambos relatos se funden al terminar la novela, en el momento del desenlace. Una de las objeciones mayores que pueden formularse a este texto -además de su confusión- es, precisamente, la pueril inverosimilitud del final, el cual es de aquellos que, desde que se anticipa, mueve a desear que el autor sea iluminado para, por último, dejar la novela en medio de un sugerente final abierto en vez de cerrarla insensatamente.

El lenguaje que emplea el autor es despreocupado, muy dispar en su estilo, aunque, por desgracia, prima en él una prosa desprolija, lineal, morosa en la descripción de personajes y lugares, lenta en la acción. Es notorio el exceso de información narrativa y la falta de recursos para hacer avanzar la acción con un mayor ritmo y celeridad. Es sorprendente el escaso uso de la elipsis, por ejemplo, un recurso, por lo demás, que la literatura contemporánea toma a préstamo del cine, y que es un rasgo característico de ella. El uso del "zoom", un enlentecimiento de la acción narrada en base al uso de una sucesión de oraciones breves, en cambio, es un recurso que Illanes maneja bien, pero que, desde luego, es insuficiente para elaborar una novela lograda.

Los amantes caníbales (un título, sin duda, sobreprometedor) presenta, en resumen, atributos negativos propios de una obra primeriza (no siéndolo en la trayectoria del autor), como si a su estructura, lenguaje y propósitos narrativos les hubiese faltado una necesaria maduración previa. No recomendable.

 


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<b>Pablo Illanes Santiago, 1973<br/></b>Escritor, guionista, periodista y realizador cinematográfico chileno. Es autor de las novelas  <b>Una mujer brutal</b> (2000), <b>Fragilidad</b>  (2003) y  <b>Los amantes caníbales</b> . En televisión, ha creado exitosas teleseries, como Adrenalina,Machos,Alguien te mira y ¿Dónde está Elisa?. <br/>
Pablo Illanes Santiago, 1973
Escritor, guionista, periodista y realizador cinematográfico chileno. Es autor de las novelas  Una mujer brutal (2000), Fragilidad  (2003) y  Los amantes caníbales . En televisión, ha creado exitosas teleseries, como "Adrenalina","Machos","Alguien te mira" y "¿Dónde está Elisa?".

Foto:HÉCTOR YÁÑEZ

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