Víctor Manuel Avilés, abogado RN:
"La idea de la nueva Constitución ha sido impuesta desde las elites, y eso desde ya genera desconfianza"

Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Chile, ha participado en la elaboración de la propuesta de RN en esta materia.  

 

¿Cuáles son sus aprensiones respecto del proceso de nueva Constitución?

El proceso de evolución constitucional debe ser permanente y permitir que se reflejen siempre los mínimos comunes denominadores sociales. Una nueva Constitución puede ser, perfectamente, el fruto de un pronunciamiento ciudadano que ratifique aspectos de fondo del texto actual e incorpore nuevos contenidos. Lo relevante no es el cambio total a nivel de derechos o instituciones, sino la convicción de que quien ha aprobado el texto final lo ha hecho legítimamente, invocando el constituyente originario. La idea de la nueva Constitución ha sido impuesta desde las elites, y eso desde ya genera desconfianza, especialmente cuando ellas reclaman un poder popular que, claramente, no han obtenido. Estas elites han llegado a decir que pueden articular lo que, en su opinión, piensan las mayorías, aunque ellas no lo sepan. Esto es una muestra de soberbia incomprensible, pero real. A nosotros nos asiste la convicción de que si se asume una participación activa en el proceso constituyente -cosa que, por lo demás, nunca debe dejar de ser la preocupación de un partido político- se podrá representar y hacer sentir fuerte el parecer de una mayoría ciudadana moderada y silenciosa, que busca privilegiar la responsabilidad personal y la libertad como reglas básicas.

A su juicio, ¿es necesaria?

Pareciera ser que la elite ha logrado imponer, intuitivamente en la ciudadanía, la necesidad de un cambio constitucional de mayor escala. Luego, la idea de que se exprese la soberanía popular no me parece desatendible y es ello, metodológicamente, una nueva Constitución. Esta es mi respuesta hoy, pues creo que ello no era necesario luego de 2005. Pero asumida esta nueva realidad, soy de la opinión que sumarse activamente al proceso permitirá representar una mayoría de buen criterio, que no busca cambios radicales ni experimentos, sino ajustes necesarios. En consecuencia, no será el cambio radical de reglas, sino el nuevo pacto ciudadano, con participación del Congreso Nacional, el que nos permitirá hablar de NC.

 ¿Qué opina de los plazos estipulados por la Presidenta, de presentar la nueva Constitución el segundo semestre de 2017, fecha que coincide con la campaña presidencial y parlamentaria?

La propuesta presidencial tiene cosas buenas y otras malas. Dentro de las negativas, es desconocer un rol relevante al Parlamento actual en el proceso, pues la habilitación metodológica es ciertamente menos incidente que los contenidos. Creo que había alternativas de poder cerrar el proceso antes de 2017 y evitar que se mantenga por años la incertidumbre, lo que puede afectar la toma de decisiones y, en definitiva, a los más pobres. Claramente, esto no es percibido por las elites intelectuales y académicas, para quienes un proceso largo sin duda resultará lucrativo. En la realidad que nos ha propuesto la Presidenta, existirá una oportunidad para que las campañas electorales habiliten a la ciudadanía a elegir a sus representantes con conocimiento de sus ideas constitucionales, lo que es positivo.

¿Comparte con Raúl Bertelsen su preocupación por que la campaña de educación cívica se transforme en un "adoctrinamiento" en favor de una nueva Constitución?

Los contenidos del proceso de instrucción cívica, de ser manejados, podrían implicar una forma de actuar poco compatible con una democracia. Así se lo hicimos ver a los ministros Burgos, Díaz, Eyzaguirre y Valdés. La conducción de los procesos de deliberación popular, la elaboración de los documentos síntesis de ellos y, principalmente, la redacción de la propuesta final, son instancias donde se puede desmerecer toda esta idea democrática y participativa en caso que no exista un adecuado control plural. Si esto no ocurre, todo el proceso corre el riesgo de ser una puesta en escena para validar ideas recónditas que, con un poco de valentía, se pudieron anunciar hoy. Comparto la preocupación de Raúl Bertelsen. El matiz puede ser la ingenuidad de creer que, bien llevado, el proceso puede resultar, y la conciencia de que hay contenidos que deben ser incorporados finalmente al texto constitucional.

 


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