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Crítica de Arte Galería Artespacio y Universidad de Talca
Francisco Gazitúa: Piedra, magnitud andina

Domingo 22 de noviembre de 2015

Gazitúa en Artespacio. A juicio del crítico, "hallamos trabajos potentes, grandiosos, pero sobre todo capaces de exhalar entraña terrestre".
Foto:Macarena Pérez



Waldemar Sommer 

¡Cordillera rocosa, Andes duro que en Chile nada sabe de huaicos, pero sí de los vómitos de fuego! Esas son nuestras montañas. Y esa férrea piedra volcánica, ese basalto integrador, sin perder un ápice de su aliento cósmico, ha sido dominada. Culpable: un escultor capaz de transfigurarla, Francisco Gazitúa. Su devastación creadora tiene hoy a Galería Artespacio por escenario. Se trata de obras de los dos años más recientes. Así, dentro de la sala hallamos trabajos potentes, grandiosos, pero sobre todo capaces de exhalar entraña terrestre. Cabe ahí dividirlos en dos grupos. Uno corresponde a piedras amontonadas o apachetas, como las designa el autor. Su función de indicadoras de caminos, al mismo tiempo las constituiría en las más milenarias esculturas de Sudamérica. Se exponen dos. Compuesta cada una por siete piezas de grano y coloraciones naturales distintas se convierte, a través de las manos del artista, en verdaderos altares primitivos o bien hasta llegan a sugerir primitivos ídolos abstractos. Están dispuestas como ensamblados de material en bruto y apenas trabajado, aunque armoniosamente integradas como sabio ordenamiento del caos. La provista de un vigor corpóreo más tosco, Apacheta, pertenece a la misma línea de otra más elaborada e instalada frente a la biblioteca de la Universidad de los Andes. Por su parte, la hermosa conjunción pétrea que es Puente del inca, evoca de un modo admirable la sensación que puede provocar la contemplación, en el propio lugar geográfico, del conocido accidente de la topografía con ese nombre, en plena subida a Portillo.

El segundo conjunto, Casas de piedra, consta de siete obras, emergiendo bastante diferente del anterior. Se vinculan con aquellas grandes rocas cordilleranas de naturaleza ahuecada, que pueden servir de refugio a hombres y animales. Las interpretaciones exhibidas presentan, globalmente y en mayor o menor medida, una auténtica modulación desde la casi envolvente materia prima abrupta hasta las partes muchísimo más elaboradas que ofrecen un contrapunto de granos, volúmenes, cortes delicados y superficies pulidas en más o menos intensidad. Así encontramos Volcán Maipo, con sus finas crestas sensuales, con su plenitud de tersas caras; esta pieza se vuelve, acaso, transfiguración aireada y clara de la casa caverna de los caminantes de cualquier tiempo. De menores dimensiones, Volcán Lacar ostenta, junto a su textura gruesa, un despliegue espacial más sencillo.

Pero los contrastes visuales y táctiles extremos los muestra Cristal de basalto. Llaman la atención en él su dinamismo formal, la belleza de los finos diálogos de masas, la riqueza de superficies que le otorgan cierta cualidad pictórica. Asimismo, poseen atributos arquitectónicos las esculturas restantes del ámbito interno de la galería. De ese modo está la grandeza de los volúmenes y del juego de aberturas de Volcán San José. Una notable tensión formal recorre la obra entera, constituyendo, quizá, el trabajo que mejor recoge la inmensidad no solamente del paisaje, sino de la propia entraña andina. Entretanto, y como bien indica su título, Casa de piedra, compuesta por un par de bloques superpuestos, parece aludir, misteriosa, a una vivienda rupestre. Ya afuera de la sala del primer piso de Artespacio, al aire libre se ubica una preciosa fuente. Único testimonio de la tercera agrupación de trabajos mostrados -Piedras de agua- resulta muy diferente de sus hermanas pétreas antes descritas. Con líquido incluido participa, no obstante, de similar raigambre andina; además, ella pareciera tener la intención de civilizar la espontaneidad de sus volcánicas compañeras.

Tónicos unificadores

Acertada amalgama, feliz integración de imagen visual y palabra encontramos en la actual exposición de la Universidad de Talca, Campus Santiago. Se trata de los siete grandes cuadros y los siete pequeños -más bien como detalles de los mayores- con que Teresa Ortúzar interpreta las poesías de Marcela Albornoz Dachelet. Ambas reflejan un cálido mundo de sensibilidad unívocamente femenino, rico en una inventiva a la vez tierna y llena de gracia irónica. Como la vía plástica es la nuestra, detengámonos en ella. Si bien predomina un hermanado par de mujeres jóvenes, no faltan otros personajes humanos. Todos dentro de paisajes deleitosos, casi de sueños optimistas, siempre rodeados por animales -en especial, pájaros amables- y objetos cotidianos. Tela y texto alcanzan particular encanto y compenetración en Tónico de la memoria y en el introspectivo Tónico del silencio. Pero en cuanto nada más que a pinturas, destaquemos la atmósfera evanescente y el bello acorde de rosa, en Tónico para una pausa, la floración a un tiempo onírica y candorosa de Tónico del amor.

Viaje al corazón de la piedra
Magníficas esculturas pétreas con olor andino, de Francisco Gazitúa
Lugar: Galería Artespacio.
Fecha: Hasta el 12 de diciembre.

Tónicos
Teresa Ortúzar-Marcela Albornoz: excelente amalgama de poesía y pintura
Lugar: Universidad de Talca, Campus Santiago.
Fecha: Hasta el 4 de diciembre.