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Debate Diagnósticos y soluciones
La batalla de los intelectuales franceses ante la Yihad

Domingo 22 de noviembre de 2015

Los atentados contra París del viernes 13 de noviembre volvieron a encender el debate de filósofos y escritores de Francia ante el avance del islamismo en su país. Es una crisis de la integración cultural ante sus clásicos valores, como el laicismo y la igualdad, que no parece funcionar.
 


Roberto Careaga C. 

El futuro es del islam. En cinco o 70 años más los musulmanes van a reinar. Las dos novelas más controvertidas en lo que va del año en Francia apuestan por eso. La más famosa es tan atrevida que se sitúa a la vuelta de la esquina: en "Sumisión", Michel Houellebecq imagina un movimiento desesperado, el socialismo francés apoya a la Hermandad Musulmana a llegar a la presidencia gala en 2020 por votación popular. La otra, nominada al prestigioso Premio Goncourt, se llama "2085", es del argelino Boualem Sansal y, parafraseando a Orwell, propone un futuro distópico en que un Estado totalitario islámico domina el mundo. Alabados y resistidos, después de los sangrientos atentados del 13 de noviembre perpetrados por el Estado Islámico (EI) en París, ambos libros parecen el anuncio de una pesadilla. Son el eco de una discusión omnipresente. El eco de lo inevitable.

No hay otro tema para la intelectualidad francesa, todos los tópicos conducen a lo mismo: la inmigración, el laicismo, la universalidad, el destino de la izquierda y la derecha, todos orbitan en torno a la tensión que provoca el sostenido avance del islam en Francia y Europa. Un avance de ribetes tan complejos como el hecho de que los hermanos Kouachi, responsables del atentado contra la revista Charlie Hebdo en enero, nacieron y crecieron en París. Y nadie quiere evitar el tema: la Academia Goncourt anunció los finalistas de su premio en el Museo El Bardo de Tunes, donde en marzo murieron 25 personas por un ataque yihadista. Escogieron como ganadora "Brújula", de Mathias Énard, una novela que se mueve entre Europa y Medio Oriente, y en la que el presente aparece brutalmente en los ajusticiamientos del EI.

La nueva guerra

La ficción, sin embargo, es el ruido de fondo en un debate tan urgente que pocas horas después de los ataques a París ya ardía. "Pues bien, aquí está la guerra", salió a decir Bernard-Henri Lévy. El mediático filósofo escribió una columna que se reprodujo en varios medios europeos. Añadió:"Esos hombres que están en contra del placer de vivir y la libertad propia de las grandes metrópolis, esos bastardos que odian el espíritu de las ciudades tanto como el espíritu de las leyes, del derecho y la dulce autonomía de los individuos liberados de antiguas sumisiones, esos incultos a los que habría que replicar con las bellas palabras de Victor Hugo cuando gritaba, en plenas matanzas de la Comuna, que atacar París es más que atacar Francia, porque es destruir el mundo, merecen el nombre de fascistas. Mejor dicho: fascislamistas", aseguró.

Promotor de un ataque armado con apoyo de Estados Unidos para destruir al EI, Levy tuvo un inmediato aliado intelectual en el filósofo y novelista Pascal Bruckner, quien pide medidas de tiempos de guerra. "Hay que aislar a los yihadistas, colocarlos en los campos de detención para que no puedan comunicarse con los demás. Estos no son ciudadanos comunes, se trata de personas que deberían tener un estatus fuera de la ley. Todos los imanes que predican el odio también deben ser expulsados sin contemplaciones, y las mezquitas salafistas tienen que cerrar".

Mientras el gobierno francés anunciaba la guerra y la ponía en marcha bombardeando Siria, Michael Onfray levantaba una voz crítica: "La derecha y la izquierda internacional sembraron la guerra contra el islam político, ahora cosechan la guerra del islam político", tuiteó el 14 de noviembre el filósofo -de visita en Chile recientemente-, un iconoclasta de fama mundial. "Francia debe poner fin a esta política islamófoba alineada con Estados Unidos. Debe retirar sus tropas de ocupación. Si seguimos liderando esta política agresiva hacia los países musulmanes, van a seguir respondiendo como lo hacen", añadió en una entrevista a la revista Le Point, lo que le valió que lo catalogaran como "el enemigo interno".

Los viejos valores franceses

¿Qué hacer ante el velo integral impuesto a las mujeres musulmanas? ¿Ante la poligamia de los imanes? ¿Pueden coexistir con la sociedad francesa? El filósofo católico Pierre Manent cree que no, pero es casi lo único que pide al islam que renuncie. En la ola de reflexiones postatentado a Charlie Hebdo, Manent lanzó el libro "Situation de la France", una suerte de normativa para la integración de los musulmanes en su país. Los ataques recientes no lo hicieron cambiar de opinión; reforzó su diagnóstico: "Después de siglos en que el cristianismo y el islam estuvieron separados geográficamente, hoy existe una gran población de musulmanes en Europa, particularmente en Francia, con costumbres muy distintas a la convivencia en igualdad. Este es un desafío sin precedentes. ¿Están listos los musulmanes para una convivencia cívica? ¿Nosotros? No lo sabremos si no lo intentamos", dijo esta semana.

La respuesta histórica de Francia ante el poder de la religión fue un fuerte laicismo, que aunque oficialmente opera distanciando las instituciones políticas de las religiosas, se ha extendido a un estilo de vida. "Pero el laicismo no tiene un efecto directo en la composición religiosa de la sociedad. Y se le pide que actúe sobre el islam como si fuera capaz de neutralizar lo que es una forma de vida religiosa", decía Menant visualizando una modificación en reglas que parecían inamovibles. Son los viejos valores los que están en crisis: "A menudo invocamos el universalismo como principio común para nuestras vidas, pero el universalismo ha sido apropiado y manipulado", sumó a la discusión el filósofo Jacques Ranciere. "Los grandes valores universalistas -laicidad, reglas comunes para todos, la igualdad entre hombres y mujeres- se han convertido en el instrumento de una distinción entre 'nosotros' y 'ellos', que no lo hacen".

Ubicado políticamente a la izquierda, Ranciere sostiene que la distinción ante ellos y nosotros -franceses e inmigrantes- ha permeado todo el discurso público, dándole fuerza al Frente Nacional, el partido de ultraderecha francés. A nivel más concreto, la psicoanalista Julia Kristeva relató hace unas semanas su experiencia en el Hospital Cochin parisiense, trabajando con jóvenes que han caído en la "embriaguez del fundamentalista criminal". Explicó: "Por lo que pudimos detectar, es siempre una radicalización que se refiere a la religión musulmana. Pero cuidado: no siempre son jóvenes nacidos y criados en un entorno musulmán, también se puede tratar de católicos, laicos o incluso judíos que tienden hacia una radicalización islámica. Yo lo llamo una 'enfermedad de los ideales' en el sentido de que es gente joven que, como todos los adolescentes, necesita ideales. Su radicalización es un fracaso del humanismo".

Desde Argelia, donde vive a resguardo de sectores más extremos, el novelista Boualem Sansal cuenta que ha visto una transformación de los islamistas en su entorno y desde ahí escribió su novela distópica "2084: el fin del mundo: "Anteriormente los musulmanes practicaban a mi alrededor su religión con tolerancia. Hoy las cosas son diferentes. Especialmente los jóvenes en Argelia exigen un islam fuerte, masculino, ambicioso. Para muchos musulmanes, que se sienten abandonados en Europa, esta idea es atractiva. Podrían entrar en la delincuencia, tomar drogas, pero desde el momento que pasan al islamismo, es peligroso. Su manipulación es pérfida".

Como Sansal, el poeta sirio Adonis también es un experto en los dos mundos. Instalado en París desde 1980, dos días después de los últimos atentados le dijo a El País que eran un eco de lo tiránicas y medievales que son las culturas árabes. "Hay una memoria histórica hacia Occidente y al mismo tiempo existe un estado psicológico, la frustración de los árabes en todos los planos. El Estado Islámico ha logrado encontrar un espacio en la mentalidad de algunos árabes, que viven en una atmósfera de nihilismo. Es necesario buscar las raíces de esta influencia, combatir al EI también con la cultura. No se puede hacer solo con el Ejército", agregó. Luego Manent amplió la mirada: "El problema más alarmante de Francia y Europa es una desorientación general, una creciente incapacidad para pensar y querer un proyecto común. La irrupción del islam revela el problema, lo empeora, pero la desorientación existe independientemente del islam".

La integración en crisis

Pero la guerra, dice Onfray, no es un problema de desorientación. Según él, la sangre partió desde Occidente, con la invasión de Estados Unidos a Irak en 2003. "Este acto terrorista es el último eslabón de una cadena", aseguró. "Por supuesto que es una matanza a víctimas inocentes, pero Occidente hace lo mismo en una escala más grande, con bombas que caen sobre aldeas, matan a mujeres, niños, ancianos y hombres que no hacen nada malo, salvo vivir en un país asociado al eje del mal. Les negamos el derecho a decir que son un Estado Islámico, pero somos incapaces de entender su visión de la historia por nuestro materialismo trivial".

A través de una carta en el diario italiano Corriere della Sera, también Michel Houellebecq se sumó al debate y, no muy lejos de Onfray, se lanzó contra las autoridades francesas: "¿Quién ha anunciado recortes de los efectivos de policía y los ha exasperado al no poder cumplir sus funciones? ¿Quién ha explicado durante años que nuestras antiguas fronteras ya no tenían sentido, que eran un símbolo nauseabundo del nacionalismo de antaño? Los gobiernos de los últimos diez años han fracasado penosa, sistemática y fuertemente en su misión fundamental. Es decir, proteger a la población francesa confiada a su responsabilidad", dijo el escritor.

"La Yihad ha establecido un muro entre el mundo árabe y nosotros", escribió el filósofo Alain Finkielkraut en su nuevo libro "La única precisión". Según él, la ilusión de multiculturalismo de la sociedad francesa se cayó a pedazos ante el islamismo radical. "La integración está en crisis. Francia abandonó en su momento el concepto de asimilación porque le parecía demasiado unilateral y optó por la idea más abierta de la integración, pero esta no funciona. Este repliegue sucesivo, esta progresiva renuncia a imponer a nuestros invitados una forma de vida conjunta, testimonia la extrema dificultad que conlleva hacer cohabitar, en el interior de una comunidad, a poblaciones que no comparten principios, tradiciones e ideas similares", aseguró.

Aunque Bernard-Henri Levy pide aplastar a los "bastardos" del EI, a las soluciones suma también una reafirmación de los valores franceses. "Es crucial, en estos momentos, no ceder ni sobre el derecho ni sobre el deber de hospitalidad, más necesarios que nunca ante la avalancha de refugiados sirios que huyen precisamente del terror fascislamista. Abrir aún más los brazos a los fugitivos del EI ahora que nos disponemos a ser implacables con quienes, entre ellos, quieren aprovecharse de nuestra fidelidad a nuestros principios para infiltrarse en tierra de misiones y cometer sus crímenes. No es contradictorio", escribió.

Mientras las autoridades francesas dan caza a los atacantes del 13 de noviembre, persiguiéndolos por Europa y Siria, y Rusia y Estados Unidos se suman en las armas contra el Estado Islámico, el murmullo de filósofos y escritores no se detiene en Francia. "Ellos tienen las balas, nosotros tenemos la champaña", se leía en la última portada de Charlie Hebdo. Houellebecq también cree en el futuro, no el más esperanzador, en todo caso. "Francia resistirá. Los franceses sabrán resistir, incluso sin ostentar un heroísmo excepcional, sin necesidad de un impulso colectivo de orgullo nacional. Resistirán porque no se puede hacer nada más, porque uno se acostumbra a todo. Ninguna emoción humana, ni siquiera el miedo, es tan fuerte como la costumbre", escribió.

La respuesta histórica de Francia ante el poder de la religión fue un fuerte laicismo. Que aunque oficialmente opera distanciando las instituciones políticas de las religiosas, se ha extendido a un estilo de vida.

"El problema más alarmante de Francia es la desorientación, una creciente incapacidad para pensar y querer un proyecto común".
PIERRE MANENT,
FILÓSOFO.

"Yo lo llamo una 'enfermedad de los ideales' La radicalización de estos jóvenes es un fracaso del humanismo".
JULIA KRISTEVA,
PSICOANALISTA.

"Es crucial no ceder sobre el derecho ni el deber de hospitalidad, más necesarios que nunca ante la avalancha de refugiados sirios".
BERNARD-HENRI LÉVY,
FILÓSOFO

"Francia abandonó la asimilación y optó por la integración, pero no funciona".
ALAIN FINKIELKRAUT,
FILÓSOFO

"Los grandes valores universalistas se han convertido en el instrumento de una distinción entre 'nosotros' y 'ellos".
JACQUES RANCIERE,
FILÓSOFO