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Máxima alerta en Bélgica:
La amenaza terrorista altera la vida en Bruselas, la "capital" de la Unión Europea

Martes 24 de noviembre de 2015

Cafés sin turistas y el metro cerrado, una de las postales de la capital belga en el primer día laboral tras la alerta impuesta el viernes.Foto:reuters

El gobierno belga prorrogó el estado de excepción hasta el próximo lunes, aunque los colegios reabrirán mañana.
 


France Presse 

Los habitantes de Bruselas -capital de Bélgica, pero también de las instituciones de la Unión Europea y sede de la OTAN- vivieron ayer al ritmo de las sirenas de la policía, en un día poco común debido a una amenaza terrorista que las autoridades creen "inminente".

El gobierno belga decidió ayer mantener por una semana el nivel máximo de alerta en Bruselas, por temor a un atentado e inculpó a un nuevo sospechoso -sin identificarlo- por su "participación" en los ataques del viernes 13 en París. La persona fue detenida en uno de los allanamientos realizados el domingo por la policía belga. Otros tres inculpados habrían ayudado a un sospechoso clave de los atentados, Salah Abdeslam, un francés de 26 años residente en el barrio de Molenbeek en Bruselas, quien sigue prófugo.

"Tenemos indicaciones serias de que pueden producirse ataques", insistió ayer el Primer Ministro, Charles Michel, quien prefirió no dar ningún detalle "por razones evidentes". Las autoridades han pedido a los ciudadanos que no comenten los detalles de las operaciones policiales que pudieran ver a través de las redes sociales, para evitar entregar datos que pudieran ayudar a los sospechosos. La amenaza "sigue siendo seria e inminente", dijo Michel.

La vida cotidiana de Bruselas lleva tres días alterada, desde que el viernes se impusieron las medidas excepcionales de seguridad. La típica imagen de la Grand-Place, plaza central del casco histórico de Bruselas, se vio radicalmente cambiada durante el fin de semana. Un blindado de las FF.AA. fue estacionado delante del municipio de estilo gótico, mientras que soldados con uniforme camuflado y armas automáticas patrullan las calles comerciales.

A esta decisión, inédita en décadas, se sumó ayer el cierre de los colegios y universidades, medida que se mantendrá hasta mañana. Lo mismo ocurrirá con el metro, que retomará sus servicios de manera progresiva.

Sin embargo, en el centro histórico de la capital belga, no toda la actividad se detuvo.

La OTAN mantuvo sus oficinas abiertas, aunque pidió a parte de sus mil empleados que trabajaran desde sus casas y canceló las visitas externas.

Las camionetas hacían sus entregas a los comercios y los obreros instalaban las pequeñas cabañas de madera cerca de la Bolsa y de la Grand-Place para el tradicional mercado de Navidad, que debe abrir el viernes. Y algunos cafés estaban abiertos, pero con pocos clientes.

En el parque del Cincuentenario, cerca de la sede de las instituciones europeas, unas familias pasean con sus hijos bajo un frío sol de invierno.

El tránsito vehicular era menos denso que de costumbre a la hora punta en el centro de la ciudad, aunque en el resto del país había unos 366 km de tacos acumulados. Unas 320 mil personas viajan a diario a trabajar a la capital belga, de 1,2 millones de habitantes.

Mientras, en las estaciones de buses, cuya frecuencia fue reforzada para contrarrestar la falta del metro, los habitantes de Bruselas se arman de paciencia. Los tranvías y los trenes funcionan.

Los funcionarios públicos fueron a trabajar, pero la mayoría de las infraestructuras culturales y deportivas estaban cerradas. Michel y Patricia, una pareja de jubilados de un suburbio flamenco de Bruselas, encontraron las puertas cerradas de un local de ropa deportiva. "Hay que mantenerse alerta, pero la vida sigue, si no es la ruina del país a este ritmo", dijo Patricia.

ARRESTOS
Hay cuatro sospechosos detenidos en Bélgica inculpados por su participación, directa o indirecta, en los ataques de París.