Entrevista Abogado, profesor y crítico literario:
La biografía imaginaria de Camilo Marks

Después de cuatro libros de ficción, dos de ensayo literario, dos antologías de cuentos chilenos y dos recopilaciones de sus artículos, el crítico se arriesga con un libro de memorias. En Indemne todos estos años , sin embargo, hay también mucha ficción.  

María Teresa Cárdenas 

Con su característica locuacidad, cuenta que la idea fue de Melanie Jösch, directora editorial de Penguin Random House, a quien incluso le dedica el libro. También reconoce que, a pesar de haber aceptado el encargo, lo guardó "cobardemente en el subconsciente". No sabe por qué se decidió a hacerlo, pero lo cierto es que, tras años de insistencia, Camilo Marks publica sus memorias. "Tal vez, después de todo, tengo cosas que contar; tal vez en el fondo quería escribirlas y no me atrevía", aventura. E incluso va más allá: "Es posible que este libro, registrado por largo tiempo en mi mente, necesitara salir, aun en contra de mi propia voluntad".

Y si hasta ahora había dejado rastros autobiográficos en sus textos de ficción e incluso en los ensayísticos, en Indemne todos estos años (Lumen) hace el ejercicio inverso, y en las últimas páginas -cuando el lector ya se ha formado su propio juicio- asume que se trata de "memorias en parte reales, en parte inventadas". Pero eso es quizás lo más "marksiano" de este libro: el juego constante entre realidad y ficción. El mismo que practica en la vida diaria y con el que descoloca a sus ocasionales contertulios confesándoles que es un asesino en serie o un irredento ladrón. Asegura, sin embargo, que no lo hace para escandalizar. Abogado de derechos humanos, profesor universitario y crítico literario -en "El Mercurio" desde 2003-, Camilo Marks Alonso es ante todo un personaje. Un personaje que a veces irrita, desconcierta, indigna, hace reír o enternece, pero que en ningún caso deja indiferente. "La verdad es que yo no tengo conciencia de que soy histriónico, pero es evidente que lo soy", afirma.

Aun con ese porcentaje de ficción -"la mitad o más", exagera de nuevo-, en el libro se encuentra la trayectoria biográfica de su autor: desde su infancia en el Cajón del Maipo y las vicisitudes económicas de la familia, hasta hoy, pasando por sus años en el Internado Nacional Barros Arana, los estudios de Derecho, el gobierno de la Unidad Popular, la colaboración en Comité Pro Paz, su activismo en el MIR, el exilio en Londres, su trabajo como abogado de derechos humanos, los inicios en la crítica literaria... Y sobre todas esas etapas, la figura tutelar de Loreto Alonso, su madre, fallecida en 2005. "Una compañía insustituible -reconoce-. Una compañera de lecturas crítica y casi infalible, un cariño sin condiciones, un estímulo constante".

-¿Recurrió de manera deliberada a la ficción cuando la memoria no era suficiente?

-Pienso que, a diferencia de otros libros que he escrito, en este caso la memoria nunca fue insuficiente. De hecho, jamás consulté sino lo indispensable para no incurrir en falsedades o equivocaciones graves. Pero sí, claro que sí, recurrí deliberadamente a la ficción para que fuese algo más parecido a una novela que a unas simples memorias. O, en palabras de Hemingway, una biografía imaginaria.

Agrega que mientras escribía el libro tenía "como un retintín o una melodía obsesiva en la cabeza" los versos de "Tristesse", de Alfred de Musset, que su madre les recitaba en francés. Lo mismo hace él, y luego traduce: "'Cuando he conocido la Verdad/ Creía que era una amiga/ Cuando la he comprendido y sentido/ Ya estaba hastiado'. En otras palabras, la verdad es amiga y enemiga a la vez, porque nunca es lo que se piensa de ella, y si bien puede ser bueno conocerla, en el fondo es mucho mejor vivir un poco en el engaño, ya que ¿quién es feliz sabiendo lo que realmente es?".

-Que Chile no se caracterice por tener buenos memorialistas, ¿fue una ventaja o una desventaja a la hora de escribir su libro?

-Creo que fue Jorge Edwards quien dijo, en este mismo medio, que solo había tres grandes memorias literarias en nuestro país: Recuerdos del pasado , de Vicente Pérez Rosales, Cuando era muchacho , de González Vera, y Confieso que he vivido , de Neruda. Sin compararme con ellos, que son clásicos indiscutibles de nuestra literatura, estimo que sí fue para mí una ventaja que tengamos pocos o buenos memorialistas literarios. Porque no olvidemos que todos los años salen memorias de ex presidentes, de ex políticos, de ex personajes famosos que en nada contribuyen a la riqueza y variedad de nuestra prosa. Por cierto, yo no puedo calificar lo que escribo, pero en una de esas este libro resulta entretenido, algo cada vez más difícil, y a lo mejor hasta instructivo.

-¿Cuáles fueron entonces sus modelos?

-Sería una farsantería colosal decirte que me inspiré en las Memorias de ultratumba , de Chateaubriand, en las Antimemorias de Malraux, o en la brillante secuencia autobiográfica de Simone de Beauvoir. Pero humildemente creo que por ahí va la cosa, pues se trata de autores brillantes, desde luego inalcanzables para mí, que mezclan e imaginan elementos de sus vidas con el panorama político, cultural y personal que les tocó vivir. Y también está el género de las "confesiones", de Rousseau, San Agustín y tantos otros, que me fascina y releí antes o durante la escritura de este libro.

Aparte de dos capítulos que parecen cuentos en sí mismos, Marks echa mano a otros recursos literarios y es así como sus memorias se acercan por momentos a la novela picaresca -como su paso por el Internado Nacional Barros Arana-, o a la de suspenso, cuando cuenta sus aventuras como activista del MIR.

-A medida que iba elaborando la narrativa, me di cuenta de que debía intercalar capítulos autobiográficos, con otros muy literarios o anecdóticos, que sirvieran como una especie de puentes entre secciones fuertes, crudas, violentas. Así, entre las dos extensas partes referidas a la Vicaría, intercalé la historia de Julia Millaray y el Berlín actual; la historia del niño en la arena la puse antes de referirme a mi carrera como crítico, profesor o abogado. Esta elección se dio en el curso de la escritura, porque, bueno, sí, son mis memorias, pero personalmente no soy capaz de diferenciar lo autobiográfico de lo libresco, ya que en mi existencia ambos factores son indelebles.

-¿No es una paradoja escribir memorias en las que explícitamente deja fuera episodios de la vida privada?

-Yo no tomé esa opción, se fue dando sola. Además, y eso lo digo en un capítulo, mi vida no es un libro abierto, y así como siento un respeto religioso hacia la vida privada de los demás, quiero que mi propia vida privada siga siendo eso, que nadie se meta en ella si yo no le doy permiso. Pero ojo: todavía me queda algo de tiempo, así que si de pronto me da por exhibir mi intimidad, algo improbable, pero no imposible, bueno, te aseguro que sorprenderé o al menos escandalizaré su poco. ¿Es posible eso hoy en día?

"Soy un escritor tardío"

En sus memorias también narra cómo fue su descubrimiento de la lectura y más tarde la decisión de convertirse algún día en escritor. "Ambos momentos son hitos decisivos en mi vida. Aprendí muy temprano a leer y creo que muy poco después de esas fechas decidí, algún día, convertirme en escritor. Claro que me demoré bastante, quizá demasiado, en llegar a serlo en forma pública. Soy definitivamente un escritor tardío, y eso se debe a todo lo que cuento en el libro y a otras cosas que no cuento".

-¿Se opuso internamente el crítico al escritor? ¿O le importaba la opinión de otros escritores?

-Por supuesto que en mí es muy fuerte la oposición entre crítico y escritor, hasta el punto en que nunca, nunca jamás, quedo conforme con lo que he escrito. Con respecto a la opinión de los escritores que han sido víctimas de mis críticas negativas, la verdad es que jamás me ha preocupado. Sin embargo, con el correr de los años, esos mismos escritores han sido bastante benevolentes, incluso extravagantemente positivos hacia mí.

-Este año también publicó un libro con sus críticas de "El Mercurio" ("El gusto de criticar", Ed. U. de Talca). ¿Ha sido un tiempo de balance?

-Por principio, no me gusta hacer balances; si a algo le tengo miedo es a caer en la complacencia, y no conozco a nadie que los haga sin caer en ella. No obstante, sí estoy obligado a hacer un balance en este sentido, y es que los libros por encargo, como este y el anterior con recopilaciones de críticas, parece que me resultan mejores que los otros, los que hago por propia iniciativa, o sea, mis ficciones. A la hora de la verdad, eso podría significar que no tengo dedos para el piano en lo que más me interesa, mientras que si me veo obligado a hacer algo, me sale bien o, para ser recatados, pasablemente bien.

 


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<p>En la presentación, Marks autografió más de 50 libros.</p>

En la presentación, Marks autografió más de 50 libros.


Foto:Lorena Palavecino/Penguin Random House

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