Entrevista Escritor estadounidense
Richard Ford: "Quiero que mis libros demuestren que la vida vale la pena"

A 30 años de crear a su célebre personaje Frank Bascombe, el autor lo trae de vuelta en Francamente, Frank , un volumen de relatos que empezó a escribir impactado por el huracán "Sandy". Fotografía de la sociedad norteamericana, también es el retrato de un hombre que se enfrenta a la vejez y el pasado. Ford, un devoto de la ficción, cuenta por qué le parece importante la literatura.  

Roberto Careaga 

Tras causar estragos en Haití y Jamaica y perder intensidad en Cuba, justo al tocar tierra en Estados Unidos, el huracán "Sandy" volvió a tomar fuerza para convertirse en una mortal mezcla de viento, lluvia y marejadas que dejó más de 140 muertos. Terminaba octubre de 2012 y el escritor Richard Ford (Mississippi, 1944) estaba de paso en Nueva York, donde la fuerza de las tormentas encendió todas las alertas. Lo peor, sin embargo, sucedía un poco más al sur, en la costa de Nueva Jersey. Ford lo vio con sus propios ojos: semanas después del paso de "Sandy", se subió al auto junto a su esposa y recorrió la zona de la tragedia. Entonces sucedió: mientras divisaba los escombros a los que habían sido reducidas las casas que antes miraban al mar, en su cabeza empezaron a aparecer frases de un viejo conocido, Frank Bascombe.

Hace treinta años, Ford era un escritor prometedor pero escasamente exitoso. Era parte de lo que la revista Granta había catalogado con entusiasmo y algo de fantasía como "realismo sucio", junto a Raymond Carver y Tobias Wolff, y tenía una agente brutalmente sincera: si su próximo libro no funcionaba, mejor lo dejaba todo hasta ahí, le advirtió. Fue entonces cuando Ford dio con Bascombe, el personaje que lo lanzó a la primera línea de la narrativa estadounidense. En tres novelas que suman casi 1.300 páginas - El periodista deportivo (1986), El día de la independencia (1995, ganadora del Pulitzer) y Acción de gracias (2006)-, Bascombe nos cuenta lo desconcertante que es pasar de los 35 a los 55 años, pese a que nada tradicionalmente novelesco le ocurre: abandonó una carrera literaria, se le murió un hijo, fue periodista deportivo, tuvo dos hijos más, se separó, se hizo agente inmobiliario, se casó de nuevo, se recuperó de un cáncer a la próstata. "En la vida no hay temas trascendentales. Las cosas suceden y luego se acaban, y eso es todo", decía en el primer libro, anunciando el tono de una saga que muchos leen como un retrato de la clase media americana.

Comparado muchas veces con Rabbit Angstrom, el personaje que acompañó por décadas a John Updike, Bascombe supuestamente se despedía en Acción de gracias , pero está de vuelta. Con 68 años, jubilado, acechado por la idea de la vejez, regresa en Francamente, Frank , un volumen de cuatro largos relatos conectados en que, entre otras cosas, nos dice: "Mi vida está bien, en muchos sentidos, pero carece de trayectoria". Sensato y realista, sigue siendo ese hombre de la medianía, un vecino de los suburbios quitado de bulla y orgulloso de ser demócrata. En este libro, el pasado llama del personaje: viaja a la costa a ver una de sus antiguas casas, ahora destruida por el huracán "Sandy"; su ex esposa se muda a su ciudad para internarse en una casa de reposo al ser diagnosticada de párkinson; un viejo amigo lo llama desde su lecho de muerte y una desconocida golpea su puerta para pedirle si puede volver a entrar a esa casa, donde ella vivió de niña.

Cada experiencia es relatada en la voz de Bascombe con una mezcla de calma y perplejidad que, a veces, despunta en chispazos de algo parecido a la sabiduría. "Lástima que no estemos expuestos a más momentos inesperados. La vida podría resultar menos insustancial, dar más la sensación de que vale la pena preservarla", escribe Ford en voz de su personaje. Para añadir: "Se supone que en los barrios residenciales es donde no ocurre nada, como dijo Auden sobre la poesía; un falso territorio excesivamente habitado que dormita en la inercia, de vez en cuando alterado por alguna 'Oklahoma City' -en 1995 hubo un atentado terrorista- o algún 'Columbine' -en 1999 dos estudiantes mataron a 15 personas en su colegio-, o un huracán que nos recuerda lo que de verdad es real. Pero en los barrios residenciales pasan muchas cosas, del mismo modo que una gota de agua vista en un microscopio electrónico revela civilizaciones con historia y destino y una abrumadora experiencia en el presente".

Como en los anteriores libros narrados por el personaje, aquí da cuenta de su época: no solo aparecen los efectos del huracán "Sandy", Bascombe dedica un día a la semana a recibir soldados que regresan de la guerra de Irak y hace frente al racismo latente que aún vive en la sociedad americana. Pero a Ford no le gusta que hablen de su personaje como un norteamericano típico -"¿Qué es eso?", pregunta- y niega cualquier inspiración autobiográfica. O casi todas: "Como Frank, yo también he vivido en muchas casas, pero al contrario de él tengo la esperanza de vivir en unas pocas más. Hoy vivo en la costa de Maine. Somos solo Kristina y yo, y tres perros", cuenta en un correo electrónico desde Minnesota, donde, agrega, la nieve cae incesante mientras él se somete a un chequeo médico. Ahí está la otra similitud con su personaje: la edad ha hecho que inevitablemente deba preocuparse por su salud. Nada grave, tiene tiempo para responder preguntas enviadas desde Chile.

-Esta es la pregunta obvia: ¿Por qué volvió Bascombe?

-Nunca sentí la necesidad de evitar a Frank Bascombe, ni siquiera por el mero hecho de haber dicho que no quería emplearlo de nuevo. Los otros libros que él había narrado habían sido, para mí, libros difíciles, y yo no estaba buscando otro proyecto difícil. Pero cuando el huracán "Sandy" golpeó Nueva Jersey sucedieron cosas que quería escribir sobre sus consecuencias, y Frank parecía la elección obvia para ser el narrador. Su vida ficticia es en Nueva Jersey, y él es un narrador de historias lo suficientemente flexible para hacer frente a todo lo que quería abordar.

-Nunca antes había dedicado un libro a un hecho tan concreto como lo hace ahora con el huracán "Sandy". ¿Qué lo llevó a escribir de esta tragedia en particular?

-El huracán provocó una fuerte respuesta emocional en mí. Eso llamó mi atención. Este tipo de cosas, en la vida de un escritor, no deben ser ignoradas. Pensé que había consecuencias de la tormenta que los medios de Estados Unidos no le habían dicho al mundo; las cosas menos obvias. Eso para mí era tentador. Si no tengo libros dedicados a tragedias en el pasado, es realmente porque no pienso en esas cuestiones en general. Siempre estoy en busca de escribir sobre las cosas más importantes que conozco. A veces se trata de grandes eventos (huracanes, incendios forestales, robos bancarios), a veces son pequeñas faltas de sinceridad dentro de las familias, de violaciones de confianza.

-El libro también está cruzado por el constante regreso de soldados estadounidenses desde Irak. ¿Está presente en su vida diaria la realidad de la guerra?

-Ciertamente, la guerra está menos presente en mi vida que en la vida de los sirios, los palestinos, o de los parisinos, después del último otoño. Pero es parte del "equipamiento" de un novelista el proyectarse en la vida, en los temores y en las intimidades de los demás, para tratar de demostrar que tenemos cosas vitales en común.

-¿Cree que a través de Bascombe, sus familiares y amigos, ha hecho algún tipo de retrato de la sociedad americana de su tiempo?

-William Blake escribió que lo bueno solo es bueno por los detalles. Frank no es un retrato, ni su vida es típica. Él no está ahí para representar a otra cosa que a sí mismo, no está para provocar nada más que el interés específico y palpable de sus lectores. Cualquier intención de representar algo "más grande" no es, para mí, buena escritura. Mis libros tratan de traerte de vuelta a la vida, no distanciarte de ella.

-Muchas veces ha dicho que los personajes literarios, como Bascombe, son artificios retóricos. A pesar de ello, ¿no les tiene algún tipo de cariño? ¿Aparece a menudo en sus pensamientos?

-Me gusta escribir de Frank, lo que es muy diferente a decir que me gusta Frank. Frank sigue siendo mi instrumento para afectar a los lectores de una manera que, creo, les será útil. De ese modo la escritura de Frank es siempre interesante, divertida, reveladora, satisfactoria, así como a menudo bastante desconcertante. Supongo que se podría decir, pero decido no hacerlo, que estas son cualidades de las relaciones que uno tiene con otras personas.

-Usted publicó su primer libro en 1976, cuando tenía 32 años, ¿qué tan diferente es el Richard Ford de 72 años al momento de escribir? ¿Aún lo hace por las mismas razones?

-En 1976 escribí para ver si podía escribir y porque pensaba que la lectura era una cosa importante para los seres humanos. Todavía me siento más o menos de esa manera. He tenido algo de buena fortuna con los libros, así que probablemente tengo un poco más de ganas de que mis libros sean útiles: ahora tengo lectores. Quiero que mis libros sirvan a las necesidades más importantes de mis lectores. Que sirvan para renovar el lenguaje, para insistir en el hecho de que la vida es todo lo que tenemos, para proporcionar algún tipo de nueva demostración que haga que la vida parezca más potente y que vale la pena vivirla.

-¿Comparte las insistentes reflexiones sobre la vejez y la muerte de Bascombe?

-Bueno, probablemente. Tengo 72 años. La gente muere a esta edad. Solo espero que todo lo que escribo sobre el tema suene divertido; ya es lo suficientemente grave.

 


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