La escritura perfecta no existe

 

Escucha la canción del viento y Pinball 1973 son las primeras novelas de Haruki Murakami, publicadas cuando el autor tenía 30 y 40 años. Solo existían versiones en inglés y la reciente traducción al español de ambos títulos, en un volumen único, es un feliz acontecimiento, porque prácticamente toda su producción es conocida en nuestro medio y porque permite entender los comienzos de una de las carreras literarias más sobresalientes de los últimos tiempos. Murakami es uno de los pocos prosistas japoneses que empezó siendo un autor de prestigio literario y se transformó en novelista popular. Este libro trae un prólogo del propio Murakami, fechado en junio de 2014, en el que nos cuenta de dónde proviene su vocación, las condiciones bajo las que subsistía cuando era joven, algo acerca de la convulsa situación política de su país en las décadas de 1960 y 1970 -las extendidas protestas estudiantiles, la guerra de Vietnam, el movimiento hippie- y muy poco sobre su vida privada. Con típica reticencia nipona, Murakami parece estar pidiendo perdón por pecados de juventud y la verdad es que no tiene ningún motivo para hacerlo. Si bien en estas dos ficciones no hay punto de comparación con sus elaborados trabajos mayores - Tokio blues , Kafka en la orilla -, tampoco se trata de argumentos inmaduros ni, mucho menos, de balbuceos de principiante: tenemos dos narraciones muy bien escritas, amenísimas, cercanas y a la vez extrañísimas, desconcertantes y divertidas; en suma, textos novelísticos hechos y derechos. Además, ellos anuncian los grandes temas que veremos más adelante: el misterio de la convivencia humana, la visión de un país con pasado legendario que repentinamente entró en la modernidad, el estrecho vínculo de Murakami con la literatura europea y norteamericana y, sobre todo, el cúmulo de situaciones excepcionales, anómalas, excéntricas, tratadas como algo común y corriente, como si nos pasaran todos los días y a cada rato.

Escucha... viene en primera persona y es difícil concebir que el innominado protagonista no sea un alter ego del mismo Murakami. Tiene su edad, ve las películas que se veían en aquella época, se desempeña en oficios variados, bebe y fuma como condenado, sus padres y parientes, tratados muy a la pasada, son un enigma e intenta abrirse paso en la impenetrable jungla de las revistas y los libros que, en cantidades industriales, aparecen en Tokio; para resumir, lleva una existencia harto desordenada. Acude a diario a un bar regentado por Jay, un chino absolutamente asimilado a la nueva sociedad, es decir, tolerante hasta decir basta con los patibularios personajes de Escucha... y por supuesto, con los borrachos reventados que pueblan el local. Entre ellos destaca el Rata, quien pasa a ser el mejor amigo del hablante y que se caracteriza por odiar a los ricos, pese a provenir de una familia muy próspera, y por detestar la lectura, sin perjuicio de lo cual está leyendo gigantescos tomos rusos y por si fuera poco, quiere escribir cosas parecidas. De pronto surge una mujer, cuyo nombre tampoco conoceremos, la cual, para diferenciarse de su hermana melliza, se amputó el meñique de una mano, se cayó al frasco y entabla una curiosa relación con el héroe: primero lo odia porque piensa que abusó de ella al llevársela a su casa desvanecida por el alcohol, luego le pide disculpas, más tarde duermen juntos sin que suceda nada y finalmente parte con rumbo desconocido. "La escritura perfecta no existe. De la misma forma que tampoco existe la desesperación absoluta" son las palabras iniciales de Escucha... atribuidas a Derek Hearfield, un novelista suicida estadounidense inventado por Murakami. Y constituyen el leitmotiv que une a este relato con el siguiente.

En Pinball 1973 se repiten Jay, el Rata, quien ha abandonado la universidad y ahora quiere irse a una oscura y desconocida ciudad de provincias, el narrador y otras circunstancias. Lo relativamente nuevo son dos gemelas que se acuestan, comen, pasean, se llaman 208 y 209 y hacen de todo con quien despliega una crónica tan extravagante que únicamente podemos creerla gracias a la pericia de Murakami. Hay diversos actores, cada uno más estrafalario que el precedente, se presentan episodios en miniatura que podrían dar lugar a ingentes folletines y todo culmina en la obsesiva y enciclopédica fijación por ese juego electromecánico que a muchos fascina y a muchos les da igual. Así, tanto la primera como la segunda incursión novelesca de Murakami conforman un regalo para los seguidores de este inusual creador.

 


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Escucha la canción del viento y Pinball 1973 Haruki Murakami Tusquets editores, Buenos Aires, 2014, 283 páginas, $18.900. Novelas
Escucha la canción del viento y Pinball 1973 Haruki Murakami Tusquets editores, Buenos Aires, 2014, 283 páginas, $18.900. Novelas


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